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Perfiles pergaminenses

Walter Dimattia: un estudioso del fútbol que tuvo a su cargo la formación de grandes jugadores

Walter Leonel Dimattia, trabajador incansable del deporte. (LA OPINION) Walter Leonel Dimattia, trabajador incansable del deporte. (LA OPINION)

Fue preparador físico, entrenador, coordinador de distintas divisiones. Hincha de Douglas Haig, profesor de Educación Física y parte de una generación que forjó el destino de destacados exponentes. Hoy, se dedica a su actividad comercial y sigue estudiando, alentado por el sueño de ser convocado algún día para seguir formando deportistas.


Walter Leonel Dimattia nació en Pergamino y vivió en la localidad de El Socorro hasta los 18 años. Su infancia y adolescencia transcurrieron en la tranquilidad de aquella geografía. Bernabet y Elelia fueron sus padres. José Ramón y Lucía, sus abuelos. Creció con ellos. Su papá tenía un almacén en el pueblo. La mayor parte de las vivencias que relata de su niñez lo tienen presente a su hermano Daniel. “Vivíamos en un ambiente de plena libertad, el pueblo era como el patio de casa. No pedíamos permiso para salir porque había una seguridad que hoy no es común”, resalta.

Como a su abuelo le gustaba jugar al billar iba al club todos los mediodías. La cita obligatoria de Walter era acompañarlo y mamar desde niño el valor de la amistad, de la vida social compartida entre pares y esos vínculos que dejan huella. También le gustaba ir al Bar de Ruggeri, donde se reunían los pobladores. “Era la reunión de todos los días”, agrega.

Fue a la Escuela N° 24, que estaba a la vuelta de su casa. “Hice el jardín de infantes, primaria y secundaria en el pueblo”, menciona y señala que su promoción fue la que inauguró el Jardín de la localidad.

De la mano del deporte

Llegó a Pergamino cuando Héctor Chavero, también oriundo de El Socorro, lo convocó para que lo ayudara en el fútbol. “Yo tenía 18 años, así que incursioné en la actividad deportiva en un momento en el que era muy fuerte el fútbol de Pergamino. A Douglas Haig se habían incorporado casi todos los jugadores que habían sido parte de Lucini. Así que en ese tiempo estaban en el Club jugadores que todo el mundo del fútbol conoce como ‘Semilla’ Giamarchi, Héctor Santachiara, Lantela, Juan Echecopar, Domingo Nanini, y tantos otros que conformaban un equipo extraordinario”.

“Por ese entonces no había títulos de preparador físico ni de ayudante. Fui un asistente y aprendí mucho. En esa época no tenía capacidades para ostentar un cargo, prácticamente no sabía nada”, refiere con humildad. Tomó de esa experiencia el aprendizaje y el impulso para ir por más.

“Esa fue la primera oportunidad que me dieron y de algún modo marcó mi camino, porque fue muy fuerte aquella experiencia”, destaca. Al año siguiente, comenzó a estudiar Educación Física.

“Cuando Chavero tomó a su cargo la Selección de Pergamino yo lo seguí, salimos campeones nacionales. Fue inolvidable. Al año siguiente, con él nos fuimos al Club Argentino y tuvimos la fortuna de salir campeones de la Provincia. Fue una etapa de trabajo muy intensa, que me dio la posibilidad de conocer a mucha gente y de vivir muchas cosas en corto tiempo”.

Juan Echecopar, un mentor

En el recorrido por su carrera, valora la figura de Juan Echecopar a quien lo unió una gran amistad. “Lo conocí a Juan en el año 1979 cuando era jugador de Douglas. Era diferente y tenía un don de gente que se expresaba adentro y afuera del campo de juego”, destaca.

“En el año 1981 yo estaba estudiando Educación Física y coincidimos en un curso de técnicos. Con esa experiencia fortalecimos mucho nuestra relación porque convivíamos en Rosario cuatro o cinco horas por día”.

