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Perfiles pergaminenses

Luis Daniel Naites: el legendario jugador de Douglas Haig que hizo historia con sus goles

Luis Daniel Naites, en un alto de la tarea en el taller, recreó sus vivencias deportivas. (LA OPINION) Luis Daniel Naites, en un alto de la tarea en el taller, recreó sus vivencias deportivas. (LA OPINION)

Inició su carrera deportiva en Lucini hasta que el rojinegro lo compró en 1979. Llevó esa camiseta hasta 1986 cuando el equipo ascendió al Nacional B. Desde su posición de delantero fue un prolífico goleador de la liga local. También jugó en otros equipos, aunque su corazón jamás se alejó del club de sus amores.


Luis Daniel Naites es conocido por su trayectoria como jugador de fútbol. Inició su carrera en el Club Lucini donde jugó hasta 1979 cuando lo compró el Club Douglas Haig. Tiene el privilegio de haber sido el máximo goleador de la historia, algo que refiere con la humildad de los grandes.

Lo llaman “Cacho” o “El fantasma”. El primer apodo lo lleva desde siempre; y el segundo lo adoptó jugando al fútbol luego de que una crónica del Semanario El Tiempo empleara ese calificativo para definir su comportamiento en el área. “En una nota un periodista comenzó a decirme ‘El fantasma’ y quienes la leyeron empezaron a llamarme de esa forma y son muchas las personas que me llaman con ese sobrenombre”, dice en el comienzo de la entrevista.

Tiene 61 años, nació en Pergamino y creció en el barrio Acevedo. Su mamá es “Chichina” y su papá fue “Cacho” Naites, el fundador del taller de chapa y pintura que hoy maneja con su hermano Rubén, continuando el legado.

Fue a la Escuela Nº 8 y al terminar comenzó a trabajar con su padre, donde aprendió el oficio de pintor de autos que es la actividad laboral que desarrolla en la actualidad. Está casado con Silvia Valladares, a quien conoció en un baile del Club Argentino. Tienen tres hijos: Daniela (38) casada con Pablo Silva; Cecilia (36) que es soltera y trabaja en Bayer; y Pablo (32) que tiene Síndrome de Down. Es abuelo de dos nietos: Delfina y Alvaro Silva.

Habla con orgullo de su familia y señala que el nacimiento de su hijo Pablo representó una experiencia transformadora. “Llegó para mostrarnos una capacidad de amor infinita. Es un ser adorable. Confirmamos que no hay chicos especiales, sino personas que son mejores que nosotros”.

Su trayectoria fue destacada ya que fue uno de los mejores delanteros.

(LUIS DANIEL NAITES)

Su trayectoria deportiva

Hincha de Douglas Haig desde chico, siempre fue delantero y goleador. Fue integrante del plantel que logró el ascenso al Nacional B: “Mi último partido en Douglas fue contra Olimpo de Bahía Blanca en Tandil. Con el 1 a 0 Douglas obtuvo el ascenso”, menciona marcando un hito no solo en su carrera deportiva sino de la historia del fútbol de la ciudad.

Recuerda aquel emblemático partido en el que el rojinegro se impuso a un equipo que era el favorito. “El gol de Daniel Castro fue histórico y yo estaba parado al lado”, describe atesorando en su memoria una vivencia imborrable.

También resalta con gratitud el recibimiento que se le hizo al plantel: “Una caravana de autos y camiones nos estaba esperando en Rojas, marchaban a paso de hombre fue muy emocionante e inolvidable”.

Tiene presente cada partido jugado con la camiseta de sus amores. “El estadio era el ‘Miguel Morales’, pero no estaba como hoy. En el tiempo que yo jugaba no estaban las tribunas, la gente estacionaba los autos alrededor de la cancha y ponía las mesitas y las reposeras para tomar mate mientras miraban los partidos.

“Douglas estaba acostumbrado a jugar con cuatro o cinco mil personas como público”, agrega describiendo un tiempo dorado del deporte local.

“Cuando ascendió yo ya no seguí jugando en el equipo. Durante unos años más jugué en Provincial, en Tráfico’s Old Boys, en Defensores de Salto, en Defensores de Ramallo y en Rivadavia de Lincoln, todas ligas muy competitivas en las que tuve un buen desempeño. Me retiré siendo el máximo goleador de la Liga y de Douglas Haig”, refiere.

