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Pergamino

Adopciones en Pergamino: niños que buscan padres y padres que buscan bebés

Lo importante en este proceso es que los pretensores sostengan y alimenten el deseo primero, el de ser mamá y papá. Lo importante en este proceso es que los pretensores sostengan y alimenten el deseo primero, el de ser mamá y papá.

En el Juzgado de Familias de nuestra ciudad, las condiciones apuntadas en las solicitudes de los inscriptos en el registro de adoptantes solo cuadran para un grupo reducido de niños, lo cual dificulta concretar una adopción. Los chicos que se encuentran en situación de adoptabilidad tienen entre 6 y 12 años de edad y son grupos de hermanos.


Puesto en movimiento, el deseo de ser padre o madre vía adopción, teje en su camino una trama que se entrelaza también con las leyes civiles, con las necesidades de otras personas, las historias de otras familias, los derechos de la infancia y un panorama de realidades únicas y diferentes a la cotidiana de cada uno. Mente abierta, claridad, paciencia, escucha atenta y acompañamiento son condiciones que este camino impone.

Internalizadas estas condiciones, persiste otra situación que dificulta concretar este entrelazamiento voluntario y amoroso. Uno de los problemas que se registra es que la mayor parte de los pretensores, a la hora de adoptar, busca bebés o niños de hasta tres años. Sin embargo los chicos que se encuentran en situación de adoptabilidad en nuestra ciudad son más grandes, tienen entre 6 y 12 años de edad y son grupo de hermanos.

Pocos pretensores

A diferencia de lo que se cree, hay pocas familias anotadas para adoptar en nuestra ciudad y a esto se suma que las condiciones apuntadas en sus solicitudes solo cuadran para un grupo reducido de niños –de no más de tres años de edad-, lo cual dificulta lograr concretar una adopción. Esta realidad se da no solo a nivel local sino también en todo el país, y a pesar de que la reforma del Código Civil y Comercial (año 2015) trajo importantes avances en cuanto al acortamiento en los plazos del proceso de adopción, aún persisten dificultades para conseguir adoptantes. Una de las principales trabas es que los postulantes buscan bebés o niños de hasta tres años de edad y los menores que viven en los hogares son chicos más grandes o con alguna discapacidad y grupos de hermanos.

En números

Con el objetivo de ahondar sobre el camino de la adopción, LA OPINION entrevistó al doctor Walter Giuliani, titular del Juzgado de Familia del Departamento Judicial Pergamino, quien reveló que la cantidad de adopciones, luego de los llamados “abrigos”, es muy variable pero estimó que alrededor de 10 ó 12 niños, niñas o adolescentes por año pueden estar en condiciones de adopción.

Asimismo, las edades también son dispares, pero advirtió que los niños de menos de tres años de edad en situación de adoptabilidad han sido sumamente escasos en estos nueve años desde la puesta en funcionamiento del Juzgado. “El promedio de edad ronda los siete años, aunque también hemos tenido niños de 12 años, y una vez una adolescente de 14 años que por falta de postulantes no solo de nuestra ciudad sino de todo el país se debió realizar una convocatoria pública, que culminó con un proceso exitoso de adopción (ver nota aparte)”, explicó Giuliani.

-¿Cómo funciona hoy el sistema de adopción de niños en la Argentina?

-En la actualidad, un niño puede ser adoptado cuando un juez declara previamente su “situación de adoptabilidad”. Es el resultado de un proceso que comienza cuando el Sistema de Promoción y Protección de los Derechos del Niño determina que un niño, niña o adolescente no puede continuar viviendo con su familia de origen (por riesgo para su integridad, porque sus padres no pueden hacerse cargo, porque fue abandonado o porque la familia ampliada manifestó su deseo de no hacerse cargo). Es entonces cuando se decide, como medida de protección, la separación temporal del niño de su familia biológica, y como paso transitorio para protegerlo –se lo institucionaliza en un hogar convivencial- mientras se intenta reanudar el vínculo con su familia de origen, incluyendo a abuelos y hermanos. Si esto no es posible, el juez debe busca runa familia del mismo lugar de residencia del chico, entre los inscriptos en el registro de postulantes, y si no se encuentra se amplía la búsqueda al resto de la provincia. Para ello se solicita al Registro de la Suprema Corte de Justicia provincial que envíe el listado y es el juez quien determina las condiciones que deben reunir los postulantes, ayudado por su equipo interdisciplinario y con la participación de la Asesoría de Incapaces y de las integrantes de Servicio Local y Zonal de Promoción y Protección de Derechos del Niño. Los jueces buscamos familias para los niños en estado de adoptabilidad y no niños para los adoptantes. Por último, si no encontramos postulantes se acude al Registro Unico de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos, que incluye todos los postulantes a nivel nacional.

