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Perfiles pergaminenses

“Piri” Sanz, la sensibilidad de una mujer comprometida con la docencia y el arte

“Piri” Sanz, en la intimidad de su hogar, recreó parte de su rica historia de vida. (LA OPINION) “Piri” Sanz, en la intimidad de su hogar, recreó parte de su rica historia de vida. (LA OPINION)

Fue maestra jardinera y cuenta con una nutrida trayectoria en la actividad teatral y la expresión corporal. Sus talleres en la Escuela de Bellas Artes son el espacio donde hoy despliega su saber. Siempre está abierta al aprendizaje. Su familia es su principal obra y se nutre de las pequeñas grandes cosas para vivir en plenitud.


Bertilda Sanz es una mujer de 69 años que se reconoce en el sobrenombre que lleva desde siempre: “Piri”, como la llamaron desde que abrió por primera vez sus ojos. Lo cuenta con ternura y asegura que hay personas muy allegadas que aún le dicen “Pirita”. Fue maestra jardinera y profesora de Teatro y de Expresión Corporal, disciplinas que abrazó siendo muy joven y que nutrieron su vida de arte y expresividad. Nació en Pergamino y creció en la misma casa en la que vive actualmente, aunque el lugar se fue modificando con el transcurso de los años y con la vida. “Era una casa antigua que fuimos rearmando”, dice en el comienzo. Fue hija de Juana Bertilde Farías y Ataliva Juan Sanz. “Mi papá era plomero y hacía instalaciones de gas y agua; y mi mamá era ama de casa pero en algún momento se dedicó a coser”, menciona. Su único hermano, siete años mayor que ella, se llama Alberto y vive en España.

Guarda los más bonitos recuerdos de su infancia: “Fue una niñez hermosa, teníamos una libertad de juego increíble, con los chicos del barrio jugábamos en la vereda y las calles eran de tierra. Había otra vecindad y era otro tiempo”.

Desde el jardín de infantes fue a la Escuela Normal. Luego, ya en la adolescencia hizo dos años en el Colegio Nacional y egresó del Colegio Nuestra Señora del Huerto, en la última promoción de maestras normales nacionales que este año cumplen sus Bodas de Oro.

“Piri” está casada hace casi 47 años con Alejandro Agustín Couretot, ingeniero agrónomo al que conoció siendo muy joven en el Club Sports. “Yo iba a nadar y en los veranos él, que ya estaba estudiando en la Facultad, venía y coincidíamos allí. Por entonces solo nos mirábamos y como a él también le gustaba el arte, algunas veces fue a verme a la Escuela de Teatro. Un día coincidimos en una confitería y allí comenzó nuestra relación. Nos casamos tres años después, en enero de 1973”, cuenta en la intimidad del comedor de su casa, frente a un ventanal que da al parque.

Tiene dos hijos: Lucrecia (45) y Javier (40), ambos ingenieros agrónomos. “Mi hija vive en Pergamino, está casada con Alejandro Pagano que es veterinario; y Javier vive en Rosario, casado con Yamila Frison, que es licenciada en Ciencias de la Comunicación”, comenta. Es abuela de dos nietos, Sofía y Felipe, ambos de siete años: “Son los dos un encanto, chicos amorosos y espontáneos. Es maravilloso escucharlos hablar y ahora que están perdiendo sus primeros dientes, compartir con ellos la magia del ratón Pérez”.

Sabe transitar por el camino de la infancia y lo disfruta, eso hace de su vínculo con ellos una vivencia entrañable de la que disfruta plenamente.

La docencia y el teatro

Reconoce que fue su mamá quien la incentivó a que fuera maestra y a la vuelta del camino, asegura que esa fue “una decisión acertada” porque la docencia fue una actividad que le gustó y que conformó gran parte de su camino profesional. “Yo a los 15 años no sabía bien qué quería hacer y mi madre me aconsejó que siguiera el magisterio. Fui al Colegio del Huerto como quien va a terminar el secundario y descubrí una vocación en la docencia”.

A la par del colegio secundario, a los 16 años comenzó a asistir a la Escuela de Teatro, institución de la que egresó con el título de “Preparación del actor”. Desde siempre sintió pasión por el arte. De niña y de manera muy autodidacta, en su casa se la pasaba bailando. La técnica llegó tiempo después fruto de una constante formación.

Respecto de su amor por la actuación, intuye que nació de ir cada semana al cine con su madre a ver películas que aún recuerda. “A ella le encantaba el cine e íbamos todas las semanas, me llevaba con una botellita con agua por si me daba sed y al salir hablábamos de las actrices y de la trama de las historias que contaban las películas. Algo de mi amor por el arte escénico debe venir de ahí”, agrega.

Acompañó esa pasión con conocimiento: “Cuando terminé en la Escuela de Teatro me presenté a un concurso de antecedentes y oposición para entrar en el Seminario Teatral en La Plata y luego de varias instancias de examen muy rigurosas, tuve la suerte de entrar; de 72 entramos 12, ocho mujeres y cuatro varones. Fue una experiencia hermosa, porque las asignaturas de movimiento las cursaban en el Teatro Argentino con importantes profesores.

“Recuerdo que en una oportunidad, para un aniversario de Pergamino vinimos a hacer ‘El enfermo imaginario’ en el Cine Monumental; fue hermosísimo, el teatro estaba lleno. Yo hacía el personaje de Luisita, la hija menor, y sobre el final de la obra, hacía el arlequín”, relata.

