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Pergamino

Pergamino en jaque por el agua que llega por el Arroyo: ¿de dónde viene?

El arroyo Pergamino al borde del colapso, una postal que se volvió habitual en los últimos meses. (LA OPINION) El arroyo Pergamino al borde del colapso, una postal que se volvió habitual en los últimos meses. (LA OPINION)

Hay teorías, enfoques, opiniones, pero nadie puede decir qué cambió para que Pergamino sea una ciudad inundable por una causa que antes no lo era. 


Algo está pasando con el manejo del agua que perjudica a Pergamino y no sabemos qué. Algo cambió aguas arriba para padecimiento de los pergaminenses y hay que averiguar si se trata de un fenómeno natural o de una decisión del hombre. Algo ocurre desde hace unos meses cada vez que llueve un poco más de lo normal y hay que hablar de eso sin medias tintas.

El 25 de diciembre último cayeron en Pergamino más de 100 milímetros de manera copiosa, con chaparrones que fueron verdaderas cortinas de agua; hubo calles anegadas y algunos inconvenientes menores mientras se produjo el fenómeno que, vale aclararlo, de tan recurrente ya se ha vuelto casi normal. Porque que lluevan 100 milímetros en un día ya no es una sorpresa para esta región. El problema con aquella lluvia navideña apareció al otro día, el 26, cuando la ciudad amaneció con la amenaza luego convertida en hecho concreto de un rebalse del Arroyo por tanta agua que bajaba “de los campos” según la creencia. Vale decir que el agua que había caído en Pergamino ya se había ido por el Arroyo y que lo que inundó una buena parte de la ciudad, en especial la aledaña al curso de agua, fue el torrente que llegó desde el oeste y que por su impresionante caudal, rebalsó los terraplenes que protegen el casco urbano. En esa oportunidad en la zona de Mariano H. Alfonzo, había llovido casi el doble de lo que había caído en Pergamino y no fue nada descabellado pensar que esa agua provenía de esos sectores. De hecho históricamente se esperó que bajara el agua de los campos. Por eso, hasta ese momento se creyó que era lo de siempre y que eran bajas las probabilidades de que hubiera un desborde.

Pero como si se tratase de un ensañamiento de la Naturaleza, antes de que las secuelas de aquella inundación empezaran a secarse, a mediados de enero pasó algo similar: más de 100 milímetros en Pergamino, los desagües que funcionaron muy bien y el Arroyo que se llevó toda el agua. El problema se suscitó al otro día, cuando empezó a llegar agua por el Arroyo, encendiendo el alerta por desborde que, felizmente y casi por milagro, esta vez no se produjo. Pero medio Pergamino estuvo con el corazón en la boca y la bolsa de arena en la puerta de su casa, porque faltó una sola gota para que la defensa que son los terraplenes colapsara.

El tercer episodio similar y afortunadamente con mismo resultado que el segundo (sin desborde) ocurrió a principios de esta semana que dejamos: lluvia copiosa sobre la ciudad, agua que escurre hacia el Arroyo, algún anegamiento en zonas puntuales y a las pocas horas que dejó de llover todo volvió a la normalidad. Pero al otro día Pergamino amaneció con su nuevo y recurrente problema: el flujo que viene de aguas arriba que volvió a poner en jaque al sistema de defensa. Esta vez también faltó una gota para el rebalse.

Vale decir entonces que se trató de una serie de tres fenómenos de idénticas características en menos de cuatro meses, cuando durante décadas fueron contados de manera esporádica y nunca con tanto riesgo de desborde como ahora. Porque las anteriores inundaciones de la ciudad, incluso la trágica de 1995, tuvieron otras características.

Ahora estamos ante un fenómeno nuevo al que hay que buscarle la causa y después la solución. Si en cuatro meses pasó tres veces no es por casualidad, es porque algo cambió de la noche a la mañana hacia el oeste de Pergamino, y eso es lo que debemos investigar los pergaminenses a partir de las gestiones que deben encabezar nuestras autoridades.

El agua que viene de otro lado nos está vulnerando y, como si fuese un fantasma, la causa no puede ser determinada. Hay teorías, enfoques, opiniones, pero nadie puede decir qué cambió para que Pergamino sea una ciudad inundable por una causa que antes no lo era. 

Algunos alegan que son los canales rurales clandestinos que hacen los productores para drenar sus campos los que, sumados a que la tierra, por efecto de la siembra directa ya no absorbe el agua de lluvia como lo hacía con la labranza convencional, hace que un gran porcentaje de la lluvia que antes quedaba en la tierra, ahora escurra hacia los cursos de agua. Otros sencillamente se resignan a que los campos ya no tienen capacidad de absorción por la gran reserva de humedad que poseen y que las napas están muy altas. También están los que creen que el agua de lluvia caída en otros sectores que antes no se conectaba con esta cuenca ahora sí lo hace y en este caso la pregunta que cabe hacer es si es por obra de la Naturaleza o si hubo alguna decisión de desviar algún curso de agua.

Por ahora son todos interrogantes.

En General Villegas, por ejemplo, la Provincia tomó la decisión de romper un terraplén para descomprimir la presión del agua en esa localidad lo que, al mismo tiempo, envía el caudal hacia otra ciudad, en este caso Rivadavia. La prioridad -se alega- son los cascos urbanos y todo lo que se pueda hacer para protegerlos se hará, aún cuando se tengan que inundar campos. Aunque discutible y polémica, no deja de ser una decisión política respetable. En este caso si el agua va hacia Rivadavia, sus habitantes sabrán de dónde proviene.

En Pergamino, en cambio, estamos recibiendo un enorme caudal que no tiene nombre ni apellido. Tal vez sea producto de nuestro propio Partido y no haya que buscar factores exógenos, pero es necesario que lo sepamos, para asumir la condición de que somos inundables ya no tanto por lo que pueda llover sobre la ciudad, sino y fundamentalmente, en los campos ubicados al oeste del casco urbano.