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Editorial

Somos un país pobre que pierde generaciones

Murió el joven que viajaba en el techo del tren Roca y recibió una enorme descarga eléctrica. Se llamaba José Fonseca y tenía apenas 18 años. Estaba internado en el hospital Fiorito de Avellaneda y tenía afectado el tronco, cabeza, cuello y miembros superiores.

En su desgraciado viaje irregular recibió una descarga eléctrica de 25 mil voltios. “El deceso se produjo por un paro cardiorrespiratorio motivado por las severas lesiones producidas por la descarga eléctrica, con quemaduras que comprometían casi el 80 por ciento del cuerpo, lo que generó la falla orgánica”, indicó el parte de la cartera de salud bonaerense.

El hecho ocurrió el martes por la mañana, en una formación que venía de Mar del Plata, ciudad a la que los jóvenes habían ido para trabajar como malabaristas. Según el relato de Ciro Ferreyra, que viajaba junto a José, el joven electrocutado se levantó para ver cuánto faltaba para la próxima estación y allí ocurrió el incidente.

La descarga se produjo a la altura de Avellaneda, donde Fonseca recibió 25 mil volteos sobre su cuerpo. Los jóvenes habían decidido colarse porque no tenían plata para el boleto.

Fonseca y otro joven de 20 años se encontraban en el techo de uno de los vagones del tren que se dirigía hacia la estación de Constitución cuando recibieron una descarga. Ambos eran malabaristas que fueron a Mar del Plata a trabajar durante enero. Para volver, como no tenían dinero, decidieron hacer dedo en la ruta 2. “No nos levantó nadie y caminamos a Vivoratá, a 42 kilómetros de Mar del Plata. Vimos el tren que venía a Buenos Aires parado y decidimos subirnos”, contó el muchacho de 20 años. 

El hecho se registró este martes alrededor de las 7:30 a la altura de la localidad de Remedios de Escalada aunque la formación ferroviaria pudo continuar su marcha hasta la estación Gerli.

Todo terminó en un expediente caratulado como “lesiones por accidente”. Trenes Argentinos por su parte informó mediante un texto: “Dos personas que indebidamente se subieron al techo de la formación 304, que provenía de Mar de Plata, fueron alcanzados por una descarga eléctrica de 25.000 voltios proveniente de la catenaria”.

Los jóvenes que eran oriundos de la ciudad de La Plata, le contaron a la Policía que ambos viajaban en forma clandestina entre los dos vagones del tren para evitar el pago del boleto.

El hecho tiene el valor de lo simbólico, además obviamente de la muerte de un chico tan joven, porque lo sucedido es claramente el producto de un país que desde hace varias generaciones tiene enormes bolsones de pobreza, sectores que además de ser pobres no reciben la educación necesaria para medir riesgos.

Y es lamentable que esto suceda sin que la política registre la tragedia, porque en realidad desde hace décadas venimos discutiendo cuestiones ideológicas, modelos económicos, se fomenta una grieta que se va haciendo abismo y todo por cuestiones electorales. Pero de los problemas ciertos, de los dramas en que está sumido la Argentina con más de un treinta por ciento de pobres, todos parecen mirar para otro lado. Y si somos sinceros, todos los sectores políticos han tenido su responsabilidad en este problema, los que estaban antes, los que están ahora y si no se toma conciencia los que vendrán también.

Porque si tomamos este caso como un paradigma, vemos que a la falta de dinero producto de la pobreza estructural y la falta de oportunidades, se suma la escasa educación para, por ejemplo, medir el riesgo de viajar en el techo de un tren.

La verdad es que nuestro país no es el país rico como muchos creen porque tenemos riquezas naturales. La realidad es que hoy somos un país pobre, subdesarrollado, con bajo nivel de empleo, sin inversión, con la educación pública en jaque y los hospitales superviviendo a fuerza de buena voluntad de los profesionales. Esta es la realidad de un país al que error tras error lo fueron sumiendo en el atraso.

Es así como hemos perdido varias generaciones sumidas en la pobreza y sin visualizar un futuro posible. Y de esas generaciones surge este chico de apenas 18 años, colgado de un tren eléctrico porque no tiene para pagar el boleto y recibe una descarga eléctrica y termina irremediablemente muerto. Habrá egoístas que nunca faltan diciendo: se hubiera quedado en su casa si no podía pagar el boleto. Es la salida simplista, básica, culpar a la víctima, no entender que la Argentina debe cambiar y ordenarse, debe crecer y educar.

Al fin, este es un accidente producto de la pobreza y la falta de educación para comprender los riesgos, un accidente evitable, una muerte de quien apenas empezaba a vivir. 

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