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Perfiles pergaminenses

Néstor Márquez: el testimonio de 90 años vividos plenamente

Néstor Márquez, un vecino de Pergamino que celebra la vida a los 90 años. (LA OPINION) Néstor Márquez, un vecino de Pergamino que celebra la vida a los 90 años. (LA OPINION)

Acaba de celebrar su cumpleaños con una fiesta organizada por sus nietos.  En su Perfil Pergaminense se expresan postales de una historia de existencia sencilla, entre anécdotas de trabajo y vida familiar. Es un agradecido por todo lo que tuvo la posibilidad de experimentar.


Néstor Márquez acaba de cumplir 90 años y su historia de vida es parecida a la de muchos pergaminenses que nacieron y crecieron en otro tiempo y se adaptaron a las condiciones del presente disfrutando de lo más preciado que tienen: los recuerdos y la familia. Escucharlo hablar es recrear imágenes del Pergamino de antaño. Aunque no tiene apodos, recuerda con lucidez que cuando era empleado de Linotex le decían “El mono”.

Creció en el barrio Otero. Su padre, Pedro Nolasco Márquez, era un obrero que “hacía de todo” y su madre, Flora, fue ama de casa. Fueron ocho hermanos, solo vive él y una hermana: Ana. Fue el menor de los hermanos varones. Creció en una familia en la que había varios músicos, de allí su afición por la guitarra y el folklore. Tiene lindos recuerdos de su infancia. “Cuando era chico y había tormenta nos íbamos a la casa de mi abuela Mercedes que falleció a los 102 años. Tenía un rancho muy bien construido y nos refugiábamos allí”. Fue hasta tercer grado a la Escuela Nº 11 del barrio Otero. En el barrio su lugar preferido era el potrero en el que jugaba al fútbol con los amigos de entonces. Andaba descalzo porque las zapatillas las guardaba para ir a la escuela. Cuando sus padres se separaron él vivió con su papá y con él -según cuenta- “anduvo por varios lados”. Cuando dejó el barrio de su infancia, se mudó a una casa del barrio Trocha. 

Un jugador de fútbol

Siempre le gustó el fútbol y fue delantero en varias categorías de los clubes Sports y Argentino. “A los 16 años empecé a jugar en Sports. Estuve en quinta, en cuarta y en tercera; luego pasé a Argentino, en la época en que estaba el doctor Bomarito”, refiere, contando que llevaba las camisetas Nº 8 o Nº 9. “Jugando al fútbol conocí a grandes como Digilio, Raúl Díaz, Carnevale”. Se confiesa hincha del Club Sports. Jugó al fútbol siempre; un año también estuvo en Provincial. Cuando Lucini armó el campo de deportes, iban a ese lugar a jugar, aunque nunca fueron parte de la Liga de Fútbol de Pergamino.

Trabajador incansable

Siendo muy joven comenzó a trabajar en Linotex. “Ese fue mi primer trabajo, estuve allí 14 años y mi tarea era atender las máquinas de hilar”. Más tarde ingresó a Lucini, donde estuvo también 14 años: “Comencé trabajando en expedición, en la carga y descarga de camiones y enderezado.

“Esas fábricas eran un mundo aparte”, señala comentando las anécdotas vividas en lugares en los que trabajaban muchos pergaminenses.

Al salir de Lucini, durante un tiempo se dedicó a lustrar ataúdes en la fábrica, Pratissoli-López y luego ingresó a la Clínica Pergamino. “Durante varios años estuve en Información y luego en Mantenimiento. Me jubilé en ese lugar del que guardo muy buenos recuerdos”, señala. Destaca la camaradería y el contacto con la gente. “Cuando estuve en Mantenimiento teníamos menos contacto con los usuarios de la Clínica, pero más relación con el personal porque siempre estábamos atentos para que no faltara nada. Me acuerdo que las enfermeras cuando a algún paciente le cortaban la pierna no querían llevarla, me mandaban a mí o a mis compañeros, la poníamos en una caja y la llevábamos a la morgue”.

