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Perfiles pergaminenses

Carlos Bevacqua: un hombre con el corazón puesto en el Club Boca Juniors y en su familia

Carlos Bevacqua, recreó parte de su historia de vida. (LA OPINION) Carlos Bevacqua, recreó parte de su historia de vida. (LA OPINION)

Tuvo una infancia difícil producto de la separación de sus padres. A fuerza de tenacidad y capacidad de trabajo logró cada uno de sus propósitos. Se casó con Ana María Biscaysacú. Es padre de dos hijos y abuelo de cuatro nietos. Presidió durante muchos años la Peña “Dale Boca” y nutren su historia de vida innumerables anécdotas.


Carlos Oscar Bevacqua nació el 9 de junio de 1935. En pocos días cumplirá 83 años. Asegura que se lleva bien con la edad y asume el paso del tiempo de manera natural. Acude a la entrevista que se realiza en la redacción de LA OPINION provisto de una carpeta en la que guarda fotos de momentos trascendentes de la vida. En algunas se lo ve como un niño. En otras, integrando el equipo de fútbol del Club Argentino; como hermano, hijo y padre. Otras fotos lo reflejan en la puerta de su casa, o recrean vivencias de su trayectoria dirigencial. Le gusta atesorar registro de su propia historia. Usa una gorra y se disculpa por no quitársela durante la entrevista. También lleva consigo la credencial de socio vitalicio del club de sus amores: Boca Juniors y cada elemento de los que acerca al relato sirven para trazar el perfil de una vida intensa.

Es hijo de Vivina Dora Franco y Domingo Telésforo Bevacqua, ambos fallecidos. Tuvo un hermano varón Rodolfo, ya fallecido. Y tiene una hermana, Hilda, que reside en Florida, provincia de Buenos Aires.

Está casado con Ana María Biscaysacú, con quien contrajo matrimonio el 15 de enero de 1966. Tiene dos hijos: Fernando Oscar que es psicólogo y está casado con Antonia Irizar, terapista ocupacional; y Gustavo Gabriel, licenciado en Comunicación Social, director de un establecimiento educativo y director teatral. Es abuelo de cuatro nietos: Juan Pablo, Juan Manuel, Juan Ignacio y Bernardita.

En el momento de su nacimiento sus padres y abuelos paternos estaban en el campo, en la chacra de Don Mateo Torrandelli. Allí habían trabajado en la “juntada de maíz”. Patrones y obreros compartían un gran asado. “Al descomponerse mi mamá debió ser trasladada a Pergamino en una chata. Fueron hasta la casa que alquilaban en calle Mitre 1574 y ahí, sin tiempo de trasladarse al Hospital San José una mujer de las llamadas ‘baqueanas’ hizo la función de partera y llegué a este mundo sin más trámite”, relata.

Tiempo más tarde sus padres se mudaron a la casa de sus abuelos paternos- Antonio y Apolinaria- en calle Méjico 573. Allí transcurrió una parte de su infancia, hasta que la separación de sus progenitores significó un drama que disgregó a la familia. “Mi hermano Rodolfo quedó al cuidado de mi abuela materna, Isabel y tíos solteros, María, Delia y Victoriano. Mi abuelo materno Silvestre ya había fallecido. Mi hermana Hilda con 5 años se fue a vivir con mi madre y yo con 7 años viajé a Buenos Aires con mi padre a vivir con él y su nueva compañera”.

Ese tiempo transcurrió para él primero en Parque Patricios y luego Villa Soldati, al lado de Nueva Pompeya. Cursó primer grado superior en la Escuela “La Constancia” y su maestra fue la señorita Elvira.  En la Parroquia Nueva Pompeya tomó su primera comunión. Las vivencias que recuerda cuentan ya 75 años. Corría por entonces el año 1943. “Los pibes del barrio jugábamos mucho a la pelota”, refiere y asegura que “el fútbol es y será la pasión deportiva más grande del planeta”.