“Después pasó un tiempo en que no coincidimos, y en el año 1991 cuando Miguel Ignomiriello se va de Douglas, yo estaba como ayudante de campo y Juan pide que me quede trabajando con él junto a ‘Beto’ Citadini. Más tarde ‘Beto’ se va y me quedé como preparador en una campaña excelente que hicimos con Juan en el año 1992, 1993”, relata y destaca, además del aprendizaje en lo futbolístico, la calidad de un vínculo que se volvió muy sólido. “Eramos amigos, pero para mí Juan Echecopar era más que eso, era un consejero, había algo de paternal en él”.

Una nutrida trayectoria

Mediada por la tecnología que imponen estos tiempos de confinamiento social, la charla transcurre por distintos caminos. Casi todos atravesados por su pasión por el fútbol. “En el año 1981 estuve en Argentino; en 1982 en la Selección de Pergamino fui preparador físico, todavía no estaba recibido, pero cumplía la función con la asistencia fundamental de Héctor Chavero a quien no dejo de mencionar porque le tengo un enorme afecto. Fue él quien me abrió las puertas”, destaca. Y prosigue: “En 1983 me convocó el Club de mi pueblo, para la tercera división. En 1984 me vinieron a buscar nuevamente del Club Argentino para dirigir la primera división. Yo era muy joven y tomé el desafío de ser entrenador durante los años 84 y 85”.

“En 1986 Rubén Iriarte me recomendó para dirigir en San Pedro, así que me mudé un año a esa localidad para dirigir al Club Paraná. Era un club muy fuerte en la zona, jugaba en la liga regional con Douglas”, menciona, destacando que en el momento del ascenso de Douglas a la Primera B Nacional él estaba trabajando en San Pedro.

“Al poco tiempo con Douglas ya ascendido empecé a trabajar con las inferiores el Club. Tengo la enorme satisfacción de que fruto de esa tarea salieron grandes exponentes de Douglas como Silvio D’ Amore, Enrique Cantoni, Rubén Areso, Carlos Massuero, y varios otros que estoy siendo ingrato en no mencionar”, comenta. Y reconoce: “Le dimos un impulso en esa tarea que arranqué como técnico y continué como preparador cuando me integré al cuerpo técnico de Mario Finarolli en el año 1987”.

“Cuando Finarolli se fue, volví a las Inferiores y cuando llegó Miguel Ignomiriello regresé a primera división y me quedé trabajando con el equipo hasta el año 1993”. Reconoce que la tarea en el Nacional B “era un sueño para todos nosotros”. Destacando las buenas campañas, reconoce: “Eramos muy profesionales, pero también muy amateurs, la mayoría de los jugadores eran locales y tenían mucha predisposición. Los jugadores que vinieron de afuera también respondían con mucho compromiso. Fue una etapa muy linda de mi vida”.

La actividad comercial y la familia

En una época en la que se hizo un paréntesis en la labor deportiva Walter Dimattia se abocó a la actividad comercial. Tiene varias agencias de lotería, lo que le supone un ritmo de trabajo intenso, hoy sostenido en el pilar de su familia. “Gracias a mi familia que ha trabajado a la par mía en el emprendimiento comercial, hemos crecido. Siempre digo que la ‘Messi’ de este equipo ha sido y es mi esposa, Edith Fantacci”, menciona.

Tiene tres hijos: Franco, que es contador, y también está integrado a la actividad comercial en las agencias. Está en pareja con Melisa y hace un año le regalaron a Walter el mayor título: el de abuelo. Octavio, su nieto, es la luz de sus ojos. Y ya se prepara para el nacimiento del segundo, ya que Yésica su hija que es oftalmóloga y está en pareja con Ezequiel Aranda, está embarazada. Su hija más chica es Lucía y este año se fue a Rosario a estudiar Medicina.

El regreso al fútbol

La charla regresa al sendero del deporte. “En el año 1997 regresé al fútbol cuando me vinieron a buscar para darle una mano al Club Sports. Armamos un equipo del que salió Daniel Bilos que terminó jugando en Boca Juniors y en la Selección Nacional”, refiere.

“Después volví a Douglas Haig en un momento en que el Club estaba muy mal. Lo vuelven a buscar a Juan Echecopar cuando Douglas se iba al descenso y me sumé. Estuvimos ahí un tiempo y jugamos esa recordada liguilla y aquel partido con Villa Mitre y con Chaco For Ever en el año 1998”.

