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Pergamino

Con sus empanadas, Andrés Montania conquista Bogotá

Gabriela, Adriana Leal Florez, Andrés Montania y la pequeña Lucía. (FAMILIA MONTANIA) Gabriela, Adriana Leal Florez, Andrés Montania y la pequeña Lucía. (FAMILIA MONTANIA)

Es uno de los tantos que encontró en la cocina típica argentina la manera de hacerse camino en otro país. El pergaminense se encuentra con su familia en Colombia donde crearon “A la mano”.


Con 45 años, Andrés Montania, se considera un trotamundos porque vivió en varios lugares de nuestro país (Rosario, Mar del Plata, Córdoba y Capital Federal) y actualmente está, por segunda vez, en Colombia luego de haber estado 13 años en Argentina. El y su familia decidieron emigrar hace un tiempo nuevamente y para poder ganarse la vida comenzaron a cocinar comidas típicas argentinas en la ciudad de Bogotá (Colombia).
Aunque los comienzos fueron difíciles, actualmente junto a su esposa colombiana Adriana Leal Florez de 45 años (profesora de idiomas que trabajó en Cultura Inglesa Pergamino y en un colegio de Rojas enseñando francés) y sus dos hijas (Gabriela de 17 y Lucía de 2 años) se encuentran disfrutando de un gran presente con su emprendimiento denominado “A la mano” que tiene como principal atracción las empanadas criollas que, según cuenta nuestro entrevistado, llegaron para reemplazar en parte a las colombianas que en su mayoría son rellenas de arroz, uno de los productos que más se consume en el país caribeño.
“A la gente le agrada mucho nuestra comida y te lo hace saber”, comenzó diciendo nuestro entrevistado y además remarcó que eso lo motiva mucho más a seguir en este inesperado camino culinario: “Cada día estoy más cerca mi gran sueño de tener mi propio local con los productos argentinos y que los colombianos que también nos tratan puedan degustar de la mejor gastronomía del mundo que es la argentina”.

Autodidacta
Sin haber pasado por una escuela de cocina, confiesa que su comida nace de las recetas que aprendió en la infancia, “a través de la de la vieja, del viejo, de mis tías, de mi familia en general, son platos con sabores especiales y que en Bogotá gustan”. Además de empanadas, también comercializa pastas y sus salsas de varias clases. Dulce, por el momento solo ha “exportado” la pastrafrola, pero con intenciones de ampliar el menú.
La entrega según relata el pergaminense es de forma personal y los pedidos se realizan por las redes sociales o bien por teléfono. “El boca en boca fue lo mejor para hacernos de una clientela que nos acompaña todos los días y nos obliga a incursionar en nuevas comidas”.

Emigrar no fue fácil
Su amor por nuestro país, hizo que la decisión de trasladarse con su familia a Colombia no fuera nada fácil. Dejar a sus padres Críspulo Montania y Diolinda Rotela de Montania (cumplió años hace algunos días), sumado a los amigos y costumbres bien pergaminenses fueron obstáculos difíciles de superar para buscar un nuevo destino.
“El momento que vive nuestro país y no vislumbrar un futuro muy próspero, fueron determinantes para decidir con mi mujer regresar a Colombia después de 13 años viviendo en Argentina”, relató Andrés.

Una ciudad compleja
“Vivo en Bogotá, la metrópolis es potente, el tránsito está siempre colapsado, es una parte que todavía no me terminó de convencer de quedarme por acá. La idea es irnos a un lugar más tranquilo de Colombia, mientras tanto estamos en esta ciudad que tan bien nos recibió”.
Entre las colectividades inmigrantes, ellos pasan desapercibidos frente al gran número de personas que llegan a diario y con lo puesto desde la vecina Venezuela. “Por acá se ven muchos venezolanos mendigando por las calles y buscando un mejor futuro, esta pandemia mundial complicó aún más a todos”, aseguró.
Pero, de momento, se quedan allí, y tienen sus razones: “Estamos esperando que mi nena más grande termine el bachillerato y después ingrese a la universidad, también buscamos que la más chiquita pueda lograr una excelente educación. Con mi mujer pensamos que tener un estudio es realmente importante para lograr una calidad de vida en cualquier parte del mundo”, expresa como premisas para el tiempo por venir.

Estudio y valores, fundamentales
“En Argentina el que no estudia es un gil. En lo que respecta a la salud que vas al hospital público y te atiende y no valoramos eso. Yo no estudié por vago y es por eso que siempre que puedo hablo con los más chicos y los invito a que se superen siempre”, afirma con la sabiduría que le han dado las marchas y contramarchas, aquí y allá, hasta poder afianzarse en el presente para forjar un porvenir.
También lamenta que la sociedad argentina no logre avanzar y lo atribuye a la pérdida de valores: “Me pone triste porque no es la misma sociedad que yo viví cuando era adolescente, pero nunca pierdo la esperanza que resurjamos como sociedad y país. Nunca debemos bajar los brazos y mucho menos ante la adversidad que se vive mundialmente por estos días”.

Saludos a la distancia
Andrés dejó para el final un saludo afectuoso a la distancia para sus padres, hermanos y el resto de la familia en general. También aseguró que cada día recuerda a sus amigos, los denominados “pibes” con quien tanto tiempo compartía en su querido Pergamino.