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Perfiles pergaminenses

Susana Goicoechea, quien supo hacer de la docencia una herramienta para la vida

Susana recibió a LA OPINION, en la calidez de su hogar. (LA OPINION) Susana recibió a LA OPINION, en la calidez de su hogar. (LA OPINION)

Fue maestra por más de 40 años, la mayor parte en la escuela que la vio crecer, primero como alumna y luego como maestra: Nuestra Señora del Huerto. Armó una familia ejemplar junto a su marido Néstor Campi (fallecido). Devota de Crescencia, amiguera y apasionada por el folklore, Susana transcurre sus días con alegría y rodeada de sus seres queridos.


Mujer de fe, docente apasionada, con un fuerte compromiso social, son algunas de las cualidades que definen a Lidia Susana Goicoechea, nuestro perfil dominical.

Susana, como todos la llaman, nació el 30 de enero de 1951 en Pergamino y en algunos días estará cumpliendo 68 años.

Hija de Claudio, a quienes todos conocían por sus apodos “El pibe” o “El vasco”, y de Lidia Raquel Luna “Nené”, esta pergaminense transcurrió su infancia y adolescencia en una casona de Pinto entre Merced y 9 de Julio, “mi padre y mi tío tenían un despacho de leña y carbón, algo muy utilizado en aquella época y si bien yo no ayudaba en esa tarea, cada sábado baldeábamos un corredor junto a mi madre, acción por la que todas las semanas protestaba”, recuerda Susana.

La infancia en el barrio

El ser hija única fue algo que disfrutó durante su infancia pero de adulta reconoce que “me pesa porque me hubiera encantado tener hermanos”. No obstante sus primas Niní y Liliana Mancuso ocuparon ese lugar y se volvieron inseparables. “Como ellas vivían en una avenida rodeada de comercios, les gustaba venir al barrio porque era más tranquilo y había muchos niños de distintas edades”, en este contexto recuerda a “los chicos de Gómez que eran “Pocho”, “Negro” y “Chiquitín”; Foster, Cecilia Albanese, Silvia Micheloni y los chicos de Lavítola”. Junto a ellos las tardes de juegos eran interminables salvo cuando Susana sacaba el pizarrón para hacer de maestra una pasión que, desde pequeña, la movilizó hacia la docencia ya que “toda mi vida soñé con ser maestra”.

Los buenos recuerdos de esa época le permiten revivir las fiestas de carnaval en las que chicos y grandes disfrutaban unidos. “A la tardecita todos juntos acudíamos a la Plaza para seguir jugando, tuve una infancia muy linda”.

Docentes que la marcaron

Susana hizo toda su escolaridad en el Colegio Nuestra Señora del Huerto, al terminar la secundaria también recibió el título de maestra que la habilitó para dar comienzo a su carrera que mayoritariamente la hizo también en su querido colegio.

De su época de estudio evoca la figura de sus maestras y profesoras que “me marcaron”, tales como la hermana Guillermina que “nos hacía dormir la siesta cuando estábamos cansadas”, también le viene a la memoria su maestra de tercero y quinto grados Margarita Sanguinetti de quien aprendió sobre la dulzura del docente, y de Elba Howard que después fue compañera de la docencia.

También recordó a algunas de sus profesoras pero hizo especial referencia a Juana Garófoli, su profesora de prácticas. “Nos llevaba a las escuelas rurales para que aprendiéramos a dar clases. La profesora Juana era muy exigente y gracias a ella ingresé al Huerto para ser maestra”.

En conclusión de esa etapa de su vida sostuvo que “muchas docentes fueron importantes en mi vida, dicen que uno quiere ser el adulto que necesitábamos cuando éramos chicos y creo que lo fui”, sostuvo.

Recuerdo intacto

Luego de egresar, Susana tuvo la oportunidad de desarrollar su pasión: la docencia en el mismo colegio que la vio crecer, y allí permaneció durante 40 años desarrollando la tarea en los grados inferiores.

