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María Teresa Capetillo: en el compromiso social, una filosofía de vida

“Tengo la vida que soñé, con los altibajos de cualquier mujer. Pero lo que alcancé fue lo que me propuse”, asegura. (LA OPINION) “Tengo la vida que soñé, con los altibajos de cualquier mujer. Pero lo que alcancé fue lo que me propuse”, asegura. (LA OPINION)

Es socialista, fue concejal y hoy trabaja desde “el llano” involucrándose en proyectos que tienen impacto comunitario. En lo personal tiene una familia constituida sobre la base del amor y el respeto. Trabaja desde hace 22 años en el Instituto Davreux donde está cerca de personas que asiste por cuestiones de rehabilitación.


María Teresa Capetillo se define como una militante del socialismo y refiere que ser socialista más que pertenecer a un partido político es una “filosofía de vida”. Desde el comienzo de la entrevista esa apreciación la muestra en su esencia. La entrevista se realiza en la casa en la que vive desde que se casó con Ezequiel Ricci, a quien conoció cuando tenía 15 años trabajando en una panadería frente a la casa en la que él vivía.  El era diez años mayor y luego de estar cinco de novios, se casaron. Hoy viven en ese lugar colmado de historia. Por el ventanal del living se ven plantas que ella misma mantiene. Lo que se respira en el ambiente es calma. Habla en un tono pausado y se considera una persona feliz. La rodea una computadora y libros. También hay cuadros y todo está dispuesto de un modo armonioso para generarle a la charla un clima distendido. La trayectoria de “Tere” como la llaman los suyos, es conocida por cuanto fue concejal hasta 2017. Fue el único cargo público que ostentó tras años de militancia y su desempeño tuvo mucho que ver con lo social.

Tiene 66 años. Habla de su infancia. Hasta sus 4 años vivió en 3 de Febrero entre 25 de Mayo y San Nicolás. Más tarde se mudaron a Castelli y Rocha, donde vivió hasta que se casó. Sus padres fueron Cirilo Capetillo y Susana Ledesma, ambos de San Pedro, ya fallecidos. Tiene una hermana, Laura que está casada y vive en Arrecifes.

Es mamá de tres hijos: Martín (43), casado con Alejandra Calderón; Matías (41) y Mariano (36). Tiene dos nietos: Nacho (13) y Sol (11). “Mi hijo más chico es soltero, vive en Rosario, trabaja para el Gobierno de Santa Fe y lleva la militancia en la sangre; el del medio es el bohemio de la familia, vive solo en Pergamino y tiene ‘Don Pedro’, un lugar en el que tocan bandas de rock”. Afirma que la maternidad fue para ella una experiencia maravillosa y hoy disfruta del tiempo con ellos y sus nietos.

Militancia y el compromiso social

Hablando de política señala que su ingreso a la militancia se dio de la mano de su noviazgo. “Ezequiel siempre fue socialista y yo a los 18 años me afilié al Partido y comencé a militar ininterrumpidamente. Siempre participé de congresos, capacitaciones y foros nacionales y provinciales”, relata.

“Estoy cada vez más convencida de la decisión que hice porque ser socialista es una filosofía de vida, es que te importe lo social, sobre todo los niños y los adultos mayores”, refiere. Y se introduce en algo que ocupa mucho de su tiempo y energías como es el desarrollo de proyectos sociales. “Me interesa la educación y darles a los chicos una contención a través del deporte.

“Hace unos años comencé a trabajar para armar una cancha de fútbol en el barrio Otero y hoy ya es un club y tenemos Personería Jurídica gracias al apoyo que nos brindó el actual intendente Javier Martínez. Cuando fui concejal empecé a recorrer el barrio y ver la posibilidad de darle forma a este proyecto. Así fue que me acerqué al barrio Otero, fui a dos o tres casas y me puse en contacto con la gente del barrio y empecé a comprar las cosas para armar la cancha de fútbol”.

Su compromiso social queda de manifiesto en lo que cuenta. Que ese proyecto se gestara y tomara forma en el barrio Otero no es casual, María Teresa siempre admiró al padre Galli. “Soy creyente y Dios me puso en el camino al padre Galli, una persona a la que siempre admiré. El se dedicó a lo social y sabía que su sueño era que los chicos del barrio Otero tuvieran una canchita de fútbol y como estoy convencida de que el deporte les brinda otras posibilidades, ciertos valores y hábitos de conducta, apenas tuve la posibilidad en mi rol de concejal, me puse a trabajar para cumplir ese anhelo. Y lo conseguí. Hoy ya desde el llano, sigo trabajando en ese proyecto; conformamos una comisión que ahora tiene Personería Jurídica, y funciona como Club Otero. Asisten chicos de 5 a 10 años, empezamos con treinta chicos y en este momento suman 84. Tenemos un profesor y estamos tratando de terminar los vestuarios que nos exige la Liga. Me eligieron presidenta de la comisión, así que trabajo activamente”.

La concejalía

La concejalía fue su primera experiencia en un cargo público. “Siempre fui de participar, cuando mis hijos jugaban al basquetbol en Juventud, integraba la comisión de la biblioteca del Club; desde hace dos años participo en la comisión de Lalcec y soy voluntaria de Conin”, menciona. Y destaca que la experiencia de haber cumplido un mandato como concejal fue muy positiva. “Aprendí mucho, me llevé decepciones, pero de ellas también tomé un aprendizaje, pero me gustó porque pude plasmar en proyectos necesidades reales de la gente”.

