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Marta Albornoz: una médica dueña de una rica trayectoria en Pediatría

La médica pediatra Marta Albornoz hizo un recorrido por su historia profesional. (LA OPINION) La médica pediatra Marta Albornoz hizo un recorrido por su historia profesional. (LA OPINION)

Acaba de jubilarse como profesional del Hospital San José. Seguirá trabajando en su consultorio en la órbita privada. A pocos días de haber dejado el lugar donde durante años desplegó gran parte de su carrera, trazó su perfil en un cálido diálogo mantenido con LA OPINION en el que no faltaron las anécdotas ni las reflexiones sobre su compromiso con la salud pública.


Marta Teresita Albornoz, tiene 67 años nació en Pergamino y transitó su infancia en el campo, en el sur de la provincia de Santa Fe, en J. B. Molina.  Su padre fue Héctor Albornoz; y su madre, Teresa Dumas. Es la mayor de los tres hijos que tuvieron sus progenitores. Sus hermanos son  Jorge y Viviana. En el pueblo en el que vivía hizo su escolaridad primaria, en una escuela rural, y volvió a la ciudad que la había visto nacer en la adolescencia, para cursar sus estudios secundarios en el Colegio Nuestra Señora del Huerto. Es la tercera generación de médicos de su familia y desde chica sintió inclinación hacia las ciencias biológicas. “Por parte de la familia de mi madre soy la tercera generación de médicos. Mi abuelo lo fue y mi tío también y desde muy chica me gustaba el contacto con lo biológico. Supe desde siempre que iba a ser médica”, señala en el comienzo.

Hizo la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de Buenos Aires. Se recibió a los 24 años. También en Capital Federal realizó su posgrado y la residencia de Pediatría en el Hospital de Niños Elizalde. Parte de su residencia la completó en la Maternidad Sardá donde accedió a la formación neonatal. Cuenta que durante la carrera, mientras realizaba las prácticas, confirmó que su deseo era especializarse en la atención pediátrica.

“Cuando terminé la residencia en 1978, a pesar de que tenía posibilidades de trabajar en Buenos Aires, decidí volver a Pergamino por razones personales y familiares”, relata. Fue aquí que comenzó a transitar un camino provechoso dentro de la profesión médica. “Nunca hice adultos, durante toda mi carrera me dediqué a la atención de niños. Es una especialidad hermosa y sumamente dinámica a través de la cual uno acompaña en el crecimiento y en el neurodesarrollo a niños que recibimos al nacer y que atendemos hasta la adolescencia”.

 

Sus inicios y una rica carrera

Su primera experiencia profesional fue como médica concurrente en el Hospital Rodríguez Jáuregui, donde funcionaba un servicio de Pediatría. Luego comenzó a trabajar en el consultorio privado y después de un tiempo, cuando se abrieron los concursos en 1984, se presentó y ganó un cargo que le permitió iniciar la carrera hospitalaria. Fue en el edificio del viejo Hospital San José que funcionaba donde actualmente están los Tribunales.

De esos primeros pasos, guarda recuerdos entrañables y los relata en una charla amena y distendida. Acaba de acogerse a los beneficios de la jubilación y eso moviliza sus emociones por lo que implica el inicio de una nueva etapa de la vida. “La profesión siempre fue muy generosa conmigo y ya en esas primeras experiencias en el viejo Hospital me vinculé con mucha gente, con los pediatras que ya estaban trabajando, como el doctor Zini, con quien tuve un vínculo muy bueno; lo mismo que con el doctor Dal Bo y con la doctora Marta Capucio, con quienes conformamos un equipo de trabajo en el área privada”.

Habla con pasión de cada etapa de su vida profesional. Lo que les sucede a las personas que han tenido la fortuna de desarrollarse en lo que aman hacer.

 

La carrera hospitalaria

En el ámbito hospitalario su primer cargo fue en Pediatría. Cuando el Hospital San José se trasladó al edificio que ocupa actualmente, con un grupo de colegas emprendieron la tarea de armar el Servicio de Neonatología, hoy ampliamente reconocido.

Respecto del armado de ese espacio, rescata el empuje de un grupo de profesionales jóvenes que “con mucho entusiasmo trabajamos para dar forma a la Neonatología del Hospital San José, desplegando un trabajo en red con el Servicio de Neonatología del Hospital Sor María Ludovica.

“En 1987 me designaron jefa de Sala de Neonatología, era un servicio nuevo. Ocupé ese cargo hasta el 2000 en que rendí el concurso y accedí a la jefatura del Servicio de Pediatría y Neonatología”, refiere.

Ejerció ese cargo hasta 2016 en que la convocaron para ocupar un cargo en la dirección del Hospital como directora asociada. Estuvo dos años al frente de esa tarea formando parte del equipo de gestión que conduce la doctora Cecilia de Marco.

Cuando habla de su experiencia en el cargo directivo que ocupó hasta mediados de esta semana en que se acogió a los beneficios de la jubilación y se retiró con el reconocimiento y el afecto de toda la comunidad hospitalaria, asegura que aceptó la convocatoria porque consideró que era una forma de retribuirle al Hospital todo lo que le había dado. “Entendí que casi sobre el final de mi carrera algo podía darle a esa institución que tanto me dio, porque la carrera hospitalaria te enriquece terriblemente.

