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Perfiles pergaminenses

Zulma Biglieri, el trabajo y la dedicación como atributos para forjar una vida rica en experiencias

Zulma Biglieri, en la intimidad de una charla en la que recorrió distintas etapas de la vida. (LA OPINION) Zulma Biglieri, en la intimidad de una charla en la que recorrió distintas etapas de la vida. (LA OPINION)

Siempre encontró en el esfuerzo la llave que le abrió las puertas y tuvo la fortaleza de sortear los obstáculos. Madre de dos hijos, puso lo mejor de sí en su crianza y hoy cosecha la recompensa de saberlos felices. La pandemia colocó entre paréntesis sus proyectos, pero no la desalentó. Por el contrario, la impulsó a estrenar rutinas.


Zulma Raquel Biglieri es una mujer de 75 años que ha hecho del trabajo y el cuidado de los suyos, el pilar de su vida. Hoy la pandemia y los recaudos que exige este tiempo pusieron entre paréntesis su rutina laboral como cajera del supermercado de su hijo, “Súper Centro” de Avenida de Mayo al 800, por lo que ha encontrado el tiempo libre para conectarse con rutinas de esas que uno no siempre puede llevar a cabo con el imperativo del reloj. Sin embargo, fiel a su espíritu inquieto y emprendedor, aguarda que pronto pase este momento para volver al trato con la gente y al reencuentro con la tarea cotidiana.

Nació en El Socorro y hasta los 6 años vivió en “La Vanguardia”. Hija de Antonio Samuel Biglieri y Emma Doffo, tuvo una hermana siete años menor que falleció tempranamente cuando tenía 32 años. Afirma que esa fue una pérdida enorme que marcó a su familia. 

Sus padres se establecieron en Pergamino cuando Zulma era niña, por lo que gran parte de su vida transcurrió en la ciudad. Al llegar se instalaron en una casa de calle Belgrano, entre Monteagudo y avenida Colón. En la entrevista en la que delinea su “Perfil Pergaminense” relata que hizo los primeros tres años de la primaria en la Escuela N° 1 y luego se pasó al Normal, que funcionaba por entonces en calle Florida y 9 de Julio. El secundario lo terminó en el Comercial nocturno, donde egresó con el título de perito mercantil en la primera promoción.

“Tuve una infancia muy linda con mis padres que eran muy buenos. Mi padre trabajaba y mi mamá era ama de casa, siempre nos inculcaron buenos valores y de la sencillez del modo en que vivían tomamos los mejores aprendizajes”, refiere. Cuenta que su papá tenía un colectivo con el que realizaba viajes a El Socorro, Peyrano, Santa Teresa y Rosario, en una época en la que las calles eran de tierra.

Antes de terminar el colegio secundario Zulma ya trabajaba. Eso de algún modo condicionó su inquietud de seguir estudiando. “Comencé a trabajar en el estudio del contador Nobo y el doctor Horacio Flageat. Terminé en el nocturno por esa razón”, cuenta.

Otro tiempo, otro mundo

Ya con su título secundario, ingresó como empleada en Entel. Fue en el año 1967. Allí trabajó durante 27 años. Su primera tarea fue como operadora, en el edificio antiguo que funcionaba en la planta alta de Bartolomé Mitre y 25 de Mayo. Más tarde pasó al sector comercial donde permaneció hasta que se acogió a un retiro voluntario para mudarse a Mar del Plata, donde partió con su familia para iniciar un proyecto comercial.

Las cosas que describe de su tarea como operadora son postales de cómo eran las comunicaciones hace algunos años. “Era un lindo trabajo. Por momentos complejo, porque las comunicaciones a larga distancia, por ejemplo, solían tener demoras y no siempre lograban establecerse”.

Su labor consistía en atender las llamadas que llegaban al conmutador. “El abonado llamaba, le pedías el número con el que se quería comunicar y establecías la comunicación. Era una dinámica muy distinta a la actual. Para las llamadas a larga distancia había mucha demora. Era mucho más complicado que ahora”, precisa.

También recuerda el tiempo en que comenzaron a funcionar los teléfonos públicos: “La persona debía introducir una moneda y nosotros le comunicábamos desde la operadora. Eramos varios los operadores que trabajábamos. Todo era muy diferente a como es hoy, parece que estuviéramos hablando de otro mundo”.

Cuando el sistema se automatizó siguió trabajando en el sector Comercial de Entel, ya en el nuevo edificio de la empresa.

La experiencia en Mar del Plata

Zulma se había casado y ya tenía a sus dos hijos grandes cuando se mudó a Mar del Plata, donde el padre de sus hijos puso en marcha un emprendimiento comercial en el que ella trabajó.

“Tomé un retiro voluntario porque con mi familia nos mudamos a Mar del Plata, donde el padre de los chicos puso un lavadero de ropa. Cuando ya nos establecimos en aquella ciudad yo comencé a trabajar ahí. Estuvimos tres años y por problemas familiares, pasado ese tiempo nos volvimos y poco después nos divorciamos”, relata, reconociendo que le costó dejar su trabajo en la empresa telefónica, pero las circunstancias se lo imponían para establecerse en aquella ciudad.

Señala que estando en Mar del Plata trabajaba durante todo el día porque el lavadero tenía mucha demanda de clientes durante la temporada y el resto del año se trabajaba mucho con habitantes de la propia ciudad. Confiesa que Mar del Plata es un lugar en el que le gustó vivir y alguna vez fantaseó con la posibilidad de envejecer allí.

“Me encantaba la ciudad sobre todo en invierno. Y sinceramente en algún momento pensé en quedarme allá”, agrega.

