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Perfiles pergaminenses

Héctor “Pato” Maggio: la fortuna de ejercer el oficio de librero en un espacio emblemático de la ciudad

Héctor “Pato” Maggio, un testimonio rico en experiencias y sentires. (GENTILEZA: DANIEL FERNANDEZ HARPER) Héctor “Pato” Maggio, un testimonio rico en experiencias y sentires. (GENTILEZA: DANIEL FERNANDEZ HARPER)

Es el creador de “Libros pergamino Impreso”, la librería que funciona en la Casa de la Cultura. Allí despliega una profunda vocación que forjó viviendo en Europa y que transformó en su modo de vida. Dueño de una sensibilidad que acompaña su tarea de todos los días, es protagonista de esas historias ricas en vivencias que merecen ser contadas.


En tiempos de distanciamiento social, buena parte de la historia que nutre esta sección fue relatada por la pluma del propio protagonista, con una riqueza descriptiva que no precisa de demasiada edición, más allá de aquella que le confiere al texto el formato habitual de los “Perfiles Pergamineses”. Quien abre las puertas de su intimidad para contar su historia de vida es Héctor Edgardo Maggio, conocido por muchos por su apodo: “Pato”; y por su actividad: es el hacedor de “Libros pergamino Impreso”, la librería que funciona en la Casa de la Cultura.

Tiene uno de los oficios más lindos del mundo. Es librero, por lo que sus días transcurren entre letras, clientes, historias y buenos amigos que se cosechan en un lugar en el que se respira cultura. Acepta el desafío de participar de esta sección y de inmediato se dispone a fabricar una especie de “ayuda memoria” con la cronología de los hechos significativos de su vida. Y esa guía se termina transformando en un texto exquisito, rico en reflexiones y sentires.

“Corría octubre de 1957 y nacía en la Clínica Pergamino junto a mis padres Regina Olga P. Gallo y Luis Héctor ‘Bebo’ Maggio; y la asistencia del ‘Inglés’ Viglierchio. A poco más de un año ya estaba mi hermana Susana. Y más tarde, mi hermano Mario Bruno”, cuenta y refiere una infancia siempre acompañada de familiares, amigos y vecinos.

“En el año 1963 me escolarizaron en el Jardín de Infantes del Pío XII, hice primer grado con la misma señorita: Elsa ‘Teté’ Elizalde de Puentes, por la cual siento un cariño especial”, prosigue. “Eramos muy pocos alumnos: ‘Rody’ Torregrosa, Daniel Santilli, Alejandro Villanueva, Martín Biscayart y ‘Veleta’ Magrini “.

“En 1965 llegaron los Hermanos Maristas y se instalaron en el mismo edificio de la calle 11 de Septiembre, donde cursé estudios hasta mi egreso del secundario en 1975”, agrega, este hombre que destaca la relación que lo unió a sus docentes, entre ellos Martha Susana Pérez, Jorge Mac Mullen, Marta Godoy de Mugica, ‘Mahue’ Ruiz Moreno y Martita De Miguel.

Sus estudios universitarios lo llevaron por caminos diversos, en un rumbo que fue acompañando sus inquietudes. “En la UCA estudié la carrera de analista contable y en la UBA Sociología, fue una época de mucho acercamiento al conocimiento y descubrimientos juntamente con los viajes a Europa que pude realizar”.

Vivir en el exterior

Su último viaje turístico fue en 1987. En ese momento decidió radicarse en Calella, Barcelona, y afirma que “Cono” Bernaus y Alejandra Trincavelli tuvieron mucho que ver en esa decisión, ya que ellos ya residían allí. “Esa determinación significó estrenar otras rutinas, insertarme en una nueva sociedad, conseguir trabajo, poner en orden papeles de residencia e interactuar en espacios diferentes”, afirma. La experiencia lo nutrió de una riqueza infinita: “Me llenó de sabiduría, respeto, compasión y mucha voluntad para seguir aprendiendo y adaptarme”.

Al principio se ganó la vida trabajando en empleos turísticos, hasta que se contactó con la librería La Llopa SCL y comenzó una vida laboral que le permitió forjar y armar su oficio de librero.

La felicidad y una nueva etapa

En una narración que intercala detalles de la vida laboral con vivencias personales, confiesa que para él la felicidad llegó en 1990 con el nacimiento de Eulàlia. Ser padre transformó su vida. “Coincidió con un momento histórico en el que España y Europa experimentaban hechos de gran crecimiento económico, los Juegos Olímpicos de Barcelona, la Exposición Universal, la caída del Muro de Berlín, el ingreso de España la Comunidad Europea y la transformación de la sociedad en general”, menciona en una descripción minuciosa del contexto.

Su vida transcurrió en interacción con esos acontecimientos. Y todo fue sucediendo en armonía hasta que “el conflicto, siempre presente entre los seres humanos”, determinó la disolución de la cooperativa en el marco de la cual desplegaba su trabajo, y algunos socios decidieron emprender la retirada. “En este momento ya toda Europa se entristecía con la Guerra de Bosnia”, agrega. 

“En el año 1995 nace ‘El Faristol’, una nueva cooperativa de libros, que integramos con Joan Hernández y Marta Rocafort en Calella, y que aún sigue funcionando”. Confiesa que por entonces ya rodaba en su mente la idea de crear una librería en su terruño natal. “Eso se convirtió en una meta casi obsesiva”, reconoce.

