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Pergamino

Alberto Calabrese disertó en Pergamino sobre Salud Mental y Adicciones

El psicólogo Marcos Carini junto al licenciado Alberto Calabrese. (LA OPINION) El psicólogo Marcos Carini junto al licenciado Alberto Calabrese. (LA OPINION)

El licenciado en sociología y director de Adicciones de la Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones visitó nuestra ciudad para ser parte de un conversatorio. Respecto a la mirada que se tiene sobre el adicto, dijo: “Estamos hablando de personas que tienen un problema que se manifiesta en el consumo de sustancias prohibidas”.


Este viernes en el marco de un taller conversatorio en Salud Mental que se realizó en la Cámara de Confeccionistas, visitó nuevamente nuestra ciudad el licenciado Alberto Calabrese. Durante la jornada el licenciado en sociología y director de Adicciones de la Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones, fue el panelista mientras que el psicólogo Marcos Carini, director del Centro Integral Padre Galli, se desempeñó como moderador.

Mano a mano

Previo al inicio del encuentro el licenciado Alberto Calabrese, dialogó con los medios de comunicación sobre la mirada que la sociedad tiene del adicto, sobre el abordaje de las problemáticas en torno al consumo problemático y la naturalización del consumo de algunas sustancias, incluidas las legales como el alcohol.

Consultado sobre los conceptos a abordar durante el encuentro, Calabrese indicó que “los conceptos necesarios a abordar tienen que ver con no pensar a los adictos como una especie de personas con un tercer ojo, estamos hablando de personas que son iguales a nosotros y que tienen un problema, que en este caso se manifiesta en el consumo de sustancias prohibidas. Al adicto se lo significa como especial y en realidad no se tienen en cuenta, primero que los adictos y los consumidores problemáticos no llegan al 5 por ciento del total de las estadísticas de consumo y esto se repite en otros tipos de consumos como los adictos al juego, a la cibernética entre otros aspectos. Lo importante es darse cuenta que estamos frente una persona con una crisis determinada que la traduce al consumo de sustancias. Hay una mirada que no existe: la del adicto incorporado socialmente.

El adicto que está en una parte de la estructura más débil es el que tenemos en cuenta para los tratamientos, la maquinaria judicial, etcétera.

- ¿Se sigue criminalizando el adicto?

- Absolutamente. La sentencia judicial, la comunicación, los informes médicos, conforman lo que es el discurso oficial. La persona puesta en un lugar separado por todos estos factores es focalizada y mirada distinta. Por ejemplo no ponemos mayor atención en los estafadores como sí en los adictos. En este momento en que está instaurada la lucha contra el narcotráfico, la gente cree en ello pero suele ser una lucha ineficaz, en todo el mundo esa lucha no produce sino más que un decomiso de apenas el 5 por ciento del total del consumo, de manera que es anecdótico.

- Si bien las adicciones atraviesan todos los estratos sociales, ¿Cómo sopesa la pobreza?

- Muchísimo en el sentido de la mirada que tiene sobre sí, no es que haya más niveles de adicciones entre los pobres sino que hay mayor mirada sobre su consumo y su supuesta peligrosidad. A modo de ejemplo podemos recordar un evento que hubo en la Ciudad de Buenos Aires, en el que se consumió éxtasis en buena cantidad, se registraron muertos e intoxicados graves, no pasó de eso, fue una anécdota incluso la vicepresidenta señaló que no iba a revisar los bolsillos de todos los chicos que ingresaran a la fiesta; en cambio en otros sectores sociales no solo se miran los bolsillos, sino que se desnuda por completo a la persona, si se le encuentra algo se le abre una instancia judicial, etcétera. La mirada es totalmente diferente.

- Ante el avance del consumo ¿Qué es lo que falla?

- Estamos en una sociedad de consumo, nos piden que seamos consumistas de cualquier cosa. No solo se consumen sustancias prohibidas sino también las permitidas. En este sentido la industria farmacológica es la segunda más importante de todas las industrias y nos piden que además consumamos de todo para estar bien, desde psicofármacos y psicotrópicos de primer nivel hasta aspirinas. Lo cierto es que si uno ve la imagen de ese consumo es muy gráfico. En un cuadro se ve a una persona destruida por la gripe y en otro se lo ve bien luego de ingerir una pastilla.

Con ese mismo criterio la gente pide la misma eficacia a todo el conjunto del sistema de consumo, que les resuelva la vida en un momento. Hay dos cosas que pasan con las personas que consumen en exceso, lo hacen en función de calmar con una situación de angustia y además conseguir cosas que se supone que la persona por sí misma no va a poder conseguir.

Esa sociedad de consumo produce entonces el atractivo a determinados consumos particulares que en el pensamiento mágico están como exaltadas para la resolución de problemas.

- ¿Cómo se avala el problema desde la Ley de Salud Mental y cómo se trabaja en la salud pública?

- Hay varios problemas en torno a ello porque se ha dado la confianza de que en el tema de las adicciones solamente entienden los que tienen un sistema determinado para actuar, que es poner a la gente en determinadas condiciones de aislamiento, de cumplimiento de normas incluso de pautas que no tienen mucho que ver con ningún tipo de tratamiento. En este sentido se desarrolla un criterio de que a la persona adicta, que se puso en contacto con la sustancia maligna, hay que salvarla, un concepto si se quiere muy religioso, por ende supone un camino de sacrificio, esfuerzo y esto no tiene que nada que ver con lo terapéutico. Por ende la adicción se deja en manos de un solo enfoque que a algunas personas les puede resultar bien. Que esto suceda es también culpa de los profesionales de la salud pública que se lavan las manos acerca del tema y, en muchas oportunidades, rechazan al adicto, algunos piensan que el adicto es un monstruo.

- ¿Se inicia cada vez más temprano el consumo?

- Hay muchos consumos tempranos que se detectan, por ejemplo en el sexo, la precocidad para el consumo está acelerado en los tiempos actuales. Creo que el problema grave es que aumentan los consumos, pero esto dado desde los consumos normales, por ejemplo el alcohol para los menores de 15 años que buscan la borrachera como un fin.

- Mucho se habla de la despenalización del consumo de la marihuana ¿Cuál es su postura al respecto?

- El uso y la costumbre crean la naturalización del consumo. Paracelso dijo que no hay sustancias buenas y malas sino que la cuestión es la dosis. En esto vale destacar que derivados de muchas drogas como la morfina del opio, se utilizan para tratamiento del dolor por ejemplo.

En el proceso natural de las cosas, en la década del 70 se prohibió el consumo de algunas sustancias. Lo primero que tienta a la gente es lo prohibido y entonces se tiende a probar, cada vez más, en función de si es tan cierto que la sustancia produce daño. Cuando la gente comprueba que el daño no es tan así lo incorpora a su rutina y así forma parte del uso y costumbre dejando de ser un problema para quien lo consume. Son las autoridades quienes fabrican el interés por las sustancias, que convivieron con nosotros durante siglos, y no hubo ninguna masificación, ningún consumo intenso. Además la prohibición se sostiene por el negocio porque es impresionante la cantidad de dinero que genera no solo en Argentina sino en Estados Unidos y Suecia.

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