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Perfiles pergaminenses

Mauricio Davreux: un hombre dedicado a lo público con honradez y a la vida personal con pasión

Mauricio Davreux dialogó con LA OPINION para trazar su “Perfil Pergaminense”. (LA OPINION) Mauricio Davreux dialogó con LA OPINION para trazar su “Perfil Pergaminense”. (LA OPINION)

Es abogado y fue funcionario municipal durante algunos años. También titular de la Delegación del Ministerio de Trabajo. Hoy ejerce su profesión y compatibiliza su tiempo entre el derecho y su pasión por el montañismo. Tiene una rica vida familiar y afectiva que lo nutre impulsándolo a tomar cada vez nuevos desafíos.


Mauricio  Alberto Davreux llega a la redacción de LA OPINION para trazar su perfil pergaminense. Es un abogado conocido por su trayectoria pública en el terreno de la política y la gestión. Tiene una historia rica en lo personal y afectiva, cultor de los vínculos familiares que honra. Tiene 69 años y cuenta en el comienzo que nació en la antigua Chacra Experimental donde hoy funciona la Estación Experimental Agropecuaria del Inta Pergamino. Su padre que llevaba su mismo nombre era técnico agropecuario. Su mamá fue Elsa Raspall. Habla de sus abuelos paternos y maternos. “Mi abuelo por parte de mi papá era francés y se llamaba Charles; mi abuela Susana Calai, criolla de cuarta o quinta generación; mis abuelos maternos fueron Francisco Raspall, catalán, y María Galli, descendiente de italianos”.

Guarda un apego a las vivencias familiares de su infancia. Habla de sus hermanas: Graciela (fallecida) y Liliana. Conserva los recuerdos de las tardes de juego en la Chacra Experimental, con amigos entrañables, entre los cuales menciona a Enrique Kugler, “Perica” Echeverría, Beatriz Bruni y Susana Rossi. “Eramos familias que vivíamos allí y compartíamos mucho tiempo juntos”.

Más tarde, cuando contaba 7 u 8 años, sus padres se mudaron al centro de la ciudad, en calle Pinto.  “Mis amigos eran los de la cuadra y los de la Plaza 25 de Mayo donde íbamos a jugar”. Hizo el jardín de infantes y la escuela primaria en el Colegio Normal, que por entonces funcionaba en Florida y 9 de Julio. El secundario en el Colegio Industrial, del que egresó como técnico mecánico. Desde temprana edad abrazó la actividad deportiva y se inclinó por el tenis, un deporte que practicaban sus padres. Jugaba en el Club Gimnasia y Esgrima. “No era demasiado brillante como jugador, pero acompañaba”, refiere.

Al egresar del colegio secundario, eligió la carrera de Arquitectura en Rosario. Cursó un año y finalmente se inclinó por la Abogacía, con una vocación que, más tarde descubrió, venía con él desde siempre: “Siendo chico jugaba a ser abogado en el estudio jurídico de mi tío Angel Raspall. Los fines de semana, sacaba los libros de la biblioteca, hacía unos líos bárbaros que luego me ocupaba de acomodar para que nadie se diera cuenta.

“Estudiando Arquitectura, vivía con mi actual cuñado, Daniel Naboni, en una pensión que quedaba enfrente de la Facultad de Derecho. Yo cursaba a la mañana y por las tardes me cruzaba a escuchar los debates que se hacían allí, en años de mucha efervescencia política. Después el destino quiso que esa fuera mi profesión”.

 

Tiempos convulsionados

Estudiando Derecho comenzó a militar en la Juventud Universitaria Peronista. “Antes de la dictadura ya había persecución y tuve que dejar la Facultad para preservar mi integridad física”.

En 1975 se casó con Nilda Fernández Altube y se establecieron en Rosario. El trabajaba en el Poder Judicial y ella en el Policlínico Ferroviario. Vivieron allí hasta que un allanamiento que sufrió en su casa de Pergamino en noviembre de 1975 los obligó a “desaparecer” hasta 1981. “Nos fuimos a vivir a Mar del Plata donde yo tenía parientes. Allí nacieron mis hijos: Luciano y Solange”, cuenta.

En ese tiempo hizo de todo. “Llegué a ser comerciante mayorista de vinos, habíamos comprado un camión y hacíamos viajes a Mendoza”, recuerda. En 1981, cuando el clima político fue más propicio, regresó a Pergamino y siguió militando en el justicialismo.

Recuerda esos años como un tiempo de sacrificio y aprendizaje. “Cuando nos fuimos no tenía una profesión determinada y eso me obligaba a trabajar de cualquier cosa, supuso esfuerzo, pero también la satisfacción de habernos podido demostrar que como familia podíamos ganarnos la vida. Amigos y familiares nos ayudaron mucho”.

 

La vuelta a la universidad

Tiempo más tarde, con su esposa decidieron radicarse durante un año en Rosario para que Mauricio pudiera recibirse. “Ya corría 1988 y a mí me faltaban seis materias, así que nos fuimos.  Inscribimos a nuestros chicos en la Escuela Normal Nº 2 que quedaba al lado de la Facultad, íbamos a la mañana los tres tomados de la mano, los dejaba en el Colegio y yo iba a la Universidad. Hice el esfuerzo y me recibí de abogado”. Con el título en mano, y de regreso en Pergamino, comenzó a ejercer en la ciudad.

 

La gestión pública

En 1987 el intendente Alcides Sequeiro lo convocó para ocupar un cargo como secretario del Tribunal de Faltas. “Desempeñé esa función algunos meses, después fui secretario de Gobierno, secretario general y secretario de la Agencia de Desarrollo que fue el germen de lo que hoy es la Secretaría de la Producción”, enumera.

