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Perfiles pergaminenses

Américo Despuy: un hombre arraigado a la ciudad que adoptó para forjar su destino

Américo “Pepo” Despuy, dueño de una rica trayectoria profesional en el terreno de las ciencias económicas. (LA OPINION) Américo “Pepo” Despuy, dueño de una rica trayectoria profesional en el terreno de las ciencias económicas. (LA OPINION)

Creció en Lincoln y ya recibido de contador trabajó en el valle de Río Negro hasta que se estableció en Pergamino, un lugar que lo recibió con la pujanza de sus empresas. Aquí consolidó su perfil profesional y conformó su familia. Aquí imagina la vejez, esa etapa que con 76 años asegura haber comenzado a transitar, sin prisa.


Américo “Pepo” Despuy es pergaminense por elección. Nació en Urdampilleta, provincia de Buenos Aires, y creció en Lincoln donde hizo sus estudios primarios y secundarios. Más tarde se fue a La Pampa donde estudió Ciencias Económicas, en una época en que la facultad otorgaba el título que expedía la Universidad Nacional de La Plata por lo que los exámenes se rendían en la capital provincial.

Con su título de contador obtuvo una beca que le permitió irse al exterior y cuando regresó se estableció en el Valle de Río Negro, donde hizo sus primeros pasos en la profesión. “Cuando decidí dedicarme de lleno al ejercicio profesional, me encontré con que mis amigos ya estaban trabajando y fue uno de ellos el que me convocó para irme a Río Negro”.

Relata que aunque era una zona próspera, la distancia y otras cuestiones lo tentaron a establecerse en otro lugar. Fue así que un cliente que tenía en Buenos Aires le comentó que tenía un amigo en Pergamino que necesitaba un contador. “Así llegué a esta ciudad que solo conocía por referencia”, señala. Y cuenta que viajó en el Chevallier hasta Pergamino para entrevistarse con Roberto Genoud: “Llegamos a un acuerdo laboral, le pedí tiempo para terminar algunas cosas en Río Negro y me establecí en esta ciudad que me recibió muy bien y que adopté como propia.

“Pergamino era un lugar conocido por Annan y otras firmas. Eran las empresas las que nos hacían conocer esta ciudad”, refiere.

En los comienzos trabajó a tiempo completo para Genoud y más tarde empezó a establecer relaciones que le permitieron armar su propia cartera de clientes y brindar asesoramiento profesional. “Hubo gente que me ayudó a relacionarme y eso me llevó a trabajar cada vez menos en relación de dependencia y más por mi cuenta en el ejercicio profesional de manera independiente”.

Con 76 años cumplidos, cuenta aquellas vivencias que lo recrean como un joven profesional que con apenas 25 ó 26 años logró forjarse un camino y hacerse de un nombre propio en el ejercicio de una profesión compleja y cambiante.

“Con el tiempo armé mi propio estudio. Cuando llegué fue en coincidencia con un momento en el que había muchos emprendimientos en Pergamino, fue una buena época”.

Tarea dirigencial y docente

Consolidado en su profesión tuvo participación en la vida institucional del Consejo Profesional de Ciencias Económicas y también ejerció la docencia en la sede local de la Universidad Católica Argentina.

De cada una de esas experiencias guarda los mejores recuerdos y las mayores enseñanzas. “En el Consejo Profesional de Ciencias Económicas en un determinado momento me llamaron para colaborar y durante varios años estuvimos con un grupo de amigos. Después se cumplió nuestro ciclo y otros colegas tomaron la posta”, expresa reconociendo que muchos de sus amigos son de la profesión. “Una de las cosas que me ha dado esta actividad es la posibilidad de tener buenos amigos en calidad y cantidad porque yo llegué a trabajar sin conocer a nadie”.

Respecto de la docencia, resalta que fue una actividad muy gratificante. “La ejercí con pasión, felizmente nunca necesité vivir de la docencia, pero me dediqué a esa tarea como una manera de mantenerme actualizado.

“Me creé la necesidad de estar actualizado y una manera de lograrlo era dando clases ya que para ser docente hay que estudiar porque de lo contrario uno pasa papelones”, agrega y resalta que en esa experiencia se nutrió de la energía y el entusiasmo de los jóvenes.

“Hace tiempo dejé la actividad docente, me desalentó de algún modo el deterioro de las bases de la escuela secundaria. Comencé a sentir que muchos marcos de referencia para enseñar se habían perdido y eso desgasta mucho”.

Su familia

Su infancia transcurrió en Lincoln. Recuerda ese tiempo con anécdotas entrañables de sus padres Américo Nemesio y Elena Lorenzo. “Mi padre era comerciante”, destaca. También menciona a sus dos hermanas mayores, una de ellas fallecida y la otra ahora radicada en Argentina luego de haber vivido durante muchos años en Estados Unidos.

Su propia familia se conformó en Pergamino. Se casó con Martha Esther Agüero, “Maité”, nacida en Lincoln. “Nos casamos una vez que yo ya estaba establecido en Pergamino, apenas tuve dos o tres clientes por lo que nuestra familia se armó en esta ciudad”, refiere y cuenta que su esposa es docente jubilada. “Recuerdo que apenas me establecí profesionalmente alquilé una casa en calle Lagos y nos casamos”, menciona.

Tienen tres hijos: Juan Pedro, Sebastián y Tomás. Y siete nietos: Guadalupe, María Victoria, Nicolás, Joaquín, los mellizos Gaspar y Pedro y Emma.

“Mis hijos no están acá, uno vive en Córdoba, otro en Cañuelas y otro en Rosario, así que los nietos también están un poco lejos, pero nos vemos siempre y nos disfrutamos”, destaca señalando que uno es médico, otro veterinario y el otro ingeniero agrónomo.