Walter Giuliani, titular del Juzgado de Familia de Pergamino. (LA OPINION)

Darle una familia al niño

Hay que tener en claro que la adopción es planteada por la ley argentina como una institución que tiene por única finalidad darle una familia a un niño que no la tiene, es decir cuando el niño, niña o adolescente ya no tiene posibilidad de permanecer con su familia. No se trata, por el contrario, de una ley que viene a satisfacer el deseo de uno o dos de ser padres; esto último sería el correlato de la premisa legal. Como se trata de la procura de una familia para el menor, la Convención de los Derechos del Niño señala que antes de considerar la adopción deben agotarse todas las posibilidades de revinculación con su familia de origen.

Si se avanza con la adopción, el juez entrevista a los postulantes teniendo en cuenta el orden de inscripción y las necesidades del niño, niña o adolescente, y selecciona cuál de ellos es el más indicado. Luego comienza el período de vinculación que si resulta exitoso culmina con el otorgamiento de la “guarda con fines adoptivos”. Posteriormente se inicia el juicio de adopción mediante el cual se le otorga al niño la condición legal de hijo. Se garantiza que el niño sea oído durante el proceso. Es más, a partir de los 10 años es obligatorio que el menor preste su consentimiento para ser adoptado. “Es importante destacar que durante el proceso de vinculación los postulantes deben recibir ayuda psicológica ya que hemos tenido casos en que los adultos han decidido inexplicablemente no continuar con la vinculación, regresando los niños al hogar”, sostuvo Giuliani.

Los aspirantes

Ante la pregunta de ¿Quiénes pueden adoptar?, el juez respondió que “cualquier persona mayor de 25 años que tenga nacionalidad argentina o que cuente con cinco años de residencia en el país, y que esté inscripto en el registro de aspirantes. Puede ser postulante una única persona, un matrimonio o los integrantes de una unión convivencial”.

El Código vigente prohibe que los padres biológicos puedan entregar directamente al niño a una persona en particular, por fuera del sistema. La transgresión de esa prohibición habilita al juez a separar al niño transitoria o definitivamente de quien se auto adjudicó la guarda, excepto que se compruebe judicialmente que la elección del progenitor se funda en la existencia de un vínculo de parentesco, entre éstos y él o los pretensos guardadores del niño.

Cuestión de tiempos

Para lograr que el proceso no sea tan largo, algo que constituye una crítica común al sistema de adopción, la nueva legislación fijó plazos máximos para que se dicte la “situación de adoptabilidad”: 30 días para los casos en que los padres hayan fallecido y/o no se pueda encontrar la familia de origen; 45 días después del nacimiento en los casos de que los padres decidan que el niño sea adoptado; y 180 días para los casos en los que el Estado intervino para que el chico permanezca con su familia pero las medidas tomadas no tuvieron resultado (por ejemplo, medidas de orientación y apoyo a los padres, asistencia económica y/o tratamiento médico o psicológico para los integrantes de la familia). Cuando transcurren los 180 la Ley dispone que el niño vuelva a su familia o va con familia ampliada, o con un referente afectivo, o se le pide al magistrado que dicte el estado de adoptabilidad.

Al respecto el doctor Giuliani reiteró que “si bien el nuevo Código Civil y Comercial ayudó a acortar los plazos de los procesos judiciales, todavía hay chicos que esperan en los hogares por falta de postulantes dispuestos a adoptar a los niños que nosotros tenemos, que en general son grupo de hermanos, o con problemas de salud o chicos mayores de seis años”.

