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Perfiles pergaminenses

Juana de la Fuente: una vida dedicada a la familia, la profesión y la cultura

Familia, amigos y la Casa de la Cultura, el mundo de Juana de la Fuente. (LA OPINION) Familia, amigos y la Casa de la Cultura, el mundo de Juana de la Fuente. (LA OPINION)

Es conocida por su trayectoria como abogada y persona vinculada al hacer cultural de la comunidad. Amiga entrañable de la fallecida Edna Pozzi, su historia está colmada de vivencias y recuerdos que, a la vez que refieren a situaciones personales, dan testimonio de personajes e hitos que forman parte de la historia misma de la ciudad.


Juana de la Fuente recibe la entrevista en la casona de Doctor Alem, donde además de su hogar tiene su estudio. En la mesa del comedor hay Alfajores Pergamino y el clima de la conversación es placentero.

Juana María Trebino, la única casada de cinco hermanas, fue su mamá y ahí comienza el relato: “Diego de la Fuente, mi padre, falleció joven a los 51 años y trabajaba en la Casa de Ramos Generales ‘Federico Garrote’. Allí llevaba la contabilidad y los fines de semana hacía asesoramiento impositivo a vecinos de la zona rural con los que después, y con sus descendientes, seguimos trabajando yo como abogada y mi hermano Diego como contador público. De los profesores del Normal donde hice el secundario recuerdo a los muy queridos Jorge Pertierra y María Delia di Lucca de Pertierra. Concluida esa etapa y sin preguntarme mucho, me inscribieron en la Universidad Nacional del Litoral. Entre otros profesores de la carrera tuve a Jorge Mosé Iturraspe que ya se destacaba por sus conocimientos e inteligencia. Empecé rindiendo libre en 1957. En 1958 mi padre se enfermó de cáncer, lo operaron y falleció en Buenos Aires. Mi hermano que estaba terminando el secundario, con la empleada de mi padre, ‘Coca’ Marcos, continuó atendiendo la tarea impositiva que hacía mi padre y no se retiró un solo cliente. Transcurridos un par de años, mi madre tomó la decisión de que me trasladara a Santa Fe para acelerar mis estudios de Abogacía. Me recibí en 1966”, cuenta.

 

La profesión

Llegada a Pergamino sin experiencia judicial aprendió los primeros trámites con Néstor Fernández Harper, a quien le está muy agradecida. “Abrí mi estudio en la casa de mis tías en Doctor Alem, donde María Teresa Riande, mi empleada de siempre y actualmente Claudia Martínez, me acompañaron de manera eficiente y honesta.

“Mi hermano había empezado a estudiar para contador en la UCA y en la misma época se casó con Marta Saccani y con el apoyo familiar y el de su esposa, terminó su carrera. En tanto mi hermana ya concluía el Profesorado de Letras en la Escuela Normal”, refiere.

Es muy crítica de la aplicación del Derecho Penal. “Muchos magistrados que se han formado bajo el influjo de Eugenio Zaffaroni han terminado por desvirtuar el sentido del delito y de la pena. Toda esta corriente abolicionista del Derecho Penal nos ha hecho mucho daño a los argentinos”, opina.

 

La familia

“Mi hermano Diego tuvo dos hijas: María Marta (abogada) y Cecilia (contadora pública). Dos chicas maravillosas.

“En 1991 con motivo de una intervención quirúrgica falleció mi hermana menor que se había casado con José Blanchard; tenía  44 años y dejó cinco hijos, cuando el menor apenas contaba 10 años.

“Mi madre, teniendo 84 años no se tiró en una cama, al otro día ya estaba haciéndose cargo en lo que podía de los chicos ayudando diariamente. Los apoyamos en todo lo que pudimos, junto a su padre. Por mi parte, sin hacer sacrificios, y todos hicieron carreras rápidas y exitosas”, señala con la satisfacción de haberlos acompañado.

Así confiesa: “Tengo la esperanza que cuando llegue el momento me organicen un equipo eficiente de mujeres que me atiendan. No pretendo mucho”.

Destaca lo valiosa que resultó la ayuda constante de sus tías maternas y tíos paternos. “Mis tías Trebino: Mercedes, Margarita, Sara y Amalia con sus prejuicios de época, que por supuesto yo no compartía, supieron acompañar a la familia con voluntad inquebrantable y con un amor sin límites. En ellas tuve cuatro madres más.

