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Editorial

El Concejo Deliberante, vayamos hasta el hueso

Cuando volvemos sobre las leyes que rigen a los municipios de nuestra provincia, nos compenetramos en el valor del poder político comunal y sus atributos. En principio porque se compone solo de dos departamentos, el Ejecutivo que es unipersonal (intendente) y el Deliberativo (concejales) que es colectivo. Juntos  dan vida al poder en las ciudades como la nuestra.

Como surge de la norma, los concejales tienen responsabilidades muy importantes en el marco de un Municipio, tanto como las de un jefe comunal, aun cuando en el imaginario colectivo el poder lo detenta el intendente y los ediles son como parte de un dominio menor.

Hay dos cuestiones que son la base de la tarea de los concejales: el dictado de ordenanzas (también resoluciones, declaraciones y decretos) que tienen fuerza de obligatoriedad de cumplimiento por parte del Ejecutivo para el territorio en cuestión, salvo que vete la norma y los ediles no obtengan número para insistirla.

La otra cuestión es el control; el Concejo Deliberante debe velar por las cuentas y los trabajos públicos, para eso tiene la instancia de rendición de cuentas, en la que cada año el Ejecutivo debe informar sobre los gastos anuales y, correlativamente, aprueba el Presupuesto anual que define cómo se van a obtener y distribuir los fondos en pos de los vecinos.

Lo que planteamos no es ocioso sino un método simple para situarnos en la importancia que tiene la función de los concejales. Y la verdad es que si, como sostenemos, en el imaginario colectivo son una suerte de poder aminorado, es por la escasa responsabilidad con que tantas veces se elaboran las listas de ediles y los resultados que esos cuerpos deliberativos le rinden a la ciudad después.

No todo se trata de permanentes generalizaciones de todas maneras sino de establecer cuánto del funcionamiento nos sirve y cuánto nos deja pensando que muchas veces la política no está a la altura de lo que esperamos -y necesitamos- los vecinos.

Nuestro Concejo Deliberante muestra actualmente un claro desbalanceo, porque de 20 ediles algunos trabajan a destajo y es valorable, pero muchos realmente no parecen cumplir ninguna función. Después vamos a analizar el tipo de labor que se realiza, pero que haya concejales que no participen, no presenten propuestas, no se les conozca la voz y solo levanten la mano sin que podamos saber si dimensionan lo que están votando, es por lo menos enojoso. Se puede recurrir a la treta de afirmar que los ediles trabajan en las comisiones, pero si esa labor no se refleja en las sesiones, no vamos a dar crédito a excusas incomprobables.

Como decimos hay ediles que sí trabajan, de allí que cada sesión hay una larga lista de propuestas que llevan horas de debates aprobar o rechazar. Al hundir el escalpelo en los proyectos vemos que hay unos destinados a distintas problemáticas que tiene Pergamino, a los que aplaudimos, porque se han hecho eco seguramente de una necesidad o están marcando agenda en temas que podrían implicar mejoras para la ciudad y los vecinos.

Pero hay otros proyectos que, insumen tiempo en su elaboración y también en el propio recinto, agrandando el desgaste y quitando energía a las tareas realmente competentes al cargo, que son puro posicionamiento político: repudiar o adherir a acciones o leyes que se debaten a nivel nacional, a veces incluso internacional; declarar el beneplácito o la preocupación por tal o cual acción del Gobierno nacional. Son propuestas de efecto nulo para la ciudad, pero que sirven para que los ediles, dirigentes al fin, se paren de acuerdo a su ideología frente a una problemática que, por ser concejales de ciudad, los excede. Y mientras en los ámbitos donde ocurren nada sucede por los dichos de nuestros ediles, en Pergamino se desvían energía y atención de asuntos sobre los cuales nadie, de allá arriba, tiene capacidad de resolución. Es decir: si no se ocupan nuestros concejales de lo que aquí acontece, en una calle, en un centro comunitario, en un barrio, con nuestros chicos, ¿entonces quién? ¿Será Domingo Cavallo, por ejemplo? Habida cuenta que en la última sesión (y el tiempo previo que haya demandado la elaboración del proyecto) le dedicaron un espacio en el orden del día, para “Manifestar preocupación ante la posibilidad que el actual asesor del presidente Macri, Domingo Felipe Cavallo, asuma como ministro de Economía”. Claramente no, y con total seguridad ni a Macri ni el economista se les movió un pelo por la preocupación de la bancada opositora local.

Muchas veces estas propuestas puramente políticas destinadas a analizar cuestiones nacionales se llevan buena parte de las sesiones (que así se hacen interminables), porque las bancadas terminan enfrentándose en debates encarnizados, chicaneros y alguna vez entretenidos, cuando no generalmente soporíferos, que al fin nos deja a los pergaminenses con las manos vacías.

No se puede prohibir, como a veces plantea algún vecino, que este tipo de propuestas se debatan en un recinto político, donde los distintos sectores están representados. Sin embargo y a modo de colaboración con los concejales que gustan de estos proyectos de posicionamiento: si los utilizasen excepcionalmente, cuando las cuestiones sean gravitantes para la ciudadanía toda, lograrían impactar a los vecinos en un tema político de fondo. Pero cuando se trata de una actitud de repetición, ante cada movimiento que hace o deja de hacer el Gobierno, Trump o Kim Jong Un en Corea, deja de tener el efecto buscado y termina por enojar a los vecinos, porque mientras se esperan resoluciones para problemáticas locales, ven que se pasan horas discutiendo asuntos sin destino en su vida diaria.

Nuestra ciudad tiene muchas áreas que esperan nuevas normas, soluciones que no aparecen y que tienen que ver con la circulación vehicular, las manos enredadas de nuestras calles, lograr una ciudad más cómoda de transitar y de vivir. Establecer normas de control de nocturnidad acorde a los nuevos tiempos, funcionamiento de las salas de salud, propuestas para el desarrollo de la cultura. Crear un sistema de alerta temprana ante las tormentas que sea eficiente y detallado. Hay muchas normativas que modernizar y otra que crear. Marcando agenda incluso. De modo que bien podrían los concejales abocarse a los temas que necesitan los vecinos, que son los menos los que lo hacen lamentablemente.

Y a los ediles a los que no vemos trabajar, solo recodarles que nadie los obligó a sentarse en una banca, por la que seguramente pelearon lo suyo y que quizá si al llegar a ocuparla comprendieron que no les interesó la tarea, tengan un gesto digno para con ellos mismos y con los vecinos y dejen el espacio a quien tenga ganas de cumplir la tarea.

Pergamino se merece un Concejo Deliberante que lo represente en un sentido abarcativo, responsable y esforzado.