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Perfiles pergaminenses

Roberto Pelliccioni, un referente en el rubro inmobiliario y en el terreno de la música

Pelliccioni, en un alto de su trabajo en la inmobiliaria, recibió a LA OPINION. (LA OPINION) Pelliccioni, en un alto de su trabajo en la inmobiliaria, recibió a LA OPINION. (LA OPINION)

Nació en El Socorro. Se dedicó al comercio y a la docencia. Fue un pionero en muchos de sus emprendimientos. En Pergamino, consolidó su labor en el mercado inmobiliario, actividad que mantiene en la actualidad. Su pasión es la música. Integra la Orquesta Estable del Conservatorio Provincial de Música, la Banda Municipal y la Pergamino Jazz Band.


Albino Roberto Pelliccioni nació en El Socorro en 1937, donde pasó parte de su vida hasta que se estableció en Pergamino por razones comerciales. Es hijo de italianos. Su padre fue César y su mamá se llamaba Anunciada. Ambos fueron “gente de trabajo”. Tenían un almacén de ramos generales. Tuvo tres hermanos: Juan, Nicolás y María Rita ya fallecidos. Hoy Roberto está dedicado al rubro inmobiliario, actividad que desarrolla desde hace muchos años en Pergamino. La entrevista en la que traza su “perfil pergaminense” se desarrolla en la inmobiliaria que funciona en Dorrego 560. Allí se siente a gusto y pasa parte de sus horas. Habla de su infancia en el comienzo de la charla: “Hice la primaria en la Escuela Nº 24 de El Socorro y una vez que terminé, mi educación secundaria fue en Pergamino, viajaba en el tren colegial que venía de Santa Teresa”.

Recuerda aquellas rutinas cotidianas con cierta nostalgia y menciona los arribos a la ciudad muy temprano a la mañana y las caminatas desde la parada hasta las instalaciones del Colegio Nacional “Almirante Brown”. “Era una institución de prestigio, teníamos como rector a Eugenio Valentini, un excelente referente. A su vez tuvimos profesores como Pacífico, Tesón, Santinelli, y tantos otros que fueron pilares para nuestro estudio”.

De su pueblo rescata los “divertimentos sencillos” de su tiempo. “Nos juntábamos para las carreras de bicicleta y las tardes de fútbol en el potrero”.

Trabajó en el almacén de su padre cuando discontinuó sus estudios secundarios durante algún tiempo. Luego los retomó y egresó como bachiller siendo “uno de los mejores alumnos”. Eso le permitió abrirse camino en una de las tareas que desarrolló durante su vida: preceptor del Colegio Nacional.

“Era suplente así que tuve a mi cargo varios grupos. Nos iban designando lugares para el reemplazo. Tuve la suerte de tener a mi cargo estudiantes como Pedro Bomarito, Carlos Titaferrante, Enrique Venini, gente que en sus actividades se han destacado”.

 

Un espíritu emprendedor

Junto a su hermano Juan tuvo la posibilidad de desarrollar su perfil emprendedor. Comenzó a trabajar en la realización de instalaciones de gas y agua en la campaña. “Así se inició una actividad que me abrió puertas en un mercado comercial. En 1959 y con el apoyo de mi tío Ernesto y de mis hermanos Juan y Nicolás instalamos en El Socorro una casa de artículos para el hogar, una actividad pionera para esa época. Vendíamos heladeras a kerosene para el campo, televisores, fueron años de trabajo intenso y de progreso. También tuvimos la posibilidad de construir el inmueble donde hoy funciona la sucursal del Banco Provincia en El Socorro. Tuve una vida en la que me tocó trabajar arduamente, pero también es cierto que fueron épocas de bonanza comercial”, señala y cuenta que “en aquel momento montar una casa de artículos del hogar significó un ‘boom’ porque hicimos que el campo se colonizara a partir de poder tener todas las comodidades que la gente tenía en el pueblo.

“La aparición del gas licuado en garrafa significó toda una innovación y una revolución para la venta de cocinas. La gente de campo se encontró en muy poco tiempo con el confort que era impensado”, agrega y refiere que “fue una época en la que el trabajo venía solo, aunque había que competir con empresas que en Pergamino estaban muy establecidas.

“Nosotros logramos posicionarnos muy bien comercialmente. Y lo que recuerdo parece de ‘Argentina, año verde’ porque mucho de lo que vendíamos la gente lo pagaba con el fruto de la granja y los productos que surgían del campo”.

 

El Instituto Comercial El Socorro

Tiempo más tarde, y paralelamente a la actividad comercial, se dedicó a la docencia. Fue parte del grupo fundador del Instituto Comercial El Socorro, junto a Nicolás Clérisi y Ricardo Pimpinatti, entre los que menciona. “Logramos la formación del Colegio y allí ejercí como profesor de la asignatura Educación Democrática”, señala recordando que para poder realizar esa tarea le valieron los conocimientos que obtuvo en su incursión en la Universidad Nacional de La Plata donde se inscribió al finalizar el secundario.

“Era una tarea que realizamos durante mucho tiempo ad honorem y recién cuando el Instituto fue reconocido tuvimos nuestro sueldo”, agrega. Rescata la materialización del sueño de formar el Colegio como uno de los acontecimientos más trascendentes de su vida por cuanto esta obra permitió “a muchos chicos de la campaña no solo tener acceso a la educación secundaria sino vencer cuestiones que tenían que ver con la introversión que da el haber sido criado en el campo. “La timidez nos era propia y acceder a la educación era algo muy valioso, porque a los chicos se les abrió un universo maravilloso”, resalta. Ejerció la docencia hasta la década del 90 con “mucho placer”.

