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Perfiles pergaminenses

Alcides Sequeiro: un político de raza que abrazó el peronismo desde la cuna

Alcides Sequeiro en la intimidad de una charla sobre la política y la vida. (LA OPINION) Alcides Sequeiro en la intimidad de una charla sobre la política y la vida. (LA OPINION)

Fue intendente durante tres mandatos. Antes concejal y luego diputado provincial además de escribano. Su historia es el testimonio de alguien que ha sido testigo y protagonista de momentos trascendentes. Escucharlo es recrear instancias que hacen a la política y a la realidad con la humildad de quien se siente “un observador privilegiado” de lo que pasa.


Alcides Fidel Sequeiro es una personalidad reconocida de la política. Fue intendente durante tres mandatos y cada uno de los cargos que ocupó fue tras haber competido en contiendas electorales tanto internas como generales. Es un peronista de raza, nacido en Junín. Hijo de Fidel Sequeiro, un empleado bancario y militante político de reconocida trayectoria; y de Pura Barbieri, una mujer que siempre trabajó primero en una peluquería y más tarde en una mercería propia. Hermano de Guillermo Sequeiro, abrazó la política desde chico.

Aunque es una persona pública, su Perfil Pergaminense confiere la posibilidad de conocerlo desde otro costado, más íntimo y personal. Sin guardarse nada para sí, acepta la charla de manera distendida. Tiene ejercicio discursivo y una memoria que acerca al relato vivencias sobre momentos del país que marcaron la historia. Se define como “un peronista” y se emociona cuando lo señala. En esa definición confluyen sus sentimientos y su racionalidad: “Los momentos en que Perón gobernó fueron las épocas más felices para el pueblo. Eva Perón fue una influencia fenomenal”. Lo gratifica haber alzado esa bandera y haberse revelado siendo muy joven de la burocracia partidaria y de la adulación constante a los líderes de turno.

“Nací en Junín el 5 de abril de 1947, pero de casualidad porque a mi padre lo habían trasladado a esa ciudad porque era empleado del Banco Nación. Pero crecí en Colón. Tengo 72 años.  A los 13 fui a estudiar al Liceo Militar General San Martín, donde hice hasta cuarto año y quinto lo cursé en mi ciudad. Al egresar me fui a Santa Fe a estudiar Escribanía”, menciona. De su paso por el Liceo rescata la rigurosidad, el nivel académico, los compañeros de entonces. “Era un cabecita cuando ingresé, no conocía ni Buenos Aires y lo que sí sufrí fue el desarraigo porque no podía viajar todos los fines de semana”, señala. Y recuerda una pensión ubicada en Talcahuano y Corrientes donde vivían estudiantes de Colón con los que conoció la vida de la ciudad”.

Un peronista de cuna

“Mi padre fue uno de los fundadores del Partido Justicialista de Colón y allá decir Sequeiro, es decir peronismo. Y yo siempre fui peronista de base, de los trabajadores”, refiere y recuerda una charla que mantuvo con Juan Domingo Perón en 1974.

Sus apreciaciones personales están atravesadas por la historia. “Recuerdo épocas que nos avisaban que la Policía estaba cerca y teníamos que esconder los carteles de Perón y tirarlos en un baldío. Iba al Banco y a mi papá le decían: ‘Fidel, Fidel, viene el avión negro’, algo que en la mitología peronista significaba que Perón iba a volver”.

Las vivencias que recrea son innumerables e imposibles de compilar en el espacio de una nota. Las relata con la precisión de los detalles. Habla de historia, de peronismo y de la lógica que ha signado la política del país. Escucharlo es hacer un recorrido por la historia contada en primera persona.

“Me enoja cuando escucho que dicen que los peronistas gobernaron durante los últimos 70 años cuando la realidad demuestra que en esos años sufrimos proscripciones y hubo muchos gobiernos que aplicaron políticas liberales”, resalta.

A Pergamino como escribano

Con 22 años, recibido de escribano se estableció en Pergamino. “Llegué solo con una valijita de cartón. La primera noche dormí en el Hotel de Roma y después me mudé a una pensión”, relata, recreando sus comienzos en la profesión. Sin registro para comenzar a trabajar como aprendiz con el escribano Leandro Laguía.

