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Perfiles pergaminenses

Adriana Drivet: una rica historia de vida entre bibliotecas, viajes y nuevos desafíos

Adriana Drivet, una mujer dispuesta a recorrer nuevos caminos. (LA OPINION) Adriana Drivet, una mujer dispuesta a recorrer nuevos caminos. (LA OPINION)

Durante 18 años fue directora de la Biblioteca Menéndez, un lugar en el que hizo confluir su pasión por los libros con su dedicación al trabajo. Dio sus primeros pasos en El Socorro, su pueblo, y más tarde se consolidó profesionalmente en Pergamino. Hoy, ya jubilada, disfruta de vivir cerca de sus hijos y nietos.


Adriana Drivet nació el 31 de enero de 1959 en El Socorro, donde creció y vivió durante 30 años. Sus padres fueron Alberto Drivet y Dolores Masot, dedicados siempre a la explotación agrícola ganadera. Tiene  dos hermanos: Norma y José, con quienes compartió una infancia feliz sostenida en el amor. Cuenta que hasta los 6 años vivieron en la Colonia Santa Rosa. De ese lugar recuerda la unión de la vecindad y los domingos en los cuales las distintas chacras se transformaban en el lugar del encuentro. “Los niños lo vivíamos como una fiesta por la posibilidad que eso nos daba de jugar”, afirma.

Ya instalados en El Socorro asistió a la Escuela Primaria Nº 24. Guarda vivencias imborrables de sus maestras y de la directora de ese establecimiento, la señora Angélica de Torqui. “Todavía nos encontramos con compañeros que comenzamos en primer grado”, menciona.

En su pueblo tuvo también la posibilidad de hacer el secundario en el Instituto Comercial El Socorro. “La directora Tessy Lucich era una excelente persona y amiga. Del secundario recuerdo a mis profesores, con muchos de los cuales hoy sigo en contacto a través de la posibilidad que brindan las redes sociales.

Recuerda las fiestas de los Carnavales, la kermese que se realizaba el Día de la Patrona y los bailes que se organizaban en el Club para recaudar dinero para distintas causas.

Sus mejores amigos son de esa adolescencia y varios de ellos aún siguen viviendo en El Socorro. “Ese lazo se mantiene. Con los egresados de la promoción 1975 estamos diariamente en contacto a través de un grupo de chat y nos hemos encontrado en la Fiesta de las Colectividades”, señala esta mujer que rinde culto al cultivo de los afectos y que sabe que lo esencial está en no olvidar aquellos lugares donde se fue muy feliz.

De sus épocas estudiantiles recuerda las fiestas de Educación Física, con el profesor Héctor Chavero. “Siempre sentí orgullo de haber podido participar en esas jornadas. También en la Justa del Saber con alumnos de otros colegios”.

Asegura que le gustó mucho estudiar y refiere que “siempre por mi esfuerzo, no por inteligencia, fui abanderada del primario y del secundario”.

La biblioteca 

Esa constancia fue una característica que la acompañó a lo largo de la vida en distintos planos. Cuenta que los encuentros con sus compañeros eran en la sala de lectura de la Biblioteca Melchor Echagüe, donde Pedro Albornoz la dejaba al cuidado de ese espacio porque era muy responsable y le gustaba mucho leer. “Aún me veo acomodando textos y ayudándolo en todo. Quizás allí nació mi vocación por los libros”, reflexiona.

En 1977 comenzó a trabajar como auxiliar en la Biblioteca de El Socorro, hasta que en 1980 fue designada titular. “Guardo un gran cariño a Raúl Bollasina, presidente actual de la Biblioteca de El Socorro.

“Para llegar a ser titular tenía que ser bibliotecaria, así que así fue como comencé mis estudios en el Isfd Nº 8 de La Plata, fueron tres años de muchas experiencias compartidas con compañeros de todo el país. Y toda una aventura llegar a la atención al público en la Biblioteca de la Provincia de Buenos Aires donde se realizaban las prácticas para obtener el título.

“En 1984 comencé también a trabajar en la biblioteca del Ices, donde tuve excelentes compañeras. Y así, entre trabajo y estudio, fue que un día leyendo el Diario LA OPINION tomé conocimiento de un llamado a concurso para cubrir el cargo de directora de la Biblioteca Menéndez. Presenté mi currículum y fui designada en 1988”. Ese desafío profesional la llevó a tomar la decisión de radicarse en Pergamino.

La dirección de la Menéndez

Refiere que para llevar adelante la dirección de la Biblioteca Menéndez tuvo la ayuda incondicional de “Tina” Musso y de Héctor Del Giúdice. “Todas las decisiones y proyectos se impulsaban en forma conjunta con la comisión administradora. Miguel Vencius, Eugenio Giuníppero, Graciela Venini, Claudia Aiello, Marcela Conti fueron aliados incondicionales en la tarea y siempre conté con el respaldo del intendente Alcides Sequeiro que apoyó a esa prestigiosa institución con subsidios y acompañamiento”.

Fue durante su gestión que la entidad fue expandiéndose a los barrios más alejados de la ciudad a través de filiales que también se abrían en los pueblos. “En esa época se prestaban tres textos por socio y se realizaba con las familias un trabajo social muy valioso.

