Avances:
Programan la relocalización de sectores de fácil inundación El Programa Emprender abrió nuevos talleres en Villa San José Habilitarán un puesto fijo de matriculación en la Región Sanitaria IV
Editorial

La ciudadanía está harta

Se puede continuar ignorando el silencioso rugido de los mansos? Ese que germina todos los días  a partir de vanos esfuerzos sostenidos, de sacrificios inútiles, de postergaciones, de desilusiones.  ¿Se debe seguir subestimando a hombres y mujeres dóciles que aun cuando poco y nada esperaban de la casta política, la misma logró, otra vez, decepcionarlos?

La no ejecución del contrato social argentino viene consagrando desigualdad, diferencias, inequidades, empobrecimiento, división, inseguridad y violencia, todo lo cual pone en evidencia la ausencia de política. Baste con conocer entre nosotros el puñadito de ganadores y contrastarlo con la decena de millones de perdedores en los últimos años.

Entre estos últimos debemos señalar, con toda urgencia y prioritariamente, a nuestros jubilados ordinarios, a nuestros esforzados maestros y médicos rurales, a nuestras Pymes, a nuestros operarios y empleados, a nuestras enfermeras y agentes del orden, a nuestros profesores universitarios, a los investigadores en ciencia y tecnología, etcétera.

Nuestra casta política, legislativa ( a quienes debería caberles aquello de “día no trabajado es día no cobrado”), judicial, empresarial y sindical argentina, con todo nepotismo e intergeneracionalmente, accedió e incrementó obscenamente privilegios, confort y hasta hedonismos escandalosos, completamente alejados de la realidad del argentino descalzo, en tanto el manso pueblo argentino solamente debe continuar padeciendo otra defraudación institucional por flagrante incumplimiento de su magno contrato social, aquel por el cual el pueblo soberano delega su poder en una selección de ciudadanos para que decida de la mejor manera y administre eficientemente nuestros aportes.

Y vamos a subrayar solamente un par de defraudaciones decepcionantes de parte de quienes debieran cumplir su parte del contrato, como los ciudadanos de bien lo hacen:  1) Una enrevesada y elefantiásica presión tributaria que largamente contrasta cínicamente con la exigua contraprestación de bienes, servicios y satisfacción de necesidades comunes; 2) Un federalismo teórico aplastado por el práctico imperio unitario.

Inaceptables “desaciertos” de una incapaz (cuando no corrupta) casta política han perjudicado de manera irremontable en el corto y mediano plazo a una inmensa mayoría de ciudadanos. Estamos atrapados en un laberinto socioeconómico que amenaza “in crescendo” al ordenamiento jurídico-político. Después del “palazo” de las Paso, cada nuevo exceso de optimismo o anuncio desde la Casa Rosada en pro de atemperar semejante crisis, rápidamente queda diluido antes de su efectiva operatividad. Sin ir más lejos, el anuncio para la reducción del IVA en el precio de alimentos de primera necesidad, es incomprobable en góndola.

Por su parte, la tremenda inflación que generaron sucesivas devaluaciones, impactó nefastamente no solo en incrementos exorbitantes de precios y tarifas de bienes y servicios de primera necesidad sino en la pérdida de poder adquisitivo del salario, en la paralización de la capacidad productiva instalada, en más desocupación y recesión, en la renuencia a invertir o liquidar derechos de exportación, como en todos los demás indicativos o índices económicos y sociales.

Crecen exponencialmente las protestas, los piquetes, los acampes con cortes de rutas, calles y avenidas interrumpiendo por la fuerza toda actividad regular, pública y privada. Y es entonces cuando el temporal electoral hasta octubre y/o diciembre próximos, podría ser demasiado extenso y riesgoso porque el funcionamiento estatal, republicano y la propia democracia vienen “rengueando”,  asistidos por unas eventuales muletas. Tanta improvisación, incompetencias, excesos de optimismos, de voluntarismos, nos centrifugaron en el peor escenario nacional sumergiéndolo en una masiva incertidumbre, en el cual todos reclaman pero el Gobierno nacional claramente se quedó sin respuesta, peor aún, sin confianza y sin crédito mundial conforme resolvió el FMI al postergar el desembolso de los 5.400 millones de dólares hasta tanto conocer los resultados eleccionarios definitivos.

Sin embargo, y aun ante todo ello, la sociedad de los ciudadanos mansos debe conservar la calma para no agotar su menguada paciencia ni sucumbir ante la siempre reprochable anarquía, caldo de cultivo de enfrentamientos fratricidas, caos y arrepentimientos tardíos.

Finalmente, mal podríamos omitir advertir que si se continúa fastidiando, denigrando, mancillando y enojando al manso, mucho podemos arrepentirnos y perjudicarnos porque, al fin y al cabo, toda paciencia tiene su límite. El supuesto dilema de no dejar ser a los mansos o enterarnos de su enojo, es mucho más que una cavilación, mucho menos que una conjetura.

Ojalá entonces lleguemos a consumar nuestros procesos eleccionarios constitucionales, ojalá lleguemos bien, constitucionalmente, pero también, ojalá, nunca para otro “más de lo mismo”.

Viaggio Espresso