En la actualidad

El funcionario señaló que en la actualidad el registro que funciona en el Juzgado a su cargo cuenta con 21 postulantes para ser padres adoptivos (entre matrimonios, parejas convivientes o aspirantes solos) de los cuales la mayoría de éstos manifestaron su voluntad de adoptar niñas o niños menores de tres años de edad, mientras que solo cuatro postulantes se anotaron para adoptar chicos de hasta seis años y dos postulantes para niños de siete a 10 años. “Hoy no tenemos personas o parejas que busquen niños mayores de 10 años. Así se puede ver que los deseos de los adultos que quieren ser padres no siempre se alinean con la realidad de los chicos”, dijo el entrevistado y recordó que la legislación actual, por otra parte, promueve que los grupos de hermanos no sean separados. “Sin embargo, poco más de la mitad de los postulantes de nuestra ciudad aceptan adoptar a dos hermanos y solo un nueve por ciento acepta tres hermanos”.

También se presenta el desafío de encontrar una familia para los chicos que requieren cuidados especiales o presentan alguna discapacidad porque solo un 20 por ciento del actual registro local (es decir cuatro postulantes) acepta adoptar a un niño/a con un problema de salud leve pero ninguno aceptaría un niño con discapacidad física o mental. “Si no se encuentra una familia adecuada en el registro, generalmente para los casos mencionados anteriormente, se realiza una convocatoria pública a la que se pueden presentar postulantes inscriptos y personas que no lo estén de todo el país”, indicó Giuliani.

Creencias, mitos y desinformación

Para el juez de Familia “existe una creencia generalizada y errónea de que un niño de cinco, seis o siete años es un nene grande y ello no es así” y fundamentó que “muchas parejas de nuestra ciudad pudieron acceder a la adopción cuando con el paso del tiempo modificaron la voluntad adoptiva original, extendiendo la edad del niño hasta seis o siete años y también ampliando a grupo de dos o tres hermanos. Por eso es importante trabajar con el postulante para que pueda tomar conciencia de cuáles son los niños que necesitan una familia y así estar dispuestos adoptar a chicos más grandes, con discapacidad o grupo de hermanos. El gran desafío es cómo trasmitimos las necesidades de los niños que esperan ser adoptados. Es muy difícil conseguir postulantes para niños que superan la edad idealizada. La sola modificación de las leyes no cambia prácticas e ideas en el tema de construcciones familiares”.

Datos provinciales

Los datos estadísticos del Registro Central de Aspirantes a Guarda con Fines de Adopción bonaerense, dependiente de la Suprema Corte de Justicia provincial dan cuenta que “a partir de los seis años de edad, la cantidad de postulantes baja sensiblemente a menos de la mitad de los inscriptos, en tanto que si se habla de 12 años o más el porcentaje es ínfimo”. Por su experiencia, Giuliani se ha encontrado con que “hay familias muy estructuradas en su perfil, que en sus opciones eligen un solo niño de hasta tres años, por ejemplo, y que aun cuando pasa el tiempo no modifican esa elección”.

Pero al mismo tiempo contó que hay otras que van cambiando su pensamiento con el paso del tiempo, debido a la sensibilización que les produce conocer el funcionamiento del sistema. “Esto hace que si los postulantes aceptan varios hermanos, y de edades mayores, el tiempo de espera será menor, porque van a ser rápidamente convocados por distintos Juzgados”, sostuvo.

Derecho a una familia

La premisa es que los adoptantes entiendan que todos los niños, cualquiera sea la edad, tienen derecho a una familia, además de aprehender que no hay adopciones ni fáciles ni difíciles. En esta línea y siempre sobre la base de la casuística que maneja el Juzgado, Giuliani sostiene que la edad temprana de un niño no garantiza que al llegar a la adolescencia aparezcan conflictos que estaban subyacentes. Y por el contrario, hay adolescentes o “niños de más de siete años de edad” que han podido elaborar adecuadamente el duelo de su familia, y se adaptan con facilidad a su nueva vida. “La adopción es un proceso, en el que intervienen seres humanos y nada está garantizado. Pero sin lugar a dudas, la enorme cantidad de historias felices que hemos conocido en estos años justifican la incertidumbre y el riesgo de iniciarlo”, reflexionó, informando que el proceso comienza por la inscripción. En conclusión, lo importante en este tipo de procesos es que los pretensores sostengan y alimenten el deseo primero de ser mamá y papá.

En el Día de la Familia, la historia de cómo
“Mía”, a los 14 años, encontró la suya

Clara y Claudio, abrazados, expresan que “no hay edad que valga” cuando se desea adoptar. (LA OPINION)

Socialmente, adoptar chicos grandes es visto como una complicación. Si una pareja o una persona deciden adoptar un chico de más de ocho años, por ejemplo, es esperable que le pregunten: “¿Lo pensaste bien?”. Cosa que no sucede cuando se trata de sumar un bebé a la familia y en cambio todas son felicitaciones. Son muchos los niños que no son bebes y que están a la espera de una familia que los acobije, y que transcurren cientos y hasta miles de días en hogares convivenciales o de tránsito a la espera de que algún pretensor quiera formar parte de su historia.

