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Perfiles pergaminenses

Juan Alberto Bonanno, un hombre que en su hacer cotidiano rinde culto a la sencillez

Juan Alberto Bonanno, en un alto de la tarea en el negocio, trazó su Perfil Pergaminense. (LA OPINION) Juan Alberto Bonanno, en un alto de la tarea en el negocio, trazó su Perfil Pergaminense. (LA OPINION)

Es comerciante en el rubro de iluminación. Encuentra en su familia el pilar que sostiene una vida que define como “común” y en la que es plenamente feliz. Creció en Guerrico y se estableció en Pergamino, una ciudad que le gustó desde siempre y que no cambiaría por ninguna otra geografía por las características de su gente.


Juan Alberto Bonanno, nació el 25 de julio de 1941 en Pergamino. “Me anotaron el 27, como era antes”, dice en el comienzo de la entrevista que se realiza en uno de los ambientes de su negocio dedicado a la venta de artefactos de iluminación, donde funciona una especie de taller en el que realiza reparaciones. Habla de su familia de origen y refiere que fue el primer hijo de María Juana y Salvador. Sus hermanas son María Clara y Zulma y su hermano, Gustavo. Juan Alberto tiene 78 años y está en plena actividad. Relata que vivió su infancia en Guerrico, un pueblo al que quiere entrañablemente. “Mis padres eran del pueblo, así que crecí allí. Mi padre había vivido hasta los 14 años en Pergamino y luego se estableció en Guerrico. Y yo viví en la localidad hasta los 18 años en que empecé a trabajar en la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel) en Conesa. Allí estuve durante 17 años”, comenta. Y agrega: “Viví un tiempo en Guerrico y un tiempo en Conesa”.
Relata que su mamá fue ama de casa y su papá camionero. Y destaca de sus padres las enseñanzas recibidas, esas que lo forjaron en una personalidad apegada al trabajo y a los buenos valores.

En la geografía de Guerrico transcurrió su infancia y juventud y confiesa que tiene los mejores recuerdos de aquella época. Hizo hasta sexto grado en la Escuela Nº 20. Cuando lo dice trae a la conversación las vivencias de la niñez en el pueblo, vivida en la calle y entre amigos, con rutinas sanas y sencillas. “Andaba mucha gente en la calle y los domingos íbamos a ver los partidos del Club Progresista”.

El trabajo y la vida familiar

En Entel era operador, su jefe fue Miguel Tomás Luchesi, un hombre que vive en Pergamino y tiene cerca de los 90 años. “Fue un muy buen jefe, aprendí mucho de él, fue extraordinario”. Este fue su primer trabajo formal. Se retiró en 1977 cuando se estableció en Pergamino. “Siempre había querido vivir en esta ciudad a la que amo”, afirma, este hombre que se casó con Graciela María Fontana. Cuenta que se conocieron en el pueblo, en un tradicional baile de campo y luego de tres años se casaron siendo muy jóvenes. Ella tenía 19 años y él 23. Desde entonces están juntos. Compartieron el deseo de vivir en Pergamino y tomaron todas las decisiones para conformar su familia aquí.

“Cuando yo era chico venía a Pergamino y quedaba fascinado de ingresar por el Cruce de Caminos y ver la Avenida que por entonces tenía canteros en el medio. Era preciosa la ciudad y no ha perdido esa condición”, refiere. “Siempre me encantó Pergamino que tiene una ventaja que no tienen todas las ciudades: acá la gente es sencilla, no pierde la idiosincrasia del pueblo. Pergamino es distinto y amigos míos que han venido se quedan sorprendidos de ver una ciudad, pueblerina”, agrega.

Ya establecido en Pergamino, se dedicó al comercio. “Al principio tuve una mueblería en sociedad con mi hermano Gustavo y después, en 1980, instalé el negocio con dos socios que tuve y más tarde me establecí en el rubro de iluminación, ya trabajando solo en este mismo lugar”, refiere en la intimidad del negocio que tiene en Larrea y Merced y es uno de los más tradicionales de la ciudad por su permanencia.

Asegura que el rubro no ha cambiado mucho, algunas cosas se han modernizado. Y el negocio siempre acompañó esas transformaciones sin perder la impronta del trato personalizado con la gente. Juan Alberto confiesa que tiene una clientela “fiel” que lo ha acompañado a lo largo de los años. “Siempre viene la misma gente”, afirma.

Le gusta la rutina del negocio, y en el rato que le deja libre la atención al público se dedica a la reparación de veladores y arma algunos. “Siempre me gustó este trabajo”, resalta. Cuenta que aprendió la tarea formándose un poco en la escuela y un poco en la vida. “Cuando estaba en Conesa colaboré con la Escuela Industrial de esa localidad, fui alumno adulto y colaboré en el taller”, menciona y comenta que en esa misma institución fue preceptor. “Fue hasta 1976 en que con el terrorismo de Estado echaron a mucha gente”.

