Avances:
Programan la relocalización de sectores de fácil inundación El Programa Emprender abrió nuevos talleres en Villa San José Habilitarán un puesto fijo de matriculación en la Región Sanitaria IV
Perfiles pergaminenses

Daniel Giustozzi, quien supo hacer de la pasión una filosofía de trabajo

Daniel posa para LA OPINION en la peluquería en la que hace 33 años trabaja junto a su hermana Nelly. (LA OPINION) Daniel posa para LA OPINION en la peluquería en la que hace 33 años trabaja junto a su hermana Nelly. (LA OPINION)

El perfil dominical nació en el seno de una pujante familia, el 7 de julio de 1958, hace 60 años. Junto a su hermana Nelly son los propietarios de una peluquería que cuenta con casi cuatro décadas de trayectoria. Apasionado de la alta costura, Daniel vivió en diferentes países pero siempre volvió a “su lugar en el mundo”, el barrio Acevedo.


Daniel  Fernando Giustozzi es en el rubro de la peluquería un emblema de la zona norte, junto a su hermana Nelly ha sabido cosechar una vasta trayectoria que lo llevó a recorrer España, Estados Unidos y Brasil; pero actualmente a más de tres décadas de labor profesional, ancló en su lugar en el mundo: su querido barrio Acevedo.

Daniel nació en el seno de una pujante familia del barrio Acevedo, el 7 de julio de 1958, hace 60 años. Hijo de Daniel Fernando Giustozzi (fallecido) y de Blanca Nélida Lanzillotta (87 años), este pergaminense recuerda su primer hogar en calle Agustín Alvarez. “Tuve una infancia y una adolescencia muy feliz junto a mis viejos”, expresa nostálgico.

 

El querer trabajar

Si bien sus padres lo enviaron a escolarizarse en la Escuela de Educación Primaria Nº 10 de Ameghino y las vías, luego de culminar los años de la primaria, Daniel abandonó los estudios convencionales porque quería trabajar. No obstante cumplimentó algunos años de la secundaria en la nocturna Nº 1. “Un día me decidí a abandonar el colegio y me puse a trabajar”, sostiene y recuerda sus primeros pasos en el mercado laboral: “Trabajé primero en un taller de costura hasta los 17 años, cosiendo para diferentes marcas importantes de jeans”.

 

Epoca de estudio

Desde muy joven sintió ese deseo inconmensurable de dedicarse a la peluquería por lo que, primero decidió estudiar para ampliar sus conocimientos. “Empecé a estudiar peluquería con ‘Chani’ Aguad una peluquera pergaminense muy prestigiosa. Con mi formación ya realizada decidí irme a probar suerte a la ciudad de Buenos Aires”, recuerda.

Avido por incorporar en su currícula otros conocimientos, estudió en la gran ciudad diseño de moda y modelista. Contaba tan solo con 19 años. “Estudiando diseño de modas trabajé en un comercio que se llamaba Mc. Cherry que era propiedad de judíos, allí conocí a una modelista a la que le gustó mi manera de confeccionar y me llevó con ella a trabajar a Cacharel donde me desempeñé durante dos años”.

La Capital Federal fue su albergue hasta que cumplió 24 años y mientras residía en Buenos Aires, su hermana, que por entonces ya era peluquera y ejercía en Pergamino de manera independiente “quedó embarazada de su primera hija, Cintia por lo que me pidió que volviera a Pergamino a trabajar con ella. Volví sin dudarlo y no solo me dediqué a atender la peluquería, sino que también confeccionaba alta costura”.

 

Perfeccionamiento

Al mismo tiempo Daniel se perfeccionaba en el oficio de la peluquería y estudió en Loreal, donde  hizo cinco años de colorimetría y se recibió de colorista.

Al volver, afirma Daniel, “me volqué de lleno a la peluquería hasta el día de hoy y cuento en mi haber con 33 años de profesión”, aunque durante algunos años trabajó en simultáneo, realizado confecciones y peluquería y para ofrecer un servicio completo, incorporó el maquillaje y arreglos florales para el cabello.

 

Su experiencia en el exterior

“Desde 2000 hasta 2009 trabajaba en verano porque pasaba diciembre, enero y febrero en Argentina y después aprovechaba los días de calor en España que eran en junio, julio y agosto, iba y venía siempre haciendo trabajos de peluquería”, contó.

Gracias a su trayectoria, fue becado por Loreal para hacer un curso intensivo en Barcelona, mientras tanto “Revlon me dio la oportunidad de hacer otra capacitación intensiva en clorimetría, a su vez trabajaba en la peluquería de un latino”.

Cuando el contexto socioeconómico se tornó complicado en España, a los 40 años, Daniel volvió a la tierra que lo vio nacer. “Con el dinero que logré recaudar durante la estadía en España, pude construir mi casa”, señala y aclara que por estos días continúa trabajando en la peluquería junto a su hermana.

 

Dos pasiones

En su vida Daniel supo hacer en simultáneo dos trabajos puntuales: alta costura y peluquería pero ¿Qué le apasiona más? Ambas, no puede definirse ante la pregunta y aclara que van por caminos paralelos. “Me apasiona mucho coser, pero es algo que ya no puedo hacer por problemas de visión por eso continúo con la peluquería, que la llevo en la sangre”, expresa.

