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Perfiles pergaminenses

María Teresa Giuliano: el valor de la honradez para llevar adelante la tesorería municipal

Ya jubilada, “Titina” trazó su Perfil Pergaminense en una cálida charla mantenida con LA OPINION. (LA OPINION) Ya jubilada, “Titina” trazó su Perfil Pergaminense en una cálida charla mantenida con LA OPINION. (LA OPINION)

Es conocida como “Titina” y acaba de jubilarse como tesorera del Municipio, un cargo que ejerció con mucha responsabilidad y compromiso. A poco de haber dejado ese lugar que siente como “su segunda casa” en la intimidad de su hogar, trazó su Perfil Pergaminense rescatando su paso por un trabajo que le dio enormes gratificaciones.


María Teresa Giuliano hasta hace unos días fue la tesorera de la Municipalidad de Pergamino, un cargo que desempeñó con honradez y compromiso durante muchos años. Es la mamá de Carlos, un abogado de 49 años que asegura que “es lo mejor que Dios le dio en la vida”. Es esposa y abuela, además de amiga incondicional de sus amigos. Acaba de jubilarse. Estrena con su retiro del mundo laboral una nueva etapa de la vida que la encuentra con 73 años sintiéndose plena y feliz.

Su sobrenombre es “Titina”, un apodo que adoptó desde chica cuando sus tías la llamaban así. Confiesa que retirarse de su lugar de trabajo fue una decisión que le costó tomar porque significaba dejar atrás una gran etapa de la vida. La Municipalidad para ella es “su segunda casa” y la jubilación no cambia ese sentir. Está estrenando nuevas rutinas. Abre las puertas de su casa con generosidad cuando acepta la entrevista. Su conversación es honesta, como fue su labor en la administración pública y como es ella en su vida personal. No tiene doblez. Vivió toda su vida en el barrio Centenario y creció en una familia que le inculcó “buenos valores”. Aprendió de su padre, Blas Giuliano, un hombre dedicado a la construcción, la dedicación al trabajo; y de su madre, Florentina Blesa su apego al hogar. Tuvo un hermano: José Omar al que todos conocían por “Lito”.

“Mi papá era italiano y vino a los 9 años de Italia. Las raíces de esa inmigración marcaron de algún modo los valores de nuestra familia”, sostiene. Cuenta que en la casa paterna escribió gran parte de su historia de vida y que solo se mudó una vez, para establecerse al lado, en la casa que habita actualmente. Hecha a la medida de su vida de hoy, cómoda y preparada para recibir a sus seres queridos. Es una mujer respetuosa del esfuerzo que hicieron sus padres para forjar el destino de su familia. Le gusta el barrio, ese que está lleno de lugares que recrean el tiempo de su infancia. “Antes era muy distinto, las calles eran de tierra. Los vecinos nos conocíamos todos. Había muchos terrenos baldíos que cruzábamos siendo chicos cuando queríamos llegar hasta Juan B. Justo que no era una avenida como ahora, aunque sí tenía la calle pavimentada con grandes cunetas”.

Fue a la Escuela Nº 77 y al finalizar sus estudios primarios hizo el secundario en el Instituto Avellaneda. Más tarde cursó algunas materias de administración y se abocó a realizar cursos en distintas academias, siempre orientados a la contabilidad.

La Municipalidad, parte de su vida

Ingresó a trabajar en el Municipio el 23 de febrero de 1973 ya siendo mamá. “Necesitaba trabajar y me acerqué a la Municipalidad para ver si necesitaban gente. Recuerdo que fui a hablar con el ingeniero Sosa Areco, me presenté en su casa de Pedro Torres. Me acompañó mi padre que se quedó arriba del auto y yo bajé con Carlitos que por entonces tenía 2 años. Al día siguiente empecé a trabajar”, relata. Jamás olvidará su primer día de trabajo ni los muchos otros que vinieron para marcar un capítulo importantísimo de su vida. “Todavía recuerdo que en la puerta de mi casa al salir para la Municipalidad le dije a mi mamá: ‘Deseame suerte’ y ella me dijo: ‘Suerte hija’. Tuve mucha suerte, mi trabajo me dio enormes gratificaciones”.

Señala que siempre en tareas administrativas comenzó haciendo reemplazos. “Estuve en Guías, después en Compras. Fui haciendo un camino que representó mucho aprendizaje. Después me pasaron a Contaduría a hacer liquidación de sueldos”.

Comenta que por entonces el trabajo se hacía en forma manual. Recuerda a la perfección que las planillas tenían trece columnas. “Esa planilla se balanceaba y te tenía que dar sí o sí”, refiere.

Cuando irrumpió la informática, su tarea se vio atravesada por la tecnología y tuvo que capacitarse. “Mi trabajo había cambiado por completo y lo que yo hacía en forma manual comenzó a cargarse en sistemas informáticos. Fue una enorme transformación que supuso también una adaptación y disposición a aprender cosas nuevas”, destaca. Fiel a su responsabilidad, tomó el desafío, pasó al área de Computación y siguió abocada a la tarea de liquidar sueldos durante veinte años.

Siempre fueron sus atributos de ser una mujer responsable y confiable los que le abrieron puertas. Jamás se valió de vinculaciones políticas para crecer en su carrera administrativa. Fue así que en una oportunidad el escribano Alcides Sequeiro la convocó para trabajar en la Tesorería municipal. “Me preguntó en qué área trabajaba y me confesó que él pensaba que yo podía estar en Tesorería. Cuando le pregunté la razón me dijo: ‘Por tu honestidad y porque nunca me diste trabajo’.

