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Editorial

El creciente protagonismo de China en escenario mundial

China sigue adelante con los lineamientos de una política exterior que busca posicionar a esta superpotencia emergente como uno de los principales protagonistas en el escenario global. El último movimiento que confirma esta estrategia es la reciente elección del viceministro de Agricultura del gigante asiático, Qu Dongyyu, como director general de la FAO, la agencia de la ONU para la Agricultura y la Alimentación.

s la primera vez desde que se creó la FAO que un chino ocupa el más alto cargo en ese organismo multilateral. El biólogo Qu Dongyyu, de 55 años, asumirá formalmente sus funciones como nuevo director de la agencia de la ONU el próximo 1 de agosto y su mandato se extenderá hasta el 31 de julio de 2023. En la elección para el cargo, que se celebró el fin de semana pasado, su candidatura se impuso con 108 votos, desplazando así a la ingeniera agrónoma, Catherine Geslain-Lanéelle, de Francia, que cosechó 71 adhesiones. En tercer lugar se ubicó, lejos, el georgiano Davit Kirvalidze, con sólo doce votos.

La diferencia de votos es una muestra más del paciente trabajo de la diplomacia china para sumar apoyo a su candidato e imponerse frente a la candidata favorita de la Unión Europea (y apoyo de Estados Unidos) en un cargo clave en el tablero internacional. Es que en la mesa chica de la FAO, que ahora estará en manos de Qu, se deciden cuestiones de alto nivel que tienen impacto en la producción agrícola y el comercio de alimentos a escala global. Además, la FAO debe hacer frente a problemas serios como el alarmante incremento de personas que, en pleno siglo XXI, no tienen garantizado un plato diario de comida, en parte por los efectos del calentamiento global, pero también por el orden social y económico injusto que rige a la mayoría de las naciones. En ese sentido, el nuevo director de la FAO prometió adoptar medidas concretas para luchar contra el hambre y la pobreza en el mundo y aseguró que transformará a esa agencia de la ONU en un organismo “nuevo, joven y más dinámico”.

También planteó la necesidad de dar una mayor participación al sector privado para atraer medios financieros y desarrollar los sectores agroalimentarios, en especial de los países en desarrollo. Sobre ese tema, adelantó que la FAO podría sumar como socios en distintos emprendimientos globales a la fundación estadounidense Bill y Melinda Gates, fundada por el ex presidente de Microsoft, y también al gigante chino de la distribución Ali Baba.

En los últimos años y bajo la conducción del brasileño Graziano da Silva, la FAO impulsó una política más favorable a la llamada agroecología, es decir, combatir a la vez los efectos del calentamiento climático y aumentar los rendimientos agrícolas, limitando el empleo de pesticidas de síntesis de las multinacionales del sector agroquímico. Esto, por supuesto, no resultó del agrado de las más grandes empresas productoras de insumos químicos para el agro, que no dudaron en redoblar la presión sobre la FAO para que oriente sus políticas hacia el apoyo a cultivos y animales genéticamente modificados.

¿Cómo actuará Qu Dongyyu frente al poder de estas multinacionales? La respuesta se irá conociendo con el paso del tiempo. Lo que sí está más claro es la decisión de China de ir ocupando espacios de decisión que moldean el orden mundial y dictan las reglas de juego que deberán acatar los países. Algunos expertos en política internacional coinciden en señalar que la elección de Qu Dongyyu al frente de la FAO obedece a la intención del gigante asiático de generar nuevas oportunidades estratégicas para sus empresas e intereses.

En rigor, es una práctica muy frecuente de las potencias mundiales y, en ese sentido, solo basta observar lo realizado hasta ahora por Estados Unidos, especialmente en América Latina.

Algunas señales que ha dado en los últimos años el presidente chino, Xi Jinping, confirman que Pekín aspira a ocupar el vacío geopolítico que comienza dejar Washington y que se advierte en el hecho de que, además de la FAO, otros organismos como la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi), la Organización de Aviación Civil Internacional (Oaci) y la Organización Internacional de las Telecomunicaciones (UIT) ya están en manos de políticos, economistas y diplomáticos chinos.

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