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Perfiles pergaminenses

Alberto Mario Peper, un hombre con valores de profundo compromiso social

Alberto Peper, en la redacción de LA OPINION compartió una charla. (LA OPINION) Alberto Peper, en la redacción de LA OPINION compartió una charla. (LA OPINION)

Nació en Resistencia, Chaco, y llegó a Pergamino en 1992 para trabajar como ingeniero agrónomo en la empresa Cargill. Aquí se estableció con su familia y fue echando raíces en una ciudad que siente como propia. Profundamente consustanciado con la fe, tiene un modo de vivir coherente con convicciones y principios férreos.


Alberto Mario Peper nació en Resistencia, Chaco, hace 61 años, sin embargo se siente “pergaminense” desde el mismo momento en que esta ciudad lo recibió en 1992 cuando se estableció con su familia. Llegó siendo ingeniero agrónomo de la empresa Cargill que le ofreció este destino para trabajar. Antes había estado con la misma firma en Santa Fe y aunque ya estaba afincado, la mudanza no lo sorprendió porque de algún modo su vida había estado signada ya por los movimientos por buena parte del país. Su papá era “un busca vidas” que siempre se movía de un lado a otro en busca de mejores condiciones laborales y siempre lo hacía “en familia”.

“Tengo una historia familiar larga porque mi padre era un buscavidas y gracias a eso tuve la suerte de vivir en distintas partes del país porque él iba buscando trabajo en diferentes lugares. Itinerante pero siempre con su familia, y esto fue bastante formativo para mí porque me enseñó valores importantísimos y me confirmó que en las buenas y en las malas siempre nos movimos todos juntos”, cuenta en el comienzo de la entrevista. Habla con orgullo de sus padres Alberto Peper y Edith Galante. También de su hermana menor, Susana que vive con su familia en Sáenz Peña, Chaco.

Recuerda su infancia y adolescencia viviendo en varios lugares. “Fuimos desde Misiones hasta Río Gallegos”, dice rescatando los aprendizajes de cada experiencia y los amigos que cosechó en el camino y con los cuales mantiene un vínculo entrañable.

“Esa vida me permitió tener amigos en todos lados y de algún modo supe mantener ese contacto a lo largo de los años, lo que me vuelve un hombre muy afortunado”, resalta.

Se formó en el colegio salesiano que acompañó su trayectoria escolar y le posibilitó el “pase constante” para acompañar el ritmo familiar que lo iba llevando por diferentes lugares. Destaca la formación que recibió y los valores aprendidos que se transformaron en el pilar de su vida. “Salvo algunas excepciones porque en el lugar no había colegio salesiano o porque se daba alguna situación económica que lo dificultaba, gran parte de mi historia escolar transcurrió en colegios con esa raíz. Y egresé en el Colegio Nacional de Resistencia”, comenta.

Aunque deseaba ser ingeniero aeronáutico, algunas situaciones que vivió -como la de ver en Córdoba cómo subían a un grupo de soldados a un avión para ir a “pelear” a Tucumán en 1975- lo desalentaron de ese anhelo y lo impulsaron a realizar un test vocacional que le marcó el rumbo hacia carreras vinculadas al campo. Optó por la ingeniería agronómica. Se formó en la Universidad Nacional del Noreste en Corrientes. Allí hizo la carrera de investigador y luego trabajó en empresas privadas. Así fue que ingresó a Cargill.

Su propia familia

Cuando su destino de trabajo fue Santa Fe, Alberto ya había conformado su propia familia. Se casó con Graciela Eguiazábal, una chaqueña con la que comparte la vida hace 38 años. Se emociona cuando habla de ella y de ese vínculo que los une, tan profundo como duradero, sustentado en los valores y el camino recorrido “a la par”.

“Ella es ama de casa, pero hizo orientación familiar, mediación familiar y siempre ha estado dando charlas y cursos. Tenemos mucha actividad social y ella participa de espacios que la mantienen muy ocupada y siempre motivada a emprender nuevos proyectos”, menciona.