El regreso al pago

Fiel a su deseo, en marzo de 1998 regresó a Pergamino y se instaló en la ciudad luego de más de 20 años de estar ausente. “Ese mismo año el 8 de diciembre con mi hermana Susana, Martín Biscayart, Teresa Turró y la ayuda de ‘Cuni’ Flores, inauguramos ‘Libros pergamino Impreso’ en la Fundación Casa de la Cultura con Edna Pozzi, Héctor Flores, Miguel Genoud, Juanita de la Fuente, Angelita Scarpatti, Emma Courtial, Cecilia Flores y todos los que formaban esa gran familia cultural que no dudaron en adoptar esta nueva e inédita modalidad: un espacio literario dentro del emblemático edificio de la Casa de la Cultura de Pergamino”. El sueño estaba cumplido.

 

Un nutrido inventario

“Hacer un listado de la actividad comercial y cultural de estos casi 22 años de existencia me llevaría a tener que apelar a archivos inexistentes para acertar en la cronología exacta de tantos eventos donde, ‘Libros pergamino Impreso’ a veces creaba y siempre acompañaba”, se disculpa. Y enumera algunos hitos: “La Primera Feria Provincial del Libro y otras sucesivas vienen a mis recuerdos en la Estación del Ferrocarril Mitre; solo resucitada por el tradicional bar y un incipiente Museo Archivo Municipal que comenzaba a desempeñar sus funciones en ese predio.

“La Noche de la Librería, la reunión anual de aniversario, con una temática distinta cada año, en donde merecen una atención especial nuestros artistas plásticos, al igual que los grupos literarios y de poesía”.

“Los congresos de Educación que junto al Consejo Escolar en la gestión de María Beatriz Toia se ofrecían para toda la región educativa, en el recién inaugurado Polideportivo de la Escuela Agrotécnica”.

“La ampliación de la Filial Nº 1 de la Biblioteca Menéndez, durante la gestión del intendente Héctor Gutiérrez, de la mano del ingeniero José Maddaloni y otros vecinos del barrio General San Martín”.

“Charlas, conferencias, presentaciones de libros de autores de reconocimiento nacional, celebraciones como la del Día Mundial del Libro, cada 23 de abril, junto con la Asociación Catalana y la siempre recordada Teresa Tubella de Coca, alma mater de esa entidad”. 

“También la edición del libro ‘Crónicas Pergaminenses’, junto a Fernanda Rodríguez de Paris y Danusa Barbosa Moreira de Bunge, a beneficio de la Fundación Maiztegui”.

Afirma que su trabajo le ha dado la posibilidad de nuclearse con personas y nutrirse de aprendizaje. Menciona a Carlos Courtial y los debates sobre literatura, filosofía y actualidad; a Laura Indart de Maiztegui, con quien “razonar los conflictos se tornaba placentero y simple a la vez”. También las charlas con el doctor Argentino Ponessa, “que visita la librería cada día”.

En su reflexión ocupa un lugar central Edna Pozzi, a quien lo unió un gran afecto. De ese vínculo destaca la libertad cuando lo refiere: “Fue alguien que siempre me dejó una libertad consensuada en todos los proyectos que realizamos con la Fundación, abriendo las puertas de su intelecto para destacar la cultura de la Norpampa”.

De cada persona que formó parte de su historia comercial adquirió “empatía y conocimientos”. Y observa con optimismo cómo la actividad se nutre de las nuevas generaciones que llegan “a este establecimiento de libros”, como lo define.

A lo largo de los años ha sabido forjar amistades entrañables, como la que lo une a Juan Martín y Manuel Fontana y Felipe Villalba.

“En 22 años pasaron también colaboradores con los que codo a codo sorteamos situaciones difíciles, crisis y devenires económicos. Para cada uno de ellos tengo solo palabras de agradecimiento y afecto, y hago mención a Daniel Banfi, con quien en estos duros momentos de incertidumbre nos alentamos a seguir adelante”, destaca.

Con gratitud habla de su hermana Susana Maggio, que siempre creyó en el proyecto: “Desde el inicio administra un negocio en donde ‘no se puede estirar más la mano que la manga’, siguiendo un dicho que adopté en ese país de tránsito, Catalunya, que tanto me ofreció”.

Se siente una persona afortunada de poder gestionar y vivir de su oficio de librero. Y su agradecimiento alcanza a clientes, proveedores, comunicadores, grupos de solidaridad social como la Filial N° 1 de la Biblioteca Menéndez, el movimiento Arte con Causa, la Comisión del Arbolado Público, el Hospital San José, Conin y otros que  siempre han estado presente y han generado beneficios importantes en mi vida personal”, sostiene.

Otras inquietudes

Otra de sus pasiones es la jardinería y ha podido incursionar en ella a través de los cursos que se dictan en el Inta, gestionados por el Centro de Formación Profesional N° 401. “Fue la ingeniera María Eugenia Sticconi quien despertó mi sensibilidad hacia el mundo botánico y el medio ambiente”, resalta.

Un universo rico

Sobre el final del relato, habla de su familia. Así cuenta que es abuelo de Bianca y entusiasmado agrega que en poco tiempo llegará Marc. Junto a sus sobrinos Elin y Juan Bruno; y sus sobrinos nietos Jorgito, Jazmín, y el próximo nacimiento de Justina, transitan en armonía y afecto la vida en familia.

Inquieto, emprendedor, sostenido en pilares sólidos, toma cada día el desafío de conectarse con lo verdadero. Y lo hace sabiendo que es dueño de un universo íntimo que como él mismo afirma, se nutre de “vivencias en donde nunca el denominador común es la angustia o la desesperanza, viviendo el presente, único lugar donde no radican”.