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Editorial

Ecos que dejó el armado de listas rumbo a la contienda electoral

El armado de las listas que competirán en el proceso electoral de este año dejó ecos de todo tipo y mostró una vez más ante la sociedad cuán distanciada está la clase dirigente de la grandeza que se espera de los líderes en coyunturas difíciles y crisis de la profundidad de la que atraviesa Argentina. En cada una de las fuerzas políticas lo que primó fue el individualismo y el afán de poder de algunos en detrimento de la construcción de proyectos colectivos capaces de tentar al electorado con alternativas serías, fundadas en algo más que el mero acuerdo electoral.

En el oficialismo la expectativa de apertura que generó la alianza electoral con Miguel Angel Pichetto no encontró correlato en la integración de las listas, donde la puja de los “pollitos” -como se denomina en la jerga política a los dirigentes del PRO puro, liderados por Marcos Peña- dejaron afuera a dirigentes de peso como Rogelio Frigerio, Emilio Monzó y otros de visión más abierta y conciliadora. Esto es preocupante de cara a lo que representa el delineamiento de una futura coalición de gobierno sustentada en un sólido respaldo parlamentario. Tampoco Pichetto, compañero de fórmula de Mauricio Macri, tuvo protagonismo al momento de conformar la nómina de candidatos a diputados y senadores. Si a eso se le suma la rispidez que generó la iniciativa del presidente del radicalismo nacional, de impulsar un proyecto para suspender las Paso en aquellos distritos que no tenían competencia entre candidatos de una misma fuerza, queda en evidencia lo endeble de esa sociedad política integrada por varios partidos políticos cuyos máximos referentes parecen no poder establecer acuerdos ni siquiera en cuestiones de ingeniería electoral.

En la oposición, en tanto, el acuerdo de Sergio Massa con el kirchnerismo, del que fue en un tiempo parte y en el pasado reciente férreo opositor, dejó a una enorme porción de sus votantes con la sensación de decepción por la falta de coherencia. Y puso a referentes del Frente Renovador a pelear lugares detrás de la fórmula Fernández- Fernández, como si en un abrir y cerrar de ojos la posibilidad de ocupar esos escaños hubiera borrado las diferencias irreconciliables con los hechos de corrupción del kirchnerismo. El comportamiento del líder del Frente Renovador fue esquivo y encarnizado. Incluso con la pelea dada en su propio distrito en el afán de encontrar un lugar de representación para su propia esposa, motivó críticas y evidenció la ambición.

Las demás fuerzas políticas tampoco fueron la excepción. La Izquierda presentó a sus candidatos. En el otro extremo ideológico, el pergaminense José Luis Espert presentó fórmula con Luis Rosales y enseguida surgieron las denuncias sobre un supuesto intento de proscripción bajo el argumento de que esta opción electoral iba a restar votos al oficialismo. 

En la llamada “tercera vía” que lideran Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey fue quizás donde primó más la coherencia. Aunque si bien este espacio logró reunir a dirigentes desencantados, tal es el gran punto en común, los integrantes de la fórmula presidencial no logran transmitir aún el convencimiento genuino de compartir el mismo espacio de construcción política, lo que debilita la visualización de una alternativa electoral que resulte creíble, pensando en la cohesión y generosidad que se necesitan para una futura acción de gobierno.

Y así, con esta dinámica ya conocida, lo que sucede en el escenario nacional es lo que se traduce hacia abajo en los armados provinciales y locales con la participación de figuras más o menos conocidas, y con postulantes ungidos a dedo por los líderes de turno.

En otro orden, la ley de paridad que obliga a integrar las nóminas de candidatos con igual número de hombres y de mujeres, tampoco exhibió ante la sociedad la solidez que hubiera sido esperable. Fueron los armadores de listas, en general hombres, los que por cubrir la paridad terminaron incluyendo a referentes sin peso electoral propio y en algunos casos sin militancia conocida en lugares estratégicos, solo por cumplir con la premisa del 50-50. Y en lo que resulta un contrasentido en listas que parecen armadas a medida de conveniencias individuales y egos personales o favores que hay que pagar fuera de competencia quedaron mujeres con caudal propio y reconocida trayectoria.

En este escenario, la tarea de los precandidatos y candidatos es nutrir a sus espacios de contenido. Por ahora, con poca claridad ante la ciudadanía, las listas parecen cartón pintado detrás de sellos que deben demostrar que han sido conformados sobre bases sólidas, capaces de permitirle al país iniciar ese círculo virtuoso que lo devuelva al lugar que alguna vez tuvo y que perdió por la mala praxis de estos dirigentes, que nacidos del seno mismo de la sociedad, hoy parecen ajenos a ella. La competencia, solo eso, la competencia, está lanzada.   

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