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Perfiles pergaminenses

Luis “Chichito” Watfi, un jugador del fútbol grande que jamás perdió la humildad

Watfi recorrió con LA OPINION su trayectoria deportiva desde su infancia. (LA OPINION) Watfi recorrió con LA OPINION su trayectoria deportiva desde su infancia. (LA OPINION)

Patear la pelota fue su sueño desde niño. Debutó en el Club Sports y más tarde jugó en Platense, una experiencia que lo llevó a compartir la cancha con verdaderas figuras. También jugó en Venezuela y culminó su carrera en el fútbol local. Dueño de una larga trayectoria, con 70 años, disfruta de seguir compartiendo su amado deporte entre amigos.


Luis Horacio Watfi nació el 26 de agosto de 1949 en Pergamino. Su apodo es “Chichito”, un sobrenombre que le puso su hermano Salvador, un año y medio mayor que él, por las dificultades que le representaba a su corta edad llamarlo Luis y que luego adoptó para siempre. En el terreno del fútbol, deporte que jugó profesionalmente durante muchos años, también lo conocen como “Turco”. En la conversación aparece de inmediato un atributo de su personalidad: la humildad. Este hombre que jugó con grandes figuras del fútbol no tiene fotos con ninguno de ellos, salvo aquellas que ha reflejado la prensa fruto de las coberturas de partidos memorables. “Nunca fui ‘cholulo’ del deporte como se suele decir. Lo mío era jugar, siempre había soñado con eso”, confiesa.

Los recuerdos de su infancia guardan sabor a fútbol. En la calle o en el Club Sports, donde pasó buena parte de su niñez y adolescencia. “Era el club del barrio, quedaba a la vuelta de mi casa, así que la sede de Sports era mi segundo hogar. Allí donde además practicaba cualquier deporte que estuviera a mi alcance como voley o basquet además de fútbol que jugué desde siempre”.

Sus padres fueron Moisés y Josefa, dedicados a la atención de un minimercado muy conocido que funcionaba en la esquina de Rivadavia y Florida. El y su hermano Salvador, que falleció hace unos años, crecieron en ese lugar. En un tiempo donde la casa, el negocio y los juegos en la calle convivían en sana armonía.  “Antes se usaba mucho ir al club porque no había la variedad de actividades que los chicos pueden desarrollar ahora. Era todo muy sano, el club era el lugar no solo para practicar deportes sino para el encuentro con amigos. El resto del tiempo transcurría en la calle, un lugar seguro rodeado de vecinos”, relata.

“Los juegos eran sencillos, no teníamos mucho para elegir. Yo me pasaba el día jugando a la pelota en la calle hasta que mi viejo me pegaba un silbido para que fuera ayudarlo a atender el negocio. Tenía 10 u 11 años por entonces. Así era la infancia en mi época”, cuenta.

Fue a la Escuela Nº 16 que quedaba enfrente de su casa. Todo estaba cerca. El mundo comenzaba y terminaba en ese territorio del barrio. Sin embargo, siempre había lugar para los sueños y Luis soñaba con lo que luego pudo realizar: ser jugador de fútbol.

Al egresar de la primaria hizo un año en la Escuela Nacional de Comercio, pero luego fue el fútbol lo que determinó su futuro. Dejó de estudiar y se dedicó de lleno a la actividad deportiva. Se había iniciado en las divisiones del Club Sports y fue allí que lo descubrió un hacedor de jugadores de fútbol, José Thomé, un hombre que iba buscando prospectos en los potreros de barrio. “Como en esa época no había liga infantil como ahora, recién a los 11 años pude jugar en la sexta división de Sports. A los 13 ya jugaba en quinta y a los 14 años debuté en la primera del club”.

El pasaporte al fútbol grande

Siendo muy joven, por intermedio de Antonio Annan que era hincha de Platense, tuvo la posibilidad de ir a hacer una prueba en Buenos Aires. “Fuimos siete jugadores, cinco o seis quedamos seleccionados para jugar en el club”, menciona.

