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Perfiles pergaminenses

Osvaldo Ríos: mozo y maestro pizzero, una vida dedicada al trabajo y la familia

Ramón Ríos, un maestro pizzero que aprendió el oficio que se transformó en una pasión. (LA OPINION) Ramón Ríos, un maestro pizzero que aprendió el oficio que se transformó en una pasión. (LA OPINION)

Se lo conoce como Ramón, un apodo que adoptó como nombre. Está al frente de una de las pizzerías más emblemáticas de la ciudad: “Los Cambá”, de avenida Juan B. Justo, a pocas cuadras del puente. Llegado de Corrientes, comenzó siendo mozo en varios locales del rubro gastronómico, hasta que se consolidó en la actividad pizzera junto a su familia.


Osvaldo Ríos tiene la particularidad de que todo el mundo lo conoce como “Ramón”, un nombre que le valió de apodo desde que era niño y que adoptó para incorporar a su propia identidad. Lo señala en el comienzo de la entrevista cuando se presenta para delinear su “perfil”. Su oficio primigenio fue de mozo, aunque hoy es maestro pizzero y está al frente de una de las pizzerías más tradicionales de la ciudad “Los Cambá” de avenida Juan B. Justo, muy cerca del puente. Es un apodo que surgió en el seno de su familia y vecinos. Nació en Empedrado, provincia de Corrientes hace 63 años. Hijo de Basilio Ríos y Lorenza Gómez. “Fuimos doce hermanos, seis mujeres y seis varones, todos nacidos en Corrientes y en la actualidad vivimos ocho. Yo soy el del medio”, cuenta.

Llegó a Pergamino a los 14 años. Vino solo. Su hermano y su cuñado ya se habían instalado en Buenos Aires buscando un mejor futuro y ambos trabajaban en pizzerías conocidas. Eso fue lo que lo trajo hasta acá para abrir un camino: “José Pontoni que era muy amigo y gerente de Fiat, le gustaba mucho Pergamino y surgió la propuesta de poner una pizzería en la ciudad que fue la primera que hizo pizza a la piedra. Fue Viva Villa, mi hermano y mi cuñado se instalaron a trabajar y yo me vine con ellos.

“Prácticamente está toda la familia radicados en Pergamino”, resalta y acerca a la charla los recuerdos de su infancia en Corrientes. “Tuvimos una buena niñez y trabajábamos en el campo. Yo terminé la primaria en la nocturna.

“Vine directamente a Pergamino, trabajé en esa pizzería hasta los 17 años, después fui a Fedra y luego trabajé en la confección con Elida Dinardo en la fábrica que estaba en Doctor Alem y Luzuriaga. Estuve allí hasta los 21 años”, refiere en la continuidad del diálogo.

También comenta que en 1974 se casó con Estela Maris Ergop, y tiempo después regresó a su pueblo natal donde vivió por un tiempo: “Estuve tres años en Empedrado con mi mujer y comencé a trabajar en el casino como mozo hasta que se trasladó a Corrientes capital donde estuve dos años.

“Como mi familia estaba en Pergamino, en las vacaciones nos vinimos y ya seguimos nuestra vida acá. Mi cuñado y mi hermano estaban en ‘El Braserito’, con Antonio y Gregorio Selak. Comencé a trabajar ahí, fue una linda experiencia. Compartí muchos momentos y establecí amistad con mucha gente”.

Entre las vivencias rescata la cercanía con gente del Club Dou-glas, por cuanto los propietarios del lugar eran “fanáticos del rojinegro” y allí llegaban jugadores de fútbol y de basquetbol en épocas gloriosas. “Estaba la mesa de Douglas y era el apogeo del basquetbol, estaba ‘La Pantera’ y otros grandes”. Cuando había basquetbol el lugar de encuentro era ‘El Braserito’”.

La pizzería, su lugar

Casado hace 44 años, es padre de tres hijos: Claudio, Karina y Vanesa y abuelo de tres nietos: Alex, Selena y Mía. Su vida familiar está asociada al trabajo por cuanto comparten tiempo libre y tareas en el negocio familiar.

Recrea su historia en Los Cambá con orgullo. “La historia se inició en 1984 con sus dos hermanos: Marciano y Agustín Medina (cuñado), cuando se instaló la pizzería en Doctor Alem y Bartolomé Mitre. “El nombre surgió por una anécdota porque ‘Piru’, uno de nuestros patrones, decía ‘ahí vienen los negros’, cuando llegábamos y al momento de poner el nombre del negocio se eligió ‘Los Cambá’, qué mejor para tres correntinos”, relata.

Ramón estuvo trabajando como mozo en la pizzería emplazada en esa tradicional esquina de la ciudad hasta 1996 en que se abrió “Los Cambá II” en Juan B. Justo y la ruta Nº 8, donde sigue su hermano Jorge, con Chirico. “Después la pizzería se trasladó enfrente de donde estaba Old Pub y más tarde en la Avenida”, relata y  comenta que él se quedó trabajando en la sucursal que estaba en cercanías de la estación Terminal. 

“Nos dividimos, y con mi hermano nos quedamos en Juan B. Justo y la ruta. En 2000 desembarcamos donde estamos actualmente, en avenida Juan B. Justo muy cerca del puente, donde llevamos dieciocho años. Aquí trabajo con mi hijo Claudio, Vanesa, su novio, y mi esposa. Es un emprendimiento familiar”, agrega este hombre apasionado de la tarea que aprendió de la mano de sus hermanos. “Yo siempre fui mozo y con el tiempo me transformé en maestro pizzero”.