Es hora entonces de desarmar prejuicios sociales fuertemente instalados en torno a esta problemática cuyas únicas víctimas son esos niños que sueñan con integrar una familia. Cambiar la mirada de la finalidad de la adopción: no se trata solo y excluyentemente de cumplir el deseo de los adultos sino que el proceso está pensado para darle a un niño la familia que por algún motivo le falta y que necesita, merece y se le debe.

Con el objetivo de deconstruir la idea de que adoptar niños más grandes podría convertirse en un problema para sus adoptantes, LA OPINION se propuso hacer un llamado a la reflexión, y lo hace contando la historia de “Mía”.

Convocatoria nacional

Hace un año, por falta de postulantes a nivel local y nacional para una adolescente (que será mencionada como “Mía”), de 14 años de edad y con dificultad en el habla, se debió realizar una convocatoria pública que fue autorizada por la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Luego de realizada la convocatoria por los medios gráficos y radiales de nuestra ciudad, diarios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y por redes sociales, solo se presentaron cinco familias interesadas, curiosamente, que no estaban inscriptas en el Registro. Es decir, quienes habían manifestado su voluntad de ser padres adoptivos, se abstuvieron.

Luego de evaluadas las mismas por el equipo interdisciplinario del Juzgado de Familia (informe social y psicológico-psiquiátrico), fue seleccionada una pareja, comenzando así el proceso de vinculación con la adolescente, el que resultó exitoso y que tiene como protagonistas no solo a la joven, que actualmente tiene 15 años, sino también a Clara Miriam Beatriz Rizza y su esposo Claudio Jesús Olivera, quienes haciendo carne su deseo de dar amor iniciaron el proceso para adoptar a “Mía”.

Dar amor

Clara es mamá de gemelos, ambos con familias constituidas, uno en Mar del Plata y otro en Florencio Varela; mientras que Claudio es padre de cinco hijos. El matrimonio no tuvo hijos, razón por la que siempre estuvieron deseosos de adoptar “para tener algo nuestro”. Además, Clara fue adoptada y entiende que esta acción se constituye en un gesto de amor inconmensurable.

Recordando cómo empezó esta historia de amor, Clara relata: “Nos enteramos de la convocatoria para adoptar a ‘Mía’ en 2017 por uno de los canales locales, lo hablamos con Claudio y nos gustó la idea de adoptar porque en realidad no somos tan grandes, yo estoy jubilada como enfermera del Hospital, tengo mis hijos y nietos lejos y además entiendo que adoptar es un acto de mucho amor porque yo fui adoptada y tuve una infancia muy feliz junto a mi madre. Siempre quise devolver ese amor que a mí se me dio”.

La vida puso en el camino de ambos a “Mía”, una niña que luego de una historia compleja, permaneció en el Hogar Convivencial de Pergamino hasta que se abrió el período de adoptabilidad. “Cuando vimos la convocatoria solo sabíamos que se trataba de una nena de 14 años. Nos acercamos al Juzgado de Familia donde nos registramos y tuvimos la primera entrevista en la que nos preguntaron por qué queríamos adoptar. A lo que respondimos que teníamos muchas ganas de dar amor”, relató Clara.

“Una bendición”

Como se mencionara anteriormente, en líneas generales, los pretensores optan por adoptar bebés y no niños mayores de ocho años. Clara y Claudio son la excepción a la regla ya que decidieron incluir en su familia a “Mía” que es una joven que actualmente cuenta con 15 años y que tiene algunas dificultades para hablar. “Cuando se enteraron algunos conocidos me decían: ‘Vos metiéndote en bretes’, porque ‘Mía’ tiene dificultades en el habla y es una niña de 15 años pero yo no veo en esto una dificultad, por el contrario considero que ella es mi hija a pesar de no haber estado en mi panza y es tan digna como cualquier otro niño de recibir mi amor porque cuando se tiene ganas de ser padre, un hijo se acepta como viene, siempre es una bendición”.

