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Perfiles pergaminenses

Daniel Neme: una vida dedicada al Hospital y al Club Juventud

Daniel “el turco” Neme, un testimonio de vida rico en anécdotas. (LA OPINION) Daniel “el turco” Neme, un testimonio de vida rico en anécdotas. (LA OPINION)

Fue jugador y técnico de esa institución. Hoy está a cargo de la utilería y disfruta del contacto con la dinámica de un deporte que es para él una pasión. En su historia laboral fue ambulanciero del nosocomio, además de chofer en la Región Sanitaria IV. Ya retirado, guarda recuerdos imborrables de espacios donde trabajó y pasó gratos momentos.


Daniel José “el turco” Neme es un pergaminense conocido por muchos a partir de su actividad laboral y su desempeño deportivo en el Club Juventud. Tiene 68 años y una salud que le ha tocado cuidar en los últimos años. Sin embargo, se empeña en mantenerse activo. Eso lo muestra como alguien vital y comprometido con sus proyectos. Gran parte de su vida laboral transcurrió en el Hospital Interzonal General de Agudos San José y la Región Sanitaria IV. En el nosocomio fue ambulanciero y en el organismo rector de la política de salud provincial, chofer. Ambas tareas le permitieron viajar bastante, sin embargo es un enamorado de Pergamino y lo dice casi en el comienzo de la charla. Vive enfrente del predio hospitalario, como si esa institución formara parte de la geografía de su vida y la de los suyos. Su esposa también trabajó en ese lugar hasta que se jubiló y actualmente lo hacen dos de sus hijos. “Es la única herencia que le podremos dejar, que tengan un trabajo digno en un buen lugar”, asevera junto a su esposa que lo acompaña en la entrevista y en la vida desde siempre.

Vivió su infancia y parte de su juventud en la casa de sus padres en Liniers y 9 de Julio. Su padre fue Elías Neme, empleado del Correo y su mamá Luisa Benedicta Fuentes, empleada del Hospital donde se jubiló como administradora. Tiene un hermano menor, Hugo.

“Cuando yo tenía 19 años mi madre me hizo entrar al Hospital. Ingresé como carpintero. En ese tiempo me tocó el Servicio Militar, estuve trece meses y al regresar me habían reservado el puesto, pero me reintegré como chofer de una ambulancia vieja. Con el tiempo ya fui ambulanciero y chofer de los directores de la Región Sanitaria IV”. Así describe su historia laboral y cuenta que dejó de trabajar en 2010 debido a un problema de salud que lo obligó a retirarse. Fue así que se jubiló.

Conserva muchos recuerdos de su paso por el Hospital. “Fueron muchos viajes, tanto en la ambulancia como en el vehículo oficial de la Región Sanitaria IV”, refiere. “También me tocó asistir muchos accidentes, la ambulancia del Hospital asistía toda la accidentología en la vía pública, así que me tocó presenciar muchos, era algo un poco fuerte”.

Asegura que le gustó su tarea y que siempre desempeñó sus funciones “con amor”. Sabe que es el único elemento que resulta indispensable para “hacer bien las cosas”.

En la conversación acerca innumerables recuerdos del viejo Hospital, ubicado en parte del predio que ocupa actualmente. También las épocas en que funcionó donde hoy está el Juzgado. “Cuando uno dice ‘Hospital viejo’ piensa en el Juzgado, pero en realidad el Hospital funcionaba en una parte del predio que ocupa actualmente, estaba la Región Sanitaria IV y atrás la administración del Hospital y pabellones como el de Maternidad, Virosis y Cirugía. Después fueron desapareciendo y mudándose al Hospital frente a la Plaza San José hasta que en 1987 se inauguró el actual edificio”, describe.

“La verdad es que me costó mucho retirarme, fue algo forzado por una enfermedad que me afectó el colon. No fue fácil dejar de trabajar, porque además en el Hospital había hecho muchos amigos”, refiere.

Prácticamente toda su historia laboral se escribió en el nosocomio. Antes solo había trabajado un tiempo en una carpintería valiéndose de los dos años que había estudiado en el Colegio Industrial y que le habían servido de base para aprender el oficio.

La primaria la hizo en la Escuela Nº 53, que en ese entonces era la Escuela Nº 77. “La secundaria la abandoné a los dos años de haber comenzado y en ese momento fue mi papá el que me ordenó ‘salir a trabajar’ como era una pauta obligatoria de entonces cuando los jóvenes estudiaban o trabajaban”, menciona.

Asegura que el Hospital significó para él “parte de su historia”, “Fue un lugar en el que aprendí muchas cosas y al que le respondí con mucho compromiso”, asevera.

También de su paso por la Región Sanitaria IV guarda muy buenos recuerdos. “Siempre tuve buena relación con los directores. En 1977 un coordinador de La Plata me propuso trabajar en la Región y fui chofer durante más de veinte años hasta que me sacó un funcionario que vino de San Nicolás”.
De los directores de la Región Sanitaria IV recuerda al doctor García Carrasco que era de La Plata, Peñaloza, Pobliti, Mac Cormak y Furnari. “Me llevé bien con todos y viajaba mucho con ellos. En algunas épocas me iba los lunes y volvía los viernes”.

El deporte

Así como el Hospital atraviesa su vida por la innumerable cantidad de vivencias experimentadas en muchos años de trabajo, el deporte ocupa un lugar central en su vida desde que era niño. A los 9 años comenzó a jugar al fútbol en el Club Juventud. “Jugué en las divisiones inferiores y llegué a jugar en Primera. También incursioné en varios clubes locales, pero siempre volví a Juventud donde tengo mi corazón”, expresa con la emoción que encienden las verdaderas pasiones. “Llegar a Primera fue una satisfacción, lo mismo que jugar en la Selección de Pergamino, en una época dorada del fútbol”.

