Avances:
Programan la relocalización de sectores de fácil inundación El Programa Emprender abrió nuevos talleres en Villa San José Habilitarán un puesto fijo de matriculación en la Región Sanitaria IV
Editorial

El Centro Oncológico: el sueño que nació de la prepotencia del trabajo

Esta semana la firma de los convenios para la definitiva puesta en marcha del Centro Oncológico Pergamino representó una importante noticia en materia sanitaria, por cuanto los pasos administrativos dados parecen indicar que la ciudad está más cerca de ver concretado el anhelo de contar con un espacio para la atención integral de pacientes oncológicos, como pocos hay en el país, con toda la complejidad que ello conlleva. Aunque nadie establece plazos precisos, se habla de que en algunos meses podrán estar funcionando a pleno los servicios que allí se prestarán.

La presencia en la ciudad de los máximos referentes de la Comisión Nacional de Energía Atómica- responsable de la ejecución de la obra en el marco del Plan Nacional de Medicina Nuclear- y de la Fundación Centro Diagnóstico Nuclear- organización sin fines de lucro que tendrá a su cargo el manejo operativo y funcional- fueron claros indicadores de un avance significativo en una enmarañada burocracia que por mucho tiempo demoró la operatividad del Centro. Hasta el momento solo pudieron mudarse a las nuevas instalaciones las prestaciones del Centro de Día del Hospital San José para la aplicación de protocolos de quimioterapia y atención clínica de Oncología. Todo lo demás está a la espera de la inauguración formal. 

Vencido el error original de haberlo construido en un predio contiguo al Hospital San José que pertenecía a la Provincia de Buenos Aires sin que estuviera cedido el terreno a la Nación, lo que representó un obstáculo cierto que desveló a los gestores políticos que persiguieron de cerca cada una de las instancias para destrabar cuestiones que eran imprescindibles para que el Centro pudiera comenzar a funcionar, ahora se inicia una epopeya no menos titánica, por la dimensión que tiene el lugar y la magnitud de la aparatología con la que fue equipado.

El punto de partida es la firma de los convenios de cesión- de la Comisión Nacional de Energía Atómica al Municipio y de éste a la Fundación Centro Diagnóstico Nuclear para que tenga a su cargo la administración y manejo por un período de 15 años-, lo que también ocurrió esta semana.

Lo que viene es esperar y permitir a esta Fundación lleve adelante todos los procesos y tareas que posibiliten la operatividad del Centro. La experiencia con que cuenta en espacios de similares características hace suponer que todo marchará tal cual lo deseado y establecido en el convenio de cesión que se firmó con el Municipio.

No será menor la tarea, tanto en lo referido a la puesta a punto de los equipos como en cuanto a dotar al espacio de recursos humanos y protocolos de funcionamiento que son muy precisos; luego vendrá la etapa  de establecer los vínculos con el sistema de obras sociales y prepagas para que, una vez inaugurado, el Centro pueda ser utilizado en toda la dimensión de su capacidad operativa.

