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Perfiles pergaminenses

Irene Luján Montanari, la primera mujer paracaidista de la ciudad

Irene Luján Montanari, en un alto de su labor al frente de la ferretería, relató su historia de vida. (LA OPINION) Irene Luján Montanari, en un alto de su labor al frente de la ferretería, relató su historia de vida. (LA OPINION)

Hoy ya alejada de esa actividad que le dio muchas gratificaciones, está al frente de su negocio, una ferretería en el barrio Acevedo. Le gusta el trato con la gente y las rutinas sencillas. Su Perfil recrea la infancia en Mariano Benítez y su presente en la ciudad, además de las anécdotas de 69 saltos que le permitieron saldar su “pasión por volar”.


Irene Luján Montanari tiene 66 años y hoy está al frente de la ferretería que abrió hace unos años en el barrio Acevedo donde vive. Su historia está asociada al comercio porque fue una actividad que realizó en gran parte de su relación laboral. Antes trabajó en la Bazar P&P y siempre le gustó el trato con la gente. En una época tuvo una despensa y también vendió equipamientos comerciales, hasta que se estableció en el rubro actual.

Además fue la primera paracaidista de Pergamino y la única mujer que compartía aquellos entrenamientos de la Escuela de Paracaidismo de la ciudad en el Aéreo Club. Con 69 saltos en su historia deportiva dejó de saltar cuando decidió casarse. Guarda hermosos recuerdos de aquella época y todavía se emociona cuando recrea la libertad que se siente estando en el aire.

Hoy su rutina de vida tiene que ver con la atención de su comercio y el cuidado de su familia. La entrevista se realiza en el negocio, entre elementos que cualquiera suele asociar al universo masculino, pero que sin embargo Luján maneja con naturalidad y conocimiento. Reconoce que al principio le costó familiarizarse con los tornillos y otras cosas que la gente busca en las ferreterías. Pero le apasiona su trabajo y no se imagina haciendo otra cosa.

En Mariano Benítez

Nació en Pergamino, pero creció en Mariano Benítez, en el campo. Es la del medio de tres hermanas mujeres: Elisa (fallecida) y Graciela. Sus padres fueron Adolfo Montanari y Nélida Montenegro.

“Viví en el campo hasta los 19 años, así que toda la infancia y adolescencia las pasé allí, hasta que mis padres se mudaron a Pergamino”, refiere. Y cuenta que fue a la Escuela Nº 14 “Miguel Dávila”, en una época en la que la matrícula era reducida. Recuerda a varios de sus compañeros: Graciela Yadón, María Inés Ippóliti, ‘Betty’ Gamboa y Jorge Salvucci. Y también a sus maestras: Teresa de Agostini e Hilda Aude de Farroni.

Conserva vivencias y costumbres de la vida en el campo. La sencillez y el valor a las cosas sencillas. “Nosotros vivíamos en la casa paterna, en el campo. Vivíamos con mi abuela paterna, Elisa, una italiana con todas las letras, y un tío soltero. Tuve una muy linda infancia y juventud”.

Cuando terminó la escuela primaria, decidió no seguir estudiando. Fue en aquel momento que optó por aprender a bordar con una profesora que enseñaba en el pueblo y bordaba a máquina en mi casa. “Me dediqué a esa actividad laboralmente hasta que nos vinimos a Pergamino y comencé a trabajar en un taller de costura”. Al llegar con su familia se establecieron en Siria y Paraguay.

Afirma que fue en su trabajo en P&P Regalos con Blanco y Villanueva que aprendió mucho de la actividad comercial. Descubrió en ello algo que le gustó.

Su familia

Ya viviendo en Pergamino conoció a Miguel Bianco, su esposo. Fue en un baile del Club Argentino. Y luego de siete años de noviazgo se casaron hace 38 años. Se mudaron a calle San Martín y más tarde volvieron a establecerse en el barrio Acevedo.

Es mamá de dos hijos: Martín (33) que es kinesiólogo, está casado con Mariana Jacobi y vive en Houston Texas, y Alejandro (32) que es constructor, vive en Pergamino y está de novio con Brenda Pujol.

Al frente de la ferretería

La ferretería es una actividad que le gusta mucho. “Parece un rubro para hombres, al principio me costó un poco entender cada cosa, pero me acostumbré y me encanta. Hace siete años que tengo el negocio, fue un proyecto que emprendimos con mi esposo pero estoy yo al frente del negocio porque él trabaja en Medicar y Osam”.