“Más tarde se determinó con la comisión que la Biblioteca no fuera solamente escolar, así que se pusieron en marcha distintas reformas, la del taller de Encuadernación, la adecuación de la sala grande en Sala Polifuncional para eventos y se pudieron gestionar las Primeras Jornadas Bibliotecarias”, relata describiendo algunos de los hitos que marcaron no solamente su historia profesional sino la de la Biblioteca Menéndez. “Se trabajó en forma conjunta con Susana Umeres para presentar el trabajo de la ciudad de Pergamino en el Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires que se realizó en Mar del Plata. Con los escritores pergaminenses se organizaba la asistencia y stand en la Feria Nacional del Libro y para los 100 años se inauguró la Galería de Presidentes y Bibliotecarios desde su fundación.

“También junto a la profesora Sharry y ‘Chichi’ Ninona se trabajó compilando la historia de la biblioteca, para poder plasmarla en un libro para que los pergaminenses e instituciones educativas y culturales tuvieran ese material tan importante. Esto por razones de presupuesto no se pudo editar, pero fue un trabajo de relevamiento muy significativo”.

Estuvo a cargo de la dirección durante 18 años. Luego trabajó cuatro años en la filial del barrio General San Martín, donde cosechó además de experiencias amistades entrañables como la que la une a Marta Silvestrini. También en la filial del barrio Racing junto a Mirta Farías y más tarde en la filial del barrio Malvinas Argentinas. “Allí mi corazón se llenaba de amor al poder ayudar a los chicos con sus tareas escolares y con los adultos a incentivarlos por la lectura.

“Trabajé en forma conjunta con el presidente de la Comisión, Gerardo González, y con las responsables de las jornadas de Encuentrocuentos, y recuerdo con mucho cariño a la ingeniera Silvina Cabrini”, agrega, en un inventario rico en anécdotas.

Así completó sus años de aportes para llegar a la jubilación, luego de cuarenta años trabajados en distintas bibliotecas. “Sé que los obstáculos que pude tener en mi carrera laboral sirvieron para hacerme más fuerte”, refiere y con una mirada retrospectiva, simplemente agradece y comenta que mantiene contacto con sus compañeras Norma Fondevila, Marita Di Santo. Mirta Farías y “Gaby” Tomasello.

La vida familiar

Casada con Héctor Grosso, formó su familia. Es mamá de dos hijos: Waldo, abogado especialista en Derecho de Familia y Sucesiones; y Natalia, contadora especialista en auditorías. Ambos viven en Capital Federal y Adriana cuenta que fueron ellos quienes le dieron el mejor título de la vida: el de ser abuela. Sus nietos son: Catalina (9) y Santino (4) años.

Es una mujer comprometida, dispuesta a tomar nuevos desafíos y a aceptar los cambios que le va proponiendo la vida. En el presente está instalada en Capital Federal, cerca de su familia y los amigos.

Una nueva etapa

Ya jubilada, su segunda casa es la librería El Ateneo Grand Splendid. “Es una de las librerías más hermosas del mundo, donde en sus cómodos sillones y confitería uno puede sumergirse en el placer de leer sin apuros. Disfruto de llevar a mis nietos a la sala de niños de ese lugar y comparto con ellos momentos increíbles”, refiere.

Concurre a los talleres que se dictan en la Biblioteca del Maestro en el edificio del Palacio Sarmiento y valora la posibilidad de tener contacto allí o en la Biblioteca Nacional con una diversidad de temas que convocan su interés y la mantienen actualizada.

“Otras actividades que me gustan mucho son las visitas guiadas del Teatro Colón, del Palacio Duhau y el Palacio Baruolo. También me gusta el cine; disfruto de leer el libro antes o después de la película; y además me gusta asistir a recitales y obras de teatro”, dice en la continuidad de un relato en la que libros, gustos y afectos se entrelazan con exquisita cadencia.

Inquieta, siempre dispuesta a nutrirse, transcurre sus días con la tranquilidad de estar cerca de sus hijos, nietos y amigos. Su deseo es “seguir viajando para conocer lugares y culturas y tomar contacto con las bibliotecas de cada sitio, allí donde habita la esencia de cada lugar”.

La amistad ocupa un lugar fundamental en su vida. “Sufro mucho las injusticias, siempre prefiero la verdad por sobre la mentira porque la mentira destruye la confianza”, reflexiona y valora el hecho de tener amistades que perduran en el tiempo. “Con algunas nos conocemos desde hace más de 50 años y mis hermanos fueron mis primeros amigos”.

Acepta con tranquilidad el transcurso del tiempo y solo ansía vivir tranquila y con buena salud. “Creo que la clave para llegar a la vejez es salir del confort y la rutina, enfrentar nuevas experiencias, estar cerca de los afectos y tener siempre lugar para compartir con los amigos. Cuidar la salud y tener vivo el deseo de emprender un nuevo viaje, permanecer actualizada y participar de todo lo que a uno le interesa”, reflexiona.

Una mujer agradecida

La gratitud acompaña el testimonio que brinda sobre su vida. Agradece por sus hijos, “por las carreras que han elegido y el modo en que se han desarrollado, pero fundamentalmente por las buenas personas que son.

“También agradezco a la vida por mis nietos que con sus travesuras inyectan energía. El amor hacia ellos no se puede describir, hay que vivirlo”, añade.

Sobre el final trae el recuerdo de sus padres y lo que le inculcaron como legado en el amor al trabajo y el cultivo de la honestidad como herramienta para manejarse en la vida. Ha tomado al pie de la letra esas enseñanzas, las ha honrado y honra cada día poniendo el corazón en cada una de sus experiencias.

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