A la par de ello a la ciudad le queda una enorme tarea pendiente que encierra una responsabilidad que deberán asumir los hacedores de la política: transformar todo lo concerniente a este lugar en una verdadera política de Estado, más allá de cualquier bandería, para hacer trascender en el tiempo este espacio de salud, con todo lo que significa y por todo lo que representa, no solo para los pergaminenses sino para una amplia región. Porque  en rigor de verdad y si bien hoy, emplazado de manera visible, resulta imponente, su concreción no fue una idea gestada desde la política ni concebida respondiendo a un planeamiento estratégico en función de las necesidades de una comunidad en materia de salud. Más bien, el Centro Oncológico Pergamino fue la resultante de la prepotencia  del trabajo tras la impotencia del dolor. Son dos sentimientos opuestos pero que se encontraron perfectamente unidos en la gestión de la Fundación Leandra Barros, de una familia  y amigos que en su afán de transformar el dolor en una causa en favor de las personas que no tienen posibilidades de acceso a la salud comenzaron a trabajar para dotar a la ciudad de un acelerador lineal que permitiera la realización de tratamientos de radioterapia sin que los pacientes debieran trasladarse a otras ciudades. La perseverancia de ellos, la persistencia en el anhelo, el acompañamiento que su causa tuvo por parte de toda una sociedad y la constancia con la que peticionaron por esto fue lo que consiguió que obtuvieran mucho más de lo que estaban reclamando. Lograron mucho más que un equipo de radioterapia, acercaron a la ciudad un emprendimiento de salud que era impensado. Y fue recién entonces que intervino la política, que decidió incluir esta construcción en las obras del Plan Nacional de Medicina Nuclear y fue el Estado nacional quien financió la ejecución de los trabajos y la provisión del equipamiento. Todo lo que sobrevino después fue comenzar a pensar cómo hacer funcionar algo que Pergamino no tenía ni siquiera en sus planes como estrategia de salud. Y allí se suscitaron los inconvenientes públicamente conocidos, las zozobras respecto de cómo conseguir los recursos que aseguraran la sustentabilidad y el mantenimiento de una aparatología costosa, la burocracia y el temor de tener “un elefante blanco” emplazado en el corazón mismo de los espacios donde se concentran las principales instituciones de salud de la ciudad (en cercanías del Centro funcionan el Hospital San José, el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas “Doctor Julio Maiztegui”, la Región Sanitaria IV y las oficinas de la Secretaría de Salud del Municipio).

A lo largo de este tiempo no fueron pocos los actores políticos y referentes sanitarios que por lo bajo manifestaban sus dudas respecto de la viabilidad del emprendimiento. Y fueron solo  algunos los que desde distintos ámbitos- fundamentalmente funcionarios municipales- se cargaron al hombro el seguimiento minucioso de las instancias administrativas y burocráticas formales para destrabar los escollos que ponía por delante la improvisación con la que se hacen ciertas cosas en Argentina.

Así, junto a la Fundación Leandra Barros asumieron la tarea de darle forma a un modelo funcional, organizativo y de gestión para que el Centro pueda funcionar. Se está a las puertas de ello. Cuando comiencen a hacerse los tratamientos de radioterapia y braquiterapia en el Centro y la aparatología esté funcionando a pleno, cuando lleguen para atenderse personas de distintos lugares, muchas de ellas sin cobertura social, ese objetivo estará cumplido. Quedará la labor de que la ciudad en su conjunto se haga carne de la envergadura del espacio con el que cuenta para ofrecer una atención de salud de calidad en un campo tan sensible como la oncología, que requiere de alta complejidad y tratamiento riguroso.

Serán muchos los engranajes del Estado y de la propia sociedad civil los que deberán acompañar cada paso para que la iniciativa prospere. Quizás la propia Fundación Leandra Barros deberá reconvertirse en sus propósitos. El armado de una comisión “veedora” que integrará junto al Municipio para asegurar que la Fundación Centro Diagnóstico Nuclear cumpla apropiadamente con lo establecido es una promesa de que los ojos estarán puestos en que las cosas se hagan bien.  Por la gente que desde hace tiempo mira con expectativas y esperanzas el avance de un proyecto que irrumpió en la ciudad, y transformará el perfil mismo de Pergamino en materia de salud para siempre.

En términos objetivos, su construcción representó la inversión pública en infraestructura sanitaria más importante de la historia de la ciudad (se destinaron 234 millones de pesos). Aún no se toma conciencia de ello y pasa desapercibido el hecho de que a partir de la existencia real y operativa del Centro Oncológico, nuestra ciudad será un punto de referencia en materia del tratamiento integral del cáncer para una amplia región. Eso no es poco en materia sanitaria, y lograr estar a la altura de las circunstancias requerirá de políticas complementarias, de acciones sostenidas y de la misma prepotencia de trabajo y esfuerzo que se puso al servicio de que este lugar pudiera existir.

Dejarlo en manos de una fundación con experiencia es una decisión estratégica en materia de operatividad, pero eso no debe significar dejarlo de lado en otros aspectos para acompañar con acciones y políticas una transformación de una envergadura tal que solo mostrará en su verdadero alcance el paso del tiempo.

Viaggio Espresso