Su rutina es de muchas horas de trabajo. Cuando no está en el negocio, le gusta caminar e ir al gimnasio. “Mi esposo es atleta así que me gusta mucho acompañarlo en las competencias y también me gusta viajar. Me gusta mucho la montaña y hacer trekking, así que viajamos bastante”.

El paracaidismo

Su vínculo con el paracaidismo ocupa un lugar importante en su historia de vida. Cuenta con orgullo que fue la primera mujer paracaidista de Pergamino y la primera de aquella época. “Me acerqué al paracaidismo siendo muy jovencita, todavía no andaba de novio y me gustaban los aviones. Fui para ser piloto y me gustó el paracaidismo y ahí comencé a desarrollar esta actividad en el Aéreo Club de Pergamino”, relata.

Se formó en la Escuela de Paracaidismo del Aéreo Club con Eduardo Andrade. “El primer salto lo hice en 1975. Hay que estudiar y prepararse bastante para ese primer salto en el que se sienten cosas increíbles. Nos hacían usar unas botas especiales para proteger los tobillos y también usábamos casco. Cuando yo saltaba se usaban paracaídas redondos convencionales de bastante peso. Hoy se usan equipos más livianos”, destaca. En su carrera fueron 69 saltos. “Tuve un buen equipo, eran muy compañeros, yo era la única mujer. En esa época estaban Calía, Vázquez, Cogo, los hijos de Andrade y Andrade que era el instructor. Yo tenía 21 años, era la única mujer y muy joven, pero siempre me trataron con mucho respeto”.

Esa formación y ese trato les permitieron disfrutar a pleno de la actividad. Dejó de saltar cuando se estaba preparando para un campeonato y llegó el momento de casarse. “En esa ocasión tuve que elegir y dejé el paracaidismo”, refiere. Desde entonces no voló más en el plano deportivo. Sí lo hizo a título personal porque siente una pasión por los aviones que no sabe de dónde viene.

“El primer salto fue en Pueblo Ester, arriba del río. Fue increíble. Divino, se siente una adrenalina y una libertad indescriptibles”, menciona. Y describe un sentir que es difícil expresar con palabras porque tiene que ver con emociones y sensaciones que comprometen a todos los sentidos. “Por la mañana saltar era hermoso, se siente el olor del pasto, la brisa. Era hermosísimo”.

Esta actividad le permitió viajar a distintos lugares. Además de Pueblo Ester saltó en Córdoba y en Santo Tomé. Hoy disfruta de la actividad como espectadora y cada vez que hay festivales de paracaidismo asiste a disfrutarlos. “Con el paracaidismo saldé mi aspiración de ser piloto. Ya no es una asignatura pendiente, está saldada”, afirma.

Vínculos y rutinas simples

Su núcleo familiar es el pilar de su vida. Sus padres ya no viven. Y por parte de su esposo tiene una cuñada Estela, que a su vez es mamá de tres hijos: Mariángeles, Juan Esteban y Mercedes que viven en Rojas. En Mariano Benítez tiene un primo “Chiquito” Montanari al que quiere mucho y al que visita cada vez que puede.

Le gusta compartir tiempo con su familia. Y aunque extraña a su hijo que vive lejos, afirma que la tecnología los acerca de un modo increíble. Esperan su visita para fin de año y proyectan visitarlo en el futuro.

A Luján le gusta levantarse temprano, y rinde culto a las rutinas sencillas. Su día arranca a las 6:30. Desayuna con su esposo y abre el negocio. Cuando termina la jornada disfruta de la vida compartida con su compañero de vida. Viven solos con su perra Umma. Se lleva bien con los vecinos y le gusta Pergamino como lugar para vivir. Gran parte de su historia se escribió en el barrio Acevedo y disfruta de la buena vecindad: “Soy el llavero de todo el mundo. Acá los vecinos se van a algún lado y me dejan la llave de sus casas y me encargan cosas porque estoy todo el día en el negocio. Me llevo muy bien con todos”.

La vejez la imagina como un tiempo tranquilo y de disfrute de los pequeños placeres de la vida como pasear y esperar a los nietos que un día llegará. En lo personal fantasea con la posibilidad de dedicarse a pintar cuando ya no la apremien las rutinas laborales de las que en el presente disfruta plenamente sin pensar en despedirse de esto que nutre sus días y que tanto le gusta hacer: vender y estar en contacto con la gente.

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