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Aníbal Tabares, dos años de labor pastoral en la Parroquia San Cayetano

El padre Aníbal, en la celebración de la misa dedicada al patrono del pan y el trabajo, San Cayetano. (ARCHIVO LA OPINION) El padre Aníbal, en la celebración de la misa dedicada al patrono del pan y el trabajo, San Cayetano. (ARCHIVO LA OPINION)

El sacerdote que extiende su trabajo en las Capillas San Francisco, Santa Inés y Nuestra Señora de la Paz, celebrará una misa mañana, a las 11:00, en el templo de calle Falucho 864. En una entrevista con el Diario, el párroco expresó: “Fueron dos años de gracia en los que Dios se hizo presente de muchas maneras”.


Mañana se cumplen dos años desde que el padre Aníbal Tabares llegó a nuestra ciudad, y asumió como Párroco de San Cayetano, el templo emplazado en barrio 12 de Octubre.
Con motivo de celebrar este segundo aniversario, el sacerdote celebrará una misa mañana, a las 11:00 en la Parroquia de calle Falucho 864. Luego, los integrantes de la comunidad compartirán una comida a la canasta.

Años de gracia
En contacto con LA OPINION, el sacerdote que se desempeña en zonas complejas y con carencias de la ciudad, puso de manifiesto su satisfacción por ser parte de la comunidad, no solo de San Cayetano (que abarca el barrio 12 de Octubre) sino también de la Capilla San Francisco (Güemes, Las Lomitas y Tupac Amaru), Santa Inés (Laguna del Virrey, Santa Inés y ExQuinta Mastrángelo) y Nuestra Señora de la Paz (barrio Atepam). “Fueron dos años de gracia en los que Dios se hizo presente de muchas maneras”, y recordó que en el inicio de su trabajo pastoral un cronista de la ciudad le preguntó cómo se prepara para llegar al barrio: “Me interpeló si con velas y estampitas pensaba que se iban a solucionar los problemas económicos y de violencia que existían en el barrio. Fueron tres interrogantes que reordenaron mi proyecto pastoral para con esta comunidad y contesté que yo no llegaba para enfrentarme al barrio sino para vivir como hermano que tenía una misión que era la de acercar los vecinos a Dios. La religiosidad popular es la base de la esperanza del pueblo humilde, la pobreza pudo haber calado hondo en este barrio pero no les robó la fe y ante eso no solo empecé distribuyendo estampitas sino también hice propuestas concretas”.

Revinculación
Refiriéndose al barrio, Tabares reconoció que cuando desembarcó en la comunidad se dio cuenta que la zona era “víctima de una violencia estructural que excluía a los vecinos y la única forma de salir de esa situación era estrechando nuevamente vínculos”.
Su dinámica de trabajo estuvo centrada en ser un vecino más, “un vecino presente que visita las familias, que está atento a las necesidades del barrio, un vecino que vive la diaria y que intenta sanar la trama social a través de los vínculos compartiendo el amor que Dios le tiene a todos sus hijos”.
En este marco es que se constituyeron espacios de encuentro de los vecinos del barrio, en los que ellos se sintieran contenidos sin ser juzgados. Con el lema de que “ellos son hijos de Dios que deben ser incluidos” se organizaron diferentes talleres que, afirma, terminaron siendo “la excusa para que los vecinos pudieran sentirse hermanos”.

Para tratar las adicciones
Dando curso a la realización de talleres diversos, también se tuvo en cuenta la generación de un ámbito en el que pudiera intervenir la salud como método de curación de las personas adictas y en este sentido se instituyó el año pasado un lugar, una especie de comunidad terapéutica que interactúa con el Centro de Día “Padre Galli”, dependiente de la Municipalidad, a través del que los adictos pueden dar inicio a un tratamiento de rehabilitación. “La puerta de ingreso de las personas que tienen algún inconveniente se da en el Centro Barrial San Cayetano, gracias a la participación de éstos en los talleres. Una vez que los vecinos entran en confianza con nosotros, se sienten amados, se valoran a sí mismos, nos cuentan su problema de adicción y así empezamos a trabajar en un tratamiento. Gracias a Dios son varias las personas que han empezado un tratamiento y se han incrementado las consultas que recibimos”

