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Perfiles pergaminenses

Raúl “Boni” Ferreyra, la vida dedicada a sus hijos y al Club Gimnasia y Esgrima

“Boni” Ferreyra se siente una persona realizada, aunque reconoce que le hubiese gustado ser actor. (LA OPINION) “Boni” Ferreyra se siente una persona realizada, aunque reconoce que le hubiese gustado ser actor. (LA OPINION)

Se lo reconoce por ser “un buen tipo”. A los 65 años y recién jubilado, repasa una vida que fue difícil en los comienzos por la muerte de su madre. Pero tuvo en su padre a una figura gigantesca que pudo suplir la ausencia materna. Sus hijos y su nieta son la razón de su vida, asegura y reconoce al club de sus amores como su segundo hogar.


Raúl Bernardo Ferreyra es simplemente “Boni”. Es el segundo de cuatro hijos de Carlos Alberto Ferrey-ra, el renombrado “Cholo”, ya fallecido, un reconocido abogado e histórico dirigente radical. Su madre, Berta Zulema Martín, falleció cuando “Boni” tenía nueve años.

Nuestro perfil de hoy se reconoce como una persona simple, honesta y testaruda a la vez. Se ve parado entre su progenitor y sus hijos, tomando el ejemplo y los valores de quien fue su padre y madre al mismo tiempo y transmitiéndolos a sus descendientes. Y en ese objetivo se siente realizado, porque además de tener la íntima convicción sobre quien fue su padre y quiénes son sus hijos, asegura que hoy hay gente que le habla bien de todos ellos, algo que lo llena de orgullo.

“Mamá falleció cuando yo tenía nueve años, así que papá se hizo cargo de toda la crianza. El era abogado, político y dirigente de raza, además de una gran persona que aún hoy me sigue dando satisfacciones cuando muchos que lo conocieron me hablan de él. Nos crió a mí y a mis hermanos Jorge (“Keiful”), Teresa (ambos fallecidos) y Carlos”, cuenta “Boni” en el comienzo de la charla.

Así como le brillan los ojos cuando habla de su padre, se le entrecorta la voz cuando hace referencia a sus hijos. “Son lo mejor que me pasó en la vida”, asegura. Ellos son María Bernarda, Juan Cruz y Lucrecia. Pero el quiebre es más profundo aún cuando refiere a Martina, su -por ahora- única nieta de quien dice que “es el sol de mi vida”.

 

La infancia

“Nosotros nos criamos en Italia al 500, al lado de donde ahora está el Fortín. Toda nuestra infancia transcurrió ahí y en el Club Gimnasia y Esgrima, donde el profesor Atilio Saint Julien se convirtió en otro padre para mí, porque es una persona que me enseñó a mejorar muchas cosas en la vida. La mayor parte de mis días de la niñez y adolescencia la pasé en el Club, que era mi segundo hogar y lo sigue siendo. Mi papá fue dirigente y creo que desde los dos años soy socio”, rememora “Boni”.

En esa etapa tuvo la desgracia de perder a su mamá. “Mi madre falleció cuando yo tenía nueve años, Carlos once, Jorge siete y Teresa apenas tres. Eramos muy chicos todos. Fue un golpe tremendo y creo que hasta el día de hoy me doy cuenta que me falta algo, porque perdí esa referencia materna. Pero ahí apareció el ‘Cholo’ en toda su dimensión para ser padre y madre al mismo tiempo; nunca volvió a formar pareja y nos crió de la mejor manera que pudo. Le iba muy bien en su profesión y podía sostenernos bien a todos, al punto de ofrecernos a todos seguir una carrera universitaria; yo me quedé en el camino por circunstancias de la vida, pero esa misma enseñanza traté de inculcársela a mis hijos, para que no hicieran lo que hice yo, que fue abandonar la carrera cuando podría haberla seguido”.

 

La escuela

A la hora de hablar de la educación escolar que recibió, hace un repaso por la primaria en el Normal y la secundaria en el Colegio Nacional.

“Mi escuela primaria fue el Colegio Normal, que estaba en calle Florida. No tengo mucha memoria, pero recuerdo a las maestras Pastura, Cichillitti y Mujica. Después pasé al secundario, en el Colegio Nacional, donde tengo dos promociones, ya que al repetir cuarto año, soy de la promoción 70 porque ahí estaban mis compañeros y 71 porque definitivamente me recibí ese año. No me gustaría hacer nombres porque me voy a olvidar de algunos y sería muy injusto. Sí voy a nombrar a uno que ya no está: el ‘Negro’ Trotta, que fue un amigo de ‘fierro’ que falleció, con quien hicimos juntos primaria y secundaria; fue un hermano de la vida.

“La época del secundario, cuando éramos adolescentes, sin ninguna duda que fue la mejor etapa de la vida; éramos plenamente felices, con todo el mundo por descubrir, sin demasiados compromisos; sé que es imposible volver el tiempo atrás, pero daría todo por sentir aquellas sensaciones únicas.

