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El Vasquito, un emprendimiento familiar que cumple 30 años como marca registrada en la elaboración de pastas

Los hermanos Gabriela, Fabricio y Flavia junto a su madre Mabel en el área de comercialización de avenida Drago 38. (LA OPINION) Los hermanos Gabriela, Fabricio y Flavia junto a su madre Mabel en el área de comercialización de avenida Drago 38. (LA OPINION)

En 1989 Oscar Alberto Aranguren y Marta Mabel Delestal se lanzaron a la aventura de abrir un local comercial exclusivo de venta de pastas artesanales. Hoy es una Pyme familiar que mantiene altos estándares de higiene y tecnología en la elaboración de los múltiples productos que ofrece.


El 13 de diciembre de 1989, Oscar Alberto Aranguren y Marta Mabel Delestal se lanzaron a la aventura de abrir un local comercial exclusivo de venta de pastas: El Vasquito. El lugar elegido fue la zona norte de Pergamino, en avenida Drago 26. Desde sus primeros pasos, los vecinos del barrio primero y luego los ciudadanos de diferentes zonas, El Vasquito fue bienvenido y con el transcurso de los años la buena respuesta de los pergaminenses se incrementó de modo tal que en pocos días El Vasquito cumplirá su tercera década de labor ininterrumpida. ¿La fórmula? El trabajo constante, la honestidad característica de la empresa familiar y las incansables ganas de progresar.
LA OPINION rinde homenaje a este comercio referencial de nuestra ciudad, contando desde su fundación, pasando por el presente y poniendo el foco en el futuro de esta marca registrada.

Calidad y servicio
El Vasquito es una empresa creada en 1989 con el firme propósito de abastecer de pastas artesanales a la ciudad y teniendo como filosofía de trabajo el mantener la calidad y el servicio.
La firma local se constituye como una Pyme familiar donde la cordialidad y el buen gusto es una marca registrada, tratando siempre de mantener altos estándares de higiene en la elaboración de los múltiples productos que ofrece.
Así lo especificó Fabricio Aranguren, uno de los propietarios de la firma, al tiempo que contó en primera persona sobre los inicios de la actividad comercial, cuando él apenas era un niño. “El 13 de diciembre de 1989 fue el primer día en que abrió las puertas de la fábrica en avenida Drago 26, pero tres años antes, mis padres habían arrancado elaborando pastas los fines de semana que comercializaban en el almacén de mi abuelo en el barrio Villa Progreso, en Bolivia y Vergara Campo”, contó Fabricio, al tiempo que recordó que “los inicios de mi papá fueron en la fábrica de pasta La Modelo donde aprendió el oficio y luego de pedir permiso, comenzó a estar en la planta de producción hasta que decidió junto a mi mamá forjar su propio emprendimiento”.

En el barrio Acevedo
Si bien la familia vivía en el barrio Malvinas Argentinas, el lugar escogido para emplazar la fábrica fue el barrio Acevedo. La inversión inicial se realizó vendiendo la propiedad de la zona sur. Con parte del dinero se compraron dos máquinas, la primera de ellas era una triple: cortadora de fideos, mezcladora y sobadora, mientras que después se adquirió maquinaria de mayores dimensiones. Así la primera producción fue fideos finos, medianos y ravioles de verdura y pollo, de ricota y verdura y seso, que eran elaborados a mano.
Con tres hijos, la fábrica pronto comenzó a tener impronta familiar ya que desde muy pequeños Fabricio, Gabriela y Flavia comenzaron a mamar el oficio aprendiendo sobre la elaboración de pastas, años más tarde llegaría la “benjamina” de la familia, Daiana, que en la actualidad reside en Buenos Aires y estudia economía.
Fabricio recuerda la buena respuesta de los vecinos del barrio Acevedo: “La gente de esta zona nos recibió siempre bien, a ellos les estamos agradecidos. Con el transcurso del tiempo ‘el boca en boca’ nos permitió ser más conocidos en la ciudad y así empezamos a recibir a pergaminenses que llegaban desde diferentes barrios”.
Pronto los hijos crecieron y mientras Fabricio y Gabriela estudiaban afuera, Flavia permaneció en la fábrica junto a sus padres. No obstante, siempre la familia en su totalidad estuvo ligada a El Vasquito y conforme se incrementaba la producción, fue necesario incorporar a algunos empleados, siendo Martín el más antiguo al que se sumó Evelina.