Siempre atento a la demanda femenina, Daniel sostiene que “siempre orienté mi trabajo a ofrecer un servicio integral a la mujer”.

Su compromiso con lo social lo llevó a organizar y concretar dos grandes desfiles a beneficio de las personas con discapacidad.

 

Clientes amigos

Durante su profesión, hizo muchos amigos “tanto en Pergamino como en la Ciudad de Buenos Aires, en España y hasta en Brasil. La peluquería me dio muchas satisfacciones. Mis clientas confían mucho en mí, incluso algunas de ellas me convocaban para que les confeccionara el vestido de 15 de sus hijas”, señaló Giustozzi. Y aclaró que “me siento un ser querido, cobijado y cuidado por mi familia, me considero un afortunado porque estudié lo que quise, trabajé y trabajo de lo que me gusta. Por donde pasé no me fue mal, por el contrario sembré muy buenos amigos”, y  lo más importante: “Cumplí con todo lo que me propuse y no me arrepiento de nada”.

El transcurso del tiempo no significa un problema para Daniel ya que enfatiza que “no me siento viejo, solo un poco más grande porque no dejé nada por hacer”. Los 60 años no encuentran a Daniel inactivo sino trabajando como siempre en la peluquería.

 

Con “Nelly”

Su hermana fue quien primero lo convocó para trabajar junto a ella en la peluquería ubicada en el barrio que los vio crecer. La relación con Nélida, a quien se la conoce cariñosamente como “Nelly”, es inmejorable y así lo cuenta Daniel: “Con mi hermana siempre me llevé muy bien, congeniamos, tenemos discusiones, pero siempre rescato la figura del matrimonio, con ella parecemos marido y mujer en el afán de tirar siempre para el mismo lado”.

 

Su lugar en el mundo

La peluquería, emplazada en avenida Ameghino 1115, tiene casi 40 años de historia y se ha logrado constituir en un lugar no solo para los vecinos del barrio sino también para los de muchos otros que llegan desde diferentes puntos de la ciudad. Además Daniel y su hermana atienden a diferentes generaciones. “Madres que ahora son abuelas y vienen con sus nietos, tías y sobrinas, atendemos a un importante espectro de familiares”, señaló.

El barrio que los vio y aun es testigo del desarrollo de la peluquería, es el lugar en su mundo: “No me iría nunca de este barrio, amo estas calles, este lugar. Anduve por muchas ciudades, incluso por otros países, pero siempre volví. He pensado en instalarme en otro espacio, en otro lugar, intenté muchas veces desarraigarme pero el cariño hacia mi lugar me hizo siempre volver”.

 

Recuerdos imborrables

Al igual que otros oficios, la peluquería se transforma conforme transcurren los años. Ello hace que “todo el tiempo debemos perfeccionarnos para brindarle al cliente lo mejor. Nosotros, como buenos peluqueros, tenemos la obligación de que los clientes se vayan conformes con el trabajo que hacemos. Por eso ponemos énfasis en la labor diaria”.

Si bien es amplio el anecdotario en la peluquería, Daniel cuenta una inmemorable: “Un día tenía el salón repleto de mujeres y el trabajo estaba un tanto desordenado, vino una mujer, por primera vez, apenas ingresó pidió hablar con el colorista, me presento y me dice: ‘¿Qué pueden hacer con mi cabeza?’ y yo le contesté: ‘Cortarla o cambiarle el color, porque tiene el pelo verde’. Ella asintió aunque en un principio se quería ir porque no le había gustado mi reacción pero se quedó y le hicimos el color, se fue chocha y por 20 años fue clienta”.

Trayendo a la memoria momentos de su vida profesional, no olvidó a su primera clienta: “Ñata” (Nelly Lidia Patta) que “fue clienta desde que abrió la peluquería, por muchos años hasta que falleció”.

 

La honestidad primero

En cuanto a la demanda, Daniel indicó que “mis clientas son muy exigentes, pero ante ello nosotros tenemos un lema de trabajo, si vemos que el trabajo no se puede hacer se le dice a la clienta que no se puede y se le explican los motivos, somos sinceros, no lucramos con las personas. Y si un trabajo lleva más tiempo y más dinero del estipulado, le informamos primero”.

La exigencia va siempre de la mano de las ganas de superación, algo de lo que Daniel sabe y mucho porque “siempre di más y más porque mis clientas me han sabido poner a prueba”.

 

Lo importante, la familia

Al principio de la nota, sostuvo con énfasis que tuvo una infancia feliz junto a los suyos, eso denota que la familia ocupa en su vida un rol primordial: “Mi familia es todo lo que tengo, papá falleció pero con Nelly tenemos a mi madre de 87 años, a la que cuidamos como oro. Se incorporaron mis sobrinos y sobrinos nietos”. En este sentido es preciso contar que Nélida Rosa Giustozzi (hermana de Daniel), está casada con Rubén Sigot, tienen dos hijos: Nicolás de 30 años y Cintia de 32 que es mamá de Guadalupe Porachia de cuatro años.

 

En paz

A la hora de definirse, Daniel dice que “soy una persona simple, reconocida por mis trabajos y por mi honestidad, la gente habla muy bien de mi y eso me satisface. Además estoy en paz conmigo mismo porque como dije anteriormente no me quedó nada en el tintero, todo lo hice apasionadamente, trabajando”.