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Perfiles pergaminenses

Susana Mancuso: una vida dedicada al campo arraigada a buenos valores

“Susy” es una mujer de campo, luchadora, incansable y reconoce como principal tesoro su familia. (LA OPINION) “Susy” es una mujer de campo, luchadora, incansable y reconoce como principal tesoro su familia. (LA OPINION)

Nació en la Estancia “Las Palmas” y creció en Pinzón. De chica aprendió de tareas rurales que desarrolló durante muchos años. Hoy colabora con su esposo y su nieto en la preparación de las tareas que requiere cada cosecha. Ama la vida en el campo y sus raíces. Hoy disfruta del amor de los suyos, la mayor retribución obtenida por su siembra.


menudo cuando se piensa en las mujeres de campo el imaginario social dibuja el perfil de mujeres trabajadoras y tenaces, capaces de sobrellevar con capacidad y esmero tareas pesadas y habitualmente asignadas a los varones. También refiere a la impronta de sensibilidad que ellas le imprimen a la tarea rural. Las mujeres que trabajan en el campo, que han crecido en ese ambiente en contacto con la naturaleza y con la producción, se transforman en madres, cuyo halo protege y cuida con dedicación todo lo que representa la dinámica de la vida rural. El testimonio de Susana Alicia Mancuso (Susy) es prueba de ello. Nació hace 68 años en Pergamino y rápidamente se fue a vivir con sus padres a la Estancia Las Palmas, ubicada entre Pinzón y Carabelas. Hija de Miguel Mancuso y Dora Quetglas creció junto a hermano Carlos Mancuso (66). Y aprendió de sus padres las labores del campo. Ambos eran descendientes de inmigrantes y aunque habían nacido en Argentina, tenían las características y el temple de los italianos y españoles. Susana tomó la savia de esas raíces y se nutrió de aquellos valores.

A los 15 años se estableció con su familia en la zona de Pinzón (luego que la estancia fue vendida e  indemnizaron a todos los que allí trabajaban) donde siguió colaborando con las tareas vinculadas a la agricultura y comenzó a tejer prendas de lana que luego se vendían en el pueblo en la Tienda de Eva Distanza y también en forma particular. Sus padres, que habían adquirido un campo con el dinero de la indemnización, le inculcaron tempranamente la cultura del trabajo y ella la desplegó siempre con profundo compromiso y dedicación. Tejía de noche y de día. Y puso el alma en cada tarea que le tocó llevar adelante.

Cuando era muy joven conoció a Pedro Cascardo (71 años), su vecino de la chacra de enfrente al campo de ella. Fruto de la cotidianeidad de ese vínculo nació un amor perdurable. Se pusieron de novios teniendo 20 años y un año más tarde se casaron (1972). Tienen tres hijos: Lorena (45) que trabaja en el Inta y está casada con Orlando Barragán, Mariela (43) maestra jardinera y de novia con Mariano Atia y Guillermo (38), productor rural casado con Melisa Garro. Son abuelos de siete nietos: Mateo (14), Pedro (12) y Vicente (1), Agustina (22), Sol (18), María (14) y Paulina (9).

 

Infancia muy feliz

“Tuvimos junto a mi hermano una niñez e infancia muy feliz en la estancia. Jugamos todo el día porque éramos muy unidos. Nos gustaba hacer travesuras como prender fuego debajo de un tambor lleno de gas oil, quemar una parva de camotes que estaba recubierta por paja de lino y al estar seca la prendimos fuego. Recuerdo que ese día papá nos corrió con una alpargata. Le sacábamos a mi mamá los huevos del gallinero y hacíamos torta con tierra, era una diversión sana e inolvidable. Fui muy feliz por aquellos días y en esos tiempos comencé a amar el campo”, cuenta.

“Mis padres nos llevaban a la Escuela Nº 23 de Pinzón en el sulky haciendo un gran sacrificio para que pudiéramos estudiar. Estudie en un lugar hermoso y la pasaba tan bien porque estaban mis tres primas, nos divertíamos mucho y guardo los mejores recuerdos de aquellos tiempos donde todo era muy distinto a lo que se vive ahora.

“De mi niñez e infancia no puedo dejar de mencionar a don Juan Bautista Raimundo y su señora Antonia porque me crié con ellos también. Pasamos mucho tiempo juntos, eran personas maravillosas que me querían como a una hija y los extraño mucho, al igual que a mis padres que siempre tengo en la memoria y son mi guía en cada cosa que hice y actualmente llevo adelante”.

 

Cría de cerdos

Ya casados ambos se abocaron a la tarea rural. Se dedicaron a la cría de cerdos en un campo vecino de Manuel Alvarez y señora y fueron armando el pilar que dio sustento a su familia. En 1973 pudieron darse el gusto de comprar su primer auto (Valiant 3) que recuerda con mucha nostalgia y orgullo.

 Más tarde, a la par de su marido, Susana manejó tractores y otras maquinarias empleadas para el desarrollo de la agricultura. Nunca escatimó esfuerzos ni horas de trabajo. La crianza de sus hijos, el cuidado de su familia y el trabajo en el campo fueron los motores de su vida.

En el presente, vive en Pergamino, en cercanías del Hospital San José. Hace más de cuarenta años que tomó la decisión de establecerse en la ciudad por una cuestión de vida familiar y de desarrollo de las actividades de sus hijos. Sin embargo, nunca abandonó el campo, donde están sus raíces y gran parte de su vida. Es ama de casa, pero tampoco nunca dejó de lado su dedicación al trabajo. En cada cosecha con su marido, su hijo y uno de sus nietos (Mateo) está presente haciendo su aporte. Ella es el alma de cada cosecha. Se dedica a preparar la casilla, a cocinar para todos y a seguir poniendo lo mejor de sí en esa tarea noble que realizan no solo en la porción de campo propio, sino en tierras que trabajan para otros como contratistas rurales.

