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Editorial

Si ellos pudieron

Con el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) como escenario y  con los principales actores actuales de la política argentina, periodistas y personalidades de la cultura como público, el expresidente chileno Ricardo Lagos dio cátedra de lo que hay que hacer para preservar  la democracia y crecer.

Lagos fue presidente de Chile entre 2000 y 2006. Antes había tenido  un rol preponderante en la construcción de la coalición política que terminó con la dictadura pinochetista, y en ese sentido, resaltó lo determinante que fue dejar de lado los intereses partidarios para hacer caer el gobierno de Pinochet, y cómo eso les permitió construir la Concertación de los Partidos por la Democracia que, finalmente, gobernó durante 20 años.

Aquella verdadera coalición, muy distinta de las que los argentinos hemos tenido que soportar, estaba integrada por los partidos Demócrata Cristiano (DC), Por la Democracia (PPD), Radical Socialdemócrata (PRSD) y Socialista (PS), representados por Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Michelle Bachelet y el mismo Lagos. Como se verá, todos  en un momento fueron presidentes, todos tuvieron el poder pero -y así lo confirma Lagos- ninguno lo usó para sí, sino para el país, como debe ser en un estadista que se precie de tal.

También explicó la necesidad de lograr consenso dentro de la coalición para poder gobernar y dio como clave del éxito el centrarse en los temas comunes, como forma de avanzar, de no estancarse: “Había un entendimiento que nos permitía saber qué temas mantenían la unidad y cuáles nos dividían. Por eso prevalecía el consenso, eso es lo importante para mantener una coalición. Porque mi verdad es muy importante pero termina cuando empieza la tuya”, señaló.

Cuando Pinochet decide abrir el país a elecciones tras un plebiscito, aunque la Constitución decía que el presidente duraba ocho años en el poder, decide darle a la coalición un período de transición de cuatro años, lo cual ellos aceptaron inmediatamente porque pensaron que en cuatro años resolvían los problemas de la transición y después cada uno volvería  a su rincón para retomar las peleas ideológicas de base. Pero se dieron cuenta que era más fácil derrotar a Pinochet que hacer de Chile un país un poquito más moderno. Entonces la coalición continuó junta. Se dio de manera natural.

Después de asumir que las individualidades debilitaban la frágil democracia, que no había espacio para mesianismos y divismos frente a un sistema militar todavía pretencioso, todo fluyó tan naturalmente que no tuvieron inconvenientes en ponerse de acuerdo, cada cuatro años, para elegir el candidato siguiente y terminaron de esa manera gobernando 20 años sin habérselo propuesto.

La gran reflexión  que nos gustaría rescatar del exmandatario chileno para este momento en particular de la Argentina es: “Usted termina dándose cuenta que son más los temas que unen que los que separan. Siempre hay temas que separan pero lo que usted gana resolviendo aquellos en los cuales consensúa; es que permiten acercarse de una mejor manera a los que hoy por hoy nos separan”. Lógica pura, estrategia elemental. El sentido común que le falta a nuestra clase dirigente, desde el Concejo Deliberante de Pergamino hasta el Congreso de la Nación, que son los ámbitos donde debe consensuarse el “esqueleto” de leyes que permiten -a cualquier país- crecer y avanzar.

Finalmente Lagos dejó 10 puntos que él considera clave:

Primero: “No es posible avanzar hacia un país más próspero, justo, sustentable, inclusivo e igualitario sin una estrategia de desarrollo coherente”.

Segundo: “No es posible diseñar una estrategia de desarrollo coherente que no se haga cargo de los cambios de época en el mundo que nos rodea”.

Tercero: “Cualquier estrategia de desarrollo progresista debe ser aliada, compatible y tributaria de los cambios tecnológicos que trae el futuro”.

Cuarto: “No es posible sostener un proceso de cambio y transformación como el que exige esta estrategia de desarrollo sin un robusto sistema de protección social”.

Quinto: “No es posible construir un sistema de protección social sostenible sin responsabilidad fiscal y sanidad financiera pública”.

Sexto: ”No es coherente un sistema de derechos sociales y económicos sin deberes sociales y económicos”

Séptimo: “No es posible generar grandes transformaciones sin grandes mayorías políticas, sociales y públicas que se sostengan por convicción y no por conveniencia circunstancial”.

Octavo: “No es posible generar reformas transformadoras sin calidad técnica en el diseño y ejecución de éstas, en el momento oportuno desde el punto de vista político y económico”.

Noveno: “No es posible alcanzar el desarrollo económico social y político sin credibilidad de las instituciones, partidos y empresas”.

Décimo: “No es posible recuperar la credibilidad de instituciones, partidos y empresas sin liderazgos dispuestos a sacrificar su interés personal en función del interés nacional”.

Una mente lúcida, que habla desde la experiencia y desde la cercanía. Es decir, habla desde lo posible. No es ni un utópico ni el mandatario de un país escandinavo. Es el expresidente de un país vecino que recuperó la democracia tras un duro y largo azote militar. Una historia similar a la nuestra y con muchas menos ventajas comparativas. Sin embargo, Chile es hoy un país estable, seguro, exitoso. ¡Cuánto que aprender! ¿O vamos a seguir pensando que Argentina es lo mejor de Sudamérica?

Lo bueno de este mal trago de ver que a todos les va mejor que a nosotros, es poder caer en cuenta e internalizar que es posible lograrlo.

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