“Juan no quiso seguir, los dirigentes me ofrecieron el cargo; dirigí la primera división, pero fue un error porque no había ni siquiera tiempo de armar un equipo”, menciona en una charla en la que sincera sentimientos de aquella vivencia.

“Eso me marcó personalmente porque no había muchas posibilidades de que nos fuera bien. Era un momento muy delicado de la institución y pagué muy cara mi colaboración porque en el mundo del fútbol cuando hacés una mala campaña, eso queda toda la vida sin importar ni analizar qué es lo que pasó”, confiesa.

“Después me alejé del Club Douglas y me llamaron del Club Gimnasia y Esgrima para colaborar. Hicimos una campaña en un regional. También colaboré con el Club Banco Provincia y en el año 2003 Omar Jorge me convocó para regresar a Douglas, donde estuve hasta el 2010, en esa instancia como coordinador de las divisiones inferiores, pero en la práctica asumiendo todo tipo de tareas, trabajaba doce horas por día”.

Corazón rojinegro

Confiesa que el corazón está puesto en Douglas Haig. “Es un sentimiento, por el tiempo que estuve en el Club, por los amigos que coseché, tanto con los jugadores como con los dirigentes me llevé relaciones que tengo para mi vida”.

“Al grupo de la primera hora de Douglas que eran directivos me une una gran amistad. Con Carlos ‘El manco’ Fernández, con Héctor Dinardo que falleció; con Rubén ‘Piojo’ Iriarte,  Carlos Scallia, Hugo Saenz, ‘Chavi’ Di Santo me une y unió un vínculo muy fuerte”, agrega, destacando el valor que tienen para él los amigos, esos afectos que trascienden lo deportivo.

Su presente

Con 59 años, Walter Dimattia tiene un presente dedicado a la actividad comercial, pero nunca abandona su pasión por el deporte y el conocimiento. Es un estudioso del fútbol. “Trabajo en el negocio, pero mis dos o tres horas de fútbol son sagradas”, resalta.

“No hay una rutina establecida, pero me dedico a leer y a ver videos de partidos, siempre estoy estudiando”, señala.

Reafirma que su vocación es el fútbol. “Aunque trabajé como profesor de Educación Física en algunas escuelas como en San Pedro, Salto, Gahan y en el Centro de Educación Física de El Socorro, nunca tuve vocación por la docencia, sí por la docencia del fútbol”, rescata, este hombre que además es hincha de River Plate.

El partido ganado

Conocedor como pocos del fútbol, asegura que lo mejor que le ha dejado su profesión son “los amigos”. Pero no solo en el terreno deportivo cosechó relaciones perdurables. Mantiene su amistad con los compañeros del jardín de infantes, con los jugadores, con sus pares, docentes de educación física o entrenadores con los que siempre se hace un tiempo para compartir una cena o un café. Ni hablar de la que él define como “su peña estable”, los compañeros de Pelota Paleta, un deporte que practicó con excelentes resultados, representando a Rosario en el Campeonato Argentino. “Todos los días a las 11 de la mañana nos reunimos en Bonafide para compartir un café y los viernes salimos a cenar”.

“Creo que la familia y los amigos son el partido ganado. Mi familia nunca se quejó de mi pasión por el deporte. Tampoco traje los problemas del fútbol a mi casa. El estar en Douglas en la alta competencia suponía amarguras, pero siempre traté de que quedaran de la puerta para afuera”, refiere casi sobre el final. Mientras se acerca la hora de la conexión que lo acerca a los contenidos del curso que está tomando en forma virtual. “Me entusiasma seguir aprendiendo, es una pasión. Y detrás está el sueño de que alguien algún día me convoque para trabajar en el deporte. Si eso ocurre, tengo que estar preparado”, afirma.

“Siento que es una responsabilidad porque con la experiencia no alcanza”, agrega y vuelve sobre sus maestros para afirmar que vivió la profesión al 200 por ciento, sabiendo que el fútbol no tiene domingos ni feriados; que es un deporte que requiere disciplina. Tomó al pie de la letra esas enseñanzas y las hizo carne. Muchos grandes jugadores fueron formados gracias a esta dedicación rigurosa, profesional, pero fundamentalmente humana.