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Editorial

Pruebas Aprender: brechas de género en la escuela

Los resultados de las pruebas Aprender 2018 realizadas en todo el país revelaron que, en comparación con el mismo estudio del 2016, disminuyó en dos años la brecha de aprendizaje entre varones y mujeres de escuelas primarias.

Los datos ponen de relieve la necesidad de redoblar los esfuerzos para promover la equidad dentro del sistema educativo, contemplando la situación particular de la mujer.

El Ministerio de Educación de la Nación informó que la brecha en los desempeños entre estudiantes mujeres y varones disminuyó en 6º año de la escuela primaria. Según destaca el informe de la cartera educativa, las mujeres mostraron mejores niveles de desempeño en Lengua, mientras que los varones obtuvieron una diferencia a su favor, aunque en menor proporción, en Matemática. El sondeo permitió conocer, además, lo relacionado con cómo percibe cada estudiante el denominado “clima escolar”: la mayoría de las alumnas (86 por ciento) expresó que les gusta asistir a las clases, mientras que el 77 por ciento de los varones se manifestó en igual sentido.

Por otra parte, el relevamiento arrojó otros datos que merecen análisis más detenidos por parte de las autoridades educativas. Así, por ejemplo, se observa que si se tiene en cuenta la realización de tareas domésticas, de cuidado y trabajo familiar, se observa que aquellos estudiantes que nunca o pocas veces realizan estas tareas alcanzaron puntajes superiores en comparación con quienes sí las realizan.

Conviene detenerse en este punto, ya que se sabe que las tareas de cuidado recaen en mayor medida sobre las mujeres y, si se trata de niñas de edad escolar, esas obligaciones les quitan tiempo que deberían dedicar a sus estudios. Debe recordarse que detrás de las tareas de cuidado existen relaciones sociales que están atravesadas por construcciones de género en torno a las responsabilidades, roles y funciones que se asigna a varones y mujeres.

En la actualidad -más allá de que la participación de las mujeres en el mundo laboral formal, es decir remunerado, haya contribuido a revertir algunas situaciones- en la mayoría de los hogares la responsabilidad de las tareas de cuidado sigue recayendo sobre las mujeres y esto, obviamente, impacta en el tiempo que las niñas y las mujeres tienen para dedicar a su formación.

Un reciente documento de ONU Mujeres, la entidad de las Naciones Unidas que trabaja por la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, observa que una niña o una mujer que asiste a la escuela está realizando su derecho humano fundamental a la educación.

El informe advierte, además, que también tiene una mayor posibilidad de lograr su pleno potencial en el transcurso de la vida, ya que estará mejor preparada para obtener un trabajo decente y bien remunerado, por ejemplo, o para alejarse de un hogar violento.

La educación es un factor fundamental, un elemento clave, que debe servir a las mujeres para que puedan alcanzar la igualdad de género y convertirse en agentes de cambio.

Las mujeres con acceso a una buena educación benefician al conjunto de la sociedad, contribuyen de modo sustancial a las economías locales y también a mejorar la salud, la nutrición y la educación de sus familias. Por eso es importante promover la equidad dentro del sistema educativo.

Esto implica, además de garantizar el mismo derecho de acceso a la educación para niños, niñas, jóvenes, mujeres y hombres; también promover ámbitos educativos y procesos de enseñanza aprendizaje que tengan en cuenta que existen relaciones de poder asimétricas entre los géneros en todos los ámbitos sociales. Las expertas de ONU Mujeres advierten que la discriminación de género debilita de muchas formas las perspectivas de las mujeres de recibir una educación.

También señalan que los matrimonios a edad temprana y el trabajo doméstico llevan a muchas niñas y jóvenes a abandonar la escuela; mientras que el acoso sexual en los espacios públicos puede confinarlas a sus hogares.

Los resultados de las pruebas Aprender deben servir como punto de partida para impulsar políticas públicas que garanticen la inclusión educativa ante el problema concreto que plantean las brechas existentes en lo referido a las desigualdades de género.

Es necesario que toda la comunidad educativa tome conciencia de la importancia que tiene, por un lado, visibilizar las inequidades que persisten en el sistema educativo, y redoblar los esfuerzos para erradicar las brechas de desigualdad en los aprendizajes.

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