 

Su pasión, el campo

En 1977 dejaron la criar cerdos y comenzaron una sociedad con Alberto Maggio que recuerda como una excelente persona. “Alquilamos campo y en ese momento fue mi inicio como tractorista, me enorgullece decirlo porque no era una tarea habitual para una mujer” y recuerda una anécdota: “En una oportunidad tenía que pasar por Pergamino con el tractor porque debía unir Fontezuela con Pinzón y al pasar por la Caminera me dio vergüenza y me puse anteojos para sol y un sombrero”, recuerda.

“Siempre que trabajamos campo teníamos una relación comercial con Héctor Coltrinari quien nos aconsejaba siempre, una gran persona que brindaba sus conocimientos y ayuda.

“A mediados de 1981 con mi esposo nos independizamos para hacer nuestro propio camino con el alquiler de campo para trabajar, aprovechar el nuestro y formamos lindas amistadas entre las que destaco entre muchas la relación que tuvimos siempre y hasta estos días con Gabor y Susana.

“El campo es mi gran pasión y estoy convencida de que mis hijos sienten lo mismo que yo. A tal punto que mi nieto mayor (Mateo) continuará seguramente con la tarea que hacía mi padre, también mi esposo e hijo. Eso es una alegría inmensa”.

 

Un minimercado

En otro momento de su vida estuvo dedicada a la actividad comercial en un minimercado “9 y 11” que tuvo en la emblemática esquina de 9 de Julio y 11 de Septiembre. Le gustaba el trato con la gente y las rutinas de un negocio al que le puso su impronta durante casi cuatro años. “Eran tiempos complicados para el campo con la presidencia de Carlos Menem y para tener otro ingreso decidí poner el negocio. Nos fue bien durante un tiempo importante, aunque después los vaivenes de este país hicieron que tomemos la decisión de cerrarlo. Fue una linda experiencia de la cual no me arrepiento”.

 

 Viajar por el país

Entre sus grandes pasiones Susana cuenta que le gusta viajar y que pudo recorrer gran parte de nuestro país. Le gustan los paisajes especialmente las sierras y montañas.

“Viajo seguido con amigas, mis primas e hijos, siento que es un cable a tierra y el cuerpo me lo pide (dice entre risas). Me encanta cada lugar de la Argentina y este año cumplí el sueño de reunir a toda la familia y pasar una de las fiestas en San Luis un lugar maravilloso donde me encantaría tener una casa en el medio de la montaña.

“Pienso seguir viajando y conociendo nuevas culturas, paisajes y lugares. Aunque lo siento complicado nunca pierdo las esperanzas de viajar a España para conocer Palma de Mallorca, lugar donde nacieron mis abuelos maternos”, señala con una expresión de deseo.

 

Pinzón su lugar

A pesar de que vivió gran parte de su vida entre el campo y la ciudad, Pinzón ocupa un lugar importantísimo en su vida.

“Recuerdo muchas cosas de Pinzón, un lugar muy especial para mí, donde hice amigos y tengo actualmente mucha gente querida. Cómo olvidar el Almacén de Rodríguez, la Escuela Nº 23 y muchas cosas más de un pueblo maravilloso”.

 

Jugar a las cartas

Junto a sus primos Alfredo y Mabel, sus cuñados, esposo, hijos y nietos es casi una tradición jugar a las cartas. El truco, chinchón y chorizo son los juegos elegidos y entre mates primero y luego algo a la parrilla (se describe como una gran asadora, especialmente de lechones) pasan gran parte de los fines de semana.

“Disfruto de recibir gente en mi casa y nos divertimos sanamente, es una costumbre de años, podría decirse que es una tradición que pasa de generación en generación”.

 

Sus primas

Un gran sostén en su vida fueron sus primas -tiene cerca de 40-, aunque con cuatro (Zulma, Mimi, Susana y Martita) pasa gran parte de su tiempo por compartir la misma edad y tener gustos muy similares.

“Con ellas somos como hermanas, amigas, primas, en realidad una mezcla de todo. Nos divertimos mucho, una o dos veces al mes nos reunimos para recordar tiempos pasados y programar nuevos encuentros y viajes. Estamos en contacto todos los días por medio del teléfono y cuando una está mal, todas vamos a ayudarla. La vida me regaló unas primas geniales, mejor no podrían ser”.

 

Los sobrinos

“Por parte de mi hermano Carlos tengo tres sobrinos: Norberto, Marcelo y Karina, quienes se criaron con mis hijos, los quiero mucho y ellos siempre están presentes. Son tres chicos muy educados, trabajadores y honestos, me llenan de orgullo porque también tienen un amor especial por la familia y el campo” y además sintetizó que “también tengo sobrinos por parte de mi esposo que son muchos y a pesar que no nos vemos tan seguido, son especiales y al igual que sus padres grandes personas”.

 

Fortaleza y sencillez

La historia de vida de Susana es el retrato de una mujer fuerte, decidida, trabajadora, dueña de una personalidad inquebrantable, emprendedora. Escucharla hablar es introducirse no solo en su mundo íntimo, sino retratar el modo de vivir de una generación comprometida con su tiempo, con sus ideales y con valores sobre los cuales forjaron su buen destino.

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