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Cultura y Espectaculos

Ana D’Anna: “En la ópera, como en la vida”

“Lo que uno deja es también lo que recibió”, reflexionó Ana D’Anna. (NESTOR SIERRA) “Lo que uno deja es también lo que recibió”, reflexionó Ana D’Anna. (NESTOR SIERRA)

“Cuando le decían que la ópera para masas era imposible en la Argentina, fundó Juventus Lyrica, asociación con 15 años de existencia de la que es directora artística”, destaca un artículo, sobre la artista y empresaria vinculada a Pergamino.

DE LA REDACCION. “Ana D’Anna. fundadora de Juventus Lyrica, folklorista y régisseur, logró un hecho prodigioso: transformar a la ópera en ‘Pasión de multitudes’, comienza diciendo la nota escrita por la periodista Marina Zucchi y publicada por el matutino Clarín el domingo  pasado en la sección Historias de vida.

La nota, titulada “En la ópera, como en la vida”, repasa su infancia en Peyrano, su soledad en Rosario, su relación con el gobierno de Alfonsín.

“Hace dos décadas quiso inscribirse en la carrera de Régisseur en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, pero le prohibieron el ingreso por ‘madura’. Juicio. Un año y 21 jueces dirimieron la causa. Ganó ella: Ana D’Anna se transformó en alumna del Colón a los 41 años. Entonces se valió de otro ‘No’ para su siguiente búsqueda. Cuando le decían que la ópera para masas era imposible en la Argentina, fundó Juventus Lyrica, asociación con 15 años de existencia de la que es directora artística. 

“Suelen preguntarle si su nombre es ‘inventado’. La sonoridad del Ana D’Anna, la particularidad que el nombre esté comprendido en su apellido, le hace aclarar seguido que se trata de una identidad real. Antonino, su abuelo siciliano, trajo el apellido desde Cefalú, en la provincia de Palermo. A los 13, el hombre llegó a Peyrano, Santa Fe, donde luego fue intendente, y se ganó el mote de ‘pisabarro’. Se casó con una uruguaya y engendró al padre de Ana, Mateo, amigo de Lisandro de la Torre. Todavía ella conserva los libros de su padre dedicados a Lisandro.

“Cantante, compositora, autora, actriz, directora de escena, Ana nació una noche de plena tormenta de Santa Rosa, un 30 de agosto. Su casa, con gran umbral de mármol “donde poder sentarse a mirar lo que divide uno y otro lado”, era hábitat de política y música. Puertas adentro se escuchaba ópera aunque “los amigos reos se reían”. El padre recitaba poemas, la madre hablaba croata, la hermana tocaba el piano. En las siestas la aventura era escapar al arroyo sin ser visto. Hasta ahí la postal de familia perfecta y feliz. Pero a los 10 años de Ana, cambió el cuento. “Me separé de mis padres y me fui a Pergamino con mi hermana”, cuenta. Ellos no querían que dejara de estudiar. A los 12 años entró como pupila en un colegio de Rosario y así se le fue dibujando el trauma. Casi cinco años de soledad. Vuelta a Pergamino y el teatro como refugio. Estudió Letras y se casó con el que luego fue ministro de Defensa de Raúl Alfonsín, Horacio Jaunarena.

“Mercedes Sosa grabó su Vidala de la soledad. Aquella canción en la que D’Anna escribió “Me toca el hombro tu ausencia”. Un día, a las 4 de la mañana, sintió necesidad de sacarse de encima unas estrofas demoledoras: “Ay soledad / Dehilada en mi pena / Se oye un ladrido muy lejos de aquí / Y alguien que llora por mí. ‘La pérdida está con uno y pienso que hay que usar la memoria emotiva con mucho cuidado para no destruirse’, habla bajito.

“‘A los recuerdos hay que usarlos como un perfume, pero no meterse tan adentro como para lastimarse’. Más de 350 mil personas pasaron ya por las funciones de Juventus Lyrica, la mayoría en el Teatro Avenida. ‘El colón tiene 1.300 empleados, nosotros 3 y funcionamos muy bien’, se ríe. ‘La idea es generar público. Que la ópera no sea para elegidos. Hemos salido a la calle, en la plaza de San Isidro hubo tres mil personas. Juro haber visto chicos como estatuas con un nivel increíble de sorpresa’. 

“¿Cómo convive la ópera en épocas de vertiginosidad, de Twitter, Whatsapp y tanto entretenimiento voraz? ‘La ópera va a los sentimientos más exagerados del ser humano, como el bolero y tango. Por eso no es ajena a nadie. Se produce un estado en el público en el que el objeto de conflicto propio pasa al otro, entonces uno vive el drama del otro y en esa vivencia se libera. Por algo Pericles gastaba más en teatro que en la armada’.

“Antes de la lírica, D’Anna estuvo cerca de los niños, el teatro y el folklore. Militante radical, los archivos ochentosos la definen como ‘la cantante de Alfonsín’. Fue su canción ‘La Radicheta’ o ‘Chacarera de la tortuga’ la que se usaba pintorescamente en los actos alfonsinistas.

“Perfeccionista, inconformista del saber, estudió danza, mimo, clown, pintura. Hasta jugó a un curso de ‘chacarera por correspondencia’ con Cuchi Leguizamón. 

“Hoy sus amigos le piden que vuelva a cantar. La negativa es cuestión de tiempo: la ópera, jura, le consume 10 horas de su día. Madre de la regista María Jaunarena, que es también economista y directora ejecutiva de Juventus Lyrica, D’Anna solo supera el nivel de amor a Mozart, Bizet, Verdi, Puccini, Menotti y Ravel, con su nieta de cinco años, Francisca.

“En el ejercicio de pensar qué deja entre tanto hacer, D’Anna es contundente: ‘Lo que uno deja es también lo que recibió. Uno no puede saber en un momento cuánto es lo que dio y cuánto lo que recibió. Son como dos cosas indivisibles’”.