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Perfiles pergaminenses

Jesús Cantoni, un hombre hecho en la calle que se ganó un lugar como árbitro del fútbol infantil

Jesús Cantoni, ejemplo de superación y de que, como él dice, “la calle no te hace delincuente”. (LA OPINION) Jesús Cantoni, ejemplo de superación y de que, como él dice, “la calle no te hace delincuente”. (LA OPINION)

Cada sábado dirige en la Liga Infantojuvenil y es reconocido por su labor. Durante la semana se dedica a la limpieza de comercios y vidrieras, una tarea que realiza desde hace muchos años. Tiene una vida rica en anécdotas e historias de superación que muestran que con honestidad se puede vencer cualquier obstáculo para salir adelante.


Jesús Ricardo Cantoni nació el 7 de septiembre de 1960 en Pergamino. Creció en el barrio Acevedo y hoy vive en el barrio Virgen de Guadalupe. Sus raíces son italianas. Menciona a sus abuelos y sus costumbres de inmigrantes. Sus padres fueron Nélida del Carmen Ferrari y Antonio Salvador Cantoni. Tiene un hermano mayor, Antonio José. Cuando habla de su familia recuerda la casa en la que vivió en calle Pico y también la que alquilaron en calle Siria. Cuenta que sus padres se separaron cuando él era chico, por lo que tempranamente salió a trabajar con su hermano que con 9 años lustraba botas en el Club Dou-glas y él, con apenas 6, limpiaba la cancha con aserrín y kerosene para ganarse un plato de comida. Relata con orgullo esas vivencias, porque son aquellas gracias a las cuales comprendió el valor del sacrificio y el esfuerzo. Resalta que creció en la calle, sin que ello signifique haber ido por el mal camino, por el contrario siempre se movió en ella con los valores que había adoptado de su familia. Las anécdotas que refieren hablan de “otro Pergamino, otra calle y otro tiempo, sin tantos problemas como los de hoy”.

“Lamentablemente ahora corre mucho la droga y el alcohol, antes también existían solo que no salíamos a buscarlos”, señala.

Su papá era albañil y su mamá ama de casa. Jesús fue a la Escuela N° 4 donde hizo parte de su escolaridad. El sexto grado lo cursó en la Escuela N° 10 y regresó a la Escuela N° 4 donde terminó séptimo grado.

“Trabajé desde muy chico. Hacía changas y más tarde entré en una estación de servicio”, relata. Durante muchos años trabajó en “Mil y Más”, en su momento un reconocido comercio dedicado a la venta de repuestos para electrodomésticos. Incluso en un momento cuando los dueños dejaron la actividad él se quedó a cargo del negocio y aunque ya no están abiertas las puertas de ese lugar que funcionaba en calle Merced 1044, conserva algunos repuestos que todavía vende cada vez que alguien lo consulta. “Fueron muchos años de estar en la atención al público conociendo de artículos del hogar. Era una actividad que me gustaba y hasta el día de hoy tengo cajas de repuestos que como la gente me conoce me llama y me pregunta si les puedo vender. También por ahí arreglo algún secarropas o alguna plancha”.

El fútbol

En lo deportivo es árbitro del fútbol infantil. Una tarea que comenzó en el año 1989 y que desarrolló ininterrumpidamente hasta el presente. “Me llamaron para dirigir en un torneo en Pinzón del que participaban todos los clubes de la zona. Así empecé, dirigiendo esos partidos, porque a la par de los encuentros que disputaban los mayores, para atraer a más gente se realizaban partidos de fútbol infantil”, cuenta.

A partir del año siguiente comenzó a dirigir en el seno de la Liga de Fútbol Infantil de Pergamino, por aquel entonces Lifupe. “Estudié el reglamento y estuve haciendo de juez de línea en la liga rural”, agrega.

“Hace seis años que estoy en la Liga Mayor, en la Liga Infanto Juvenil de Fútbol, porque Lifupe desapareció”, aclara y señala que le gusta mucho su labor, que le demanda mucha responsabilidad y compromiso en el trato con los chicos. Los partidos que dirige se juegan los sábados y lamenta este presente de la pandemia que obligó a suspender toda la actividad deportiva. “Soy árbitro de los partidos que se juegan en las categorías infantiles”, agrega y reconoce que le gusta dirigir encuentros de los que participan chicos.

“En muchos casos los vi crecer y he dirigido partidos que siendo niños jugaron grandes exponentes del fútbol regional y nacional”, destaca y menciona a varios de los que guarda los mejores recuerdos. “Los conocí a todos, hasta el día de hoy me saludan chicos que juegan en Primera a los que yo vi formarse en la liga del fútbol infantil”.

“En Salto dirigí a Nereo Champagne, el arquero. En un campeonato dirigí a Marcelo Meli y a Andrés Cháves, fue en el Provincial de Clubes. En Rojas a ‘Lichi’ López, a Fabio Pieters; en Pergamino amén de los que están jugando, dirigí a Mauricio y Diego Levato, al ‘Bibi’ González, Juan Sabia y Jeremías Ledesma; y de Arrecifes, a Pablo Zavaleta. A ellos y a tantos otros los vi crecer”, describe.