Un dolor inconmensurable
El fallecimiento del creador de la iniciativa, hace 10 años, fue un duro golpe para toda la familia. No obstante, y a pesar de las diferencias, los hermanos Aranguren junto a su madre decidieron dar continuidad a esta empresa homenajeando a su padre de la mejor manera posible, cumpliendo su mayor sueño, crear una fábrica modelo en elaboración de pastas. “Antes de fallecer mi papá ya había comprado el terreno lindero a la antigua fábrica y estaba levantando algunas paredes. Lamentablemente esa construcción quedó a medias, pero decidimos dar curso a ese anhelo continuando con la labor. Flavia en ese momento se hizo cargo de la producción porque de mi papá aprendimos mucho ya que era una persona que enseñaba, pero también por su presencia constante en la fábrica. Yo vine a ayudar en la parte administrativa, Gabriela estaba abocada al área de comercialización y así fue que decidimos quedarnos a darle curso a este comercio por el que tanto lucharon mis padres”, expresó Fabricio.

La fábrica se caracteriza por los altos estándares de higiene y tecnología. (LA OPINION)

Mayor cercanía
El 31 de septiembre de 2014, después de un esfuerzo denodado, abre las puertas la nueva Fábrica de Pastas El Vasquito, al lado de donde fuera su primer local y con ello comenzó una nueva etapa signada por el progreso constante, la ampliación de la producción y el ofrecimiento de una mayor variedad de productos ya que “empezamos a notar que las personas cambiaban sus gustos, por eso atentos a ello es que, con perspectiva de futuro, empezamos a elaborar otro tipo de mercadería, manteniendo calidad y apostando a la buena imagen. Abrimos una sucursal en el barrio Centenario, sobre Juan B. Justo y un punto de venta sobre Avenida de Mayo que lo maneja mi tío”.
Con miras a los tiempos que vendrán, y haciendo de la pujanza su mejor cualidad, Fabricio señaló que “tenemos ganas de acercarnos aún más a la gente y por eso aspiramos a contar con un local en el centro”.

Adecuarse al presente
En El Vasquito se trabaja pensando en el bienestar de todos los clientes, por ello se brinda un servicio especializado ofreciendo calidad y la mejor presentación. En este marco, Fabricio destacó: “Tenemos los sistemas de higiene aprobados ya que apostamos a que nuestros locales y la fábrica estén a la vanguardia en seguridad, higiene y tecnología. Esto se completa aportando la mejor materia prima, acelga que se saca de la quinta, pollo que viene del criadero, los mejores huevos. Hay que estar atentos a un cúmulo de factores para cuidar nuestra producción que es de entre 4.000 y 5.000 kilos por semana”.
Por otro lado y avistando los tiempos que corren, en los que las mujeres trabajan y tienen menos tiempo para cocinar, en los locales de El Vasquito no solo se ofrece una carta que incluye más de 20 productos, sino también porciones de salsa, de queso rallado, pan y hasta bebida, que incorporaron hace poco más de un año.
“Hoy la mujer es bastión de la casa, tanto como el hombre y por eso cuenta con menos tiempo disponible. En este marco es que le ofrecemos una solución brindándole un servicio integral, somos nosotros los que tenemos que ir adecuándonos a los tiempos que corren, así como también a los gustos porque cuando arrancamos solo había ravioles de verdura y pollo y ahora existen sorrentinos de calabaza o con masa verde”, explicó el entrevistado.

Pasión
Afirmando que “nos gusta hacer lo que hacemos”, Fabricio sostuvo que “invertimos mucho tiempo en esto”, actitud que todos mamaron de sus padres. “Heredamos valores tales como trabajo honesto, constancia y respeto. Mi viejo nos enseñó a levantarnos y a seguir, a ser buena gente”, expresó el entrevistado.
Por último, agradeció “a todos los que hicieron algo por El Vasquito, a los clientes, los antiguos y los nuevos; a los empleados sin los que no podríamos ser lo que somos y a nuestras familias que nos respaldan y sostienen”.