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Editorial

Satélite Saocom 1B: cuando funcionan las políticas de largo plazo

Con el exitoso proceso de lanzamiento y puesta en órbita del satélite de observación de la Tierra, Saocom 1B, la Argentina marca un nuevo hito que consolida la industria espacial del país. Se trata de un instrumento de extrema complejidad que brindará una amplia gama de servicios para el agro, la prevención de catástrofes naturales, la planificación territorial y la mitigación del cambio climático, entre otras prestaciones que son posibles gracias al desarrollo de capacidades científicas y tecnológicas nacionales.

El Saocom 1B y su antecesor gemelo el 1A que fue lanzado al espacio en octubre de 2018 cuentan con una tecnología de radar que fue desarrollada íntegramente en el país por técnicos y científicos argentinos. Sólo Canadá, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Japonesa disponen de equipos similares. El 1B y el 1A están preparados para vincularse con otros cuatro satélites italianos y de esa manera aportar datos al Sistema Italo-Argentino de Satélites para Gestión de Emergencias (Siasge). Así, se podrá disponer de imágenes y datos precisos en tiempo real que serán claves en la gestión de emergencias y para conocer la humedad en el suelo, la evolución de los cultivos y otros factores importantes para el sector productivo. La tecnología de Radar de Apertura Sintética con la que están equipados los satélites argentinos tienen capacidad de atravesar las nubes, la vegetación y parcialmente el suelo, es decir que la información que brinden será de gran utilidad para el campo argentino, que ahora tendrá a mano herramientas de última generación para gestionar los recursos hídricos, realizar control de plagas y decidir cuándo y dónde es más conveniente fertilizar y sembrar. En otras palabras, el agro se verá beneficiado por la experiencia acumulada a lo largo de todos estos años por la comunidad científica tecnológica vinculada, en este caso, a la industria espacial. Los productores de las distintas regiones tendrán la posibilidad de acceder a estas herramientas para avanzar hacia una producción cada vez más eficiente y poder anticiparse a catástrofes climáticas. Pero eso no es todo. Los satélites también servirán para llevar a cabo tareas de monitoreo hidrológico, de embarcaciones en el mar argentino, de hielo y glaciares; aportar datos para estudios urbanos, proyectos de defensa, minería, petróleo y energía, hacer el seguimiento de derrames de petróleo, ayudar en caso de rescates en el mar, contribuir a la vigilancia y la seguridad del extenso territorio nacional y apoyar a las campañas que se realizan cada año en la Antártida. Sobre este último servicio, vale mencionar la valiosa ayuda que brindaron las imágenes aportadas por el Saocom 1A cuando durante la campaña de verano de 2019, en las cercanías de Marambio, el rompehielos Irízar quedó varado en medio de un témpano de 180 km de largo. En esa oportunidad, la tripulación del rompehielos solo pudo hallar una ruta viable con la asistencia del satélite.

Ambos satélites Saocom forman parte del Plan Espacial Nacional que, como queda demostrado, es un ejemplo de política pública a largo plazo que debería ser imitado en otras áreas. Merece destacarse el trabajo realizado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, junto a la empresa estatal tecnológica Invap, la Comisión Nacional de Energía Atómica, universidades nacionales y empresas argentinas que se sumaron al desafío de consolidar las capacidades tecnológicas e impulsar el desarrollo de la industria nacional. En ese sentido, las autoridades de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales afirman que, de esta manera, se está promoviendo el crecimiento y la creación de nuevas empresas generadoras de tecnologías innovadoras, ampliando su ámbito de participación a nivel internacional con el aporte de alto valor agregado en su cadena productiva.

Por todo esto, la puesta en órbita de estos satélites representa, sin dudas, un hito histórico para la ciencia y el desarrollo tecnológico argentino que ha alcanzado este nivel gracias a un largo camino recorrido que incluye creación de organismos tales como el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas y la ya mencionada Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales, sin olvidar el trabajo de quienes participaron del pequeño SAT-1 Víctor, el primer satélite artificial que fue diseñado en Argentina y lanzado al espacio en agosto de 1996 desde Rusia.

En esta área afortunadamente no metió la cola la política y por eso se pueden ver los resultados, que no son de ningún espacio político en particular. De hecho nadie se atribuyó el logro como propio, ni en 2018 ni ahora, sencillamente porque no le pertenece a nadie. Queda claro que el mérito es del Estado nacional, o sea de todos los argentinos, porque se trata de políticas públicas que trascienden los gobiernos y ojalá que algún día esto sea moneda corriente para el resto de los asuntos.