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Perfiles pergaminenses

Haydée Olga Barbieri: una mujer con coraje que supo hacerle frente a la vida

Haydée Olga Barbieri, de la generación de enfermeras por vocación que trabajó en varias clínicas de la ciudad. (LA OPINION) Haydée Olga Barbieri, de la generación de enfermeras por vocación que trabajó en varias clínicas de la ciudad. (LA OPINION)

Creció en el campo. Se casó con Jorge Salauati y enviudó cuando la hija de ambos tenía apenas 6 años. Salió a ganarse el pan para sostener a su familia. Trabajó en la Clínica Pergamino como mucama. Más tarde fue enfermera en la Clínica Alsina y en la General Paz. Contrajo matrimonio en segundas nupcias con Alcides Chamorro, ya fallecido.


Haydée Olga Barbieri tiene 88 años. Nació en Pergamino el 13 de diciembre de 1929 y vivió su infancia y parte de su juventud en la localidad de J. A. de la Peña, lugar del que guarda los recuerdos más entrañables. Hija de María Celia Rochetti y Adolfo Barbieri, tuvo un hermano mayor, Amadeo, ya fallecido. Por parte de la rama familiar de los Barbieri tiene seis sobrinos; y seis sobrinas ya fallecidas por parte de la familia de su madre.

En el campo le decían “Chula” y en el trabajo Olga, porque tenía otras compañeras con las cuales compartía el nombre Haydée.

A poco de nacer se establecieron en J. A. de la Peña, en el campo de Monthieu, donde vivieron 20 años. Cuando los hijos del empleador de su padre se hicieron grandes, los despidieron y cambiaron el lugar de residencia. Sin embargo, los recuerdos de infancia y adolescencia están para Haydée ligados a su querida localidad de Peña: “La Escuela Nº 19 a la que asistíamos a caballo, los bailes a los que íbamos con mi madre y algunas amigas; y mi vida estuvo en J. A. de la Peña”. Trae a la memoria el recuerdo de amigos de ese pueblo y también las vivencias compartidas en Acevedo donde tomó su primera comunión.

“Mi infancia fue muy feliz, rodeada del amor de mis padres, mi hermano, mi madrina Angela Ferrari, mis primas: Serquetella: Adela, Estela, Herminia, María y Nena y mis primos Malacalza: Héctor, Ismael, Ema y Luis”, señala.

Más tarde vivieron en Francisco Ayerza, en  otro campo donde trabajaba su padre. Por entonces ya tenía más de 20 años. También estuvieron en Manantiales. Con su madre tenían contacto permanente con la ciudad y viajaban en colectivo para hacer compras. Recuerda con añoranza los bailes de campo, que se realizaban en el club o en el colegio. “También en Francisco Ayerza se hacían bailes divinos”. En ese pueblo su padre trabajaba en una chacra que cultivaban espárragos, más tarde se enfermó y fue entonces que se establecieron en el barrio Acevedo, en Ramón Raimundo y Chiclana.

Con gratitud recuerda a las familias que le dieron cobijo a la suya y emplearon a sus padres en tareas vinculadas a la vida rural. Entre ellas menciona a Bernard y Monthieu. También menciona a algunas familias amigas y parientes como Ferrari, Acerbo, Silverio, Borgognoni, Castañares, Medina, Fromaget y Albornoz.

Ya viviendo en Pergamino Haydée se dedicaba a tejer prendas para la gente del campo y también criaba conejos. Más tarde la vida la llevó por otro camino y comenzó a trabajar primero como mucama y más tarde como enfermera en la Clínica Pergamino.

Su primer matrimonio

A los 24 años se casó con Jorge Salauati, fue en 1954. “Mi hermano tenía un nene enfermo y yo iba a cuidarlo. El tenía un almacén cerca de su casa y nos traía la mercadería. Así nos conocimos, estuvimos un año de novios y nos casamos”.

Al año siguiente nació su única hija: Olga María, conocida como “Chiche”. “Al poco  tiempo en 1961, perdí a mi marido de manera trágica en un accidente con la electricidad y me quedé sola junto a mi hija. Vivían en Ramón Raimundo y Vélez Sarsfield, en una propiedad de sus suegros. En ese momento comencé a trabajar de costurera, gracias a mi título de Corte y Confección; y al poco tiempo ingresé como mucama en la Clínica Pergamino” relata. Destaca que quien le permitió ingresar a ese establecimiento e iniciar el camino que iba a marcar su destino laboral fue el doctor Ramella. “En ese momento mi hija estaba de pupila medio tiempo en el Colegio Nuestra Señora del Huerto cuyas hermanas me ayudaron con su crianza, al igual que la familia Salauati y mi cuñada María Salauati quien fue como una hermana para mí. Mis sobrinos José, Marcelo, Susana, Tono, Adriana y Darío fueron muy unidos con mi hija en su infancia”.

Su labor como enfermera

Luego de diez años de trabajar en la Clínica Pergamino, cuando se abrió la Clínica Alsina el doctor Auil la llevó a trabajar allí. Fue en ese lugar donde aprendió todo lo que sabe de enfermería. “Aprendí con una enfermera a la que le decían ‘la Tona’”. Trabajó junto a los doctores: Caroll Bernarda, Stepanián, Buey, Urbaneja, Kubescha, Peñaloza, Parodi, Albornoz y Gaspard entre otros.