Otro de los interrogantes clave de la entrevista fue si el matrimonio tenía ganas de adoptar o, en cambio, ser referentes afectivos, una figura en la que se puede acompañar al niño sin la necesidad de adoptarlo. Sin dudas, Clara y Claudio, sostuvieron firmes sus intenciones de adoptar. Después de unas semanas, todos los postulantes a la adopción fueron evaluados psicológica y psiquiátricamente y se efectuó una evaluación socio ambiental, los mismos requisitos que se solicitan a todos aquellos que se inscriben en el registro de adoptantes. Por último se eligió a quienes los profesionales creían que eran los más aptos para armonizar en la vinculación.

La esperada noticia

A fines del año pasado, el teléfono de Clara sonó y desde la secretaría del Juzgado le solicitaron que se hicieran presentes. El matrimonio no creía hasta ese momento que el juez les iba a notificar que eran finalmente los elegidos para cuidar a “Mía”, como en todo proceso primero obtendrían la guarda y luego la adopción definitiva. Fue tal la alegría del matrimonio que apenas notificados quisieron conocer a “Mía” y para ello fueron al acto de la Escuela Nº 502, donde sabían que iba a participar con una murga. “Ese día la buscamos en el acto pero nos informaron que no había ido. Nuestra ansiedad crecía y entonces fuimos al Hogar Convivencial. Teníamos mucho miedo de no cumplir con las expectativas de “Mía” por eso fuimos muy cautelosos. Apenas llegamos notamos su timidez pero empezamos a dialogar y todo comenzó a fluir”, dijo Clara y expresó orgullosa: “La sentí como mi hija desde el primer momento en que la vi, desde que me sonrió con esa simpatía que la caracteriza”.

Vinculación

Es importante destacar que a los pretensos padres se les explica que el niño debe también simpatizar y sentirse a gusto, a su vez al niño se le cuenta que una familia va a empezar a interactuar con ellos, se trabaja en la vinculación paulatina, con asistencia psicológica y contención de un equipo de profesionales. Fueron muchos los días de visita del matrimonio al Hogar Convivencial para estrechar lazos con “Mía”; esas charlas después se convirtieron en salidas a espacios públicos y en visitas prolongadas a la casa donde iba a habitar la criatura. Tal fue la aceptación de “Mía” a su familia adoptiva y viceversa que vivió con ellos las fiestas de Navidad y Año Nuevo de 2017.

En el Día Internacional de la Mujer, Clara recibió el mejor regalo que le podían haber hecho: “Mía”. Ese día, la pareja se la llevó a su casa donde en la actualidad conviven. Y para darle un marco de mayor formalidad a la relación, en presencia de “Mía”, Clara y Claudio sellaron su amor contrayendo matrimonio. Meses después, los flamantes padres celebraron el cumpleaños número 15 de la adolescente, acompañados de todos sus familiares. “También la llevamos a Mar del Plata y a Florencio Varela para que mis hijos la conocieran. Los gemelos estaban muy contentos y ‘Mía’ también”, dijo Clara.

El paso del tiempo generó mayor confianza en la relación y a poco más de siete meses de convivencia, Clara y Claudio confirman a diario su decisión de adoptar y descubren la verdadera personalidad que se esconden detrás de los ojos negros de ‘Mía’, que ahora “tiene vestigios de rebeldía como cualquier chico de 15 años. Lo importante es que se haya podido liberar”, sostiene su mamá.

Pensando en su futuro

Hoy “Mía” asiste al Colegio Santa Clara, cuenta con asistencia psicológica y fonoaudiología. La estimulación se completa con la participación en el Programa Envión donde asiste a diferentes talleres. “Hacemos todo por ella, queremos que sea una mujer independiente porque sabemos que no vamos a ser eternos, por eso estamos brindándole las herramientas necesarias para que en el futuro pueda valerse por sí misma”, dijeron al unísono Clara y Claudio.

“No hay edad para el amor”

Como se mencionó al principio, esta nota pretende ser un claro mensaje para quienes tienen la firme convicción de adoptar. En este marco Clara y Claudio, desde su experiencia de vida, expresaron: “Si desean fuertemente ser padres, no tengan miedo ni dudas de adoptar a un niño. Para dar amor no hay edad que valga, da igual si el adoptado es un bebé o un niño más grande. Todos estos chicos necesitan amor, contención y dedicación. Hay muchas criaturas que no merecen seguir eternizándose en una institución”.

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