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Pergamino

El Centro Provincial de Atención de las Adicciones y su trabajo en la pandemia

El CPA es un efector de salud pública referente en el abordaje de problemáticas complejas. (LA OPINION) El CPA es un efector de salud pública referente en el abordaje de problemáticas complejas. (LA OPINION)

El CPA es un efector de salud pública que desempeña un importante rol en la comunidad. Sus estrategias se reformularon para adaptarse a la emergencia sanitaria. Lo que no se detuvo fue la demanda que creció en este tiempo. Más que el trabajo sobre el consumo problemático de sustancias, el abordaje apunta al restablecimiento de derechos vulnerados.


El Centro Provincial de Atención de las Adicciones (CPA) forma parte de la red pública de servicios de salud en prevención y asistencia a personas con uso problemático de sustancias. Depende del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires y en Pergamino desde hace varios años volvió a funcionar en un pabellón del predio del Hospital Interzonal General de Agudos San José, bajo la órbita del área de Salud Mental, Consumo Problemático y Violencias de la Región Sanitaria IV. Integrado al Comité de Crisis de Salud Mental, el equipo del CPA reconfiguró sus estrategias en el contexto de la pandemia de coronavirus y adaptó su dinámica de trabajo para seguir brindando sus servicios. Para conocer cómo se armó la estructura de funcionamiento en la pandemia y cómo se observó la demanda, fundamentalmente en tiempos de confinamiento, continuando con la serie de informes que desde LA OPINION han registrado el trabajo de los distintos efectores de Salud Mental durante el confinamiento, el Diario tomó contacto con la psicóloga Laura Dueñas, directora del CPA. La profesional explicó que en un primer momento se armaron guardias telefónicas que funcionaron de 8:00 a 17:00 y se mantuvo un espacio de atención presencial de 8:00 a 13:00 porque hubo casos y situaciones en que no fue posible prescindir de la presencialidad por lo complejo de algunos cuadros. “De hecho tuvimos algunos intentos de suicidio que exigieron de la atención presencial y de la puesta en juego de intervenciones muy concretas del equipo”, agregó.

-¿Cómo observaron el comportamiento de la demanda?

-Se mantuvo y se vio incrementada, sobre todo en la atención presencial. Actualmente hay mucha demanda. La línea de acompañamiento telefónico sigue, pero se ha restablecido mucho la presencialidad con estrictos protocolos. Actualmente los dos sistemas de atención conviven. Hay una masa de pacientes, alrededor de 25, que hace tiempo están en tratamiento, que pudieron seguir de manera virtual. Y otros, muchos de ellos jóvenes que llegan por primera vez con 15, 16, 17 años, varios de ellos con problemas con la ley, que son recibidos de manera presencial y reciben atención ambulatoria. Durante este tiempo se trató de no internar en comunidades terapéuticas. Se idearon dispositivos integrados con control farmacológico si lo requerían y con un seguimiento muy estricto y en la medida de lo posible con una articulación con otras instituciones.

-¿Tienen previsto mantener este esquema de trabajo en los meses por venir?

- La dinámica de atención de todos los espacios de salud está sujeta al comportamiento de la situación epidemiológica. Ahora estamos evaluando comenzar a trabajar con un dispositivo grupal. Lo estamos pensando al aire libre, con grupos reducidos y un protocolo especial, aprovechando que nuestras instalaciones cuentan con un espacio abierto que facilita el desarrollo de actividades. Tenemos esa idea porque observamos muy claramente que con muchos de nuestros pacientes no alcanza con trabajar una o dos veces por semana en la consulta psicológica ambulatoria. Se requiere de otro tipo de intervención. Contamos con dos profesionales que han finalizado su residencia y se incorporaron a nuestro equipo y eso facilitará mucho la puesta en marcha de esta estrategia de trabajo grupal. Hay que apelar todo el tiempo a la creatividad. También se han ofrecido expacientes y madres para colaborar en distintas actividades que favorezcan el arte, el deporte, la actividad física. Con creatividad, buscamos ayudar a que los pacientes que llegan al CPA para que puedan sentirse alojados.

-¿Quiénes han llegado al CPA en tiempos de pandemia logran adherencia al tratamiento?