 

La llegada a Pergamino

En 1973 se mudó a Pergamino. Su hermano Nicolás que estaba instalado aquí, tenía muy buenas relaciones comerciales con Ricardo Tolesano y Oscar Carroza, que trabajaban en el rubro de inmobiliaria de campos y venta de propiedades. “Me propuso que viniera a Pergamino, no vacilé en hacerlo. Los primeros años viajaba y después nos radicamos. Acepté el desafío de incursionar en un rubro que era muy complejo y en el que había referentes que eran muy buenas personas como Juan Gallo.

“Compartimos un lugar en una terna de ventas con Ramón Monclús y Aloé y Rodríguez y nos transformamos en puntales de una actividad muy competitiva”.

Hace referencia a los comienzos en la inmobiliaria que funcionaba en Dorrego 416 y entrelaza las anécdotas con las del presente. “Trabajé ininterrumpidamente en el rubro y la inmobiliaria se transformó en mi principal actividad comercial”.

 

La vida familiar

Roberto organizó su vida familiar de manera armoniosa. Cuando llegaron a Pergamino ese núcleo ya estaba consolidado.  Su esposa fue Blanca Allien, falleció hace tres años. Se habían conocido en un baile de campo. “Ellos vivían en el campo y coincidimos en uno de los tradicionales bailes de campo, un 16 de julio en que se realizan las fiestas patronales de El Socorro”. Luego de un tiempo de novios contrajeron matrimonio y fruto de esa unión nacieron sus dos hijas: María Patricia (56), es arquitecta, está casada con Jorge Young y está radicada en Buenos Aires y María Marcela (52), que es martillera y siguió sus pasos en la inmobiliaria.  Es abuelo de cuatro nietos: Gonzalo (32), María Bernarda (28), Delfina (25) y Martín (21).

Habla de su compañera de vida destacando: “Mi esposa fue prácticamente la columna vertebral de lo que fue nuestro primer negocio en El Socorro, una gran luchadora y sostuvo siempre a nuestra familia de una manera muy loable”. Una fotografía la muestra en blanco y negro y él la lleva siempre en su memoria. Hoy vive solo y dedica parte de su tiempo a cuidar a sus mascotas, perros y gatos muchos de ellos recogidos de la calle. “Lo mejor que uno puede tener en la vida es un animal al lado, con ellos se experimenta un amor incondicional”, afirma.

 

El presente comercial

Actualmente Roberto mantiene su rutina laboral en la inmobiliaria. Comparte ese tiempo con su hija Marcela y con Guillermo Capaldo. Asegura que la actividad ha cambiado mucho y se ha diversificado. “Cuando nosotros nos iniciamos la profesión era muy respetada, éramos muchos menos en el mercado”, relata y acota que aún hoy mantiene clientes a los que les vendió una propiedad hace más de treinta años. “La inmobiliaria es el nexo de unión entre el cliente, el vendedor y el que compra, y lo que le queda es la comisión, no el ser partícipe de un negocio”, define, marcando que en este punto es donde más se observa que la dinámica de la actividad “se ha desvirtuado”.

 

La música, una pasión

Desde muy chico Roberto se acercó a la música y esta actividad lo ha acompañado a lo largo de su vida. En el presente integra la Orquesta Estable del Conservatorio “José C. Paz”. “Allí toco el bandoneón y comparto mi tiempo de aprendizaje con chicos y grandes y profesores que vienen de Rosario. Además les enseñamos a los más jóvenes a manejarse en una orquesta. Es un espacio de formación invalorable”.

Afirma con emoción que la pertenencia a ese espacio es “un motivo de orgullo” y destaca que “comparte horas lindas con gente de distintas generaciones. Nosotros rejuvenecemos estando con ellos y a su vez ellos aprenden de nuestra experiencia y aporte.

“Brindamos espectáculos en el teatro, tomamos clases y ensayos dos veces por semana en el Conservatorio”, agrega.

También integra la Banda Municipal de Música y la Pergamino Jazz Band, en ambas agrupaciones toca el saxo. “Este instrumento llegó a mi vida con los años. En 1957 con Héctor Chavero, y otros compañeros, armamos una banda de jazz que irrumpió en el mercado y fue muy seguida por la gente”.

Relata que su acercamiento a la música se dio a los 12 años cuando finalizó la escuela primaria. “Aprendí con mi hermano, que era un gran músico, y me hizo subir al escenario a tocar algunos temas. Ahí empezó mi carrera musical con el bandoneón.

“En aquel entonces se hacían los bailes de campo y ver a un niño tocando el bandoneón resultaba muy novedoso. Tocaba con ellos en grupos legendarios y con músicos de renombre que actuábamos en todos los bailes de campo”, resalta.

Creció en ese ámbito y con la vida hizo de la música parte del camino. Durante más de 25 años recorrió el país haciendo música del Litoral con el Conjunto “Cherubichá”. Fueron revelación en el Festival de Cosquín en 1979 y se impusieron en un circuito que jerarquizó el género y los colocó en los principales escenarios y medios de comunicación del país.

Confiesa que su género preferido es el tango, y define su experiencia en el conservatorio como “la disciplina de la escuela aplicada a la música”. Es un defensor de la educación en todas las disciplinas y lo señala con emoción por la “fuerza transformadora que tiene para cualquier persona el conocimiento”.

Con la música también ha cosechado amigos. “Es una actividad que te nuclea y te obliga a no aislarte, transformándose en una terapia”.

Para él la música es “vida y transmisión de afectos”. Y en su pasión por este hacer, como en cada cosa que llevó adelante en su vida, Roberto deposita sus valores y los transmite a los suyos y a las tantas personas con las que tuvo la dicha de cruzar en su camino. “Si me falta la música es como si me faltara parte de la vida”, concluye agradecido por la cosecha que le dejó esa siembra.