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Perfiles pergaminenses

Pablo Acosta: una vida dedicada al comercio y a la dirigencia comprometida con la comunidad

 Pablo Acosta, un hombre que eligió a Pergamino para vivir. (LA OPINION) Pablo Acosta, un hombre que eligió a Pergamino para vivir. (LA OPINION)

Hoy cumple 72 años y celebra las oportunidades que tuvo de estar en la instancia fundante de muchos proyectos de fuerte impacto para Pergamino, una ciudad que eligió para vivir con su familia. Retirado de la actividad laboral y de la participación en instituciones hace un recorrido por su historia rica en anécdotas.


Pablo Luján Acosta nació en Río Cuarto, provincia de Córdoba el 30 de junio de 1947. Hoy cumple 72 años y es “pergaminense por adopción”. Este perfil que rescata parte de su historia de vida lo encontrará celebrando con los suyos, en la intimidad de su familia y rodeado por sus afectos más entrañables.

Este vecino que es conocido por su labor dirigencial en representación de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios, entidad de la que participó durante muchos años, se estableció en Pergamino en 1972, luego de haberse casado con Amalia Denner, su esposa desde hace 47 años.  El lleva el apellido de su madre, Elga Acosta, y de la vida en su provincia natal guarda buenos recuerdos. “Fui al Colegio San Buenaventura de los franciscanos y el secundario lo hice en la Escuela de Suboficiales de Aeronáutica”, cuenta en el inicio de la entrevista, sentado en el sillón del living de su casa. Tenía vocación militar, pero no tuvo posibilidades de seguir la carrera, así que empezó a trabajar siendo muy joven. Tuvo la suerte de hacerlo en grandes empresas que le permitieron conocer el país. “Trabajé en la empresa constructora Benito Roggio y también en Poxipol”. Gracias a su trabajo fue que conoció Pergamino: “Dije que si algún día tenía que mudarme a algún lugar, quería que fuera Pergamino por el potencial de desarrollo y la calidad de su gente. Ya cuando yo viajaba por la empresa en la que trabajaba esta ciudad sobresalía por sus industrias”, refiere y comenta que su tarea consistía en realizar estudios de mercado en ciudades grandes para abrir sucursales de Poxipol.

Su familia

Conoció a su esposa en Córdoba. Ella estaba en una despedida de soltera de una cuñada. Coincidieron en un grupo de conocidos y a poco de conocerse comenzaron a salir. Un año más tarde se casaron y se radicaron en Pergamino, en una casa de calle Vergara Campos. Así nació su familia. Tienen cinco hijos y con ellos llegaron los nueve nietos. “María Amalia está divorciada y es mamá de Franco; Juan Pablo está casado con Mariel López Fondevila y tienen tres hijos: Malena, Juan Cruz y Candelaria; Germán está casado con Dorina Bontempo y son papás de Juan Ignacio y María Emilia; María Belén está casada con Marcos Russo y tienen a Baltasar y Jerónimo; y María Eugenia está casada con Eugenio Berasain y son papás de Ana Clara. Cuando nos reunimos somos como veinte, todos muy unidos”.

Desde 2007 viven en una quinta de calle Monseñor Scalabrini, en un lugar con un amplio parque y espacio para la familia. En esa tranquilidad transcurren sus días. Aunque le gusta la paz de ese lugar, extraña la vorágine de una vida laboral y dirigente que ha sido intensa.

El comercio independiente

Comenta que cuando se estableció en Pergamino aún trabajaba en Poxipol, lo que le implicaba viajar continuamente porque tenía muchas provincias a su cargo. Luego de un tiempo decidió independizarse porque había aprendido que en la vida “si no sos independiente para hacer las cosas es más complicado”. Así fue que incursionó en la construcción, un rubro que le gustaba mucho. “Conseguí la distribución de una empresa americana relacionada con el asfalto. Traje la representación y me instalé en la calle Doctor Alem, enfrente de la casa de ‘Cacho’ Bustos. El fuerte era la impermeabilización”, relata.

De este modo se inició como un comerciante independiente, siempre dispuesto a incursionar en la innovación para progresar. “Más tarde agregué un negocio de alfombras y papeles pintados y mantuve ambas actividades en paralelo. Después se me dio por analizar un producto que estaba llegando a la Argentina que era el poliuretano, una aislación térmica, me puse en contacto con los españoles que tenían mucha experiencia e hice bastante con eso”.

Un problema de salud severo le exigió desacelerar el ritmo de su actividad laboral. “El médico me dijo buscate otra actividad porque tu salud cambió radicalmente. Fue un trance duro, pero siempre tuve la suerte de tener empleados que cubrieron muy bien mis espaldas”.

La labor dirigencial

Cuando su salud le jugó una mala pasada ya era dirigente en la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de la ciudad, donde había sido convocado por Julio Valenti. “Trabajé mucho en la Cámara, di los pasos con Roberto Jure de quien aprendí mucho. Fui vocal, después secretario y a su vez me tocó representar a la institución en la comunidad”.

Este lugar de representación le permitió tener una intensa actividad y desplegar una tarea de muchísimos aportes a la sociedad a través de la vinculación con muchas instituciones. “En representación de la Cámara participé de la Fenorba, del Centro Regional Universitario y de la Fundación del Instituto Maiztegui”.