“Cuando se crearon registros nuevos, aquellos que teníamos antigüedad como adscriptos tuvimos la posibilidad de ejercer como titulares. Eso ocurrió en 1973 cuando fui titular del registro 27 de Pergamino”, agrega.

Su tarea como escribano fue consolidándose. “Hubo épocas en las que trabajé mucho en la escribanía y en la dirigencia notarial. Estuve en la mesa de conducción del Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires. Mi profesión me dio enormes satisfacciones. Cuando me dispuse a competir por la Intendencia hicimos una sociedad con Zulma Dodda y Rubén Stradiot”.

Por fuera de la profesión cuenta que se dedicó mucho como miembro de una subcomisión de basquetbol del Club Comunicaciones cuando se construyó el estadio y en una época dorada de esa institución.

Protagonista de la política

Recuerda que en Pergamino el primer testimonio que le tomaron como dirigente político fue para la revista “Pergamino entre 15 Días” “Fueron declaraciones sobre el regreso de Perón, porque yo apenas llegué a la ciudad me manifesté como peronista.

“Reconozco que con el PJ formal tenía relación, pero también guardaba cierta distancia porque el peronismo de ese tiempo era muy burocrático y yo era muy crítico de eso”, refiere. Y prosigue: “En 1971-1972 me acerqué a una fracción de la Juventud Peronista y comenzamos a reunirnos. Apareció como jefe seccional un personaje determinante, un albañil que era cura, Jorge Galli, que formó un espacio de trabajo y militancia”.

Por primera vez candidato

Su nombre apareció por primera vez en una lista de candidatos en 1973. Tenía 25 años. Esa fue también la primera vez que pudo votar. Integró la nómina de concejales producto de la decisión que se tomó en una asamblea. “Mi puesto era el número catorce, pero los candidatos que encabezaban esas listas comenzaron a renunciar, se produjo un corrimiento y quedé en el lugar número siete”.

Señala que esto se dio en un momento en que el peronismo estaba “muy efervescente”. “Carlos Nazareno Gaspard fue el candidato a intendente y Moisés Nacud fue el primer concejal. El candidato radical era ‘Cholo’ Ferreyra y contra todas las previsiones ganó el peronismo en las elecciones del 11 de marzo en las que se impuso la fórmula Cámpora-Solano Lima. El 25 de mayo de 1973 asumí como concejal”, describe.

En tiempos de dictadura

Su mandato se vio interrumpido por el Golpe de Estado de 1976. Cuando eso ocurrió era presidente del Concejo Deliberante. “En lo personal la época del Golpe fue muy dura, al principio nadie sabía bien qué pasaba. Después entendimos que fue un proceso que comprometió el futuro de toda una generación con nefastas consecuencias”.

A pesar del contexto, su pasión por la política continuó. “Recuerdo que en plena dictadura festejábamos el 17 de Octubre en la capilla Santa Teresita con el cura Galli. Era el Día de San Antonio de Antioquía y decíamos que si venía la Policía le íbamos a decir que estábamos festejando el santoral”.

La democracia

Su militancia se intensificó en los albores de la democracia. “Eramos una generación intermedia y durante la dictadura habíamos hecho un armado político que sirvió de sustento. Así formamos el Centro de Estudios Municipales que funcionaba en calle Merced. Trajimos a importantes referentes e hicimos un acto en el Club Juventud, en plena dictadura, que reunió a todo el peronismo.

“Cuando surgió la candidatura de Italo  Luder uno de los asesores era Guillermo Ball Lima. Hubo internas. Confrontamos contra Herminio Iglesias y ganamos en Pergamino y en la Segunda Sección. En esa contienda se elegían a los candidatos. Herminio convocó un congreso y anuló las internas, nos sacaron a empujones. En este contexto apareció con toda nitidez la figura de Antonio Cafiero y nos quedamos con él en la provincia. La única lista que quedó por el sector nuestro fue la local que encabezó Marcelo Conti; pero nos topamos con ‘el alfonsinazo’ y fue imposible ganar”, recuerda.

En 1985 presentaron una lista en las elecciones de medio término pero no fue aceptada. Se conformó el Partido Renovador. Con ese sello Alcides Sequeiro encabezó la nómina de candidatos a concejales y aunque no ganaron, consiguió entrar al cuerpo deliberativo.