 

Primera vez en la Bombonera

Aunque creció en un barrio donde la mayoría era hincha de Huracán o San Lorenzo, desde los 4 años es hincha de Boca Juniors. Confiesa que eso le valió tener que “soportar algunas cargadas”. Cuando era chico conoció a alguien mucho mayor que él que viéndolo jugar en “el potrero” le prometió llevarlo a la cancha para que pudiera ver “a su equipo”. Reconoce que al principio pensó que lo que ese muchacho llamado Lorenzo  le decía era una broma. Sin embargo, ese joven de 23 años se ocupó de pedirle permiso al padre de Carlos y lo llevó a la cancha de Boca. “Yo no lo podía creer, fuimos a ver un partido en el que jugaba con River. Nunca había visto una multitud como esa y jamás en mi vida olvidaré las instancias de ese partido que terminó empatado 1 a 1”. Ese acontecimiento que marcó su pasión para siempre se produjo un 14 de mayo de 1944. “La alegría final de ese año sería que Boca Juniors se consagró campeón a dos puntos de River en el torneo”.

 

La vuelta a Pergamino

De regreso a Pergamino, volvió a vivir en casa de su abuelo paterno y al cuidado de la hermana de su padre, María Adela Bevacqua. “Ella fue como mi segunda madre y a quien recuerdo con mucho cariño”, señala. En el año 1946 se mudó a casa de su tío Crescenciano Franco, hermano de su madre; y de su tía Rosa Rossi de Franco, “otra buenísima mujer que me cuidó como a un hijo”. Tiempo después, en 1947 se reunió con sus dos hermanos y su madre en casa de su abuela materna en calle Mitre 1136 hasta que contrajo enlace y se estableció en la casa donde vive actualmente en calle Montevideo.

 

Su paso por la escuela

En otro tramo de la charla recuerda su tiempo de escuela. “Hice segundo grado en la Escuela N° 1 donde tuve como maestra a la señora Concepción Gullo; en tercer grado, a Zunilda  de Gerde; en cuarto grado mi maestra fue la señora de Soliani; en quinto, Erlinda Carenzo; y en sexto grado, Rita Fontana”, menciona.

Finalizó sus estudios primarios con el mejor promedio y tuvo el honor de ser abanderado. “En ese acto de fin de curso, la directora Rosa Rottini, le preguntó a mi madre si yo iba a seguir estudiando. Le dijo que tenía muchas condiciones. Mi madre le respondió que no porque no teníamos dinero. Ella se ofreció a pagarme durante un año el costo de los libros y el uniforme para ir al Colegio Nacional. Pero mi madre no aceptó, esta docente de un enorme corazón le dejó su dirección por si cambiábamos de opinión”, cuenta.

 

Tiempo de trabajar

Luego de culminar sus estudios, en el año 1950, un lunes 10 de marzo, ingresó a trabajar como empleado en la firma de remates y ferias “J. Bautista Arbeleche e hijo”. Renunció en 1963, un 31 de diciembre y el 2 de enero de 1964 ingresó a la firma Draghi Spiatta y Cía, donde trabajó hasta 1975. Ese mismo año ingresó a “Pergamino Cooperativa de Seguros Limitados”. Allí estuvo hasta el cierre, en 1996. Durante los dos años siguientes realizó diferentes tareas que le sirvieron de sostén junto a la indemnización que percibió. Finalmente el 9 de junio de 1999 logró jubilarse.

“Tuve una buena historia laboral, empecé siendo cadete y limpiando los escupitajos de la gente de campo que iba a lo de Arbeleche y terminé llevando la contabilidad y siendo encargado en los trabajos que tuve”, refiere y señala que una de sus habilidades desde siempre fue escribir a máquina “con diez dedos y sin mirar el teclado”, algo que había aprendido en la academia. En todo lo demás fue autodidacta.

 

En el Club Argentino

Durante muchos años Carlos jugó al fútbol en el Club Argentino. Lo hizo con la camiseta número 10, en un puesto “clave”. Jugó hasta cumplidos sus 25 años. Se define como “un zurdito gambeteador” y guarda de su paso por el Club en su condición de jugador y más tarde de dirigente los mejores recuerdos.