“Además de ir a la escuela, en ese tiempo empecé a incursionar en los grupos de teatro. Nos dirigía “Mambo” Ferrari Musso y ‘Carlitos’ Otegui. Mi casa era lugar de encuentro para muchos ensayos y reuniones del grupo TEA. Una vez recuerdo que el ‘Mono’ Colabella, que había aprendido a hipnotizar, logró hacerlo con ‘Beto’ Bengoechea y lo levantó como si fuese una pluma. Nos quedamos azorados. Otra anécdota, sobre la que no voy a dar nombres para no involucrar a nadie, tiene que ver con una ‘travesura’ que hicimos en la casa de una profesora para cambiar una nota. Resulta que yo tenía que lograr un diez para aprobar la materia Química. Fuimos a estudiar en grupo a la casa de un compañero, y sabíamos los temas que nos iban a tomar y que iba a ser por fila, es decir una fila tema A, la otra tema B y la otra tema C. Cuando llegó el día del examen, yo despistado como siempre, me senté en la fila equivocada, lo cual para lograr el diez era una misión imposible. Así que resolvimos en grupo ir a la casa de la profesora a ‘visitarla’ y mientras unos la entretuvieron, otros le cambiamos las pruebas. Y me saqué un diez”.

 

La familia

Tras esa etapa maravillosa, llegó la hora de armar una familia. “Terminé el secundario en 1971, hice algunos trabajitos menores en los dos años siguientes, y en 1974 me tocó hacer el Servicio Militar. Luego empecé la carrera de Abogacía en Buenos Aires, hice un año con buenas notas, encima con la facilidad de no tener que trabajar porque mi viejo estaba bien económicamente y me podía bancar. Pero al año siguiente, nos casamos con Silvia Aieta (de quien estoy separado pero mantenemos una relación espectacular), emprendí otros desafíos y se terminó el estudio, algo de lo que me arrepiento porque tenía todas las condiciones para continuar con la carrera.

“Ahí empezó la vida familiar y tuve que salir a trabajar en serio. Fui preceptor en la escuela de Mariano H. Alfonzo, vendí libros de Abogacía para Editorial La Ley, trabajé en lo que ahora es la Anses, tuve una rotisería que se llamó ‘El chancho rengo’ en calle Sarmiento; después fui comisionista, me recibí de martillero y gestor, hasta que ingresé en la Municipalidad donde me jubile en abril de este año después de prestar servicios como inspector de habilitaciones.

“Del matrimonio con Silvia nacieron los tres chicos, a quienes les inculcamos los valores como la honestidad y el respeto y creo que lo logramos, porque son personas maravillosas que nos hacen sentir orgullosos. Esa es una gran satisfacción, porque mucha gente, así como aún me habla bien de mi padre, me dice cosas hermosas sobre mis hijos, y eso no tiene precio.

“María Bernarda y Juan Cruz son abogados y Lucrecia, a quien le falta casi nada para recibirse de médica, trabaja en la Municipalidad. Me hubiese encantado verla recibida, pero ella decidió no continuar su carrera y hay que ser respetuoso con ese tipo de determinaciones”.

 

El Club Gimnasia

Otro de sus grandes amores es el Club Gimnasia y Esgrima, donde pasó gran parte de su vida.

“El Club Gimnasia y Esgrima -asegura “Boni” Ferreyra- va a ser siempre mi segunda casa. Desde muy chico empecé a ir y nunca deje de hacerlo. Jugué al basquetbol en todas las categorías, inclusive primera, y fui campeón en todas. Fui planillero en la Liga Nacional, algo que me llenó de orgullo porque era lo máximo para el basquetbol de Pergamino estar en la Liga. Recuerdo que me tocó debutar en Mar del Plata contra Peñarol y ganamos en tiempo suplementario. Cuando el referí vino a controlar la planilla yo tenía un miedo terrible de haberme equivocado en algún punto y que se armara lío. Pero no, todo estaba perfecto y fue un gran alivio. Además fui durante 12 años delegado de Gimnasia en la Asociación Pergaminense de Basquetbol, y este año volveré a ocupar ese rol que me encanta”.

“Boni” no mira los partidos en los que juega un equipo por el que simpatiza. La explicación que da sobre esa decisión lo define como persona: “Así como me ven los que me conocen, muy tranquilo e incapaz de insultar, dejo de serlo en una cancha, reacciono mal, sufro mucho y pierdo el control. Así que tomé la decisión de no estar, aunque muchas veces voy hasta el estadio, camino por los alrededores mientras voy preguntando cómo va el juego, hasta que termine el partido. No quiero hacer papelones”.

Sobre una deuda pendiente en la vida asegura que hubiese querido ser actor. “Es mi sueño no cumplido. En TEA siempre actuaba, cada vez que hay una fiesta me gusta actuar, pero el sueño quedó trunco”, se lamenta.

 

Una persona realizada

Sobre el final de la charla “Boni” reflexiona y dice que cree tener “bastante realizada la vida”, porque  “veo a mis hijos afianzados en sus actividades, tengo una nieta, logré la jubilación, tengo muchos amigos, en fin me considero una persona feliz que se prepara para disfrutar lo mucho o lo poco que queda, porque solo Dios lo sabe”.

“Sin embargo -aclara- estoy tratando de encontrar algún trabajito para llenar un poco más las horas y que de paso sirva para arrimarle un pesito más a la jubilación, porque la vida, económicamente hablando, está difícil.

“Soy una persona optimista, siempre veo el vaso medio lleno y pregono que se viva el hoy y ahora; también me considero un tipo honesto, que dice la verdad aunque duela y eso lo pienso como una virtud; en cambio, como defecto, mis hijos me dicen que soy testarudo y me cuesta dar el brazo a torcer. Reconozco que muchas veces he pecado de tonto, como cuando decidí abandonar el estudio. Pero gracias a Dios puedo caminar por todas las calles de Pergamino sin necesidad de cambiarme de vereda”, concluye.