El deporte

Cuenta que cuando estuvo en “El Braserito” Antonio Selak los hizo socios de Douglas Haig y refiere que cuando jugaba de local iban a los partidos y también los llevaban a descargar ladrillos cuando se hizo la tribuna del estadio.

Más tarde y cuando el negocio se instaló en el barrio Centenario su corazón se volcó al Club Juventud. “Teníamos seis jugadores trabajando con nosotros, ellos nos invitaron a ir a la cancha, los seguimos y nos fue bien”, señala.

El afán de progreso

Con una mirada reflexiva y mientras todo en la pizzería está dispuesto para brindar la mejor atención a los clientes, remarca que siempre soñó con tener “el negocio propio”.

“Siempre tuvimos espíritu de progresar, y para eso pusimos el lomo y nos ganamos un lugar con el sudor de la frente, siempre mirando hacia adelante. Esa fue la meta”, destaca.

No elude hacer referencia a momentos difíciles que le tocó atravesar comercialmente. “La inundación nos hizo perder todo, en la última perdimos mesas, sillas y mercadería. Fue terrible, pero nos sobrepusimos”.

Para él Pergamino significa su segunda ciudad. “Acá me inicié trabajando de mozo y conocí chicos que hoy son padres y algunos abuelos y nos seguimos tratando. Es como mi casa esta ciudad”, resalta.

En esta línea confiesa que la pizzería es todo para él. “Ya no me imagino haciendo otra cosa. Quedarán mis hijos tomando la posta”.

Pionero

Se siente orgulloso del camino que ha recorrido y no olvida ni sus comienzos ni sus raíces. Sabe que con sus hermanos de algún modo marcaron una impronta y dieron vida a un emprendimiento comercial que es “marca registrada” de la ciudad.

La pizza a la piedra, la pizza a la Corriente y las tradicionales empanadas de humita conforman parte del universo que conforma el sello de “Los Cambá”. El lo sabe y rescata con humildad sus orígenes cuando recrea los comienzos: “Yo no era pizzero, Marciano y Agustín eran los verdaderos maestros, yo siempre trabajé de mozo y aprendí de ellos. En Juan B. Justo y la ruta, Alberto era el maestro pizzero y yo hacía mi trabajo en la atención del público. Recuerdo que siempre me echaba de la cocina, diciéndome que yo era el mozo. Ahora el maestro pizzero soy yo. Aprendí el oficio y me apasiona”.

Agradece cada aprendizaje y reconoce que es difícil mantener la permanencia, sobre todo en tiempos complicados para la economía. “Hoy por hoy todo cuesta mucho, la permanencia es difícil porque los tiempos son complicados y todo cuesta mucho. Esta crisis que estamos viviendo es tremenda y hay que pelear mucho para mantener la calidad. Eso requiere estar todo el tiempo al pie del cañón”, asegura.

Se siente apuntalado por los suyos en la tarea y casi sobre el final de la charla resalta que su esposa ha significado un pilar fundamental para su vida y para el negocio. “Los chicos nos cargan porque estamos todo el día juntos. Llevamos 44 años de casados. Nos levantamos juntos y trabajamos juntos. Ella ha sido y es el sostén de todo. Es un baluarte”.

Imagina el futuro dejando el camino transitado a sus hijos y nietos. Fantasea con poder disfrutar más del tiempo libre. “Espero que ellos puedan mantener el negocio, porque no es fácil, este lugar tiene que tener continuidad.  Tiene que haber un heredero que continúe esta tarea”, refiere este hombre que cuando no está trabajando disfruta de estar con su familia en su casa del barrio Santa Julia en la que vive desde 1983. Goza de esa vecindad y acerca a la charla el recuerdo de los asados que se hacían cada 1º de mayo cuando se cortaba la calle y todos se reu-nían para compartir la mesa.

De la mano de estos recuerdos, menciona también a sus clientes: “Me siento orgulloso de que vengan, de que nos elijan. Ese es el crédito y uno tiene que responder manteniendo siempre la misma calidad y el respeto ante todo. Me siento muy contento por toda la gente que nos sigue y  trabajo todos los días para responder a esa confianza brindando un producto de calidad”.

Menciona que con los colegas mantiene una relación cordial y esboza en el final un mensaje de gratitud hacia la ciudad que lo cobijó cuando llegó de Corrientes y le abrió las puertas. Todo lo demás lo hizo su esfuerzo. Y el reconocimiento de gente querida y respetada por él le señalan que ha transitado por el camino correcto. “En tantos años por el negocio ha pasado mucha gente, muchos de nuestros clientes son amigos. También tuvimos la posibilidad de conocer a personalidades, pero uno se queda con lo que realmente vale. A mí me emocionó mucho que tanto la viuda de Selak como la esposa de ‘Beto’ Villanueva, gente con la que yo había trabajado se tomaran el trabajo de venir al negocio solo a saludarme, en señal de que me recordaban.

“Estoy muy satisfecho con el trabajo que hacemos. Espero que nuestra clientela nos siga apoyando, necesitamos de ellos. Estoy muy contento por los clientes y amigos y espero que más allá de las dificultades podamos seguir así”, concluye mientras se dispone a poner las manos en la masa, que es lo que ha aprendido y lo que sabe.