De su tarea como preceptor guarda “el mejor recuerdo de la vida”. Lo dice y algo en la mirada se ilumina. Quizás las vivencias del tiempo compartido con generaciones de jóvenes con los que siempre tuvo muy buena relación. “Hoy son todos hombres, muchos de ellos profesores o profesionales. Con todos tuve siempre una relación muy buena. Me gustaba mucho el trato con la juventud. Y considero que es lo más grande que le puede pasar a un ser humano, porque siendo joven entendés a los jóvenes”.

Es papá de dos hijos: Guillermo (50) años, que está en pareja con Alejandra Recouso; y Mariana (45), separada de Matías Chaves. Es abuelo de tres nietos: Juan Francisco “Panchito” (15), Manuel (9) y Salvador (5).

Confiesa que los nietos son “lo más grande de la vida”. La recompensa de una siembra que ha sido fructífera y que ha tenido en la familia un pilar. “Los hijos y los nietos, sin duda son la mejor creación de cualquier persona”, agrega, en una reflexión en la que habla con profundo amor de los suyos.

Su esposa tiene actividad laboral en Guerrico y comparten juntos el tiempo libre. Viven en el centro de la ciudad y se gratifican de ver a sus hijos realizados y teniendo ya trazado su propio camino. “Los chicos viven todos en Pergamino y tenemos una relación muy cercana.

“Mi madre y mi padre también vivieron aquí unos cuantos años porque a mi mamá le gustaba Pergamino. Mis hermanos María Clara y Gustavo viven acá y mi hermana Zulma, casada con Roberto Ceccoli vive en San Marino”.

Un hombre de rutinas simples

Cuenta que le gusta viajar, ha tenido la posibilidad de visitar a su hermana y va cada vez que puede. “Me gusta mucho viajar, trato de hacerlo una vez por año. Uno cuando viaja ve otro mundo, Encuentro diferencias con ese mundo, en la parte económica, pero no cambiaría por nada el lugar en el que vivo. Pergamino es lo más”.

Cuando no está trabajando le gusta cocinar. Las carnes asadas son la especialidad con la que agasaja a su gente querida, lo mismo que las pastas caseras. Las puertas de su casa siempre están abiertas para la familia y los amigos. Tiene muchos y verdaderos, pero no los menciona. “Olvidaría señalar a algunos y eso sería imperdonable”, se disculpa. “Tengo amigos que son de ‘fierro’. Aquí la amistad es muy valorada. Son vínculos que se privilegian y se respetan mucho. Los amigos y conocidos que tengo son incondicionales”, destaca.

“Aquí la gente es extraordinaria. Siempre admiré al pergaminense porque es muy buena gente”.

Es un apasionado de la información y de la historia. “Leo los diarios y algún libro de historia. Me gusta mucho cómo los periodistas analizan la política, entiendo que el periodismo cumple un rol social muy importante”, plantea. Es hincha de Boca Juniors, pero no se define “fanático”.

“Disfruto mucho de mi familia. De parte de mi padre somos 23 primos y hace unos días nos reunimos en San Nicolás. Por parte de mi padre, somos 16 y con ellos siempre estamos en trato permanente. En ese núcleo familiar hay mucha relación y mucho afecto y tratamos de cultivarlo respetándonos en las diferencias”, resalta.

La conversación transcurre de manera amena y vira de la vida familiar, a las dinámicas del trabajo, los recuerdos y los sentimientos verdaderos.

La felicidad

“Todos los días de mi vida le agradezco a Dios por haberme hecho una persona tan feliz”, afirma y considera que tiene “una vida normal” que ha sabido nutrir de lo verdadero: “Uno tiene que conformarse con lo que tiene y agradecerlo. Enriquecen las cosas sencillas. Amo la sencillez, la vida común”.

Sobre el final de la entrevista, cuando la charla lo convoca a pensar en el futuro, se imagina viviendo plenamente y asumiendo con madurez el transcurso del tiempo.

“En algún momento decía que me iba a retirar a los 65 cuando me jubilé. Después lo extendí hasta los 70, los 75 y ahora estoy pensando en seguir hasta los 80 años y después vemos”. Asume que para todo en la vida hay un tiempo, pero confiesa que le gusta lo que hace. También sabe que la gente que se encierra, envejece mucho más rápido. “La mente del ser humano se mantiene despierta en la actividad, en el trato con la gente, en la lectura”, reflexiona.

“Amo vivir, es muy lindo”, concluye con una sonrisa que agradece el tiempo de la conversación y que lo muestra en su esencia.