La maestra de primer grado es la que nunca se olvida, por ello Susana recuerda y es recordada por muchos de sus alumnos. “Me acuerdo de todos mis alumnos, he atravesado generaciones con la docencia y en muchos casos tuve a la madre y después a la hija como alumnas”, relata y recuerda que “tuve una alumna llamada Matilde del Palacio que cursó en Pergamino algunos meses y luego se fue a vivir a otro lado. Un día vacacionando la encontré, me acerqué y le pregunté, efectivamente era ella. Recuerdo todas las caritas de mis alumnos”. Como contrapartida dice sentirse afortunada porque “los chicos se acuerdan de mí”.

Adaptarse a los tiempos

A Susana le gustaba mucho capacitarse y en este sentido nombra un curso del que participó para aprender a utilizar el diario en la escuela. “Fue Hugo Apesteguía el que nos propuso realizar este curso para que los chicos pudieran trabajar con el diario en las aulas”, contó.

Su carrera como docente continuó incluso luego de haberse jubilado. “Me ofrecieron una suplencia de preceptora en el Colegio Maristas, me llamaron por un mes y estuve cuatro años fijos y después de jubilarme, en 2008, estuve cuatro años más”, contó Susana y puso en valor el hecho de despedirse “progresivamente” de la carrera docente, de la que extraña “los recreos cuando las maestras nos juntábamos a dialogar”.

Pregonar con la lectura

En más de 40 años de profesión, Susana fue testigo directo de los cambios que atravesó la docencia. En este marco es que “procuré adaptarme haciendo cursos varios” aunque siempre pregonó con la idea de “enseñar a partir del interés del alumno. Si al chico no le interesa el contenido no va a aprender por eso creo que hoy es más difícil motivar al chico ya que hay que competir con las pantallas”.

Fanática de la lectura, Susana aclara que “siempre me importó que los chicos leyeran mucho, de la lectura depende mucho la oralidad” y sostiene que “en casa Papá Noel le trajo a mis nietos libros, teniendo en cuenta los intereses de cada uno, pero todos recibieron libros”. Hablando de sus gustos, cuenta “me gusta leer hazañas, novelas, me pareció interesante lo que escribió Camucha Escobar”.

Reencuentros

Susana aclara que “de mis compañeras de escuela tengo los mejores recuerdos”. Las ganas por seguir en contacto hicieron que Susana junto a sus compañeras del Huerto bregaran por reencontrarse cada tanto, fue así que el año pasado disfrutaron de la celebración que organizaron con motivo de cumplir 50 años de egresadas. “Vinieron chicas de todos lados del mundo ya que muchas emigraron hacia otros países. Todas participamos de la misa, después compartimos una comida en la que revivimos hermosos momentos de nuestra época de estudiantes, no encontrábamos el momento de despedirnos”.

Su familia, su vida

A la par que su carrera se afianzaba, Susana comenzó a forjar su familia. Relata, primero la vivencia en la que conoció  a su marido que fue gracias a Ana María, una amiga de Villa Ramallo que ofició de celestina: “Ana María tenía organizada una salida de a cuatro, con su chico y el que después fue mi marido que si bien era de Chacabuco había elegido a Pergamino como ciudad para trabajar”.

Bastó un café para que Susana y Néstor (Campi) fueran inseparables. Después de más de tres años de noviazgo, se casaron en 1975.

A los nueve meses comenzó a agrandarse la familia y llegó María Natalia Campi que tiene 43 años y es economista, está casada con Juan Ignacio Enghelmayer neumonólogo de profesión. Viven en Buenos Aires junto a  sus hijos: los mellizos Lucas y Tomás de ocho años y Merceditas de tres años que “fue la locura de mi marido entiendo, porque es igual a mi hija”.

Juan Pablo (39 años) es viajante y con Eugenia Belluati son padres de Joaquina que tiene un año y medio.

Leandro (35 años) es viajante, junto a Paula Cancina son padres de Nazareno de casi dos años.