Así fue como un día se encontró preparando el bolso para establecerse en Buenos Aires y probarse en otra categoría del deporte. “Estuve cuatro años jugando en Platense y un año me fui a préstamo a Tigre”, refiere señalando que cuando se inició en Platense alternaba en Tercera y Reserva y a los19 años debutó en la primera contra Boca Juniors.

“Guardo inolvidables recuerdos de esa época y de mi estadía en la pensión de Platense. Era un lugar que compartía con compañeros de Córdoba, Arrecifes y otros lugares. Nos cuidaban mucho. Eramos todos del interior y teníamos una ‘mamá’ como le decíamos, Rosa, que cocinaba todos los días para nosotros”, relata.

Jamás olvidará el día de su debut en primera división. Ni el modo en que siempre todo fue apareciendo en su camino como una posibilidad de crecer y desplegarse en lo que desde siempre había sido su pasión. Pero nunca perdió de vista que solo se crece en el terreno del deporte con dedicación y esfuerzo.

Jugando para Tigre salió sorteado para hacer el Servicio Militar: “Siempre me acuerdo que entrenaba escuchando por una radio Spica el sorteo. Me tocó Aeronáutica, así que estuve 13 meses y un día haciendo el Servicio Militar enfrente del Teatro Colón. Igualmente me autorizaban para ir a practicar, así de alguna manera no fue tan malo, pude seguir con el deporte”.

Al exterior

En el año 1971, 14 jugadores de Platense quedaron libres. Muchos periodistas deportivos los ayudaron para tratar de vincularlos a algún club. Así cuenta Luis la experiencia que lo llevó a jugar en el exterior: “A mí me llamó un periodista que escribía para la revista deportiva. Yo no lo conocía y nunca supe tampoco cómo obtuvo mi número de teléfono. La cuestión es que Carlos de la Barca me recomendó a unos directivos de un club de Venezuela que estaban en Buenos Aires. Tuvimos una reunión en un hotel de Retiro y allí acordamos para que yo pudiera jugar en aquel país”.

“Me vine a Pergamino y le di la noticia a mi padre. Siempre me acuerdo que lo primero que me dijo fue: ‘Gracias por consultarme’. Pero de inmediato aceptó porque sabía que el fútbol era mi pasión. Tramité el pasaporte y el 23 de octubre de 1971 viajé a Venezuela donde jugué durante nueve años en el Club Deportivo Galicia”.

Afirma que fue una experiencia extraordinaria. “Tenía 21 años cuando me fui, viajé solo y no solo crecí deportivamente sino que en lo personal representó una muy buena vivencia”.

“La vida en Venezuela era muy linda. Era otra Venezuela, no la que se conoce ahora a través de la información. En aquellos años se vivía muy bien en un país organizado y democrático”, resalta.

Luego de haber estado plenamente abocado a la actividad deportiva, en el mes de febrero de 1980 decidió regresar a la Argentina. Volvió a Pergamino a ayudar a sus padres que aún mantenían el minimercado. “Había llegado el tiempo de volver, para trabajar con ellos y jugar más tranquilo en el fútbol local”, refiere.

Así fue como se incorporó al plantel del Club Juventud. “Después pasé a Tráfico’s, volví a Juventud; jugué en Sports y terminé la carrera en Racing a los 43 años”, describe valorando su paso por cada institución.

El corazón en Guerrico

Cuando la pregunta indaga sobre su pertenencia en términos deportivos, confiesa que es hincha de Guerrico y argumenta: “Esto es así porque cuando era chico unos parientes de mi mamá que eran de Acevedo y jugaban en Guerrico me llevaban a ver los partidos. Desde entonces mi corazón está ahí. Y obviamente en el Club Sports por el que siento un amor incondicional, porque esa entidad es parte de mi barrio y de mi infancia”.