Siempre fue marcador de punta, y además de Juventud, algunas temporadas jugó en el Club Sports, en Tráfico’s Old Boys y en El Socorro “hasta que volví al club de mis amores”.

Como jugador estuvo en las canchas hasta los 30 años y cuando fue tiempo de jubilarse se abocó a la tarea de técnico, una labor que le permitió formar a varias generaciones de jugadores que aún hoy lo visitan en su casa con un afecto entrañable.

“Jugué muchos años y cuando dejé fui colaborador del Club Juventud y técnico de divisiones inferiores y de la Primera local”, describe. En el presente sigue vinculado a esa institución donde tiene a su cargo toda la utilería del club.

“Voy todas las tardes al club en las horas de práctica, cuando terminan de entrenar, les lavo la ropa a todos los chicos y acondiciono toda la indumentaria. Básicamente estoy en contacto con la Primera y la reserva del club”, refiere, mencionando que en su rutina en el Club “todas son bromas y buenos momentos”.    

Una anécdota con Maradona

Sus relatos sobre el deporte son ricos. Cuenta que en una oportunidad le tocó jugar contra Diego Armando Maradona. “Fue el 18 de diciembre de 1978, cuando la selección juvenil de la AFA disputó un partido con la selección de Pergamino. Ahí jugué con Maradona. Me tocó entrar en el segundo tiempo y jugué 35 minutos contra Maradona que por entonces era una criatura y ya era Maradona. De acá se fue a Japón y a los quince días salieron campeones del mundo con el juvenil”, recuerda. “El fútbol se jugaba mejor, el deporte se vivía de otra manera”, agrega. Y refiere que de su paso por el deporte quedaron “muy buenos amigos”.

La familia, su pilar

Con el retiro comenzó una vida nueva, de más descanso y algunos cuidados. “Antes salía mucho, pero ahora paso mucho tiempo en mi casa.

“Le doy mucho valor a la amistad, con la gente del club nos juntamos con frecuencia. También comparto una peña con excompañeros del Hospital con los que nos reunimos cada quince días a cenar”, menciona.

Tiene una familia que lo acompaña y sostiene. Está casado con Liliana Massari, jubilada del Hospital. Tiene tres hijos: Daniela (39) que trabaja en la oficina del Pami del Hospital; Esteban (30) que trabaja en Diarco, está casado con Mariela Bentos y viven en General Gelly; y Martín (26), es ambulanciero del Hospital. Es abuelo de cinco nietos: Camila, Catalina, Fausto, Victorio y Santino.

Se emociona cuando afirma que sus nietos son el verdadero motor de su vida. “Los nietos son todo para mí, es un amor infinito el que siento por ellos”.

Se define como un hombre familiero, aunque de carácter. Conoció a su esposa siendo ambos muy chicos. Ella tenía 13 años y él 18. “Mi padre y mi suegro eran compañeros del Correo, se visitaban y así nos conocimos”, cuenta y recuerda a sus suegros Hugo y Gladys. Aclara que el noviazgo que tuvieron sufrió algunas interrupciones y en una de ellas Daniel se casó con otra mujer de la que se separó al poco tiempo sin haber tenido hijos. “Fue entonces que nos volvimos a encontrar con Liliana que había sido mi novia de toda la vida y ahí no nos separamos más”, relata mirando a esa mujer que le ceba mates durante la entrevista y que lo escucha conociendo cada detalle de la historia.

Están casados legalmente hace veinticinco años, pero comparten la vida desde hace cuarenta y tres. “Tuvimos a nuestros hijos y después que mi hija cumplió sus 15 años y el más chico apenas un año nos casamos”, señala y coincide en que el casarse en ese momento de la vida, ya teniendo a sus hijos, fue “una elección de verdad”. Se acompañan en todo lo que hacen. Comparten la pasión por el deporte y las tardes de cancha. Ya jubilada su esposa lo ayuda con el acondicionamiento de la indumentaria del club y disfrutan juntos de lo cotidiano con las diferencias de cualquier pareja.
Recuerda que cuando eran más jóvenes les gustaba ir a bailar y asistían a los bailes de Centenario, Argentino y Martín Illia. “Era otro Pergamino, muy distinto, la diversión era diferente también, las chicas iban con sus madres, había otro respeto”.

Bien pergaminense

Aunque con el fútbol y con su trabajo en la Región Sanitaria IV tuvo la posibilidad de conocer muchos lugares, asegura que no cambiaría por nada del mundo a Pergamino como sitio para vivir. Lleva su condición de “pergaminense” en la sangre y celebra la posibilidad de ser parte de esta ciudad y de instituciones como el Club Juventud que tanto tienen que ver con la ciudad.

La vejez y la misma pasión

Acepta el transcurso del tiempo con serenidad. Su única asignatura pendiente es no haberse podido casar por Iglesia con su esposa. “Soy un hombre de fe que cree en Dios y en la Iglesia, haberme podido casar con ella por Iglesia hubiera sido algo lindo”, menciona casi sobre el final.

Habla de la vejez cuando la entrevista casi termina. “Es un tiempo de la vida que ya va llegando” y se expresa en los “achaques que llegan con la edad”. Igualmente Daniel les pone el cuerpo y toda la energía para sobrellevar algunas afecciones con la pasión de siempre. “Hace un tiempo sufrí un infarto y cuando me dieron el alta lo primero que hice fue ir a la cancha, ahí está mi corazón. No puedo dejar el fútbol y el club, esa es mi vida”, concluye sabiendo que en el disfrute de las pequeñas cosas está la clave en este momento de su vida.

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