Considera que en su labor legislativa fue “bastante molesta” para el Ejecutivo. “Me tocó ser concejal dos años durante la gestión de Omar Pacini y dos años durante la gestión del actual intendente y a fuerza de perseverar muchos proyectos se concretaron”.

Sigue militando desde el llano, acercando inquietudes que tienen que ver con lo social. Su vida está atravesada por la política. De hecho contigua a su casa funciona la sede del Partido Socialista, un lugar por el que pasaron los más importantes referentes de esa fuerza. “Hoy sigo militando y si a nivel provincial lograra conformarse un espacio con gente con la que coincido ideológicamente, no dudaría en participar. Pero tendría que sentirme cómoda con personas que tuvieran los mismos principios y no especularan con la política”, remarca.

Inquietud por el conocimiento

Desde chica Teresa sintió una fuerte atracción por el conocimiento. Hizo sus estudios primarios en la Escuela Nº 6 y el secundario en el Normal, aunque abandonó a causa de una situación familiar y retomó tiempo más tarde para egresar en la Media Nº 4 de noche.

Ya casada se dedicó a criar a sus hijos y a estudiar. Así se recibió de profesora de Francés y dio clases particulares. Apasionada por ese idioma, asiste una vez por semana a la Alianza Francesa para seguir perfeccionando sus conocimientos. “Voy todos los miércoles, a las 8:00, a la Alianza y realizo cursos con Mónica Villalba que fue mi profesora de siempre. Es un placer para mí”, refiere. También es psicopedagoga, trabajó ad honórem en Scalabrini y realizaba test de orientación vocacional.

Su presente laboral

Desde hace 22 años trabaja en el Instituto Davreux. Teresa asistía como alumna desde que se inauguró el lugar y un día Liliana Davreux la convocó para que se sumara al equipo de trabajo. “Fui administrativa, hoy trabajo en el manejo del área de Hidroterapia, Pilates Cama y una nueva disciplina para personas con problemas posturales. Coordino el funcionamiento de esos espacios y trabajo con profesionales como Clide Coscia, Mauricio Naboni y un grupo de kinesiólogos de los que aprendo mucho”, señala. Y prosigue: “Me gusta  estar con la gente mayor que necesita ser escuchada, aprendo mucho todos los días; soy una inquieta del conocimiento, admiro a  Facundo Manes y ahora estoy leyendo material de Alonso Puig que trata sobre el origen emocional de las enfermedades, algo en lo que creo”.

Cuando no está trabajando está aprendiendo algo. También disfruta del tiempo con su familia. “Los fines de semana compartimos tiempo juntos, los llevo a tenis, almuerzan con nosotros y los domingos almorzamos en familia, acá o en lo de mi hijo, es como un reencuentro”, cuenta.

Asegura que la clave para sostener la dinámica familiar pasa por el amor, el respeto y la tolerancia por sobre todas las cosas. Respeto: “Para mí siempre lo primordial fue la familia, pero nada impuesto, fue una elección”.

Posicionamiento frente a la vida

Vuelve sobre la política cuando habla de su vida. Quizás porque de la mano de su compañero recorrió caminos de profundo compromiso social y hoy disfrutan de compartir esa pasión. “La vocación social la tuve desde siempre y vivo con una persona que trabaja mucho y está muy involucrada socialmente. Actualmente participa activamente de Lalcec, una institución que tendría que tener mayor visibilidad por la tarea que realiza”, sostiene y valora la labor que realiza allí “Marilú” Geoghegan y los profesionales que brindan servicios de excelencia.

Personalmente su mirada se posiciona siempre sobre los chicos y sobre los adultos que están solos. “Con los chicos me moviliza el deseo de que puedan encaminarse sin entrar en la delincuencia o las adicciones. Si eso pasa, mi granito de arena habrá servido para transformar una historia”, señala. Y continúa: “Con la gente grande me impulsa el acompañarlas cuando están en situaciones de desprotección”.

Raíces fuertes

María Teresa se define como una mujer que siente un profundo respeto por sus raíces. Pergamino es un lugar en el que le gusta vivir.

También es apegada a sus afectos de toda la vida. La amistad ocupa un lugar medular en su vida. “Tengo amigas de siempre, del colegio y de la vida como Alicia a quien visito todas las semanas. También mantenemos una amistad con un matrimonio uruguayo, Alba y Fernando, a quienes conocimos en nuestra luna de miel en Bariloche y con quienes nos seguimos visitando”.

Solidaria y dedicada a ayudar en la medida de sus posibilidades a quienes la necesiten, tiene una mirada compasiva. Casi sobre el final reconoce que le tiene cierto miedo a la vejez, en realidad al deterioro que conlleva. Y esa apreciación tiene anclaje en su vida personal. Habla de su mamá que a los 59 años se enfermó de Alzheimer y falleció tiempo después. “No pienso mucho en mi propia vejez, más bien, pienso en el futuro”, resalta.

Y confiesa que entre sus proyectos tiene pendiente viajar a Francia. Sabe que logrará materializar ese anhelo. Como cada cosa que se propone y sostiene con constancia.

“Tengo la vida que soñé, con los altibajos de cualquier mujer. Pero lo que alcancé fue lo que me propuse. Tengo una linda familia, hablamos mucho, nos tenemos mucha confianza. Ese es el legado que intento dejar a mis hijos: que sepan que pueden hablar siempre de todo, que dialogando cualquier problema se resuelve”, afirma. En el final de la charla, se muestra agradecida por ese universo afectivo rico, por esa pasión por lo social que la define, y por el aprendizaje constante en cada situación de la vida.

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