Con el tiempo fue consolidando su perfil dirigente. Invirtió tiempo y energías gracias al acompañamiento incondicional de su familia que siempre le brindó su apoyo. Su esposa durante toda la vida fue maestra jardinera. “A pesar de que ella trabajaba fuera de casa, siempre recibí mucha ayuda de su parte. Fue mi compañera para pensar y tomar buenas decisiones. Hace 47 años que estamos juntos”, menciona.

Centro Universitario y la Unnoba

Rescata la tarea realizada en el Centro Universitario durante la gestión del entonces intendente Héctor Gutiérrez que presidía ese espacio. “Yo era el secretario del Centro. Empecé a trabajar en lo que significó la llegada de la Universidad a Pergamino. Hubo que ir a pelearla. Los primeros pasos de esa gestión los dimos nosotros”.

Desde su labor en el Centro Universitario, una vez creada la Unnoba, una de las principales tareas fue proyectar y hacer la obra de construcción de la sede, y también armar el espacio del Pabellón Maíz en el Inta para el dictado de clases, lo que con satisfacción se consiguió.

Pablo Acosta fue designado por el rector organizador Luis Lima como intendente de la Unnoba. “Estuve diez años en ese cargo dentro de la estructura universitaria hasta que me jubilé”.

Su trabajo en la Universidad es una experiencia que rescata. “Conocí a mucha gente, tener la universidad en perfecto estado siempre para presentarla ante las autoridades y la gente que venía. Fueron años de bastante crecimiento. La gente cuando llegaba decía que parecía una universidad privada por lo cuidada que estaba.

“Tuve quince personas a mi cargo, siempre me respondieron muy bien. Tuve buena relación fundamentalmente con el ingeniero Luis Lima, aunque eran épocas difíciles de mucha lucha para fortalecer la presencia de la Universidad en la ciudad.

“Tuve la posibilidad de trabajar en la Universidad con gente muy buena como ‘Cacu’ Louise, Diana Martin, muchas personas de Pergamino que habían luchado por la Universidad”.

El Rotary

También fue presidente de Rotary Pergamino Cruce. “Tenía a mi cargo una parte importante, el intercambio internacional de jóvenes. Logré varias familias que mandaran sus hijos a Europa y Estados Unidos, hablaba con ellas y las preparaba. Fue un trabajo de muchas relaciones, y de mucha responsabilidad.

“Recibimos a chicos de intercambio en nuestra familia. Fue una experiencia extraordinaria. Tuvimos una hija en Alemania en intercambio y acá una japonesa y una americana. La experiencia fue divina. Todas las familias tendrían que pasar por esta experiencia”.

Una vivencia extraordinaria

El relato es rico en anécdotas. Una de ellas está vinculada a María Crescencia; “Siendo presidente de la comisión de padres de familia del Colegio Nuestra Señora del Huerto fui convocado por la madre superiora para reacondicionar el ataúd cuando los restos de Crescencia estaban aún en el Cementerio. Fue una tarea muy delicada y respetuosa. Nunca me voy a olvidar el aroma a violetas que sentí en esa ocasión. Tiempo después tuve el honor de estar entre las personas que llevaron el ataúd hasta la tumba construida en la Capilla del Huerto. Fue algo inolvidable”.

La jubilación

Cuando llegó el tiempo de la jubilación, reconoció que le resultó difícil dejar la actividad laboral. “No digo que tengo una vida aburrida, pero me cuesta mucho la inactividad, la salud tampoco me acompaña mucho para andar, pero hago lo que puedo y la vida en la quinta me entretiene”, señala y confiesa que le agrada que las puertas de su hogar siempre estén abiertas para sus hijos y nietos. “Reconozco que fui un poco duro para recibir a los nietos porque sentía que era muy pronto para ser abuelo, pero se ganaron mi corazón por completo”, confiesa con un tono de emoción en la voz.

Hoy formalmente no tiene participación en ninguna institución. “Hace muy poco tiempo me vino a buscar ‘Cacho’ Nader para ayudarlo en el Centro de Jubilados del barrio Acevedo, pero el grupo no se sostuvo así que dejé de ir”.

Asignaturas pendientes

Tanto en su vida laboral como dirigencial, Pablo tuvo un de-sempeño intenso. Sin embargo, como sucede habitualmente en su proyecto personal quedaron algunas asignaturas pendientes además de la aeronáutica que fue aquella vocación que quedó trunca. “Me hubiera gustado dedicarme a la música, toqué el piano mucho tiempo, pero ya me he olvidado un poco. También entre mis asignaturas pendientes está el no haber estudiado Inglés, un idioma que te abre las puertas de muchos lugares”.

Entre sus placeres está viajar y lo hace cada vez que puede. “Pero me gusta hacerlo manejando yo, conozco mucho el país y disfruto del trayecto en cada viaje”.

El balance

Cuando la charla lo lleva por el camino de la celebración de su cumpleaños, sus apreciaciones guardan el tono mesurado del balance. Reflexiona tranquilamente la respuesta a cada pregunta. Afirma que la vida se le pasó volando. “Cuando quise acordar estoy cumpliendo 72 años”, dice y se prepara para recibir el agasajo de los suyos porque sabe que “hay que dejarse querer”.

Asegura que tuvo la vida que soñó. Siempre supo que tenía que ser independiente por el valor que le da a la libertad. La disciplina y el esfuerzo lo han acompañado en cada uno de sus actos, también el amor incondicional a su familia su principal sostén. Sigue pensando que Pergamino es el mejor lugar del mundo para armar una familia y está satisfecho de haber podido conformar la suya. No anhela nada más.

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