“Recuerdo mi paso por la función pública como una etapa de mi vida muy productiva. Atravesamos momentos duros como la inundación de 1995 y momentos lindos como cuando con la Agencia de Desarrollo pudimos concretar un viaje con empresarios pergaminenses a la Feria Internacional de Santiago de Chile.

“Yo compartía el estudio con mi cuñado que me bancaba muchísimo por el poco tiempo que le podía dedicar a la profesión. La tarea en la gestión era muy absorbente y me demandaba mucha energía”, señala. Refiere que “fue el cansancio natural de la función” lo que lo llevó a renunciar en 1997.

“Fue una decisión personal de dedicarme a la profesión, algo que hice y que hago hasta el momento”, agrega.

Su participación pública también ha sido activa en la vida institucional del Colegio de Abogados, entidad de la que fue secretario. “Como delegado del Colegio también participé en el Plan Estratégico de Pergamino y en los Foros de Seguridad”.

Reconoce que tiene una fuerte vocación por lo público, a pesar de las exigencias que eso supone y los condicionamientos que conlleva la identificación con “cierto color político”. “La política divide aguas, no llegaba a ser una grieta en mi época de mayor participación. Yo me identifico con el justicialismo a pesar de las críticas que pueda hacer, pero tuve y tengo grandes amigos radicales”, sostiene.

En lo político, en 1997 tuvo un acercamiento al ARI, tras conocer a la doctora Elisa Carrió. “Me impactó su mensaje de austeridad moral. Pero tiempo después me alejé”.

 

El Tribunal de Trabajo

En el terreno profesional, y vinculado a la función pública, estuvo ternado para ser juez del Tribunal de Trabajo. “Después que uno rinde bien los exámenes, viene un período que no es grato, pero es necesario: el de buscar avales políticos para que acompañen en la decisión final. Así me contacté con el doctor Cuartango, que era ministro de Trabajo de la Provincia;  me apoyó mucho, pero finalmente otro profesional resultó elegido al final del proceso”.

Sin embargo, esa vinculación y el antecedente de haber rendido y quedado en la terna le valieron un ofrecimiento que tiempo más tarde aceptó: “Cuando quedó vacante la Delegación del Ministerio de Trabajo de Pergamino tras el fallecimiento de Osvaldo Bessone, fue Cuartango quien me propuso para ocupar ese cargo. Tomé el desafío porque me sentía preparado. Estuve tres años como responsable de la Delegación hasta 2016 en que me pidieron la renuncia, tras la asunción de la gobernadora María Eugenia Vidal.

“Me tomé ese hecho con naturalidad porque habiendo estado en política entendí que eran las reglas de juego y con el profesional que me sucedió pudimos hacer una excelente transición”, añade.

 

El presente

Hoy tiene su propio estudio jurídico en el que trabaja con su hija. “Mi perfil profesional estuvo siempre ligado a lo laboral, fui y soy apoderado de varios gremios de la zona. En Pergamino tengo un vínculo desde hace más de 20 años con el Smata. Me dedico a lo laboral, pero recibo casos en otros campos, salvo en lo penal”, refiere.

 

Los afectos

Cuando no está en el estudio, disfruta a pleno su tiempo en familia. Su esposa y él viven solos en una casa que, confiesa, “ha quedado grande”. Pero cerca están sus hijos: Luciano es contador y está abocado a tareas ejecutivas en la empresa en la cual trabaja. Está en pareja con Pamela. Solange es abogada, está en pareja con Javier y tienen dos hijos: Juan Cruz (7) e Isabella (6). Esos nietos son “la luz de sus ojos” y tiene con ellos una relación “maravillosa”.  También se nutre del buen vínculo con los amigos, aquellos que quedaron de la secundaria y los muchos que fue cosechando con la vida.

 

El deporte

Es un amante de la actividad deportiva. “Hice deporte toda mi vida y sigo haciendo, además de utilizarle las instalaciones del gimnasio a mi hermana, después del tenis me dediqué al windsurf en cualquier lugar donde hubiera un poquito de agua. Después de los 55 años me dediqué al montañismo. Subí dos veces al Aconcagua, y realicé expediciones en distintos lugares. En una oportunidad fuimos a Perú, fue una experiencia extraordinaria”, relata.

Esa es una actividad que le demanda  entrenamiento y disciplina. Comparte esa pasión con un grupo de amigos, algunos pergaminenses y otros de Rojas. Distintas edades conviven cada vez que afrontan un nuevo desafío. “Armamos un grupo de montañistas, de acá quien me acompaña es Raúl Rossi, y tuvimos muchas expediciones compartidas con José Navailles, Guido Otegui, Gustavo Funes, Juan María Furnari y un grupo de Rojas que son profesores de Educación Física y kinesiólogos”.

 

Una mirada retrospectiva

En plena actividad, con ganas y proyectos, sobre el final de la entrevista, algunas apreciaciones quedan expuestas en términos de balance. Sucede siempre que una persona hace un recorrido honesto por la historia de su vida. Cuando eso ocurre, Mauricio señala: “Me queda el haber desempeñado la actividad política en forma honesta y sin hacer de ello un medio de vida. En lo deportivo siempre hice lo que quise, el físico me acompañó y acompaña y  en lo afectivo la vida me ha tratado bien.

“Con 69 años no me pienso jubilar porque considero que tengo mucho para darle a la profesión, ganas y experiencias. Por lo demás no tengo demasiadas aspiraciones más allá de seguir viendo crecer a mis nietos, disfrutando en paz lo que me queda de vida, rodeado de la familia y los amigos, que son lo más importante que tengo”, concluye.