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Policiales

Condenaron a un hombre a 9 años de prisión por violar a su hijastra

El hombre fue condenado por abusar de su hijastra durante varios años. (EL PAIS ONLINE) El hombre fue condenado por abusar de su hijastra durante varios años. (EL PAIS ONLINE)

Se trata de Walter Daniel Bielik. El Tribunal en lo Criminal Oral de Pergamino lo halló culpable de abuso sexual simple con acceso carnal agravado en perjuicio de una joven que hoy tiene 20 años. Fue abusada desde los 11 hasta que cumplió la mayoría de edad.


El Tribunal en lo Criminal Oral de Pergamino, integrado por los doctores Miguel Gaspari, Danilo Cuestas y Guillermo Gerlero, condenó a hombre a la pena de nueve años de prisión por abusar durante años de su hijastra.

Se trata de Walter Daniel Bielik, el cual fue hallado autor penalmente responsable de abuso sexual simple reiterado, agravado por la calidad de guardador, en concurso real y con acceso carnal.

Durante el alegato la doctora Alejandra Ghiotti solicitó al Tribunal una pena de doce años de prisión. Expuso que la base de su acusación era el testimonio de la víctima, actualmente de 20 años, sustentado con otras piezas de valor que complementan y acompañan los dichos, como los testimonios de su novio y su hermano y del perito psicólogo del Centro de Asistencia a la Víctima, así como también las pericias anexadas por lectura y las pericias psiquiátrica de la víctima y psicológica. 

Por su parte, la Defensa técnica a cargo del defensor oficial José Raimundo negó la materialidad ilícita del hecho por escases probatoria y argumentó que el relato de la chica contenía contradicciones, era muy abstracto y producto de la conflictividad familiar, por lo que peticionó la absolución de su defendido, que subsidiariamente se le aplique el mínimo legal y por último se lo absuelva por el beneficio de la duda.

 

Relato sin fisuras

No obstante ello, en un reciente fallo, el Tribunal declaró al imputado culpable y lo condenó a nueve años de prisión.

“En hechos como el juzgado, denominados ‘delitos de alcoba’ o ‘delitos en las sombras’ donde normalmente no existen testigos directos y la comprobación física es muy dificultosa, el testimonio de la propia víctima cumple un rol determinante. Es su propia historia la evidencia más importante y dirimente ya que se trata del único elemento que sostiene la imputación en el marco de un proceso penal”. En ese sentido, el doctor Danilo Cuestas, presidente del tribunal, consideró el relato de la víctima como “veraz, preciso y concordantes con su extensa denuncia efectuada en sede de la Fiscalía el 29 de enero de 2016, respecto a la odisea a la que fue sometida durante años por su padrastro en una narración que evalúo sin fisuras”.

 

Abusos

En su relato la chica contó que los manoseos comenzaron cuando ella tenía alrededor de once años. Su mamá en esa época trabajaba de noche en una parrilla y el sujeto aprovecha la ausencia de la mujer para someterla en una habitación de la casa de la madre, en el barrio 12 de Octubre. Los abusos luego continuaron cuando se mudaron al barrio Acevedo. Cuando la joven se resistía le doblaba los dedos o la pellizcaba para que no gritara e incluso la amenazaba con un cuchillo.

La víctima declaró que el motivo que la llevó a denunciar fue el hecho de haber cumplido la mayoría de edad y ya no dependía de su madre para denunciarla. “Se mostró sensibilizada y se quebró en llanto frente al recuerdo de los episodios ocurridos, pero no impidió que prestara una declaración completa, coherente y detallada y que, a mi juicio, no mostró grietas frente a las preguntas de las partes, en especial el embate del defensor”, sostiene el doctor Cuestas en el fallo.

En base a “toda la evidencia colectada en el juicio, encuentro que es imposible sostener que el testimonio de la víctima sea falso como lo insinúa el imputado. Toda la prueba reunida abona la hipótesis acusatoria. En definitiva, no se evidencia en el proceso ninguna razón, ni tampoco reflejan las pericias precitadas una malicia patológica en la denunciante destinada a dañar a su padrastro que me permitan sospechar, mínimamente, que se trate de una gigantesca mentira sostenida en el tiempo”.