-La adherencia tiene que ver con las estrategias de los profesionales. Nosotros somos un efector de salud pública instalado en la comunidad, nos conocen mucho en los barrios y eso facilita la llegada al servicio y también la adhesión a las estrategias propuestas. Esto tiene que ver con el alojamiento en estos chicos. Nosotros, más allá de la problemática del consumo, trabajamos en un armado de todos los derechos vulnerados, porque son casos donde muchas veces no hay escuela, hay conflictos familiares, situaciones de calle. Muchos llegan sin tener siquiera para comer. Cuando estos chicos se encuentran con una institución que los aloja cálidamente, la adherencia sucede.

Laura Dueñas, directora del CPA. (LA OPINION)

-¿Articulan con otros efectores del sistema de salud?

-En algunos casos se puede y en otros no. Nosotros estamos pensando en dispositivos propios dentro del CPA para el trabajo grupal, por ejemplo. Algunos pacientes pueden ir al Hospital de Día. En algunos casos podemos articular con el Centro Padre Galli, pero lo cierto es que todos los actores del sistema se han visto obligados a reconfigurar su dinámica de atención debido a la pandemia.

-¿Cómo está conformado el equipo actualmente?

-Está conformado por tres psicólogas, una abogada, un recreólogo, una enfermera y las psicólogas que llegaron de la Residencia y se están integrando al equipo.

La puerta de entrada al sistema

-¿Cómo llegan los jóvenes al CPA? ¿Existe algún sistema de derivación?

- El modo en que llegan es diverso. Algunos lo hacen de manera espontánea, por derivaciones judiciales, por el Juzgado de Familia; y muchos a través de sus propias madres.

-¿Cuál es la problemática con la que llegan?

-Casi siempre hay una problemática de consumo, pero nuestro trabajo no se enfoca en la sustancia. Se trabaja sobre la persona, su subjetividad. En general son jóvenes que no están yendo a la escuela y no tienen ningún proyecto de vida. Por esa razón hay que generar lazos y relaciones sociales, acompañarlos para que puedan regresar a la escuela y sentir que pueden conformar un proyecto propio. Muchos chicos no saben qué hacer de su vida.

-¿Qué observación hacen de la edad en la que los pacientes llegan al CPA?

-Observamos que cada vez llegan chicos más jóvenes. Hay mucha violencia contenida, muchos años de estar afuera de todo. También hay muchos papás que ya no les pueden poner límites. Se declaran impotentes las familias.

-¿Considera que hay una ausencia de lo preventivo?

-Muchas de las intervenciones que hacía el CPA y otras instituciones en el eje preventivo han quedado en suspenso por la pandemia. Cuando todo esto pase la gran tarea será pensar cómo retomar los talleres en los barrios, porque son espacios que sirven para escuchar a estos chicos.

Un nuevo paradigma

La directora del CPA resaltó que muchas de las cuestiones que se expresan en un tratamiento como los que se ofrecen en el CPA no son producto de la pandemia: “Lo que esta emergencia sanitaria ha hecho fue desnudar lo que ya había. Hay chicos que hace año están sin proyecto. La pandemia ha puesto en foco esta situación y la ha mostrado con más crudeza”.

En este punto valoró una serie de decisiones políticas tomadas a partir de la implementación de la Ley de Salud Mental, que aportan un marco para trabajar la problemática del consumo “desde otra perspectiva basada en los derechos”.

-¿Qué mirada tiene respecto de la aplicación de la Ley de Salud Mental?

-Realmente ha significado un cambio. Durante años el sujeto que consumía se estigmatizaba, se lo demonizaba porque la gente caía o recaía sobre la sustancia. No se pensaba en el sujeto ni en su responsabilidad, mucho menos en la responsabilidad del Estado en la restitución de los derechos de un chico que queda en la calle. Durante muchos años el acento estuvo puesto en la sustancia. Con la fortaleza de la Ley eso se fue cambiando. También la forma de abordaje, que hoy es interdisciplinaria. Eso, y la “desmanicomialización” fueron dos elementos fuertes para el cambio de paradigma propuesto por la Ley de Salud Mental.

-¿Cuáles considera que son los cambios que aún están pendientes?

-Creo que hay que fortalecer la pata intersectorial que acompañe esa interdisciplina. También la creación de dispositivos previstos en la Ley, como las casas de medio camino para quienes salen de comunidades terapéuticas. Y fundamentalmente una mayor apertura social para que exista una verdadera inclusión que es la mirada que impulsa la Ley.

Las vías de contacto

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