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Perfiles pergaminenses

Hugo Besana: un empresario que adoptó a Pergamino como su lugar para vivir, invertir y forjar su destino

Hugo Besana, en la puerta de su casa, un lugar abierto a los afectos. (LA OPINION) Hugo Besana, en la puerta de su casa, un lugar abierto a los afectos. (LA OPINION)

Es ingeniero agrónomo y fue gerente general de Produsem hasta 2001. Actualmente preside Seedar S.A. una empresa líder del sector semillero. En su casa de la Ciudad Deportiva del Club Sirio Libanés recibió a LA OPINION para hacer un recorrido por su historia de vida. En la cordialidad del diálogo habló de los afectos y de su entrañable amor por esta ciudad que lo acogió y donde echó raíces.


Hugo Omar Besana es un pergaminense por elección que nació en General Arenales, provincia de Buenos Aires. Sus padres fueron José Antonio, hijo de italianos; y Ofelia, de origen alemán. Su papá era productor agropecuario y fue una persona muy reconocida en su pueblo por su participación pública, ya que llegó a ser presidente del Concejo Deliberante y es recordado como el hacedor de varios proyectos para su comunidad. “Fue una persona respetada y muy buena gente”, cuenta Hugo en el comienzo de la entrevista que se realiza en la intimidad de su casa de la Ciudad Deportiva del Club Sirio Libanés. Tiene una hermana mayor, Clide, 83 años, y su hermano varón, Norberto, falleció hace un tiempo.

Llegó a Pergamino para hacer una pasantía gratuita, ya recibido de ingeniero agrónomo. “A través de mi cuñado que era contador del banco, me propusieron hacer esa experiencia en la Cooperativa Productores de Semillas Selectas y acepté el desafío.

“Ese lugar trabajaba con el Inta y allí aprendí mucho, en un tiempo en el que recién se estaba implementando el cultivo de soja”, refiere. Cuando finalizó la pasantía regresó a Arenales, donde instaló una agronomía al tiempo que realizaba tareas como asesor de la Cooperativa La Unión de Teodelina. “Después de un tiempo me volvieron a llamar de Productores de Semillas Selectas para ofrecerme la dirección técnica de la Cooperativa. Tomé el desafío y me instalé en Pergamino los primeros días de 1978”

Ni bien llegado a la ciudad, fue contactado por el doctor Julio Maiztegui. ¿La razón? A sus 21 años, en 1969, Hugo había contraído el Mal de los Rastrojos, y el médico e investigador, que por entonces ya trabajaba en pos de una cura, lo supo y lo ubicó para obtener de él plasma para inocular a otros enfermos.

“Cuando el Hombre llegó a la Luna yo estaba gravísimo, en cama. Soy un sobreviviente de la epidemia porque me tomó joven y fuerte. Maiztegui se enteró de mi caso y me pedía permanentemente que donara sangre porque yo tenía muchos anticuerpos. Eran tiempos en que no existía la vacuna”, recuerda. “Espero haber sido útil para los enfermos de aquella época”.

 

De aquí y de allá

Se estableció solo en la ciudad, mientras que su familia permanecía en Arenales. “Igualmente desde chico fui un poco nómade, teniendo 10 años fui al Seminario, estuve de seminarista cinco años en San Carlos Borromeo de Capitán Bermúdez, cerca de Rosario.

“Terminé la primaria e hice los primeros tres años del secundario en San Carlos Borromeo; y luego, cuarto y quinto en el San Patricio de Mercedes”, relata.  Confiesa que de niño se sintió atraído por la posibilidad de ser sacerdote y atribuye eso a la crianza y a la formación que recibió.  “De chico era monaguillo, un amigo se fue al seminario y yo lo seguí; tuve una educación muy buena y bastante rígida, pero llegó un momento en el que decidí dejar, porque la vida me fue llevando por otro camino”.