Pasión por la profesión

Afirma que se está retirando de la profesión. Lo señala con mesura admitiendo que no es una decisión fácil de tomar porque representa cambios en las rutinas cotidianas que son muy significativos. “Tengo muy poca actividad y estoy en los tramos finales de la profesión. No es para nada fácil retirarse. Es otra vida que uno empieza después de muchos años de ejercicio profesional ininterrumpido”, refiere y hace un recorrido por una larga y nutrida trayectoria que cuenta más de 50 años.

Dice que decidió ser contador cuando estaba en el colegio secundario: “En ese tiempo en Lincoln entrar al Comercial era prácticamente la llave para estudiar Ciencias Económicas y si no tenías otra vocación definida, el camino te iba llevando por ahí”, señala. Abrazó ese rumbo con pasión y reconoce que la profesión le dio enormes satisfacciones.

El Taller, el Diario y Hugo

Hablando de su profesión y de cómo se han establecido a través de ella amistades entrañables menciona la relación con Hugo Apesteguía: “Nos conocíamos del Taller Protegido, donde participo desde hace muchos años, y cuando Hugo compró LA OPINION me llamó. Colaboré con él, sobre todo en el momento aquel del incendio de la planta impresora de calle Merced, un hecho que motivó la toma de decisiones muy importantes que desembocaron en la construcción del espacio donde hoy funciona el Diario. Fue una experiencia muy rica. Después vinieron los hijos de Hugo, hubo un cambio generacional en el Diario y me desvinculé”.

Clientes y amigos fieles

Destaca que a lo largo de 50 años su cartera de clientes ha sido muy fiel. Con orgullo señala que hoy tiene relación con hijos y nietos de los que fueron sus primeros clientes. Eso habla de su honestidad, su seriedad y su coherencia. “Tengo una muy buena relación con los nietos de mi primer cliente que fue Roberto Genoud. Sus hijos y sus nietos después de tantos años prácticamente son mi familia”, resalta, agradecido.

“Son muchas las cosas que se viven con los clientes. Uno de los grandes recursos de Pergamino son los empresarios de esta ciudad, son un motor. Y yo la primera noticia que tuve de Pergamino eran sus fábricas, Annan que era un emblema y tantas otras que hicieron grande a esta ciudad”, reflexiona.

“Cuando llegué me encontré con emprendedores como Roberto Genoud, José Caluch, hombres que tenían 80años y te contaban sus proyectos de futuro”, agrega describiendo la potencia de un empresariado comprometido con el crecimiento. “Muchas veces pienso que si esa gente hubiera tenido normas y reglas claras y estables, a qué hubieran llegado. Lamentablemente el empresario de Pergamino es un sobreviviente y la inestabilidad en la política va de banquina a banquina y planificar en el largo plazo es muy difícil”, acota reflexionando sobre una cuestión que tiene incidencia en el ejercicio profesional.

A las puertas de una nueva etapa

Todavía inmerso en la rutina laboral, observa la transición y sabe que está dando en ese aspecto de su vida los últimos pasos. El estudio está en manos de dos jóvenes profesionales con los que se siente muy cómodo trabajando: “Hace un tiempo, yendo al entierro de un amigo en común a Rosario, me encuentro con el escribano Isidoro Ruiz Moreno y le comento que tenía intenciones de dejar el estudio si encontraba a alguien que se quisiera hacer cargo. Me preguntó si le hablaba en serio, le dije que sí y fue así que me comentó que uno de sus hijos, que tenía un cargo gerencial en una importante empresa fiscal, tenía intenciones de radicarse en Pergamino. Fue la confluencia. Hoy estoy colaborando con dos contadores jóvenes trabajadores y estudiosos que son Paola Fontoba y Agustín Ruiz Moreno y yo algo les ayudo, pero sin mayores compromisos”.

Cuando no está en el estudio le gusta disfrutar del tiempo libre y aprovecha el paréntesis que van abriendo las rutinas laborales para viajar a visitar a los nietos, para pasar tiempo con su esposa y los amigos y para conectarse con lugares y actividades que Pergamino ofrece. “Igualmente el tiempo libre es bravo, y es demasiado”, confiesa.

Un hombre comprometido

A la par de su profesión desde siempre ha tenido participación en algunas organizaciones de la ciudad como el Taller Protegido, una entidad a la que sigue vinculado y a la que dedica parte de su tiempo colaborando en todo lo que puede. “Entramos con Hugo Apesteguía al Taller Protegido y hoy, 45 años después, sigo dando una mano en todo lo que está a mi alcance, tranquilo de ver una entidad que está muy fortalecida por una generación de gente que ha entrado y le ha dado un impulso muy importante, apoyada por la Municipalidad que ha encarado el tema del ambiente y del reciclado de residuos de manera activa, un tema que la ciudad tenía que encarar en algún momento”.

Pergamino, el lugar

Pergamino es una ciudad que lo ha tratado bien y es un lugar en el que le gusta vivir. Lo dice en varios momentos de la charla. Así como al llegar descubrió un lugar en pleno esplendor, hoy como habitante de esta ciudad siente que la pujanza la sigue teniendo. Aunque lamenta que no acompañe el escenario. “Lo que cambió es el escenario para que esa pujanza se concrete en nuevas empresas. Los empresarios están y el lugar es propicio para cualquier tipo de desarrollo”, sostiene este hombre que sabe que Pergamino es el sitio en el que imagina la vejez. Lo dice con serenidad y con una sonrisa y afirma que no tiene mucho por imaginar porque la vejez es una etapa de la vida que está viviendo. Lo hace en plenitud con la convicción de aquellos que han puesto lo mejor de sí para construirse a sí mismos, para sembrar y cosechar los frutos de esa siembra.

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