La vida familiar y los afectos

Zulma es madre de dos hijos: Mariana Lorena Baroni (45), casada con Mariano Cavalitto; y Leonardo Martín Baroni (43), casado con Silvina Ribes. Hoy es abuela de seis nietos: Abril (19), Emilia (17) e Inés (5) Cavalitto; y Agustín (16), Francisco (13) y Emilio (8) Baroni. Afirma que sus hijos y nietos son su gran pilar y la razón de su vida. Hoy con menos exigencias laborales tiene tiempo de disfrutarlos mucho y más allá del distanciamiento que le impone la pandemia, siempre encuentra el modo de estar ahí para amarlos incondicionalmente.  También tiene un vínculo entrañable con sus sobrinos: Cecilia, Silvana y Juan Carlos Calabrón y hasta el día de hoy lamenta que su hermana haya partido tan tempranamente. Desde hace 25 años está divorciada del padre de sus hijos. Y recientemente perdió a su compañero, Ramón Pereyra, con el que compartía la vida. Hoy vive sola y encuentra en el cariño de los suyos el principal pilar y la razón por la cual depositar siempre la mirada en el porvenir.

Un nuevo capítulo

El relato de Zulma va y viene en una cronología que se va alterando con el devenir de anécdotas y la descripción de distintas etapas de una vida que así como le dio grandes satisfacciones, le planteó no pocos desafíos. La separación, el regreso a Pergamino de Mar del Plata y su realidad de entonces le significaron el inicio de una nueva etapa y la puesta a prueba de su capacidad de reinventarse. Pasaron de esa época más de 25 años y en perspectiva Zulma cuenta que fue un tiempo de mucho esfuerzo. Logró reinsertarse laboralmente trabajando en distintos comercios. Más tarde trabajó con uno de sus sobrinos, Juan Carlos, en un negocio en el que se sintió muy a gusto. “Eso fue hasta que comencé a trabajar con mi hijo Martín en el supermercado que él tiene”.

El súper, su lugar

Desde hace 16 años es cajera del “súper”, una tarea que hoy extraña. “Dejé de ir cuando comenzó la pandemia y realmente extraño, porque siento que es mi lugar, soy una mujer a la que le gusta mucho trabajar”, reconoce.

Siente el deseo de regresar y sabe que podrá hacerlo apenas todo esto que le ocurre al mundo encuentre un cauce que permita recuperar cierta normalidad. De su trabajo le gusta todo, fundamentalmente el contacto con la gente.

Otras rutinas

Como a tantos, la pandemia la recluyó en su casa, y como algo positivo de esa situación rescata que eso le permitió reencontrarse con nuevas rutinas. “Al principio fue tremendo porque sentí que no iba a poder vivir sin trabajar. Pero me pasó algo rarísimo, que nunca me había sucedido en mi vida: estar en mi casa, sin horarios. Y me puse a hacer cosas que nunca las había hecho con tranquilidad. Cuando uno trabaja afuera de su casa tiene el tiempo contado”.

“Al principio de la cuarentena me puse a tejer, hice repostería, preparaba tortas y budines que llevaba al supermercado como un modo de mantenerme ocupada. Y aunque vivo en un departamento, hace un mes tomé la decisión de realizar algunas refacciones en la casa que fue de mis padres y en la que nosotros también vivimos durante algunos años hasta la inundación de 1995”, comenta y asegura que eso la mantiene conectada con un proyecto que se alegra de haber podido realizar fruto de su esfuerzo.

“No solo fue la casa de mis padres sino un lugar al que hasta hace poco veníamos los domingos a comer con mis hijos y Ramón. Es un lugar querido para mí que necesitaba algunas mejoras”, agrega.

La pérdida

Este tiempo de confinamiento le trajo una pérdida que lamenta profundamente y lo señala en la conversación. En el mes de julio falleció su compañero, un hombre al que había conocido hace unos años y con el que compartía su vida.

“Nos habíamos conocido en el negocio, nos reencontramos en un viaje que había hecho con mi consuegra; ahí hablamos, le pregunté si era de Pergamino y le dije que lo conocía del supermercado donde yo trabajaba. Tiempo después iniciamos una relación, pasaron casi dos años y establecimos una convivencia hasta que él falleció. Fue mi compañero durante cinco años y su muerte fue una experiencia dolorosa porque era una persona excelente, muy compañero, no tengo palabras para hablar de él ni de sus hijos”.

Luchadora incansable

Cada experiencia de la vida la forjó en su carácter y en una personalidad que define sus rasgos de “luchadora”, capaz de superar cada obstáculo y seguir adelante anteponiendo en cada elección su condición de “madre”. En el plano de las asignaturas pendientes, reconoce que “siempre hay cosas que quedan en el tintero”.

“Algo que me hubiera gustado es viajar más”, afirma. Y eso aparece en los apuntes de los proyectos a concretar cuando la emergencia sanitaria termine, lo mismo que la decisión de realizar algunos cursos y conectarse con actividades que le interesa hacer. “En algún momento estuvo la fantasía de haberme quedado en Mar del Plata y que la vejez me encontrara allí, pero no se dio y eso ya no forma parte de los anhelos. Mi raíz y mi futuro están acá. Pergamino es un lugar en el que me gusta vivir”.

“En todo lo demás creo que estoy hecha. Siempre fui una gran trabajadora, me gusta trabajar y gracias a ese esfuerzo llegué hasta donde estoy”.

“El trabajo me rescató; en una época tuve que afrontar una prueba difícil por un problema de salud y el trabajo fue lo que me permitió salir adelante. Y así sucedió en las situaciones más adversas de la vida”, reflexiona sobre el final de la entrevista esta mujer que supo tomar de cada vivencia el mejor aprendizaje para transformarse en quien es: una persona comprometida ante todo con sus hijos y entusiasmada con la idea de tomar el porvenir como ese espacio donde seguir concretando proyectos y realizando sueños.