 

Su compañera de vida

Habla con profunda admiración de su esposa a quien conoció en un baile de Carnaval en el Club Compañía. Lo une a ella una relación sólida y duradera producto de haber compartido juntos gran parte de la vida. Cuando se vieron por primera vez ella vestía un disfraz que él recuerda a la perfección con todos los detalles. Quedó prendado de la belleza de su cuerpo y del misterio que se escondía detrás del “antifaz negro” que llevaba. Bailaron toda la noche y hablaron mucho. Al día siguiente quedaron en verse. La fue a esperar a la puerta de una zapatería en la que ella trabajaba. “Quería conocer su cara, porque había quedado encantado con la belleza de su físico y con sus modos al hablar”. Se sorprendió cuando supo su edad: él tenía 25 años y ella apenas 14. Con ese dato y como deseaba encauzar una “relación seria” no dudó en ir a hablar con el padre de esa chica. “Siempre que la respete, la puede venir a visitar”, fue la respuesta que obtuvo. Y con ese aval el noviazgo duró tres años. Se casaron cuando tuvieron terminada su casa que construyó luego de haber obtenido un crédito. Viven felices desde entonces. “Ella es una mujer inigualable, además de una estupenda madre y abuela”, expresa.

 

La peña Dale Boca

Producto de su pasión por Boca Juniors fue convocado para integrar la Peña “Dale Boca”, la más antigua del país. Tras resistirse varias veces, fue finalmente “Chongo” Sprovieri quien, cuando corría el año 1975, lo convenció para que tomara el desafío. Fue a una cena en la que elegían autoridades, lo propusieron para ser presidente, pero no aceptó. Fue designado secretario. La presidencia llegó tiempo después y continuó ininterrumpidamente hasta el año 2008 en que “dejó la posta”.

Su paso por esa organización  fue rico en anécdotas, experiencias y profundo aprendizaje. “Todo lo que logramos fue a fuerza de trabajo, el campo deportivo fue uno de muchos logros, también las categorías del fútbol infantil. De esa cuna salieron destacados jugadores como Ezequiel Muñoz. Trabajamos a destajo con las distintas gestiones del Club y fue durante la presidencia de Mauricio Macri que las peñas ganaron ordenamiento y seriedad”, refiere en la conversación en la que cuenta detalles de reuniones, asambleas, encuentros cara a cara con los principales dirigentes del Club. “Fue una enorme satisfacción presidir la peña que primero se llamó ‘Dale Boca’; después ‘Agrupación Dale Boca’; y finalmente por Personería Jurídica, ‘Asociación Civil Club Atlético Dale Boca’. Cuidadoso y ordenado, se honra de haber manejado con transparencia los fondos y  haber tenido la lucidez de delegar la tarea cuando consideró que era tiempo de dar paso a las nuevas generaciones. Hoy sigue colaborando. Lo sucedió Carlos Alberto Roselli.

 

El presente y el futuro

Comprometido con la camiseta azul y oro desde lo más profundo de su corazón, hoy disfruta del descanso, la familia y los amigos. “He tenido y tengo buenos amigos. Los más allegados han sido: Pepe Spiatta, Mariano García, Adolfo Zabalza, José Oller y René Caciorgna.

“He sido un hombre de suerte. Un día hasta me gané el segundo premio de la lotería con el número 31.839. Me hice de una buena suma de dinero. Pero lo más importante que he conseguido está en otro plano, tiene que ver con mi familia, mi compañera, mis hijos y mis nietos.

“Siento un enorme orgullo cuando personas buenas a las que respeto me dicen  en la intimidad que han conocido pocas personas con mis valores”, resalta, con un gesto de gratitud que lo muestra “a mano con la vida”. Sin pedir mucho más. “Solo fantaseo con escribir un libro con la historia de mi vida, que no ha sido fácil, pero ha sido rica en experiencias y anécdotas que me gustaría compartir algún día”, concluye.