“Mi médico nos cargaba porque decía que mi marido y yo éramos tan prolijos que logramos que nuestros hijos nacieran todos en diciembre y con cuatro años de diferencia por lo que cada diciembre en mi casa se vivía un fiesta o se padecía un caos”, afirma sonriente Susana.

Durante muchos años la familia vivió en el barrio Santa Julia, del que “tengo mi mejores recuerdos ya que mis hijos tuvieron una infancia privilegiada tal como la tuve yo, jugando en las calles junto a numerosos niños”.

Consultada sobre su rol de abuela afirma que “soy una abuela babosa, Merceditas me puso el sobrenombre de ‘Chuchi’ por el personaje de Pepa Pig que es una oveja maestra”.

Si de familia se habla, Susana pone en valor la relación que tiene con “Pichi” su cuñada (hermana de su marido) y feliz cuenta que “me dio dos sobrinos divinos, Matías y Mariano que me hará estrenar el título de tía abuela con Benjamín que nacerá pronto”.

El 6 de julio de 2016 falleció Néstor, dice que “nunca nadie está preparado para una muerte repentina, por eso la pérdida de mi marido fue un golpazo”.

El baile en la sangre

Paralelamente, Susana se recibió de maestra y también de profesora de folklore, en la academia de Delia Pujol, que es otra de sus pasiones nacida en momentos en que su padre era presidente de una peña en el Club Argentino. “En esa época en las peñas se reunían a bailar. En Pergamino no había profesores por lo que llegaban los hermanos Funes de San Nicolás para enseñar. Grandes y chicos aprendíamos a bailar”, expresó. Saber de danzas tradicionales le sirvió mucho a la hora de programar las coreografías en los actos patrios en las escuelas.

Ya jubilada, retomó el baile. “Arranqué con Hernán Zárate en Bellas Artes. Cuando falleció mi marido tuve la necesidad de incorporar aún más el folklore en mi rutina diaria y por eso me inscribí en los cursos Pepsam en la Unnoba y también en la academia ‘El Resero’ donde paso muy buenos momentos”, cuenta.

Tiempo de ocio

Por otro lado hace yoga y es integrante de un grupo de mujeres que practican esta disciplina y se apodan “Las crocantes”.

Gusta también de ir al cine y de “cafetear”. “Varias veces por semana salimos con un grupo de amigas a tomar café en diferentes bares”, y nombró a sus amigas cafeteras: Laura, Silvia, Titina, Beba, Mirta y yo, “somos el sexteto mayor” afirma.

Devota de Crescencia

Como mujer de fe es parte del grupo de liturgia de la Parroquia Merced. “Soy una de las voces de la misa dominical de las 8:00”, refiere.

Su devoción por Crescencia no solo afloró en el Colegio del Huerto sino que fue desde muy pequeña ya que sus vecinos eran Antonio Pérez, hermano de Crescencia y Anita (esposa de Antonio) “que era la que me contaba mucho sobre Crescencia”.

“Mis amigas me piden que rece a Crescencia porque dicen que ella me hace caso”, indica.

Comprometida y amiguera

Comprometida con lo social, integra un grupo en el Sadop (gremio de los docentes privados) en el que “armamos y acondicionamos ajuares, tejemos para bebés, juntamos pañales para niños en situación de vulnerabilidad”.

También le gusta viajar y organizar algunas escapadas con amigas. “Ahora estoy planeando con Mariel, que fue primero mi alumna y después compañera de trabajo, un viaje a la costa”, cuenta.

Se declara amiguera ya que “formo amigos en cada uno de los lugares a los que voy. Todos ellos son buenas personas porque en los momentos difíciles siempre están para mí apuntalándome pero también están listas para divertirse”. Y en este punto no puede dejar de recordar a sus amigos incondicionales: Hugo Zarlenga y Cristina, “Quino” y Teresa, “la nuestra es una relación que traspasa la amistad, somos familia”.

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