Fue jugador de fútbol en una época en que el deporte era amateur. Lo destaca en su relato para marcar que se hacían muchos sacrificios para entrenar y compatibilizar el tiempo del trabajo y el deporte. Encontró en su padre un aliado que siempre le dio libertad para que pudiera crecer deportivamente. Asegura que muchos de los logros que obtuvo en materia deportiva fueron gracias a su padre y su incondicional apoyo. “Desde que falleció hace catorce años, siento que me falta un pedazo de vida”, refiere.

El taller

A la par de su carrera deportiva siempre trabajó en el taller de chapa y pintura donde aprendió el oficio de pintor de autos. Allí transcurren sus días. Llega a las 7:00, prepara el mate y las tostadas que comparte con quienes trabajan allí y luego pone manos a la obra hasta la tarde en que cierra las puertas de ese negocio fundado hace más de 60 años.

“Ha cambiado mucho el oficio, porque los materiales han mejorado. Pero igualmente hay que poner el cuerpo para que las cosas queden bien, dedicarle tiempo”, agrega. Y prosigue: “Es un placer pasar las horas haciendo lo que a uno le gusta”.

Un talento innato

Asegura que no hay alguien que le enseñe a una persona a jugar al fútbol. Hay un talento que se trae de la cuna, que se despliega en el potrero, donde se aprenden “las mañas del fútbol” y luego hay técnicos que perfeccionan, que pulen defectos y permiten al jugador expresar su máximo potencial. Así fue su experiencia y su recorrido de la mano de grandes. “Tomé todas las indicaciones y me perfeccioné para llegar a ser un buen delantero”, sostiene.

Tiene dos sobrinas Candela y Milagros, que juegan en la categoría del fútbol femenino de Dou-glas Haig a quienes acompaña en esa pasión.

El corazón, en Douglas Haig

Aunque cuando jugaba en otros equipos hinchaba para ellos, su corazón nunca se apartó de Douglas Haig. Y a pesar de que sus condiciones hubieran podido llevarlo lejos deportivamente hablando, su aspiración era jugar en el equipo rojinegro. “Aunque Lucini en esa época era mejor equipo, mi sueño era jugar en Douglas, cuando lo conseguí fue tocar el cielo con las manos”.

En el presente, aunque no tiene actividad deportiva, permanece cerca del club. Todas las tardes y producto de su amistad con el utilero del Club Douglas pasa tiempo colaborando con él en una actitud generosa que no tiene otro propósito que retribuirle a la institución mucho de lo que le ha dado. “Voy, cebo mate, les ayudo a los jugadores y veo las prácticas. Es una manera de estar cerca del Club”, refiere y comenta que su paso por Douglas le dio muchas satisfacciones: “Salí ocho años campeón, fui el goleador en todos los torneos y coseché muy buenos amigos con muchos de los cuales nos seguimos juntando”.

También con los integrantes de equipos adversarios mantiene una buena relación: “Me encuentran por la calle y me dicen: ‘chau goleador’ y lo siento como un reconocimiento. Yo fui parte de una generación de jugadores que la rivalidad la mantenían solo dentro de la cancha, terminaba el partido y éramos todos amigos”.

El reconocimiento

En una carpeta guarda celosamente el registro de toda su carrera deportiva. Sus hijas han sido las hacedoras de ese archivo. Cuando lo recorre recrea las vivencias de cada momento. Sabe que ha sido prolífico en su carrera y que se lo ha destacado por ello con múltiples premios. “Tuve la suerte de haber metido goles donde fui y la gente no se olvida de los goles”, afirma.

“Me han dado la copa de goleador en varias oportunidades. Para la Liga hice aproximadamente 350 goles”, comenta y confiesa que se lleva bien con el reconocimiento producto de su desempeño.

Ya no juega al fútbol. Solo sigue a Douglas y ve por televisión los partidos de Boca Juniors. Sin embargo, asegura que el fútbol es una pasión que nunca se abandona del todo. “Cuando estoy en el ‘Miguel Morales’ y desde la platea veo el campo de juego, me dan unas ganas de patear la pelota, pero ya no tengo edad para eso”, expresa describiendo el sentir que sigue despertando en él este deporte que además de darle satisfacciones le ha permitido forjar una identidad hasta convertirlo en uno de los jugadores más emblemáticos de la historia del fútbol local.

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