“Si bien es cierto que es muy demandante, el aprendizaje es muy grande”, afirma esta mujer que durante muchos años desplegó su profesión en el ámbito público haciéndola convivir con su labor en la órbita privada. Trabajó siempre en Pergamino, salvo durante un lapso en el que pidió una licencia para irse a España donde vivió casi un año. “Allá no trabajé, todo mi ejercicio profesional fue en Pergamino, salvo mi instancia de formación que la hice en Buenos Aires”, resalta.

En lo personal el balance que hace de su carrera hospitalaria es sumamente positivo. “A lo largo de los años me he vinculado con todos los servicios porque Pediatría y Neonatología son espacios abiertos donde todo el tiempo se generan interconsultas.  Eso me ha permitido cosechar vínculos que valoro profundamente”.

Rescata diversas vivencias que ha experimentado durante su carrera y se detiene sobre lo que significaron hitos para el Hospital San José: la creación de la residencia de Pediatría y más tarde la de Neonatología. “La residencia se inició en 1991 cuando el jefe de Servicio era el doctor Pedro Elustondo, un gran amigo; y después en 2007, fui un poco la promotora para crear la Unidad de Residencia de Neonatología, con el objetivo de que la recepción de los niños pudieran realizarla los neonatólogos”.

Reconoce que ese fue otro “gran desafío”. “Nos aprobaron la residencia y allí comenzó un proceso muy rico. Había que elegir un instructor y recuerdo que le dije a la doctora Angela Pacífico: ‘Vos podés ocupar ese lugar’. Así se inició esta residencia de la que han egresado especialistas muy bien formados que nutren al sistema de salud”.

 

Una nueva etapa

Jubilarse fue una decisión personal que comenzó a madurar hace tiempo. Confiesa que va a costarle por lo que significa el cambio en el ritmo de trabajo. Pero asegura que tiene razones para hacerlo en este momento. Esos motivos están asociados a los tiempos de su vida personal y a su deseo de disfrutar de sus hijos y de su nieto. “Necesito tener tiempo libre. Ya llegan los nietos, tengo uno, y quiero disfrutar a pleno transcurriendo esta etapa de la vida de un modo más relajado”, expresa y agradece el hecho de tener buena salud.

Es mamá de tres hijos: Luisa Faraco (33) casada con Pablo Mazzoni; Francisco Faraco (30) y Antonella Faraco (28). Y abuela de un nieto: Lorenzo (1 año y medio). Ellos conforman su universo afectivo y el gran motor de su vida. Lo completan los amigos cosechados a lo largo de la vida. “Tengo el grupo de ‘las chiquis’ con las que me reúno y viajo cada vez que puedo”, comenta y se define como una persona que sabe disfrutar de la compañía de los amigos.

 

Su mirada sobre la salud pública

En una charla que va de lo personal a lo profesional, vuelve sobre la Pediatría para referir que la especialidad ha experimentado muchos cambios hasta volverse más compleja. Sin embargo, cuando habla de su trabajo cotidiano sigue sintiendo el mismo compromiso del primer día en el contacto con sus pacientes. Es una pediatra que se retira del Hospital público manteniendo la esencia de la emoción que le genera el contacto con cada niño.

Ama el campo y en su tiempo libre se dedica a seguir de cerca la actividad agropecuaria en unas tierras heredadas de sus padres. Le gusta esa tarea y piensa dedicarse más a ella en esta nueva etapa en la que, jubilada del Hospital seguirá ejerciendo en la órbita privada, en su consultorio de la Clínica Pergamino. Allí la esperan sus pacientes, esos con los que establece un vínculo fuerte y entrañable.

Su mirada sobre la salud pública es muy clara: “El Hospital público está en una etapa de reconstrucción luego de muchos años de abandono de la salud pública. Se está reconstruyendo en un proceso que va a llevar tiempo. El mayor capital que tiene es el recurso humano que no se forma de la noche a la mañana con todo lo que eso implica”.

 

Vínculos entrañables

Sobre el final de la charla habla de sus pacientes. Recuerda los desvelos que le generaron los niños con cuadros graves  que le tocó asistir, los pensamientos que se llevaba a su casa haciendo el esfuerzo de encontrar el equilibrio entre su trabajo como médica y su rol de mamá en el universo privado de su hogar. 

“Hoy atiendo a hijos de pacientes que los recibí al nacer. Ahí uno se da cuenta del transcurso del tiempo y se sorprende de cómo muchos de esos vínculos se sostienen”. Se emociona cuando señala que la mayor satisfacción que le ha dado la pediatría han sido “sus pacientes”.

“El vínculo con el niño es inigualable. Hay chicos que me golpean la puerta del consultorio diciendo mi nombre cuando llegan. Se establece una relación muy especial que me llena de satisfacción”, confiesa esta mujer que va cerrando un círculo en parte de su vida laboral y que ha transitado ese camino rindiendo culto a los valores con los que se formó cuando eligió la profesión médica. Eso la hace respetada entre sus pares y la vuelve merecedora del reconocimiento de quienes le confían el cuidado de la salud de sus hijos. Para un pediatra no hay, quizás, mayor tesoro que ese.