Lugar de encuentro
Una trabajadora social, María Laura Eyerhamonho, es la encargada de coordinar la actividad del Centro Barrial San Cayetano, que permanece abierto cada día con el fin de ofrecer un espacio que tenga en cuenta las necesidades de los demás, que toda índole.
En este marco, los talleres se plantean como el lugar de encuentro y a partir de ese encuentro, se convierte en un ámbito en el que circula la palabra y se comparten las diferentes experiencias.
Los talleres tienen un tiempo de duración. Así se han desarrollado talleres de cocina, de calzado, de costura, que les dieron posibilidades laborales a muchos de sus integrantes. “También contamos con clases de zumba, de boxeo, murga, que son clases que disciplinan a quienes vienen. De todos ellos participan vecinos que nunca habían tenido la posibilidad de asistir a un gimnasio”, contó el sacerdote.

Escuela de Providencia
La actividad pastoral desarrollada desde hace dos años también se enmarca en la celebración de los 20 años de la Parroquia San Cayetano, declarada “Casa y Escuela de Providencia”.
A nivel estrictamente religioso, allí que se comparte la catequesis comunitaria. Las comuniones y confirmaciones serán celebradas el próximo 7 de agosto, en la misa de las 14:30, que seguirá a la procesión que se desarrolle en las calles del barrio por celebrarse ese día San Cayetano.
Con mucho trabajo comunitario y de confraternidad, se cumple también el objetivo de la evangelización que, según Tabares, es “hacer que la fe cambie la vida de los vecinos, gracias a un trabajo de inclusión, de participación a fin de que los integrantes de la comunidad salgan del silencio en el que vivieron muchos años. Nuestra labor pastoral tiene una fuerte impronta social”.
Cáritas también ha cambiado su dinámica de funcionamiento: “Dejamos de entregar fideos al hermano que venía a exponer su pobreza, para salir al encuentro de las necesidades del otro, no solo otorgando algunos alimentos sino promocionando las actividades que se desarrollan en el Centro”.

Con otras comunidades
Otra labor en la que ha hecho hincapié Tabares en este tiempo es la de incorporar a la vida del barrio, de la Parroquia y de la ciudad, a los muchos integrantes de las comunidades paraguaya y boliviana, que de otro modo tienden a reunirse y expresarse solo entre sí. En este caso, la fe católica, ha servido de factor de integración: “Hemos emplazado la imagen de la Virgen de Caacupé y el 9 de julio (por mañana) vamos a dar gracias por la primera beata paraguaya, una carmelita descalza: María Felicia de Jesús Sacramentado, conocida comúnmente como Chiquitunga. En la misa del lunes vamos a entronizar un cuadro de esta beata”, sostuvo Aníbal.

Dar amor, recibir amor
Durante estos dos años, manifestó el sacerdote, “no hemos sufrido robos ni gestos de violencia, por el contrario tenemos una parroquia de puertas abiertas, desde las 14:00 hasta las 22:00”. Todo un signo, una muestra palmaria de la sabia humanidad que no devuelve odio ni daño a quien le brinda amor y contención.
Dentro y fuera de la jurisdicción parroquial, hay personas que acompañan a los vecinos que más necesitan a través de la articulación que propone el padre Tabares, el Centro Barrial y la Escuela de Providencia: “Algunos lo hacen generosamente donando dinero o algunos productos que necesitamos para llevar adelante los talleres y todas las actividades que se desarrollan; otras compran el bono colaboración cuya recaudación se utiliza para hacer frente a los gastos fijos”.

Evangelio que enseña
Por último, ratificó el padre Aníbal Tabares su premisa pastoral, con la Biblia en una mano y la otra extendida hacia el hermano: “La Parroquia quiere ser la respuesta de Jesús a las necesidades del otro. La adicción, la violencia y otras tantas problemáticas exigen nuevas respuestas, originales y concretas. Y en este sentido, la espiritualidad brota del Evangelio, considerando el modo en que la encarnó San Cayetano”.