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Editorial

Una efeméride de salud para seguir creando conciencia

Las efemérides de salud a menudo sirven para poner bajo la lupa algunas cuestiones sobre las que aún falta tomar conciencia. El pasado 21 de septiembre se conmemoró el Día Mundial del Donante de Médula Osea y la fecha sirvió para poner en la agenda global un tema vital y rescatar un gesto solidario que permite salvar vidas de pacientes con enfermedades potencialmente mortales.

Como sucede con la donación voluntaria de órganos, se observa una mayor conciencia por parte de la sociedad respecto de estas acciones altruistas. Sin embargo, en relación a la donación de médula aún perdura cierto desconocimiento y desinformación que condiciona el incremento en el número de donantes.

En este sentido, la fecha impuesta en el calendario volvió a ser una oportunidad de insistir en la sensibilización comunitaria y la generación de conciencia. Hace falta mucha tarea de divulgación por parte del sistema sanitario para que la información no quede reducida a un día en especial y se sostenga en el tiempo hasta hacerse carne en aquellas personas que pueden transformarse en potenciales donantes.

La donación de médula se rige por la solidaridad internacional y la búsqueda mundial garantiza a todos los pacientes las mismas posibilidades de encontrar un donante, independientemente de dónde vivan o en qué condiciones. A pesar de esta “universalidad”, no todo el mundo sabe que donando células progenitoras hematopoyéticas puede salvar vidas.

Si bien ingresar al registro de donantes es una acción sencilla, se requiere cumplir con una serie de requisitos que son los que valen para la donación voluntaria de sangre, y someterse a una extracción de una unidad sanguínea que es minuciosamente analizada. Y esto, en el imaginario colectivo, se configura como algo engorroso o complejo. Nada más lejos de la realidad.

En Argentina desde el año 2003 existe el Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH), que funciona en el Instituto Nacional Coordinador Unico de Ablación e Implante (Incucai) y si bien año a año crece el número de argentinos que ingresan a la lista y conforman la Red Mundial de Donantes Voluntarios, las autoridades sanitarias consideran que muchos más están en condiciones de ser donantes.

Lo que falta pasa por la educación e información que ayude a derribar mitos. No hay negocios que se tejan detrás de este tema. La transparencia y seriedad del Incucai es indiscutida y el compromiso de los actores del sistema de salud que trabajan en este tema es incondicional. Sin embargo,  resta que se multipliquen los donantes, que se avance en la conciencia y que como ocurre con la donación de órganos y tejidos algo del paradigma se modifique gracias al ejercicio de una acción altruista y desinteresada que se valga de este sistema legitimado internacionalmente para salvar vidas que de otro modo se pierden.

Los datos de la realidad son elocuentes y muestran que a pesar de que se avanza en la sensibilización, el número de donantes no es aún el que se necesita. También revelan que mucha gente sigue sin saber cómo puede transformarse en potencial donante de médula ósea. Quizás porque recaen sobre este tema los prejuicios o la idea de una complejidad que no es tal. Lo cierto es que el trasplante de médula es una práctica que se utiliza para hacer frente a enfermedades verdaderamente graves. Y que gracias a los avances de la ciencia y a la creación de este tipo de sistemas solidarios en la que los bancos de recepción de donantes se abren al mundo para propiciar un cambio en la conciencia, es posible que donantes y receptores se encuentren en una actitud generosa cuando surge la necesidad y la urgencia apremia.

En este sentido la efeméride anual que recuerda esta posibilidad, que invita a la reflexión e insiste en la divulgación de información que nutre a la sociedad de conocimientos es una oportunidad que se reitera para avanzar cada día un paso más en achicar las distancias y ejercer esa decisión altruista de poner algo de lo propio al servicio de otro para cumplir con el cometido imprescindible de ayudar a vivir.

Algo tan importante como la vida es lo que se juega cuando se habla de la donación de médula ósea. Lo mismo que ocurre con la donación voluntaria de sangre o la donación de órganos y tejidos, aspectos de lo sanitario en la que los avances son significativos y el potencial infinito. Solo falta seguir consustanciando a los ciudadanos para que tomen la decisión de integrar el registro y transformarse así  en potenciales donantes,  sin otra intencionalidad que contribuir al sostenimiento del valor más preciado que es la vida, la propia o la ajena que pueden necesitar ser salvadas fruto de esta acción tan generosa.

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