Reconoce que todos los trabajos que tuvo fueron buenos: “Linotex era un muy buen lugar; Lucini también, tuve la suerte de estar en una época en la que se exportaba mucho”, refiere. Destaca que siempre tuvo muy buenos compañeros “algunos ya no están, pero los recuerdo siempre con afecto”.

La vida familiar

Hace 63 años se casó con Gladys Maldonado. Se conocieron trabajando en Linotex, se pusieron de novios y cinco años después contrajeron matrimonio en la Iglesia San Roque. Su esposa está presente en la entrevista y juntos recuerdan las épocas en las que iban al cine, en tiempos del Monumental o del Ideal. Néstor confiesa que prefería este último porque proyectaban películas extranjeras. También recuerda los bailes en los clubes Compañía, Argentino y Centenario.

Tuvieron un hijo: Néstor Hugo (56), casado con Liliana Logulo, que les dieron tres nietos: María Belén, que es maestra especial; Federico estudia Ingeniería electrónica en Rosario; y María Celeste está terminando el colegio secundario. “Tengo una linda relación con mis nietos, los quiero mucho, siempre están cerca nuestro”.

Desde hace 54 años viven en la casa que habitan en el barrio Trocha. Con su esposa son muy compañeros y en tantos años de convivencia han experimentado ese amor que se transforma con el tiempo y que incluye el respeto por las diferencias. “Discutimos algunas veces porque yo hago renegar, pero nunca por cosas importantes. Somos muy compañeros y siempre trabajamos a la par para conformar nuestra familia y progresar. Mi esposa trabajó en Linotex y luego muchos años en un taller de costura”, cuenta. Y la mira con la complicidad que dan los años. Les gusta viajar y lo han hecho siempre que han podido. Hoy siente que lo detiene un poco la edad. “Conocemos gran parte de Argentina, desde la Quebrada de Humahuaca hasta El Calafate; y algunos países cercanos, como Chile, Paraguay y Brasil; siempre nos gustó mucho viajar”.

Pergamino es un lugar en el que le agrada vivir, por la tranquilidad. “Me gusta volver a mi barrio cuando puedo, era todo muy distinto en mi tiempo, había mucha gente que vivía y que luego se fue a otros lugares porque les surgían oportunidades de trabajo. Todo en la sociedad era muy distinto en mi juventud”, remarca, en una reflexión que se nutre de los recuerdos vivos en la memoria.

90 años bien vividos

Hoy sus rutinas son sencillas; es un lector voraz, le gusta leer los diarios y escuchar la radio. Por las mañanas escucha “La Hora del Campo”, que conduce Juan Carlos Curti por LT35 Radio Mon y después “La mañana de la Radio”, que conduce José Antonio Bravo. Los domingos es infaltable la rutina de leer LA OPINION, el canillita del barrio le deja el ejemplar por debajo de la puerta y pasa a cobrarle una vez al mes. “Nos gusta conservar el hábito de recibir el diario”, confiesa este hombre que mantiene buena relación con sus vecinos, que disfruta de salir a caminar por el barrio cuando sus rodillas se lo permiten y que con 90 años no tiene demasiadas cosas pendientes. Solo una que es haberse desarrollado más en el arte de tocar la guitarra. “Mi hermano tenía un profesor que le enseñaba, era un docente de solfeo y cuando él tomaba clases yo lo acompañaba y aprendía. Pero a mi padre no le gustaba que me dedicara a la música, así que no continué. Me hubiera gustado y de hecho amo escuchar tocar la guitarra”, cuenta, casi sobre el final de la entrevista que se desarrolla en el comedor de su casa, rodeado de fotos de sus seres queridos. A ellos les agradece la presencia en su vida, la reciente celebración de sus 90 años con una fiesta organizada por sus nietos. Sabe que es dichoso de cosechar ese afecto genuino. Sus nueves décadas están bien vividas, lo refiere en varios momentos con una lucidez admirable.   

Se lleva bien con el transcurso del tiempo, goza de buena salud y cuenta que solo consume dos medicamentos, uno para controlar la presión arterial y otro para calmar el dolor de sus rodillas. Eso es suficiente. Come de todo y disfruta de las cosas simples de la vida. Agradece su bienestar. No pide nada más, solo manifiesta gratitud, por recibir tanto.