Estando en el Seminario también realizó giras por varias provincias argentinas, ya que el elenco actuaba en fiestas populares. “Fue hermosísimo y de mucho contacto con la cultura y la gente de cada lugar. “Haber estado en el Seminario Teatral de La Plata me permitió ingresar a la Comedia de la Provincia teniendo apenas 19 años. Integré en ese elenco en dos obras que estuve como actriz bailarina y hacíamos obras clásicas muy lindas”.

También integró la Comedia Municipal cuando se inició en Pergamino en 1986. Aquí integró varios grupos de teatro, entre ellos el Grupo de Teatro Pergamino y Las Magnolias del Arrabal. Fue jurado de Teatro en múltiples certámenes, en los Torneos Juveniles Bonaerenses y en el Programa de Becas Artísticas del Concejo Deliberante. Siempre desempeñó múltiples roles sin esperar el reconocimiento que igualmente llegó, fruto de su dedicación y talento.

Conjugar vocaciones

Al regresar a Pergamino luego de aquella experiencia formativa, buscó el modo de poder emplear los conocimientos adquiridos y fue así que decidió estudiar para ser maestra jardinera, por cuanto no había demasiados espacios donde desplegar lo aprendido. “El jardín de infantes es todo juego y el teatro me había dado muchas herramientas, así que me decidí a estudiar para ser maestra jardinera”. Con imaginación y un profundo compromiso, logró hacer conjugar dos de sus vocaciones: la docencia y el teatro.

Ejerció en el Jardín de Infantes de la Escuela Normal, en el turno tarde. “Fue muy conmovedor ser maestra en la misma institución escolar que un día me había recibido como alumna. Fue como volver otra vez a mis juegos”, expresa con una luz especial en la mirada detrás de la cual seguramente se esconde su parte niña.

Trabajó durante 36 años y en su trayectoria docente hizo también algunas suplencias como maestra de grado. Asegura que su trabajo le dio infinitas satisfacciones y relata algunas experiencias como el día que tuvo la posibilidad de presentar una ponencia realizada con el fruto de un proyecto áulico de resultados exitosos en las Primeras Jornadas de Educación Artística.

En su larga carrera también trabajó en la Escuela de Teatro de Junín, como profesora de Movimiento y fue la iniciadora del Profesorado de Expresión Corporal de esa ciudad. “Además fui parte de una experiencia de formación docente en el Colegio Normal que se llamaba Juego y Creatividad”.

Bellas Artes

Desde hace muchos años es docente de la Escuela Municipal de Bellas Artes. “Empecé como docente de teatro con niños; después como profesora de Expresión Corporal con niños en los talleres integrados hasta adolescentes; y con el tiempo fui dejando que el lugar para el trabajo con niños lo fueran ocupando profesionales más jóvenes y me quedé con los talleres de adultos.

“Antes tenía muchas más horas, ahora trabajo una tarde y lo disfruto mucho”, afirma esta mujer que está jubilada de la docencia, pero que conserva esa motivación de transmitir lo que sabe con humildad y experiencia.

Inquieta por el conocimiento

Se define a sí misma como una mujer siempre predispuesta a aprender. Su formación en el campo de la expresión corporal continúa hasta el presente, cuando cada vez que puede viaja a Rosario para tomar clases con grandes maestros. “Quizás por esa predisposición a la danza que tuve desde chica, es que hice el profesorado de Expresión Corporal que es en definitiva una danza que supone trabajar desde los propios movimientos, distintas sensaciones”.

Le gusta enseñar y también actuar. Pero no se define como una “actriz”. Hay cierta modestia en su apreciación cuando lo señala: “Yo siempre decía que hacía teatro, nunca dije soy actriz. Siempre me preocupé por estudiar, porque creo que las cosas hay que construirlas, como construís un personaje, a través de la búsqueda, del descubrimiento, siempre lo que importa es el hacer”.

Y “Piri” hace. Sus rutinas son variadas y siempre está conectada con cada proyecto que emprende. “Voy a Rosario a tomar clases de danzas, tengo mi rutina de gimnasia y voy a la pileta de Davreux y viajamos con mi esposo todo lo que podemos”.

Afirma con orgullo que su familia es su principal construcción y ese espacio donde fluye el afecto genuino. Lo mismo sucede con los amigos, para los que siempre tiene tiempo para compartir el momento de una buena charla.

Vivir el presente

En otro momento de la charla señala que siempre se adaptó a las medidas de sus posibilidades y eso le permite en cada circunstancia vivir el hoy plenamente. Sabe disfrutar de los pequeños grandes momentos de la vida y los atesora, valorando profundamente todo aquello que ha podido lograr. Cuenta algunas anécdotas cuando lo refiere: “Un día me tocó ser abanderada en el Profesorado Superior de Danzas de Rosario, donde hice mi carrera de Expresión Corporal. Ahí tomé dimensión de lo que había conseguido con mi esfuerzo. En otra oportunidad participé en Rosario del Festival de Nuevas Artes Escénicas Contemporáneas ‘El Cruce’ y tomé cursos con coreógrafos de Francia que nos hicieron armar una secuencia de movimiento que filmaban y con ese material armaron un video que se proyectó en la apertura de ese encuentro que es muy prestigioso. Verme ahí fue muy emocionante. Me sentí plena”.

La plenitud es quizás lo que se percibe como atributo cuando uno conversa con “Piri”. Quizás porque es una mujer que sabe vivir el momento. Y esto que parece tan sencillo, en realidad resulta sumamente complejo y solo lo consiguen aquellos que han emprendido la tarea de lograrlo y que han puesto en ello toda su sensibilidad y sabiduría. Algo que “Piri” con humildad y sencillez, ha logrado.

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