El solo jugó al fútbol en los potreros, pero le apasiona este deporte. Es hincha fanático de Independiente y confiesa que “llevará al Rojo en el corazón hasta la muerte”.

A lo largo de su trayectoria ha sido reconocido por su desempeño como árbitro: “En 2001 me entregaron una plaqueta cuando cumplí 11 años de trayectoria dirigiendo. Recuerdo que fue en el Club Argentino y me la entregó Flavio Clavero. Después me entregaron otro trofeo y el Club Leandro N. Alem me distinguió con la entrega de un ‘fútbol’ en reconocimiento a mi buen trato con los chicos; fue muy gratificante”.

Más allá de cualquier distinción de tipo material, que ciertamente agradece por lo que representa, confiesa que la mayor satisfacción que le dio su actividad como árbitro es el reconocimiento de los propios jugadores y sus familias: “Yo salgo a caminar por el Terraplén y allí me cruzo con muchos chicos que me saludan y me preguntan: ‘¿Cantoni, cuándo me va a dirigir?’, eso me da una gran alegría porque significa que en la medida de las posibilidades hago las cosas bien”.

La gratitud de los chicos es lo que destaca: “Pueden crecer, pasar a la cancha grande, cambiar la fisonomía, pero nunca se olvidan de vos”.

Un laburante

Jesús se define a sí mismo como “un laburante”. Dirige los sábados y el resto de la semana trabaja dedicándose a la limpieza de vidrieras en el centro de la ciudad y se aboca al mantenimiento de algunos espacios como la Liga de Fútbol de Pergamino, donde va a limpiar dos veces por semana y el Registro del Automotor que funciona en calle Italia, a donde va una vez por mes. “Tengo clientes desde hace muchos años. Ahora me han quedado menos porque muchos comercios han cerrado. Llegué a tener 50 vidrieras que mantenía. Hoy son menos de la mitad. Pero lo agradezco porque sigo teniendo trabajo”.

Es común verlo con su balde y los elementos que necesita para trabajar recorriendo las calles del centro de la ciudad. También trasladarse en su moto. “Además soy pensionado porque tengo una discapacidad en el brazo desde que era chico, así que me otorgaron una pensión por invalidez que me ayuda”.

Su problema físico de ningún modo le impidió tener una vida normal y mucho menos trabajar. “Desde muy chico sufrí varias fracturas en uno de mis brazos y fueron lesiones que no se pudieron reparar, así que tengo una discapacidad, pero que no me ha impedido hacer nada de lo que he querido”, comenta en el transcurso de la entrevista.

Su familia y los anhelos

En lo personal, vive con su mujer Carina Fabiana Bianguie y con uno de sus hijos. Es padre de ocho, propios y del corazón. Todos ya han organizado sus vidas y transitan su propio camino: Ricardo Ariel (38) vive en Palma de Mallorca, Luis Daniel (36), Gabriela (33), Mayra (31), Julián (27), Ivana Rocío (26) Matías Ricardo (25) y Karen Malena (22). Es abuelo de seis nietos, entre los propios y los del corazón: Débora (16), Mateo (4) Oliver (2) Emily (2), Reina Marlein (8) y Milo (4).

Cuando piensa en sus aspiraciones, anhela el bienestar de los suyos. Desea seguir dirigiendo apenas termine la pandemia y la actividad deportiva pueda normalizarse. Y se contenta con la vida que tiene y con el afecto de la gente. “Mi mayor satisfacción es el aprecio que recibo de la gente. Todo el mundo me ve por la calle y sabe quién soy: un tipo de trabajo que siempre buscó el modo de ganarse la vida de forma honesta”.

La escuela de la calle

“Yo me hice en la calle, en el comercio, en el fútbol. Esa es mi vida. Y no me avergüenza decirlo: hace 54 años que estoy en la calle. En la calle para bien, no para mal. Criarse en la calle no es algo malo. Mi hijo mayor tenía 3 años y lo llevaba en el carrito porque yo salía como ciruja por calle San Nicolás que por entonces no era peatonal. Y más de uno decía que porque vivíamos en las 512 mi hijo iba a salir delincuente. Y eso no sucedió. Mi pibe hace varios años que vive en Europa, se perfeccionó en lo suyo, estuvo trabajando y estudiaba en Rosario en la escuela del Gato Dumas y hoy vive en Palma de Mallorca. La calle no te hace delincuente. Los valores te los enseña la familia. Yo desde chico ayudé en mi casa y para eso salí a trabajar, con el impedimento del brazo y todo nunca encontré limitaciones para trabajar. Menos delinquir, hice cualquier cosa. Si uno quiere, puede”, resalta, en una apreciación que pinta de cuerpo entero la identidad de este hombre al que es común ver por las calles de la ciudad.