“Aunque estábamos establecidos en Santa Fe, pensábamos que nos íbamos a quedar allí donde habíamos comprado nuestra casa, llegó el traslado a Pergamino y lo acepté de inmediato. Nos vinimos y no nos fuimos más”.

Es padre de tres hijos: Alberto, Francisco y Clara y habla de ellos con la satisfacción de verlos crecidos y encaminados: “Alberto está casado con Yuri Chacón y por estos días están disfrutando de su luna de miel. Francisco se casa en febrero con Valeria; y Clara está casada con Marcelo. Todos son profesionales, viven en Rosario y Buenos Aires y han tomado ya su propio camino sostenidos en valores que comparten y que son los que hemos intentado inculcarles”.

Con su esposa participan de actividades en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced. “Junto a otros matrimonios estamos a cargo de la capilla de adoración permanente, que es la única que hay en toda la Diócesis de San Nicolás, eso nos lleva bastante tiempo”, refiere.

Por las dos vidas

Cuenta que su posicionamiento respecto de la defensa de las dos vidas en lo que fue el debate por la legalización del aborto nació como consecuencia de una profunda convicción. Y asimismo señala que el grupo que se conformó en el contexto de esos debates fue la resultante de lo que en su momento fue Logos, un movimiento nacido cuando se discutía el matrimonio igualitario. “Cuando salió aquella ley ese grupo se disgregó y cuando irrumpió el movimiento a favor de la legalización del aborto sentimos que era necesario generar un nuevo espacio desde el cual levantar nuestra voz y expresar nuestra posición con relación a este tema. Nos volvimos a juntar y se sumó otra gente y así nació este grupo que se llama ‘Por las dos vidas’”.

“Si bien algunos de nosotros participamos en espacios de la Iglesia, este grupo está conformado por algunas personas que profesan la fe católica, otras que pertenecen a iglesias protestantes y muchas otras que no tiene un credo definido. Nos unen los valores propios de la familia, la educación y el objetivo es compartir esos valores.

“Incluso tenemos diferencias importantes y son muy ricas las reuniones porque intercambiamos visiones diferentes. Algunos somos profesionales, otros no, algunos vienen de la política y otros no. Todo eso enriquece mucho el espacio y nos compromete en la búsqueda de nuestros propios consensos, viendo el modo de construir esa visión de sociedad que tenemos y compatibilizarla con la que tiene mucha otra gente que piensa diferente”.

Una rica trayectoria

“Ya cambié tres empresas siempre estando en la misma empresa”, refiere. Y menciona los procesos en los que Cargill pasó a manos de Monsanto y ésta a manos de Bayer donde trabaja actualmente.

“Siempre en mi vida profesional me encontré con experiencias que me enriquecieron mucho. Hace unos años comencé a trabajar en el área de desarrollo de mercado y para mí ese fue un gran regalo que me hicieron, porque ya estoy más cerca del final de mi carrera que del comienzo”, resalta. Y comenta que en la actualidad está trabajando en sistemas agronómicos y sustentabilidad. “Mi campo de trabajo mira cómo podemos producir en forma sustentable y eso conlleva no solo producir de manera eficiente con menor impacto ambiental sino abarcando también un costado social.

“Incluso estamos observando que algunos sistemas productivos pueden contribuir a bajar la huella de carbono del aire.

“Que me hayan dado la posibilidad de trabajar en esto es un regalo porque de algún modo es trabajar en el futuro”, remarca.

“Ahora este modelo Bayer pretende acercarlo a otras geografías, así que ya hace dos años que estoy trabajando en Brasil y el próximo desafío es avanzar en los mercados de México y Colombia”, agrega, en lo que considera personalmente “un desafío enorme” con el que está consustanciado.

Vocación de participar

En el plano institucional, es integrante de la comisión directiva de la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Norte de la Provincia de Buenos Aires. Actualmente es secretario de la entidad. “Es un desafío muy interesante porque Aianba es una relación entre profesionales de las ciencias agronómicas y tenemos una impronta muy importante en lo que hace a la formación profesional.