“La hicimos nosotros a la Clínica Alsina, todos los empleados. Vinieron nueve médicos a trabajar en ese lugar y ninguno hacía distinción, trabajábamos de igual a igual con cada uno de ellos. Allí estuve 20 años”.

Conoció a muchas personas y estableció con sus compañeras vínculos de amistad entrañable. “Todas eran muy buenas y trabajadoras, muchas de ellas ya han fallecido pero a todas me unió una relación de amistad muy linda”.

Entre las tareas que realizaba, Haydée atendía en partos, recibía a los bebés y colocaba aritos a muchas niñas recién nacidas. También desarrolló una importante labor asistiendo a los pacientes con Mal de los Rastrojos. Al cerrar la Clínica Alsina, trabajó hasta principios de la década del 80 en la Clínica General Paz, donde obtuvo su jubilación.

En su tiempo libre se dedicaba a atender en su domicilio a pacientes particulares, colocando inyecciones y haciendo curaciones. Su esposo la llevaba en el auto para cumplir con esos compromisos. “Me gustó mucho mi trabajo y lo adoro aún hoy que ya no ejerzo”, afirma y reconoce que le hubiera gustado ser maestra, pero en aquel tiempo sus padres no la dejaron viajar sola a Pergamino para seguir estudiando.

Segundas nupcias

En octubre de 1981 se casó en segundas nupcias con Alcides Chamorro, una excelente persona que trabajó como ferroviario hasta jubilarse y con quien Haydée compartió veinte años de su vida hasta enviudar hace diecisiete años. “El era viudo y tenía dos hijos. Eramos vecinos, él vivía a cuatro cuadras. Cuando yo iba a la casa de mi mamá él me veía, y un día coincidimos en un baile en el Club Defensores. Se arrimó a nuestra mesa y comenzamos a salir. Hablamos con nuestros hijos, mi hija lo aceptó de inmediato porque era una divinura de persona. Nos casamos y vivimos un tiempo en mi casa porque mi suegra de mi primer matrimonio lo adoraba. Después nos mudamos a Vélez Sarsfield y Laprida y cuando se vendió nos vinimos al departamento en el que vivo ahora”.

Su presente

En la actualidad Haydée vive tranquilamente en un departamento de las torres de la UOM. Está acompañada por personas que la cuidan, ya que sus piernas le impiden andar demasiado. “Paso mis días, leyendo el diario y algunas revistas, mirando televisión y recostada en mi cama.

“Tengo dos chicas que me acompañan, Karina y Verónica. Antes tenía a otras dos señoras, Ana y Stella que fallecieron”.

Actualmente su familia se conforma por su hija Olga, su yerno Hugo Marchi; dos nietos, Natalia y Mauro y un bisnieto, Mateo. “Mis nietos están en pareja ambos y desarrollan sus carreras profesionales. Mi hija por su parte se jubiló luego de desempeñar trabajo administrativo con atención al público durante más de 40 años”, cuenta.

“Mis días son muy tranquilos, si no fuera por mi rodilla que me tiene a mal traer, andaría un poco más. Solo salgo los sábados que me vienen a buscar para ir a lo de mi hija. Los domingos nos reunimos acá”.

El transcurso del tiempo

Reconoce que la entristecen algunas pérdidas y las acepta como inevitables por el transcurso del tiempo. “Este año murieron cinco familiares y una de las señoras que me acompañaban. Eso me pone triste”, refiere esta mujer que afirma llevarse bien con la vejez.

“No le doy mucha importancia a la edad, antes viajaba mucho y eso me gustaba. Hoy ya no puedo hacerlo porque mi pierna no me lo permite. Igualmente si me llevan a algún lado voy.

“Antes de que muriera mi marido con él también viajábamos bastante. También íbamos juntos a los bailes de los jubilados. Cuando falleció comencé a irme de vacaciones con la primera empleada que tuve”, agrega, mostrando uno de sus máximos placeres: viajar y conocer lugares nuevos.

En el balance de su vida, asegura haber tenido la fortuna de tener cerca a personas que la quisieron bien. “Con los dos maridos que tuve me llevé muy bien, yo no podría decir nada malo de ninguno de los dos”.

Fiel a su espíritu jovial, se sobrepone a la nostalgia que le traen algunos recuerdos y confiesa que de cara al futuro solo le gustaría “salir un poco más” y asistir a “fiestas”, y compartir el tiempo con su hija y sus nietos y bisnieto.  “El sábado tuve el cumpleaños de mi nieta y el domingo nos volvimos a reunir en familia.

“Me limita un poco la salud, pero yo siempre le digo a mi hija que me tendría que haber casado con un viajante así hubiera viajado mucho.

“Ahora planificamos ir en familia a San Nicolás para visitar a la virgen y bendecir el auto nuevo que se compró mi yerno”, comenta.

Sobre el final y en el plano de las cosas que añora aparece su pueblo. “Me encanta ir a Peña, cuando voy gozo profundamente de estar ahí”, concluye en un relato en el que pasado y futuro confluyen en un presente que disfruta en la tranquilidad de haber vivido una vida intensa, siempre cerca de los suyos.