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Día del Obrero de la Construcción: “Tito” Albornoz, un albañil con más de 50 años de trayectoria

“Tito” Albornoz, un ícono en el Día del Obrero de la Construcción.   (LA OPINION) “Tito” Albornoz, un ícono en el Día del Obrero de la Construcción. (LA OPINION)

Sixto Luján Albornoz comenzó en la profesión como peón en marzo de 1966, cuando la mezcla se hacía con azada. Edificó su propia casa y también la de su hija Marcela, aunque asegura que su mayor sueño sería construir la vivienda de su única nieta Ariana Pérez. “Después de eso colgaría la cuchara y culminaría de la mejor manera tantos años de trabajo”, asegura.


Sixto Luján Albornoz, más conocido como “Tito”, tiene 69 años y desde hace 52 su vida está ligada a la construcción, rubro donde es querido y respetado por clientes y colegas.
Sus inicios fueron en marzo de 1966 como peón de albañil. Así lo pone de manifiesto en diálogo con LA OPINION. “Arranqué como peón de albañil cuando se hacía la mezcla a azada, que eran tres carretilladas de arena, tres de polvo de ladrillo, una y media de cal y se unía manualmente”, contó “Tito” y recordó cuál fue la primera casa en la que trabajo: ubicada en calle La Plata casi avenida Vélez Sarsfield: “Esa casa la construimos toda con azada, junto al ya desaparecido físicamente y siempre recordado ‘Negro’ Tolesano”.

Cambios significativos
Como en cada profesión y en cada oficio, el paso de los años trae aparejado nuevos modos de encarar el trabajo, nuevas técnicas, materiales y tendencias que requieren los clientes. La construcción no ha sido la excepción y tanto se aggiornó en sus materiales como en herramientas y técnicas. Al respecto, Albornoz asiente y dice “todo ha cambiado mucho” desde “aquellos años se trabajaba con cal viva apagada, muy poca cal en bolsa, había elementos que no se conocían como el pegamento de cerámicos, todo el azulejado, por ejemplo se hacía con mezcla, con un fino muy fuerte. Hoy cambió todo, hay pegamentos para pegar cerámicos y otros elementos”.
Las herramientas también se fueron actualizando. “En aquel tiempo había alguna que otra máquina naftera para hacer hormigón pero no abundaban. En 1969 comenzaron a aparecer las primera maquinas para hacer la mezcla y también se fueron incorporando el plasticol, la cal, los cerámicos, muchos materiales nuevos”, dijo “Tito”. Marcando más diferencias entre el pasado y el presente, también se para sobre lo subjetivo: “Antes la construcción conllevaba una responsabilidad mucho más grande porque no a cualquiera le confiaban una obra, tenía que ser un trabajador con muy buena trayectoria y experiencia, la confianza también era importante”.
En el escalafón del trabajo de la construcción parece no haberse registrado significativos cambios ya que “el constructor empleaba mano de obra calificada como los peones, ayudantes a los que se les abonaba el jornal pero patrón era uno solo: el constructor”. Y así sigue siendo.

Su trayectoria
En medio siglo de trabajo, “Tito” participó de una innumerable cantidad de obras, entre ellas algunas muy emblemáticas de la ciudad, pero recuerda con orgullo las que levantó de cero, asumiendo prácticamente todas las tareas. Desde los cimientos hasta el techo hizo más de 12 viviendas y enumera: “Construí la casa de Domingo Turdó en calle Fernando Bello; un chalet muy grande en calle Honduras que era del gerente de Pergamino Maderas; la reconstrucción de la Cooperativa de Acevedo luego de que se destruyera por un incendio; la casa de Agustín Derisi, la de Juan Barbieri de 120 metros cubiertos al igual que la vivienda de Marcelo De Sautu”.
En esa descripción no olvida mencionar las dos casas más importantes que construyó: la propia (vive con su señora Angélica Ramos) y la de su única hija (Marcela casada con Luis Pérez, padres de Ariana). A ambas “las hice con el amor más grande que existe y con la alegría más grande que un ser humano puede sentir. Y si mi nieta me pide que le construya su casa vuelvo a ejercer, colgaría la cuchara y culminaría de la mejor manera con más de cinco décadas de trabajo”.

Compañerismo y respeto
Los valores que se ponen en práctica durante la construcción de una vivienda son muchos. No solo se trata de responsabilidad y compromiso sino que también se genera una camaradería especial entre todos los trabajadores que confluyen por largas jornadas durante muchos meses en una obra. “En la mayor parte de los trabajos que hice se puso en valor el compañerismo. Y con el paso de los años se adquiere experiencia y mayor responsabilidad porque es fundamental que cada trabajo se realice a conciencia y bien”, expresó Tito.
En cuanto a sus clientes, afirmó que los recuerda con cariño y que también cree que a él lo recuerden de la misma manera: “Donde me encuentro con un cliente, nos saludamos, charlamos y esto es posible porque siempre existió el respeto entre nosotros”.
Durante la entrevista aclara que en sus 52 años de profesión no tuvo “jamás problemas con nadie, ni con los clientes ni con mis colegas”.

Una pasión
Ante la pregunta de si volvería a ser albañil, sin dudas y con tono firme contestó que sí y aclara: “No cambiaría nada de lo que hice porque creo que tuve una muy buena escuela y eso me sirvió al momento de afrontar cada trabajo. Agradezco a Dios que me haya hecho albañil”.

 

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