“Ahora estamos abocados a la tarea de sumar a profesionales jóvenes y a fortalecer algunas líneas de trabajo en la parte social, entendiendo que es necesario achicar esa distancia que existe entre el campo y la ciudad. “Nosotros vivimos acá, queremos y cuidamos este lugar como cualquiera que viva trabajando todo el día, pero muchas veces esto no se ve claramente, así que estamos buscando vías para que haya mayor visibilidad de la tarea que realizamos los ingenieros agrónomos. “Lo que me convoca es la participación, soy más un ejecutor que un líder.

“Me siento más cómodo en generar ideas y ejecutarlas que en asumir el liderazgo propio de los dirigentes”.

Raíces en este pago

Alberto resalta que a pesar de no haber nacido aquí, se siente pergaminense. Y hace referencia al hecho trágico de la inundación de 1995 para fundamentar esa sensación de pertenencia que sintió en aquel momento y que fortaleció lazos que consolidaron sus raíces en este lugar que siente propio. “Un golpe importante para mi familia fue la inundación de 1995, pero de la experiencia surgieron cosas extraordinarias. Cuando llegamos a Pergamino nos establecimos en una casa en el centro hasta que pudimos comprar la nuestra en Emilio R. Coni y Alvear, recuerdo que como todo chaqueño siempre atento al tema del agua y las inundaciones primero recorrimos la zona y hablando con la gente todos me decían que a pesar de la cercanía con el Arroyo el lugar nunca se había inundado. Nos mudamos en diciembre y para las Pascuas tuvimos que salir nadando. Perdimos casi todo, fotos, recuerdos, libros de una biblioteca impresionante. Pero vimos la solidaridad de la gente en carne propia.

“Ya teníamos algunos amigos, pero cuando estás en una situación de tanta vulnerabilidad y alguien te lleva a su casa, como me sucedió a mí con un compañero de trabajo que nos vino a buscar, se establece un lazo de pertenencia a una comunidad que se agradece eternamente. Fueron muchas las personas que nos ayudaron y este hecho tan trágico nos permitió generar raíces fuertes”.

Superada la inundación, siguieron viviendo en esa casa durante muchos años. Hasta hace un tiempo que se mudaron a un departamento céntrico.

El karate y la carpintería

En su tiempo libre practica karate con Danilo Masciotta y gracias a esa tarea consolidó otro núcleo de pertenencia que le resulta muy enriquecedor. Además está incursionando en la carpintería. “Soy muy torpe con mis manos y estoy en la tarea de moldearlas”, afirma.

De algún modo va preparando las rutinas de vida para cuando llegue el momento de la jubilación. Sabe que aunque falta un par de años, no está tan lejos. Reflexivo, sostiene que “uno debe prepararse para dejar la actividad laboral, no tiene que ser un corte sino un continuo.

“Me imagino viajando, practicando karate, haciendo carpintería y rezando mucho”.

Un hombre de fe

Sobre el final habla de su fe. Asegura que su formación salesiana contribuyó a ella, aunque confiesa que en algún momento se distanció. “Yo siempre digo que los colegios católicos o te sacan cura o te sacan anticlerical. A mí me tocó en algún momento abandonar la fe y gracias a un grupo de amigos y a mi señora poder volver. Fuimos pasando por distintos grupos y hoy estamos dentro de la Iglesia grande, formando parte sin ninguna identificación, tratando de ver qué se puede hacer puertas afuera, en el día a día, en el trabajo, en las relaciones, con un marcado compromiso social y a través de ese compromiso vivir la fe.

“Tengo la fortuna de tener una hermosa familia. Con mi esposa, la dicha de haber caminado siempre juntos, algo que me emociona; y con mis hijos, la satisfacción de ver que son buenas personas, nutridas de valores que comparten y expresan en su vida cotidiana. No puedo pedir más, solo agradecer, por tanto”, concluye.

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