La amistad

Asegura que el fútbol le dio “enormes satisfacciones”, pero lo que rescata de su trayectoria es el haber podido conocer a mucha gente importante de ese deporte. No hace nombres propios, pero se trata de grandes de épocas doradas de este deporte. “Lo que siempre rescato es el haberla pasado bien, yo disfrutaba de jugar al fútbol. Es mi pasión, lo que me gustó siempre y lo que me sigue gustando hoy que tengo 70 años y que siempre encuentro el rato para salir a correr y jugar un partido con amigos los fines de semana”.

Los amigos son el mejor balance de ese largo camino recorrido. Lo dice explícitamente cuando afirma que el 90 por ciento de ellos son del fútbol y los demás, de la vida. “En el deporte y en mi vida personal he cosechado grandes amigos”, afirma, agradecido.

Por lo demás es modesto en sus consideraciones respecto de su desempeño deportivo y de su vinculación con grandes referentes. “Yo siempre digo que, bien o mal, lo que hice está hecho. Nunca busqué protagonismo. En tantos años de carrera, jamás me saqué ni una foto con un jugador conocido y jugué con grandes figuras, con verdaderos monstruos del fútbol. Pero figurar no es lo mío”, refiere y con orgullo agrega: “Me saqué una sola foto con Gustavo Marilao, que falleció hace poco, uno de los mejores de Pergamino; fue cuando nos enfrentamos en primera división dos pergaminenses, él, jugando en Racing y yo en Platense. Esa foto un día salió publicada en una nota que le hicieron a Gustavo y fue muy lindo”.

Dirigir

Cuando dejó de jugar al fútbol hizo el curso de técnico y cuando se recibió comenzó a dirigir. Así fue que durante cinco años en Sports y cinco en Viajantes. “Empecé a dirigir, pero después abandoné. Me cansó un poco porque era una actividad que me dejaba sin tiempo para lo que a mí me gustaba que era jugar al fútbol con mis amigos”, refiere y señala que “cuando dejé de dirigir me dediqué solo a patear entre amigos”. Este es un ritual que mantiene. Los sábados la cita obligada es el partido de fútbol con amigos y en la semana junto a Walter Mininno y “Laucha” Abdala salen a correr para “mantener el estado físico”.

La vida personal

Actualmente Luis trabaja en la Dirección de Deportes del Municipio como encargado del Gimnasio Municipal. Hoy por la pandemia no está en actividad. Pero aguarda que esta situación pase para “recuperar” sus rutinas. Vive con su hijo Bruno, de 25 años. “Con su mamá nos habíamos separado hacía tiempo aunque compartíamos nuestra casa. Ella falleció en un accidente hace poco menos de un año”, cuenta.

Un sueño cumplido

Ser jugador de fútbol fue un sueño cumplido. Lo señala sobre el final de la entrevista este hombre que fue volante, después jugó de 9 y más tarde estando en Venezuela un técnico uruguayo del que aprendió mucho lo ubicó atrás como defensor en una posición que adoptó desde entonces.

Considera que para jugar al fútbol se debe nacer con “una cuota de pequeño talento” al que hay que “pulir” y “desarrollar” con constancia y entrenamiento. Luis hizo esa tarea. Su balance es positivo. No añora mucho más que lo que el deporte ya le regaló.

“Siempre soñé con jugar al fútbol. Soñé una sola vez en mi vida, y se me cumplió. Fue cuando debuté en la primera del Club Sport de Pergamino. Una noche me acosté y soñé que me convocaban para jugar en la primera. El técnico de ese momento era Alberto Martínez. Y eso sucedió. Nunca me voy a olvidar cuando mi mamá me avisó que Alberto me había venido a buscar después de verme una tarde patear la pelota en la cancha. El sueño se me había cumplido. Debuté contra Manuel Ocampo en un partido jugado en esa localidad, había llovido mucho, creo que ganamos 4 a 3”.

Habla de ese sueño en el final de la entrevista. El fútbol le enseñó mucho de lo que sabe. También le mostró que con empeño los anhelos se cumplen. Y agradecido vuelve a ser -cuando lo recuerda- un poco aquel niño que en la vereda de Rivadavia y Florida pasaba las tardes haciendo jueguitos con una naranja.