“Mis sobrinos lograron realizarse. Agustín es contador y vive en Australia; Marcelo es contador y vive en Singapur; Juan José es ingeniero agrónomo y alterna Buenos Aires con Brasil; Mercedes es contadora y vive en Rosario. En Pergamino está María Inés que ejerce como bibliotecaria. En esta época ya comenzaron a nacer los sobrinos nietos, son 14 y una más que la esperamos en agosto. La familia se sigue ampliando, haciendo buenas reuniones, sobre todo a fin de año cuando vienen los que están en el exterior. Con mi querida prima ‘Beba’ Galli, que vive en Buenos Aires, seguimos en contacto, con sus jóvenes 92 años”.

 

Recuerdos

Sus vivencias están colmadas de anécdotas. “No puedo dejar de mencionar a un abogado con el que no había que firmar nada; inteligente, honesto y capaz, un político de los que no sobran, Carlos ‘Cholo’ Ferreyra. Fue uno de los gestores del Departamento Judicial y la ciudad le debe el nombre de alguna calle o edificio.

“Durante nuestra infancia nos atendía el doctor Pedro Zini. Posteriormente mis tías y yo nos atendimos con Néstor Fernández con quien constituimos una sólida amistad. Néstor me acompañó siempre, al igual que Gustavo Marino Aguirre y su esposa ‘Totó’, de quien fui muy amiga y cuyo fallecimiento nos golpeó duramente a Edna y a mí”, menciona.

En otro plano recuerda: “Cuando me recibí uno de los primeros que me envió clientes fue el escribano Luis María Tatín (escribanía que sigue funcionando eficiente y honestamente con amigos como Raúl Soriano y Eugenio de Miguel). También hubo otros, como las queridas ‘Nena’ García Cano (ya fallecida) y Norma Labaronnie.

“Tengo gratos recuerdos y quisiera rendir un homenaje a los viejos empleados del Departamento Judicial ya casi todos jubilados. Lo hago en la persona de quien llamábamos cariñosamente ‘La Gorda’ Torrent. En todos estaba la felicidad de hacer las cosas bien”, agrega.

 

Edna y la cultura

Ya en Pergamino y con el estudio instalado, Edna Pozzi, a la que no conocía pero ya admiraba, la llamó para consultarle sobre una sucesión familiar. Ese fue el inicio de una amistad profunda que concluyó con su fallecimiento. “Sabía que Edna era un ser superior por su talento, era increíble cómo escribía sobre cualquier tema en un instante, dándole ángulo y profundidad al asunto”, señala.

Confiesa que a través de ella conoció a muchos escritores, aunque “pocos con su generosidad respecto de los demás, confieso que yo quería que fuera más egoísta.

“En lo que respecta a Pergamino, Edna  tuvo siempre un apoyo rotundo de LA OPINION, y también de LT 35 Radio Mon, El Tiempo y todos los medios locales. En el caso particular de Hugo Apesteguía, los unía una relación de amistad que se traducía en una gran estima mutua. También Rosa Tulio hizo mucho por la difusión de su obra, organizó magníficos actos en el Congreso. También en pos de la difusión de su obra hicieron mucho los escultores Marina Dogliotti y Leo Vinci, como el poeta Gustavo Tissoco que desde el sitio ‘Poetas Contemporáneos’ hizo conocer como nadie su poesía a la Argentina y al mundo”, menciona.

 

La Casa de la Cultura

Dedica parte de la conversación a hablar de la Casa de la Cultura, una institución cara a sus afectos. “No puedo dejar de recalcar el apoyo de todos los gobiernos comunales, desde Alcides Sequeiro, Héctor Gutiérrez, Omar Pacini y actualmente Javier Martínez. Todos contribuyeron a sostener la Fundación, sin pretender interferir en su actividad. Sin dejar de mencionar el aporte del Club de Jardinería ‘El Ombú’ y la tarea sostenida de la subcomisión de Plástica; además de los socios de la entidad.

“Los apoyos han sido innumerables, uno de ellos, las nuevas rejas de calle San Nicolás, donadas por César Belloso una vez que se terminó el mural que realizó Conin”, menciona.