Comenzó cumpliendo las funciones como subtesorera sin que estuviera creado el cargo. Y tiempo más tarde, en 2004, durante la gestión de Héctor Gutiérrez asumió como tesorera, tarea que desempeñó hasta hace unos días.

Habla con orgullo de su trabajo y señala que la mayor responsabilidad del tesorero municipal es el manejo de dinero que es de los contribuyentes, además de rendir cuentas por el uso de los recursos al Tribunal de Cuentas. “La plata es de los vecinos, es una enorme responsabilidad manejar ese dinero”, afirma, valorando el equipo de trabajo que siempre la ayudó en su tarea con enorme disposición.

Dar paso a otros

Confiesa que la decisión de jubilarse estuvo motivada por la certeza de haber cumplido un ciclo y el espíritu de dar paso a las nuevas generaciones. Sin embargo, reconoce que no fue una determinación fácil de tomar porque ama trabajar. “También mi familia estaba deseosa de que me jubilara”, agrega. Reconoce que el hecho de que su lugar haya sido ocupado por Andrea Lamelas le da una tranquilidad por su perfil y su compromiso con la modernización del Estado.

El balance de su historia laboral es positivo. Además de experiencias y una trayectoria intachable, hizo una buena cantidad de amigos. “Tuve muy buenos compañeros y excelentes amigos. No voy a nombrarlos porque me olvidaría de muchos, pero cada uno de ellos sabe quiénes son y el lugar que ocupan en mi vida”, refiere. Ese capital afectivo es algo que trasciende el trabajo y perdura.

En la tierra de su padre

En otro momento de la charla confiesa que su papá y ella eran inseparables. “Teníamos una afinidad tremenda. Hace veinte años que falleció y lo sigo extrañando. Eramos muy buenos amigos”, sostiene y se emociona. Y al hacerlo rememora una vivencia entrañable. “En 2016 tuve la posibilidad de viajar a Europa y conocí el lugar en el que había nacido mi padre. El también había tenido la posibilidad de volver 60 años después de haberse ido. Volver a Génova fue volver a sus raíces, fue muy emocionante. Tuve presente a mi padre todo el tiempo durante ese viaje. Fui a la Municipalidad, me atendieron de maravillas y un asesor me acompañó por la calle donde mi papá había jugado, es una cuadra que es patrimonio civil. Entré a la Iglesia donde lo bautizaron y el sacerdote nos entregó una fotocopia de la partida de bautismo. A la casa no pudimos entrar porque ya no es de la familia.  “Lloré mucho en ese viaje, mi padre fue muy importante en mi vida”, sostiene. Afirma que de él aprendió muchas cosas, una de ellas el buen carácter y el espíritu conciliador frente a las diferencias. Era un hombre muy accesible, dueño de principios sustentados en el valor del trabajo y la honestidad”.

Se nota el orgullo en el tono de su voz cuando se refiere a ese italiano establecido en Argentina que además de ser su padre, fue un abuelo extraordinario para su hijo. Un referente que le dejó muchas enseñanzas.

Su familia, el pilar

Cuando la conversación transita por el universo de los afectos, habla de su familia. Siendo muy joven se casó con Carlos Tuero, con quien tuvo a su hijo. Después se separaron y luego de muchos años volvieron a elegirse: “Nunca tuvimos una relación conflictiva porque siempre tuvimos claro que éramos padres, así que fue sencillo reencontrarnos para seguir transitando juntos la vida”.

Hoy comparten la felicidad de acompañarse. Su hijo vive en Rosario donde ejerce como abogado. Es papá de Amadeo (13) y Anselmo (9). “Mis nietos son mi vida, son buenos y educados”, señala. Y enseguida acota: “Mi familia es mi pilar”.

Posee innumerable cantidad de amigos con los que le gusta compartir tiempo. También le gusta mucho viajar.

“Me hace feliz estar en mi casa, compartir tiempo con mis nietos, verlos crecer. Ver a mi hijo con el que tengo una relación hermosa”, menciona y la mirada se le ilumina cuando habla de su hijo, ese ser que entiende a la perfección sus estados de ánimo y siempre tiene para ella una palabra de aliento que le ayuda a disipar cualquier dificultad. “Que un hombre de 49 años te dé un abrazo y te diga que te quiere no tiene precio”, sostiene recalcando que el regalo más preciado que le hizo Dios es el de haber sido madre.

Un nuevo comienzo

El 26 de febrero fue su último día de trabajo en la Municipalidad. Firmando cheques y preparando todo para entregar la llave de la caja fuerte recibió la visita del intendente municipal que se acercó a despedirla y a invitarla a que saliera de su oficina para encontrarse con sus compañeros. Agentes de todas las dependencias la estaban esperando en el hall del Palacio para despedirla. Flores, una carta de puño y letra escrita por el intendente y palabras consideradas hacia su desempeño constituyeron la síntesis de ese último día.

Lo más emocionante fue que “los Tuero” como ella llama a su esposo, hijo y nietos, la sorprendieron con su presencia en esa oficina que ocupó durante tantos años, simplemente para acompañarla. “Me dio mucha emoción verlos ahí. Mi hijo me abrazó muy fuerte. Fue muy conmovedor que mis nietos vinieran a acompañarme”, refiere.

Ese día dejaba atrás 47 años de una historia laboral vivida plenamente. E inauguraba una nueva etapa. La tarea estaba realizada y lo que la esperaba era lo mejor de la vida: su familia, que estaba ahí para abrazarla fuerte y darle la bienvenida a un tiempo de disfrute pleno.

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