 

La vocación y su vida universitaria

Respecto de su vocación por la agronomía, sostiene que es consecuencia de una base familiar. “Mi padre era productor, tenía una cosechadora de la época y viví muy intensamente siendo un niño la posibilidad de acompañarlo en las rutinas del campo. Cuando llegó el tiempo de realizar el test vocacional que se hacía en esa época, apareció una inclinación y opté por la agronomía que por entonces era la carrera del futuro”.

Fue estudiante universitario en tiempos convulsionados para el país. Estudió en la Universidad Nacional de La Plata, en una época en la que cerraron el comedor universitario, lo que supuso tener que hacer enormes esfuerzos para sobrevivir. Pero nada lo detuvo en su objetivo de recibirse e incursionar en un terreno que le apasionaba. “Recuerdo que un cultivo que es tan importante en el presente, como la soja, nosotros como estudiantes apenas si veíamos los granos en un frasco. Cuando salí de la facultad fui uno de los que llevó ese cultivo a la zona de Teodelina y Arenales. Estamos hablando de 1976. El  primer lote de soja que se sembró en la zona fue en siete hectáreas de un campo de mi padre. El primer año que sembré, un temporal de piedra que azotó un 13 de febrero se llevó todo el esfuerzo”, recuerda.

 

Con impronta empresaria

Luego de ocupar la dirección técnica de la Cooperativa donde había hecho su primera incursión profesional en Pergamino, fue convocado en el mismo lugar para hacerse cargo de la gerencia comercial. “De un día para el otro de realizar un trabajo técnico, tomé el maletín y salí a hacer la parte de ventas. Me pidieron que me hiciera cargo de la gerencia y acepté ser el gerente general”.

Esa tarea le permitió darle a la Cooperativa un perfil “más empresario”. “De Productores de Semillas Selectas Cooperativa Limitada nació la marca Produsem, un sello que fue creciendo hasta transformarse en lo que fue, una empresa líder en el mercado de semillas. Hugo pudo desplegar su impronta más emprendedora en esas experiencias. “Más tarde cuando se impuso la biotecnología había que asociarse o vender, así que se vendió la Cooperativa”, señala.

Durante su gestión habían logrado establecer convenios de vinculación tecnológica con el Inta para el trabajo en determinados cultivos y junto a Alberto Palaversich realizaron gestiones gubernamentales que consiguieron declarar a Pergamino como Capital Nacional de la Semilla en la década del 90.

“En el año 2000 se vendió la Cooperativa y en 2002 me retiré y formé mi propia empresa que se llama Seedar S.A.”, refiere. Y agrega que aquel emprendimiento que comenzó siendo pequeño dedicado a la producción y comercialización de semillas se fue consolidando hasta transformarse en la actividad empresarial que sostiene en el presente.

“Como yo había firmado un contrato de no competencia, durante algunos años no podía trabajar en ningún terreno vinculado a la actividad que desarrollaba Produsem, así que empecé a trabajar con el pisingallo. A la par desplegaba otras actividades de producción. Hoy Seedar S.A. funciona en el Parque Industrial y se dedica a la producción, comercialización y exportación de semillas y pop corn”.

 

Siempre cerca del campo

Paralelamente siguió desarrollando su actividad como productor agropecuario. “En Arenales siempre seguí con mi trabajo particular e incorporé la producción de cerdos, a través de un criadero”, menciona y refiere que parte de la actividad agropecuaria también la despliega en Pergamino.

 

La ciudad y su universo afectivo

Aunque no nació en Pergamino, habla de la ciudad con términos entrañables y confiesa que apenas llegó aquí echó raíz. “Desde que llegué y me instalé, me hice un ciudadano pergaminense. Mi vida familiar y comercial se desarrolló acá desde entonces”.

A la par del desarrollo profesional y comercial, Hugo organizó su vida familiar en Pergamino. Se casó en 1979 con la que había sido su primera novia, una joven de General Arenales. Por una decisión de la pareja no tuvieron hijos y después de unos años se divorciaron.