La intendencia

En 1987 compitió por la intendencia. Antes había sido electo presidente del Partido Justicialista. “Todos los cargos políticos que ocupé fueron producto del voto. El dedo nunca existió en mi historia política”, resalta.

En la charla hace un recorrido pormenorizado de lo que fue su labor, una gestión asociada al servicio, la obra pública y la inversión en infraestructura sanitaria y educativa. En sus tres mandatos se llevaron adelante ejecuciones estructurales como la construcción de la tercera colectora y obras de envergadura como la construcción de escuelas, viviendas y la extensión de redes de servicio a distintos sectores de la ciudad. También se formó el Centro Regional Universitario que sirvió de base a lo que luego el impulso de Rosa Tulio y otros dirigentes desencadenó en la existencia de la Universidad en Pergamino.

Es difícil inventariar la gestión. En una mirada retrospectiva quedan hitos. “Los dos primeros años el presidente era Alfonsín y aunque en la Provincia estaba Antonio Cafiero, no había plata, así que la primera reelección es un hecho que valoro porque la sentí como un reconocimiento a un gran esfuerzo que me costó la salud ya que me infarté a los seis meses de asumir”.

Asimismo destaca que la elección de 1987 fue una epopeya histórica. “Pergamino había tenido dos intendentes peronistas y se pensaba que eso nunca más iba a suceder. Trabajamos a pulmón tanto en el armado político como en la gestión”.

Destaca colaboradores “excepcionales”, entre los que menciona a “Marcelo Pacífico, Eduardo Cocconi, Onilda Castellini, ‘Negrita’ Bernal, y tantos otros de los que seguramente me estoy olvidando ingratamente”. También menciona a un compañero extraordinario: Marcelo Echeverría “con quien recorrí kilómetros y compartí muchas cosas inolvidables. La presidencia del bloque de Marcelo Conti en aquel tiempo también fue histórica”, agrega.

Confiesa que la circunstancia más difícil fue la inundación de 1995. “A pesar de que la Provincia había hecho inversiones como traer la dragalina para ensanchar el Arroyo y armar los terraplenes, no contábamos con recursos para un fenómeno de esa naturaleza. Fueron horas terribles y al poco tiempo volví a sufrir un problema coronario”, recuerda.

Finalizó su tercer mandato en 1999. Volvió a la escribanía y realizó una tarea de dirección técnica en el Registro de la Propiedad de la Provincia de Buenos Aires. En 2001 fue convocado para competir por una diputación provincial, mandato que desempeñó hasta 2005. “Luego de eso tuve una experiencia fallida en 2009 en pleno conflicto con el campo cuando el peronismo compitió con tres listas locales sabiendo que se perdía de antemano.

“A lo largo de mi carrera política participé de dos movimientos importantes: Nueva Dirigencia de Gustavo Beliz y NEP que promovía la candidatura a gobernador de Felipe Solá. Además fui congresal nacional y estuve en el consejo de la conducción provincial por la Segunda Sección Electoral”, añade este hombre que hoy se considera “un observador privilegiado de la política”.

Pesadas mochilas

Sobre el final, la conversación deja la arena política y se introduce al terreno personal. Confiesa que carga con pesadas mochilas producto de irremediables pérdidas como el fallecimiento en circunstancias trágicas de dos de sus nietos. “Es terrible eso para un abuelo. Admiro profundamente a mi hija que se levanta todos los días”. Habla de Ignacio y Elena, hijos de María Eva, que está casada con Gonzalo Fuentes, es psicóloga aunque hoy no ejerce ya que trabaja en un registro de motovehículos y es mamá de Tomás. María Natalia es escribana, está casada con Martín Santos y es mamá de Bruno y Julia.

La mamá de sus hijas fue Elida Dinardo, fallecida en 1989. Actualmente está casado con Adriana Cudós, que tiene dos hijas: Paola, casada con Juan Yabrón y mamá de Catalina y Martina; y Romina, está casada con Guillermo Trillo. “Hemos logrado ensamblarnos”, afirma.

Retirado ya de la actividad, mira hacia adelante sabiendo que la política fue una gran pasión, de esas que quizás nunca dejan de sentirse. También sabe que pagó costos, algunos altos que impactaron también en la vida personal. Tomó de cada experiencia lo mejor y capitalizó con templanza el aprendizaje. Algo que saben hacer los líderes para superar los obstáculos.

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