“Marta Giacopetti se desempeña como eficiente secretaria, y confiamos en el pronto regreso de Miguel Basualdo para los agasajos. También la integra la librería ‘Pergamino Impreso’ de Héctor Maggio, excelente librero”, añade. Y define a la Casa de la Cultura como una entidad “nacida del sueño de Edna”, que le dio “no solo trabajo intelectual sino apoyo económico personal invalorable que se materializó en algunas realizaciones como el Patio de Esculturas que pagó de su bolsillo”.

En ese lugar por el que pasaron “todas las personalidades de los últimos años”, Juana supo cosechar amistades entrañables junto a Edna Pozzi. Entre ellas menciona a: China Zorrilla, Virginia Lago, Diana Cohen Agrest y Norma Aleandro (que fue muy generosa con Edna grabando el CD “Ofrenda” con sus poemas y leyendo fragmentos de su última novela en la presentación realizada en la Unnoba en 2016.

“Fallecida Edna, la presidencia fue ocupada estatutariamente por Claudia Aiello. Hay una comisión y colaboradores con los que se formó un buen grupo de trabajo. Nos acompañan: Raúl Di Santo, Rosa Tulio, Norma Volpi, Cecilia Sinelli, Omar Pacini, Silvia Piaggio y Silvino Cifuentes. Todos grandes amigos”, resalta.

 

La Universidad

En el relato habla también de la Unnoba, que merece “un capítulo aparte por el rector que tiene: Guillermo Tamarit, que desde su llegada estableció para con Edna una relación de afecto y admiración. Siempre decíamos con Edna que habíamos sido muy afortunados los pergaminenses con el rector que nos había tocado, un profesional brillante y dedicado.

“El Centro Regional Universitario de Pergamino donde me desempeño como letrada desde hace muchos años en forma prácticamente ad honorem, es una entidad de la que podemos enorgullecernos. Con el apoyo de los intendentes, desde Gutiérrez a Martínez y pasando por Pacini, se han logrado obras muy importantes. La sede de la Unnoba, el edificio Matilde, la Biblioteca Menéndez y ahora la nueva sede de la Escuela de Bellas Artes”, destaca.

 

Los viajes y otras vivencias

Vuelve sobre su amistad con Edna Pozzi en otro momento de la charla para recordar los viajes realizados a Buenos Aires y a Uruguay, donde se encontraban con “gente linda”. Eran reuniones en las que no faltaban el buen vino, el champagne y los poemas. “Nos llevaba quien terminó siendo un amigo entrañable, hoy fallecido, Daniel Trotta, a quien extraño.

“En Buenos Aires Edna frecuentaba a poetas, plásticos y otros amigos: María Ester Vázquez que la llevó a la Fundación Victoria Ocampo; el presbítero Ariel Busso; Alberto Perrone y su mujer Viviana; Ana y Horacio Jaunarena, a quien pelee por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final cuando era ministro de Defensa, y hoy pienso que estaba equivocada, fueron normas sabias.

“No puedo dejar de recordar cuando Edna se desempeñó brillantemente como jueza a raíz de un fallo que molestó al Gobierno militar y la llamaron de la Corte para pedirle la renuncia. No renunció. Por dos veces fue postergada para que fuera camarista, por cosas de la política”, relata.

Sigue en contacto con Gustavo, hijo de Edna, y lo señala: “Fue muy generoso con Claudia Aiello y conmigo. Nos dejó material inédito de Edna que estamos seleccionando para una futura publicación, incluso un extenso reportaje sobre su vida de Alberto Perrone”.

 

Su presente

En el presente vive tranquila en su casa. La acompaña Carmen Nastasi, “una mujer excelente”. Tiene muchos amigos con los que comparte buenos momentos y grandes recuerdos de los fallecidos: “Totó” Elustondo; “Yiya” y Guillermo Aiello; Jorge Etchepare; Ernesto Canessa; Alfredo Bersetche, Juano Grigera; “Nena” García Cano. “Y por supuesto a Edna cuya ausencia es imposible de soslayar y cada vez que la recuerdo me emociono”, concluye, con un tono colmado de gratitud, hacia sus afectos y hacia la vida.