Más tarde Hugo conoció a la que fue su nueva pareja, con quien tuvo a su única hija. “Fui papá grande, mi hija, Sofía, nació cuando yo tenía 55 años”. Se le ilumina la mirada cuando habla de la adolescente que el mes próximo cumplirá sus 15 años. Con orgullo señala que la paternidad cambió su forma de concebir la vida. “Tenemos una hermosa relación, su mamá y yo nos separamos, pero con mi hija tengo un vínculo muy profundo y disfruto de compartir con ella los fines de semana.

“Sofía me enseña todos los días. Tener una hija adolescente es muy lindo y a la vez es una experiencia que te va llevando por caminos nuevos. Estoy feliz y mi hija es mi vida”, afirma.

 

Sus rutinas

Cada mañana va a la empresa, y viaja mucho. Almuerza en su casa, respeta el tiempo de descanso en horas de la siesta y luego vuelve a la actividad. Vive solo y cuenta con el apoyo incondicional de su ama de llaves que lo acompaña desde hace treinta años: María Tévez. “Ella tiene tres hijos y yo soy el padrino de uno de ellos. Es una persona de absoluta confianza, la aprecio mucho y compartimos un respeto mutuo.

“Hace un año y medio que vivo solo”, refiere y menciona que como la agenda de sus tardes suele quedar más libre de actividades laborales, aprovecha ese tiempo para salir a caminar y practicar natación en la pileta del Parque Municipal. Es un jugador de tenis, aunque actualmente discontinuó esa práctica por una lesión.

 

Actividad dirigencial

Ama la Ciudad Deportiva y tuvo el honor de que sus vecinos lo eligieran como presidente del consorcio, cargo que ocupó durante cuatro años. Vive allí desde 1987. 

En la parte comercial fue fundador de la Asociación de Protección de las Obtenciones Vegetales, entidad de la que fue vicepresidente. “Siempre tuve bastante actividad dirigencial, vinculada al sector semillero”.

Es un conocedor del mercado de semillas al que define en la actualidad como “un mercado de tecnología”. Pero conserva la sencillez de quienes transitan a diario el camino haciendo del saber una experiencia que saben transmitir a otros.

 

El futuro

Imagina el futuro con menos compromiso laboral. “Tengo la firme decisión de darme más tiempo para hacer las cosas que me gustan, viajar es una de ellas. Mi idea es ir dejando la posta y disfrutar lo que he hecho en tantos años de trabajo.

“Aspiro a que el equipo de gente con el que trabajo, que es excelente, pueda tomar la posta para seguir creciendo y yo, despacio, poder aflojar el ritmo”, señala en una reflexión que habla mucho de su manera de concebir los proyectos.

Es un agradecido a la profesión. “Gracias a Dios, la vida me dio más de lo que aspiré”, expresa y vuelve sobre el comienzo para recordar que cuando decidió venir a Pergamino, tenía una agronomía exitosa. “Tuve un dilema cuando recibí el ofrecimiento de venirme. Si me quedaba, posiblemente iba a ganar más dinero, pero venirme suponía una apuesta al crecimiento profesional”. La vida que supo construir le muestra que fue una buena decisión, no solo por razones empresariales.

Es un hombre de buenos amigos. “Me gusta compartir y tengo amistades profundas y un grupo de amigos de muchos años que son los que apoyan y contienen. El hombre es un ser social y los afectos son los que sostienen”. Es buen anfitrión.

El testimonio se ancla en el afecto sobre el final de la entrevista. Cae el sol por uno de los ventanales que devuelven a la mirada el reflejo dorado del atardecer. Hugo imagina su vejez en el lugar en el que está. Lo señala: “Estoy muy feliz en Pergamino, tengo mi lugar, que es éste. En su momento fantaseaba con retirarme y establecerme en República Dominicana donde en su momento tuve un emprendimiento comercial con Julio Idígoras. Pero la vida va marcando el camino y la realidad es que uno se queda donde tiene su mundo afectivo. Y el mío está acá”, concluye.

 

 

Hugo Besana, en la puerta de su casa, un lugar siempre abierto a los afectos y en el que se siente a gusto.

(LA OPINION)